miércoles, 23 de julio de 2014

Política y Personalidad

Existe un número creciente de estudios que sugieren que la biología influye de manera importante en las creencias y conductas políticas. Es un polémico campo en el que no hay acuerdo, por supuesto,  algunos estudios no se han replicado, pero los trabajos van aumentando y eso quiere decir que hay que tomarse el tema en serio. En este artículo de Nature tenéis una buena revisión de la historia de estos estudios. Wikipedia tiene también una entrada dedicada a la llamada Genopolítica que revisa el tema. Estudios de gemelos apoyan el papel de los genes en la ideología política, y siguen apareciendo investigaciones que plantean que la tríada de valores tradicionales - autoritarismo, religiosidad y conservadurismo- está sustancialmente influída por factores genéticos. Estos tres valores reflejan una tendencia única subyacente, que han llamado tradicionalismo y son más compartidos por gemelos monocigóticos que dicigóticos.

Pero no es en este tema de genética y política en el que quiero entrar de lleno sino en el de la relación entre ideología y personalidad que ya tratábamos en la entrada anterior. Vamos a conceder, para seguir con la discusión, que todo esto es cierto y que la genética influye en la orientación política. ¿Cómo es esto posible? Pues obviamente no lo sabemos, pero sí podemos estar seguros de que no existe el gen liberal ni el gen anarquista ni nada por el estilo. ¿Cómo pueden los genes influir en la orientación política? Una explicación muy razonable es que lo hagan precisamente a través de la personalidad. Hablábamos en el post anterior de los cinco grandes, las cinco dimensiones de personalidad fundamentales (apertura, responsabilidad, agradabilidad, estabilidad y extroversión) y sabemos que estas dimensiones de personalidad tienen un componente hereditario (la heredabilidad  de estos rasgos de personalidad, aunque varía, es cercana al 50%). 

Un rasgo clave es el de apertura a la experiencia ya que sabemos que predice la tolerancia social y el liberalismo político. La dimensión de apertura se caracteriza por curiosidad, búsqueda de novedades, apertura mental, interés en la cultura, en las ideas y en la estética, mejor tolerancia de la ambigüedad y la incertidumbre. La gente con elevadas puntuaciones en apertura busca la complejidad, la novedad, acepta más rápidamente los cambios y las nuevas visiones del mundo. La gente baja en apertura busca la simplicidad y la previsibilidad, se resiste al cambio, respetan la tradición y son más cerrados de mente, conservadores y autoritarios. Explicado en qué consiste la apertura a la experiencia, si ahora os pregunto quién creéis que va a aceptar mejor cuestiones como el matrimonio gay o la inmigración, que alteran la sociedad tradicional, estaremos todos de acuerdo en que las personas que puntúan alto en apertura van a aceptar con más facilidad estos cambios.

Por lo tanto, los genes nos van a proporcionar unas tendencias en nuestra forma de ser y según esa forma de ser nos vamos a encontrar más cómodos con ciertas ideologías y políticas que con otras. Si esto fuera cierto, explicaría en buena medida el hecho conocido de que las discusiones políticas no sirven para nada, de que no consigues hacer cambiar a nadie de opinión a base de razones. Si habéis discutido de política con amigos o compañeros de trabajo, y todos lo hemos hecho alguna vez, seguro que os habéis ido para casa pensando cómo es posible que los demás estén tan ciegos, con la particularidad de que nuestros  amigos piensan lo mismo de nosotros. Teniendo en cuenta lo que estamos hablando llegaríamos a la conclusión de que no cambiamos de opinión porque las diferencias ideológicas reflejan diferencias de personalidad, y no podemos cambiarnos a nosotros mismos.

Pero el conocimiento de estos datos yo creo que nos podría servir para que aceptáramos mejor a los demás. Normalmente estamos muy orgullosos de nuestras ideas, como si fueran fruto de un duro trabajo racional personal que nos ha llevado a resolver profundos problemas intelectuales. Darnos cuenta de que son fruto de predisposiciones innatas y de influencias ambientales y sociales también, como veíamos en la entrada anterior, nos podría llevar a sentirnos un poco más humildes con respecto a ellas y tal vez eso mejorara la convivencia. Tal vez nos podría llevar a aceptar que hay gente buena y razonable que está a favor del matrimonio homosexual y gente también buena y razonable que está en contra del matrimonio homosexual y que el mundo no se divide en los “buenos” (los que piensan como yo) y los “malos” (los que no piensan como yo). A fin de cuentas, una sociedad necesita tanto conservar cosas como cambiar cosas; ni podemos tirar todo lo existente a la basura, ni podemos negarnos a aceptar lo nuevo y mejorar lo existente.

Toda esta compleja cuestión de la relación entre personalidad e ideología da para plantear algunas hipótesis, muy especulativas, que no me resisto a esbozar, aunque sea someramente. La idea central sería que muchas diferencias ideológicas son en realidad diferencias de personalidad. Esta idea tiene aplicaciones en campos que van desde la vida cotidiana hasta la filosofía y la ciencia. Por ejemplo, desde hace años mantengo con dos amigos del alma una interminable discusión acerca de la existencia del libre albedrío, ellos a favor, yo en contra. Está todo dicho y redicho y las mismas cosas e ideas son interpretadas de manera diferente por cada bando. He llegado a la conclusión de que lo que nos impide entendernos son diferencias de personalidad. Probablemente ellos puntúan más alto en responsabilidad y estabilidad y no pueden admitir un mundo donde no somos nosotros los que decidimos y somos responsables de nuestros actos. Por lo visto, yo debo ser más irresponsable e inestable :).

Esta misma sensación la he tenido cuando últimamente he leído algunos libros de filosofía especialmente de filosofía de la moral (Searle, Joshua Greene, los Churchland…). Ante cualquier problema, todos ellos hacen un recorrido histórico excelente y revisan a los mismos autores (Descartes, Spinoza, Kant, Hume, etc.). Si llegar a conclusiones fuera algo estrictamente racional todos ellos, superinteligentes y leídos, deberían llegar a la misma conclusión, aunque esta fuera la de que no hay respuesta al problema que estamos estudiando. Sin embargo, lo que he visto es que unos se inclinan pongamos por caso por el Utilitarismo (Greene), mientras que otros descartan o llegan incluso a ridiculizar al utilitarismo. Sospecho que ello se debe a diferencias de personalidad y no primariamente intelectuales. También sospecho, por ejemplo, que la filosofía que construyó Kant, por nombrar a uno, tiene mucho que ver con su personalidad rígida y religiosa. Si hubiera sido un crápula y un viva la pepa no habría creado esa filosofía.

Y en el campo de la ciencia me pregunto si es posible que sólo científicos con determinada personalidad puedan tener determinadas ideas (esto explicaría también en parte la relación entre creatividad y locura). Por ejemplo, creo que una persona con alta amabilidad, “buena” y muy empática no habría podido tener la idea de la inclusive fitness, la visión de la biología centrada en el gen, tal y como se le ocurrió a Hamilton ( y no quiero decir con esto que Hamilton no fuera una buena persona). Yo aventuraría que una persona empática, con mucha agradabilidad no habría pensado nunca en algo tan frío como que somos vehículos de unos genes que buscan su propia reproducción y sus intereses…su mente agradable y buena no le permitiría ni plantearse eso. Se necesita una mente del espectro autista, como la de Hamilton, capaz de pensar más fríamente, más sistematizadora que empática, para llegar a esas conclusiones.

Pero reconozco que todas estas ideas son hipótesis personales altamente especulativas que planteo con el ánimo de haceros pensar un poco, más que con el de convenceros. A fin de cuentas, soy consciente de que vosotros tenéis otra personalidad y forma de ser y de que no os puedo cambiar :). 

@pitiklinov






domingo, 20 de julio de 2014

Ideología y Personalidad

Geoffrey MIller
En su libro Must-Have, Geoffrey Miller hace un estudio del consumismo desde el punto de vista de la psicología evolucionista. Nuestros cerebros de primate social evolucionaron para perseguir un objetivo principal social: lucir bien a los ojos de los demás, resultar atractivos (de ello depende al final nuestro éxito reproductor). La tesis central de Miller es que los objetos que consumimos sirven para “señalar” cosas a los demás de la misma manera que los colores de los pájaros o la cola del pavo real sirve también para señalar cualidades personales a los demás individuos de la especie (especialmente a los del otro sexo). Nosotros nos “adornamos” a nosotros mismos con iPhones, coches, ropa de marca, etc., para impresionar a los demás. Desde este punto de vista resulta que el materialismo consumista en el fondo no es tan materialista porque muchos productos (no todos) son primero  “señales” y en segundo lugar objetos materiales.

Esta visión no es del todo nueva porque los expertos en márketing saben  hace tiempo que los productos que compramos sirven para mostrar nuestra riqueza, estatus y gusto, pero Miller va más allá que todo eso y dice que muestran nuestra “fitness” en el sentido evolucionista, las cualidades que nos convierten en un buen conjunto de genes con el que conviene tener relaciones ( sexuales, de colaboración, etc). Y Miller incide especialmente en la capacidad de los productos para señalar a los demás nuestra inteligencia y nuestros rasgos de personalidad. Hay que decir que Miller sigue el modelo de personalidad de los Big Five, así que si no lo conoces échale primero un vistazo. Es decir, si yo me compro un Volvo estoy mostrando a los demás unos rasgos de personalidad (responsabilidad, estabilidad…) muy diferentes a los que mostraría si me compro un deportivo descapotable…

Pero en esta entrada voy a referirme a un apartado concreto entre lo mucho que habla Miller que me ha parecido muy interesante, muy políticamente incorrecto, contraintuitivo y provocador, pero que, creo, contiene una buena dosis de verdad: que la ideología es también una señal, un indicador de nuestra personalidad, en concreto de la dimensión agradabilidad o amabilidad. Si te interesa este asunto te puede interesar una entrada anterior sobre creencias e identidad en la que precisamente hablábamos de las creencias como marcador o señal de identidad grupal; ese post tiene que ver y complementa lo que hablaremos ahora.

Miller cuenta que en el año 1986 hubo en la Universidad de Columbia una manifestación y concentración de estudiantes en contra del Apartheid en Sudáfrica y los estudiantes pedían que la Universidad cortara todo tipo de relaciones comerciales con compañías que operaban en Sudáfrica (eran los tiempos cuando Mandela estaba todavía en la cárcel y el apartheid impedía a los negros votar y demás). El éxito de la protesta fue sorprendente y durante dos semanas los estudiantes ocuparon instalaciones, se sumó casi todo el mundo y los jóvenes se arriesgaron a ir a la cárcel por unas personas que no conocían y que se encontraban a miles de kilómetros de distancia. Cuenta Miller que el periódico conservador del campus  pintó la protesta como un ritual de emparejamiento primaveral , de tintes dionísiacos, decorado con los eslóganes políticos arbitrarios de ese año. Evidentemente se trata de una deformación grosera, pero el retrato contenía, como dicen los anglosajones, un grano de verdad. Multitud de parejas se formaron en esa protesta, mucha gente empezó a salir con alguien que había conocido durante la protesta y, aunque todo acabó a tiempo para preparar los exámenes semestrales y la vida del campus siguió, las relaciones de pareja que allí se formaron duraron años en muchos casos (o toda la vida).

Puede parecer cínico decir que las manifestaciones públicas de ideología son rituales de cortejo y corremos el riesgo de trivializar el discurso político, pero merece la pena que profundicemos un poco en ello. Muchas veces vemos cómo la gente defiende ideologías que no se ajustan a la realidad. En el post que he comentado, veíamos la fascinante relación de las ideas con la identidad, pero aquí tenemos otra perspectiva: si la ideología es un indicador fiable de ciertos rasgos de personalidad entonces la verdad o no de esa ideología es irrelevante. De hecho, cuanto más extremas y costosas desde el punto de vista personal esas ideologías, mejor como indicadores fiables de personalidad ( toda la teoría de señales se basa en el principio del handicap, de Zahavi, de que las señales tienen que ser costosas para que sean fiables). Si contemplamos los beneficios individuales de las ideas políticas como sociales más que políticos podemos entender cosas o responder preguntas como las siguientes: ¿por qué según muchas encuestas los hombres son más conservadores, autoritarios, orientados a derechos y menos empáticos que las mujeres? ¿Por qué la gente se hace más conservadora con la edad? ¿por qué más hombres que mujeres se meten en política? o …¿por qué la mayoría de las revoluciones ideológicas son iniciadas por hombres jóvenes solteros?

Nada de lo anterior tiene sentido si interpretamos la ideología política de manera racional y centrada en el autointerés político. Desde el punto de vista económico, político y psicológico todo el mundo tiene intereses igual de fuertes por lo que todo el mundo debería estar comprometido o implicado en la misma medida en conductas ideológicas, si es que esta conducta sirviera, insisto, para conseguir unos objetivos políticos de autointerés. Pero si introducimos en la ecuación la selección sexual, es evidente que no todo el mundo tiene los mismos intereses reproductivos ( la vieja historia de que los machos tienen más que ganar de múltiples relaciones con muchas parejas al contrario que las hembras…). Los hombres jóvenes deberían buscar más el riesgo en su conducta reproductora porque tienen más que ganar y menos que perder, por ejemplo convirtiéndose en un político revolucionario. No sorprende tampoco que los hombres usen el conservadurismo político para publicitar su dominancia social y económica y su capacidad de ser buenos proveedores; las mujeres mostrarían su liberalismo político para anunciar sus capacidades cuidadoras, empáticas útiles en el cuidado de los niños y en la formación de redes sociales. El giro hacia el conservadurismo en la edad adulta refleja un un aumento en dominancia social y poder adquisitivo y económico, y no tanto un cambio racional en el autointerés político.

Dado que el emparejamiento es un juego social en el que el atractivo depende de lo que hagan los demás (y del número de los que lo hacen), la ideología política evoluciona dentro de la dinámica de la imitación social. Es decir, si un número suficiente de estudiantes pone en marcha la protesta y se acepta que estar ahí significa ser guay y atractivo, entonces los demás no tienen otro remedio que seguir la moda. Nos encontramos que se imita la ideología como se imita la ropa y que hay que estar al día con lo que se lleva…Esto me recuerda lo que me cuentan algunos amigos sobre la época en que acudían a los cine-clubs (uno es ya muy mayor) y se tragaban unas películas infumables de existencialistas franceses con la única intención de ver si podían ligar en las charlas…

Resumiendo, que para entender una buena parte de la conducta del consumidor debemos reconocer la naturaleza ideológica de muchas decisiones de compra, y que incluso la propia ideología se utiliza también de la misma manera que utilizamos otros productos, para publicitar nuestros rasgos de personalidad. Pero esto de la personalidad y la ideología da para mucho así que seguiremos hablando de ello.

@pitiklinov

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El cerebro domesticado

(Publicado originalmente en la Nueva Ilustración Evolucionista el 14-06-2014)

Bruce Hood
A lo largo de los últimos 20.000 años el cerebro humano se ha reducido aproximadamente en el tamaño de una pelota de tenis. Este es un descubrimiento notable porque durante la mayor parte de nuestra evolución nuestro cerebro se había ido haciendo cada vez más grande. Tampoco asociamos un cerebro que está encogiéndose con los avances en ciencia, tecnología, educación y demás. Nuestro estereotipo es que los científicos sabios tienen grandes cerebros. ¿Por qué iba a empezar a encogerse el cerebro humano de repente, después de haber estado expandiéndose durante la mayor parte de su evolución?

Una teoría está relacionada con la nutrición. Cuando pasamos de cazadores recolectores , con una dieta basada en carne y frutas a una economía de agricultores con cosechas, el cambio en la dieta podría ser responsable de ese cambio cerebral. Pero esto no parece probable. La agricultura llegó en fecha muy reciente a los aborígenes de Australia y ellos también han sufrido esa reducción en el tamaño del cerebro. Además la agricultura apareció hace unos 11.000-12.000 años, claramente después de que se hubiera iniciado la reducción de tamaño cerebral.

Los científicos ambientales señalan al clima. Hace unos 20.000 años se inició un calentamiento que marcó el final de la Edad de Hielo, y ya no necesitábamos unos cuerpos tan grandes que almacenaran tantas reservas de grasa. La reducción en el tamaño corporal llevaría aparejada una reducción en el tamaño del cerebro. Un cerebro grande consume mucha energía y reducir el tamaño corporal permitiría reducir el cerebro. Pero esta explicación no encaja con que han existido periodos similares de calentamiento global durante los dos millones de años en que el cerebro humano estuvo aumentando de tamaño.

La teoría que favorece Bruce Hood es que el cerebro humano se ha hecho más pequeño porque hemos sido domesticados, autodomesticados. Empezamos a domesticarnos a nosotros mismos al empezar a vivir en grandes grupos humanos cooperadores. Hemos estado autorregulando ciertas características que eran más aceptables para el grupo porque los individuos que las tenían conseguían sobrevivir mejor y dejar más hijos. En este sentido nos hemos estado autodomesticando por medio de la invención de la cultura y de prácticas que aseguran que podamos vivir juntos. Se trataría de un proceso de selección social, un tipo de selección de la que no nos acordamos.

Algo tiene el proceso de domesticación que da lugar a profundos cambios físicos. Cuando se domestican animales salvajes sus cuerpos y sus cerebros también cambian. En concreto, los cerebros de unos 30 animales que han sido domesticados por el hombre se han reducido en un 10-15% en comparación con el de sus progenitores salvajes. Esta es más o menos la misma reducción que se observa en las últimas 1000 generaciones de humanos. Una prueba de este efecto es el experimento de Dimitri Belyaev de domesticar el zorro plateado en Siberia. Belyaev seleccionó los zorros para docilidad  y aparecieron cambios en la cola, manchas blancas por el cuerpo, etc. Pero los zorros también tenían unos cerebros más pequeños. Seleccionar para docilidad, en lugar de para agresividad, significa seleccionar unos cambios fisiológicos en los sistemas que gobiernan las hormonas del cuerpo y los neurotransmisores y mediadores.

Un posible mecanismo para explicar los cerebros más pequeños sería que los individuos que son más pasivos tendrían niveles más bajos de testosterona. La testosterona se asocia con agresividad y dominancia pero también tiene propiedades anabolizantes haciendo los órganos y músculos más grandes. También aumenta el tamaño cerebral. En sujetos que se hormona para cambiar de sexo se ha observado que su cerebro aumenta o disminuye también de tamaño, según las hormonas que estén tomando (andrógenos o estrógenos).

Pero no sólo cambia el tamaño del cerebro, cambia también la forma de pensar, la forma en la que funciona el cerebro- Por ejemplo, los perros leen mejor la mirada humana y las claves sociales que los lobos. Pero hay un cambio muy interesante: los animales domesticados se hacen más dependientes. Los lobos perseveran e insisten mucho más en resolver una tarea difícil mientras que el perro abandona mucho antes y va a buscar la ayuda de su dueño. La domesticación hace a los animales más hábiles socialmente, pero también más dependientes de los demás. A lo largo de los años, algunos zorros de Belyaev se escaparon de las granjas de Siberia, pero regresaban al de unos días incapaces de vivir por sí mismos.

Por lo tanto, la fuerza y la agresividad serían ventajosas para los cazadores recolectores, pero cuando los hombres se agruparon en comunidades más grandes al final de la Edad de Hielo (los análisis genéticos dicen que la expansión de la población en tres continentes fue anterior a la agricultura), los humanos necesitaron tranquilizarse y mantener la cabeza más fría a la hora de convivir. Los humanos que fueron capaces de cooperar en comunidades más pacíficas se reprodujeron más y dejaron más descendencia.

@pitiklinov

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lunes, 14 de julio de 2014

La cara oculta de las relaciones familiares

(Publicado originalmente en la Nueva Ilustración Evolucionista el 31-05-2014)
El odio entre parientes es más profundo
-Tácito, Historias, IV, 70

Robert Trivers con su teoría del conflicto entre padres e hijos nos dio una herramienta para entender el conflicto dentro de las relaciones familiares, también entre hermanos. La clave es entender la genética de estas relaciones, ya que un lado (los hijos) tienen la tentación de tomar más de lo que les corresponde y el otro (los padres) de dar menos. La explicación es que los padres están relacionados con los hijos en una relación de 0,5 (sólo comparten la mitad de sus genes) mientras que la relación del hijo consigo mismo es de 1 (ni los padres ni un hermano comparten los genes al 100%). Según la visión de la evolución centrada en el gen, genes diferentes equivale a intereses diferentes, e intereses diferentes a conflicto (el mismo cáncer es un ejemplo de esto, células que han mutado y se han hecho diferentes de manera que sus intereses ya no coinciden con los del organismo). Una predicción de esta teoría -que no  sé si ha sido estudiada- es que los hermanos gemelos monocigóticos deberían llevarse especialmente bien y tener menos conflictos entre ellos, ya que comparten el 100% de los genes.

El conflicto entre padres e hijos empieza ya desde el feto, como demuestra el caso de los “genes impresos” (parental imprinting) según el cual los intereses de los genes del padre y los de la madre no coinciden. Cuando se ha estudiado esto en el laboratorio con ratones los genes del padre producen fetos grandes con cabeza pequeña y los genes maternos fetos pequeños con cabeza grande. David Haig ha estudiado todo este tema del conflicto madre-feto, que no es mas que un resultado del conflicto entre los intereses (genes) de la madre y el padre. Un yo dividido es parte de nuestra naturaleza humana.

Pero vamos a ver otros ejemplos y consecuencias de esta dinámica tan simple. En especies como los ratones, en las que las hembras dan a luz varias camadas a lo largo de la vida, las madres administran sus recursos en función de la descendencia potencial que les queda por producir y de las condiciones del ambiente. Esta es la fría lógica de la evolución. Si es la primera camada y los tiempos son malos (no hay comida), no merece la pena invertir en esos hijos y es mejor esperar a otra estación más rica en recursos. Si es la última camada compensa echar el resto y poner toda la carne en el asador para intentar sacarlos adelante porque no habrá más oportunidades.

Entre los lobos marinos, muchas hembras dan a luz un segundo hijo mientras el anterior tiene de uno a dos años de edad. Puede ser una buena idea si es capaz de alimentar a los dos, pero en muchas ocasiones no es así y el segundo muere de hambre. Algunas especies de pájaros, como pelícanos y águilas negras, también producen dos crías por nidada de forma secuencia, con un tiempo entre una y otra. Para cuando nace la segunda cría, la primera está más desarrollada y lanza un ataque contra la segunda a picotazos, en lo que los biólogos llaman “fratricidio obligado”. En una observación de águilas negras el primero lanzó 1500 picotazos contra el más joven hasta matarlo, mientras los padres contemplaban impasibles. Pero las hembras de lobo marino que producen un segundo hijo rápidamente y dan con una época de bonanza van a tener éxito en el juego reproductivo de la vida y van a desplazar a las madres que esperan a tener la segunda cría después de destetar la primera.

El principio que parece regir estas conductas es: cuida a tus hijos en época de bonanza y abandónalos en tiempos duros. Las madres lobo marino o águila negra no sienten culpa ni depresión acerca de este abandono. No existe razón para que la selección natural favorezca tal psicología, y sí muchas razones para seleccionar en contra de ella. Lo que el reino animal nos revela es que el ambiente alimenticio del cuidado parental es también la arena para la violencia. Donde hay cooperación hay competición, y, muchas veces, es letal. Utilizando modelos de teoría de juegos y otros, los biólogos teóricos han establecido las condiciones en las que el infanticidio y el fratricidio deberían ser obligatorias, más que facultativas. También calculan las condiciones en las que los padres invertirán o no , según las condiciones o la estación, y tienen sus reglas matemáticas que caracterizan los principios por los que se producirá daño o ayuda dentro del contexto de la dinámica familiar.

Los humanos no somos ajenos a esta lógica y compartimos con los animales los mismos principios y parámetros en el contexto del cuidado parental, como muestra la existencia del aborto y el infanticidio en tiempos históricos y actuales, o un hecho de actualidad en estos momentos como son los “asesinatos por honor”. Históricamente el infanticidio solía (y suele) ocurrir cuando el niño tenía signos de enfermedad, cuando la madre no tenía pareja que aportara recursos (y tener un hijo complicaba el hecho de que pudiera conseguir una pareja en el futuro), o en tiempos de hambruna. Dedicar recursos a un hijo enfermo, o en un frío invierno sin comida, suponía que ese hijo se iba a morir y que la madre habría gastado inútilmente fuerzas que no podría invertir en futura descendencia. La evolución no favoreció esas conductas. En las condiciones en las que nuestra especie evolucionó ni el infanticidio ni el fratricidio eran necesariamente aberraciones y serían desencadenados por condiciones extremas. Dado que los recursos paternos para invertir son limitados, dedicarlos a un hijo es retirarlos de otro, dedicarlos a un hijo actual es retraerlos de potenciales hijos en el futuro y la tendencia de los padres es optimizar esa distribución.

En definitiva, el modelo teórico de Trivers del conflicto padres-hijos nos ofrece una herramienta para mirar el lado oculto de las relaciones familiares, una manera de pensar y de entender la dinámica del conflicto familiar en base a los conflictos de intereses genéticos.

@pitiklinov

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domingo, 13 de julio de 2014

Adolescencia y Evolución

(Publicado originalmente en la Nueva Ilustración Evolucionista el 01-05-2014)

“When I was a boy of 14, my father was so ignorant I could hardly stand to have the old man around. But when I got to be 21, I was astonished at how much the old man had learned in seven years.”
Cuando era un chico de 14 años, mi padre era tan ignorante que a duras penas aguantaba tenerle delante. Pero cuando cumplí los 21, yo estaba asombrado de lo mucho que el viejo había aprendido en 7 años.”
-Mark Twain

Dan Siegel
Hoy quería comentar este artículo sobre los cambios que se producen en el cerebro y la conducta de los adolescentes, basado en las ideas del neuropsiquiatra Dan Siegel. Siegel había estudiado el desarrollo emocional y físico durante la infancia, pero cuando sus hijos llegaron a la adolescencia ,y empezaron a comportarse de formas palpablemente diferentes, se empezó a preguntar por lo que ocurre en la adolescencia y a revisar la investigación de los últimos 20 años sobre el desarrollo del cerebro. Fruto de ello es su libro Brainstorm The power and purpose of the teenage brain, que acaba de salir recientemente, y que todavía no he leído.

El primer mito que hay que desechar sobre esta etapa (que para Siegel va de los 12 a los 24 años) es que los adolescentes están dominados por las hormonas. Para Siegel lo más importante no es esto sino que el  cerebro se está remodelado, y la primera parte de este proceso es lo que se llama poda (pruning, en inglés). A partir de los 12-13 años el cerebro empieza a suprimir buen número de conexiones sinápticas entre células y se destruyen algunas neuronas que estaban ahí desde la niñez. El siguiente proceso es el de la mielinización, rodear de mielina los axones, lo cual hace que las neuronas sean 3.000 veces más efectivas comunicándose entre sí. Este proceso no concluye hasta los 24-25 años.

La cuestión es por qué se producen estos cambios. Según Spiegel, esto ocurre para preparar a los niños para la vida adulta. Como él dice, imaginémonos que estás en casa en la cama, tu mamá viene y te dice cuánto te quiere y te llena de besos. Te dice que bajes a desayunar para ir al colegio. Te pone tus bollos o galletas favoritos y te vas al cole, juegas con tus amigos (estudias un poco, eso no es tan divertido), luego vuelves, juegas con la Play y a la noche te ponen el pijama, te meten en la cama y te cuentan cuentos para que te duermas. Es una caricatura, pero lo que quiere decir Siegel es que con una vida así, ¿por qué ibas a irte? Tiene que ocurrir algo en el niño que prepare al adolescente para abandonar la seguridad del hogar. Tiene que cambiar el cerebro de manera que le atraiga lo desconocido, que se atreva con lo que no es seguro y que crezca o prospere en la incomodidad.

Así que, además de los cambios que hemos mencionado, en la adolescencia la dopamina baja, disminuye. La dopamina aumenta cuando la gente se enfrenta a lo novedoso, lo incierto, lo no familiar. En palabras de Siegel: “la Naturaleza ha creado este cambio en el circuito de recompensa del cerebro para que tomar riesgos compense. La baja dopamina hace sentir al adolescente inquieto y aburrido con lo familiar y le empuja hacia algo nuevo”. La parte positiva de esto es que los adolescentes se van preparando para dejar el hogar, pero la parte negativa es que hacen cosas muy arriesgadas. Porque unido a lo anterior, el circuito de evaluación del cerebro está sesgado hacia los aspectos novedosos y excitantes de cualquier decisión. Los adolescentes conocen los riesgos de conducir rápido (o de las relaciones sexuales sin protección), pero a pesar de ello, lo hacen. Aunque el cuerpo de un adolescente es más fuerte que el de otras épocas de la vida, hay un riesgo 3 veces mayor de sufrir accidentes y de morir por causas potencialmente prevenibles. 

La adolescencia es también la época de hacerse adicto a las drogas (tabaco, alcohol, drogas ilegales…) al juego, y también el momento en que aparecen las enfermedades mentales: ansiedad, depresión y sobre todo la esquizofrenia. Siegel cree que estas enfermedades aparecen porque la poda que se produce en la adolescencia desenmascara circuitos vulnerables que durante la niñez funcionaban suficientemente bien.

En esta etapa se produce otro cambio importante: se dejan de seguir los dictados de los padres en todo tipo de normas y conductas (el pelo, la ropa, piercings, etc), para seguir lo que dice el grupo. La importancia de los iguales, del grupo de amigos de su edad, es determinante en estos años. Los padres pasan de ser los héroes y los dioses de sus hijos que eran durante la niñez, a ser unos inútiles que no saben nada de la vida, además de los culpables de lo mal que está el mundo. Pero este cambio tiene también su sentido evolucionista. El mundo de los padres es el pasado. El mundo en el que vivirá el adolescente es el de sus iguales, no el de su padres. Donde tiene que conseguir ser aceptado, integrarse, conseguir pareja, etc., es en el mundo de sus iguales, por eso es fundamental que vuelva su atención a las normas y valores de ese nuevo mundo (el impulso a ser aceptado, la necesidad de integrarse de los adolescentes es una de sus señas de identidad). Este cambio de orientación es necesario también para que se produzcan cambios y un progreso.

Si todo esto que comentamos es cierto, y a mí me parece que en buena medida sí lo es, la interesante conclusión que podemos sacar es que los cambios de la adolescencia no los podemos achacar simplemente a inmadurez, sino que esos cambios están orquestados por la naturaleza para que ocurran en el momento y la dirección en que se necesitan y que tienen un sentido evolucionista. La conducta adolescente es tan apropiada a esa edad como jugar lo es en la niñez. Por lo tanto, una visión exclusivamente psicológica de las dificultades que los padres tenemos con nuestros hijos en esta etapa se queda corta. Tenemos que integrar estos conocimientos acerca del desarrollo del cerebro para entender mejor este periodo. Y un consejo final que da Siegel a los padres porque es, tal vez,  el reto mayor para ellos: “no tratéis al adolescente como a un niño porque es humillante y le quita poder, el adolescente está ya en otra etapa”.

@pitiklinov

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Evolución de la Religión e Inclusive Fitness

(Publicada originalmente en la Nueva Ilustración Evolucionista el 26-04-2014)

Bernard Crespi
Bernard Crespi y Kyle Summers acaban de proponer una hipótesis sobre la evolución de la religión que gira alrededor del concepto de inclusive fitness. No es una teoría totalmente novedosa, sino que integra ideas de muchos autores anteriores, y especialmente de Richard Alexander, en un marco común. Pero antes que nada, unas palabras sobre la traducción del término inclusive fitness, que personalmente no sé cómo traducir al castellano. Es un término complejo. La definición dada por el propio inventor del término, W. D. Hamilton , es esta: “Inclusive fitness puede imaginarse como la aptitud que expresa un individuo en su producción de descendencia adulta después de ser desnudada y luego aumentada de una cierta manera. Hay que desnudarla de todos los componentes que pueden ser debidos al ambiente social del individuo, quedando la aptitud que expresaría si no hubiera sido expuesto a ningún daño o beneficio procedente del ambiente. Esta cantidad es entonces aumentada por ciertas fracciones de las cantidades de daño o beneficio que el propio individuo causa en la aptitud de sus vecinos. Las fracciones son simplemente los coeficientes de parentesco apropiados a los vecinos a los que afecta; unidad para individuos clonales, un medio para hermanos, un cuarto para hermanastros, un octavo para primos,..., y finalmente cero para los vecinos cuya parentesco puede ser considerado despreciablemente bajo”. 

Esta aptitud para la producción de descendencia se traduce a fin de cuentas en éxito reproductivo, en el número de hijos. Pero no se trata sólo del número de hijos que tenga el individuo, sino de los hijos que ayude a producir también por los familiares, según el grado de parentesco. Es decir, si yo tengo un hermano en Japón pero no colaboro en nada a su producción de hijos, esos hijos que tenga no contarían para mi inclusive fitness. Si yo le mando dinero o cualquier otra forma de ayuda y colaboro en la crianza de esos hijos entonces sí formarían parte de mi inclusive fitness. En este artículo sobre la traducción de términos ingleses conflictivos de etología y evolución proponen como traducción “eficacia biológica inclusiva”, que no me convence demasiado, pero no conozco otra traducción mejor. Así que dejaré el término en inglés. A efectos prácticos podemos entenderlo -o medirlo- por el éxito reproductivo ampliado del individuo, no sólo el suyo propio, sino el que tenga en la producción de hijos por los individuos emparentados genéticamente con él. Hay que decir que el artículo de Crespi y Summers comienza con una frase que es todo un homenaje a Hamilton: “La teoría de la inclusive fitness representa la base para el estudio de la evolución social, de la misma manera que la teoría de la selección natural supone la base para entender la propia evolución en sí.”

Pero vamos entonces con el tema de la religión. Para Crespi y Summers la religión es un sistema socioconductual que ha evolucionado en el contexto del parentesco genético, la manipulación parental y el mutualismo y en última instancia serviría para la maximización de la inclusive fitness. Antes de que pueda evolucionar la religión se necesitan unas condiciones previas:
  • ser capaces de hacer inferencias causales y atribuciones y detectar agencia
  • el compromiso emocional y social con los miembros de la familia y del grupo, incluyendo la capacidad de establecer, mantener y recordar relaciones sociales con otros individuos, incluso cuando no están presentes físicamente o han fallecido.
  • imaginación: la capacidad de generar imágenes mentales de alguien o de algo que no es real o no está presente
  • Teoría de la Mente: los seres humanos, y otras entidades, son concebidos como poseedores de estados mentales, pensamientos, motivaciones…más o menos similares a las propias.
  • la evolución de la reciprocidad indirecta (moralidad) con sistemas de represión y castigo para los no cooperadores, así como preocupación por la reputación propia
  • La evolución del aprendizaje social a una escala importante, de manera que los niños asimilan las creencias culturales que se les presentan. 

Es importante tener en cuenta que ninguno de estos factores son explicaciones causales del origen de la cognición religiosa, o de la conducta o el fenómeno religioso. Se trata de condiciones previas necesarias para la posterior evolución de la religión. Se necesitan otras presiones evolutivas que hayan producido la evolución desde el pensamiento no religioso al religioso. En este sentido, las teorías previas sobre el origen de la religión se pueden dividir entre las que consideran que la religión es un subproducto (maladaptativo, como Daskins) y las que consideran que la religión es una adaptación. Subproducto se refiere a la selección de algo que es ventajoso pero que también conduce al aumento de la expresión de algo que es más o menos deletéreo porque está unido de alguna manera (genética, por el desarrollo, o ambientalmente) a la característica beneficiosa seleccionada. Es decir, los efectos negativos de la religión (como perder el tiempo y la energía en costosos rituales, guerras religiosas, etc.) quedarían contrarrestados si los efectos a otro nivel fueran fuertemente positivos. La otra hipótesis es que la religión es una adaptación porque es beneficiosa en sí misma ya que facilita la colaboración y cooperación dentro de los grupos. Muchas de estas hipótesis se basan en selección a nivel de grupo, los grupos con religiones que favorecieran la cooperación se impondrían a grupos sin religión, o con religiones que no fueran tan eficaces.

En la hipótesis de Crespi y Summers la religión representa un aspecto de la cultura que se ha originado, y se ha perpetuado y evolucionado, porque produce beneficios de la inclusive fitness en diversos grados a los abuelos, padres, hijos, otros familiares y a los grupos sociales de diferente tamaño en sociedades relativamente pequeñas. También produciría beneficios a los líderes y figuras religiosas, en el contexto de poder ejercido por los individuos o grupos a cada nivel de la jerarquía. La religión, y el concepto de Dios se originó y es mantenido en el contexto de maximizar la inclusive fitness sirviendo a los intereses del propio círculo de familiares y de los grupos sociales y culturales más amplios a los que pertenece el individuo. Según la visión de Alexander, Dios sería, en cierto sentido, todos nosotros: nuestra familia, nuestro clan, nuestra comunidad…Servir a Dios sería servir a esa pequeña comunidad que en tiempos de cazadores recolectores sería de 150-250 individuos. En esencia, el concepto de Dios sería una metáfora para el de círculo de familiares.

La cooperación entre padres e hijos, y de los hijos unos con otros, está llena de conflictos (conflicto padres-hijos de Trivers). Los padres maximizan su inclusive fitness (éxito reproductor) invirtiendo igualmente en sus hijos, pero cada hijo solicita el mayor número de recursos para sí porque solo tiene el 50% de los genes en común con sus hermanos. El resultado es conflicto entre padres e hijos, y entre los hijos. Pero, por otro lado, todos los familiares se beneficiarían de cooperar porque todos comparten genes en distinto grado. El resultado de todo ello es que los abuelos y padres deberían buscar inculcar comportamientos altruistas, cooperadores y prosociales en sus descendientes, aprovechando la influencia que tienen sobre ellos en la infancia. En la medida en que esa inculcación se perpetúa culturalmente y es adoptada por los descendientes, que aprenden y copian de los ancestros, cada generación de padres, abuelos y otros familiares se beneficiaría en términos de la inclusive fitness.

Un punto clave de esta visión es que los padres y abuelos mueren pero su influencia puede persistir. Según Lahti, el paso cultural crucial en la evolución de la religión no fue el reconocimiento brusco de deidades, o de entidades supranaturales, anteriormente no reconocidas, sino el deslizamiento psicológico más sutil desde el recuerdo y la referencia a los muertos hacia el concepto de una vida después de la muerte (la conversión en dioses de los antepasados). La distinción conceptual entre “el Abuelo habría querido que hicieras esto” y “el Abuelo quiere que hagas esto” es muy pequeña en una cultura lingüísticamente simple, pero las normas se mantienen de forma más firme con la segunda. En el momento en que se percibiera a los viejos como que seguían siendo poderosos y que daban consejo después de muertos ya estamos entrando en una religión familiar. Este desarrollo reforzaría a la comunidad no solo asegurando el mantenimiento de los roles tradicionales con referencia a un líder del pasado, sino enraizándolo en una persona que fue en alguna medida sobrehumano. Según Lahti, no fueron las religiones las que dieron lugar a las normas morales sino las normas morales las que favorecieron la evolución de la religión.

Los apoyos a esta hipótesis son abundantes. La adoración de los antepasados y la creencia en algún tipo de inmortalidad ocurre virtualmente en todas las culturas, sugiriendo que son ancestrales y casi - o probablemente- universales, con respecto a la evolución cultural humana. Estas creencias son fundacionales con respecto a la conexión entre parentesco/ familia y Dios, y sirven al círculo familiar. Parece que fueron los ancestros los que se convirtieron en los primeros agentes sobrenaturales y dioses: ausentes, de forma humana, poderosos, inmutables y misteriosos, pero a la vez cuidadores, por los vínculos positivos de parentesco. Los rituales religiosos centrados en los ancestros necesariamente reforzaban los vínculos familiares y promocionaban la cooperación en general. Otros tipos de religión tradicional, como el totemismo (que asigna una etiqueta a los linajes familiares) también generan y mantienen los vínculos con los ancestros comunes y sirven como mecanismos culturales que construyen y sustentan las relaciones entre familiares cercanos y lejanos. Este sistema sociocultural que conecta la sabiduría, ética y poderes sobrenaturales de los ancestros muertos con los descendientes vivos fue mediado, en muchas sociedades tradicionales, por los chamanes, que servían como archivo del conocimiento moral, cultural y religioso y ayudaban a resolver los problemas a través de una interpretación no-egoísta de los valores ancestrales. Visto en este contexto tampoco parece accidental que muchas religiones consideren a Dios como un padre que está en el cielo. Según Alexander, los dioses empezaron su existencia como dioses tribales (como dioses del círculo familiar) y la verdad, viendo las grandes religiones de hoy en día, es  que han progresado bastante desde sus humildes orígenes.

Las historias religiosas (como las que tratan de los dioses locales, de los orígenes del grupo propio y la conducta adecuada según los agentes sobrenaturales) son consideradas literalmente ciertas. Como tales, pueden servir a dos propósitos. Primero, promover la cooperación; y segundo aumentar las “buenas conductas” de los niños y otros miembros del grupo, modelando su comportamiento y generando miedo al castigo por las malas conductas, tanto por los agentes sobrenaturales, como por los miembros poderosos del grupo, incluyendo la madre. Un componente mágico y sobrenatural en la religión es beneficioso porque aporta una aparente inmutabilidad, objetividad e imparcialidad y refuerza así los preceptos morales, la cooperación y la unidad del grupo. Nos gusta que la ley y la moralidad sea fija e intemporal. Nos incomoda que las normas sociales puedan ser alteradas fácilmente, según la influencia de individuos poderosos o grupos. Esta actitud tiende a hacer que la gente vea todo lo asociado a la moralidad con lo sagrado, divino y sacrosanto. Resumiendo, la autoridad de personas vivas es parcial  y puede ser desafiada; la de los ancestros es absoluta y permanente.

En el campo de los aspectos neurobiológicos y endocrinos, si la religión se originó en el contexto de los vínculos familiares, sus mecanismos neurológicos y hormonales deberían solaparse con los que median el parentesco y la socialidad. Los vínculos padres-hijos y entre adultos están mediados en buena parte por la oxitocina, que se ha comprobado también que influye en la confianza, generosidad, en el altruismo para con los miembros del grupo y en el reconocimiento del parentesco. La oxitocina parece ser más importante para la conducta femenina y la vasopresina más para la masculina. La oxitocina se ha relacionado con la participación en ritos sociales, en el baile y disfrute de la música, aspectos centrales en muchas actividades religiosas. Todo esto, y el fuerte  sesgo  femenino hacia la conducta religiosa en todas las culturas humanas, sugiere un papel central de la oxitocina en la cognición, conducta y experiencias religiosas. Según algunos autores, la palabra religión procede del latín “religare” que significa unir. El único trastorno genético humano que se ha asociado a una sobreproducción de oxitocina es el S. de Williams, el cual se caracteriza también por amor a la música, hipersocialidad, tendencia a hacer amigos de forma indiscriminada y altos niveles de participación y creencias religiosas. Los propios autores han realizado algún estudio que detallan en el artículo donde  se aprecia una relación entre los fenotipos cognitivos asociado a la religión y elevados niveles de oxitocina, aunque hacen falta más estudios.

Las dos condiciones psicológicas primarias humanas asociadas a alteraciones de la cognición socioconductual (el autismo y la esquizofrenia) tienen claros vínculos con el pensamiento religioso pero en direcciones opuestas. Los individuos autistas y los que puntúan alto en escalas de pensamiento autista  muestran menos religiosidad, aparentemente por reducción en la Teoría de la Mente, en la cognición mentalista, en la empatía y en los vínculos sociales, que caracteriza al espectro autista. Por contra, los esquizofrénicos y los esquizotípicos muestran un aumento de la religiosidad incluyendo ideación mágica y experiencias cognitivo-perceptuales inusuales, como oír voces o percibir agencia y animación en fenómenos no humanos. En este caso se puede interpretar que existe una cognición mentalista hiperdesarrollada, justo lo opuesto a lo que ocurre en el autismo. Muchas figuras religiosas históricas mostraban claros rasgos esquizotípicos. Además en la medida en que una teoría de la mente hiperdesarrollada implica mayor sensibilidad y habilidad para captar, responder y manipular los estados mentales de los demás, esto puede haber promovido el desarrollo de seguidores religiosos. Todos estos hallazgos y deducciones sugieren unas trayectorias solapadas genéticas y del desarrollo hacia la esquizotipia y la cognición religiosa en la evolución humana. En resumen, los autores sugieren que los sentimientos de calor, confianza, cooperación y poder asociados a la cooperación del grupo y a la pertenencia a algo mayor son efecto de la oxitocina.

Para acabar, una cuestión muy interesante. Teorías como las de Crespi y Summers (y otros muchos autores) nos ayudan mucho a entender la evolución de la religión, basándonos en sus ventajas adaptativas. Pero entonces el problema es entender la evolución del Ateísmo. Es decir, si la religión es adaptativa para los individuos y los grupos pequeños, ¿por qué no se ha adoptado universalmente, al igual que otros universales como el lenguaje o la evitación del incesto? Crespi y Summers sugieren varias razones. Una de ellas que la religión habría surgido por los conflictos y la manipulación dentro de los grupos, como la de los padres hacia los hijos. Pero también está en los intereses de los hijos resistirse a esas manipulaciones. También ocurre que los sistemas de cooperación son vulnerables a la explotación y al engaño (siempre que el número de los aprovechados no pase de cierto umbral) . Estas y otras razones habrían llevado a que se mantenga la variación en la conducta y pensamiento religioso y que no se haya universalizado.

@pitiklinov

Referencias




miércoles, 9 de julio de 2014

La Ilusión de Causalidad y las vacunas

En el post anterior ya hemos comentado el problema de que muchos padres no se creen los datos científicos que demuestran que no hay relación entre las vacunas y el autismo. Tratábamos de entenderlo y comentábamos posibles explicaciones. En su libro The Invisible Gorilla, Christopher Chabris y Daniel Simons tratan también esta grave e inquietante cuestión y, aunque repitamos algunas cosas, creo que merece la pena conocer su punto de vista. Básicamente plantean que en este caso de las vacunas coinciden tres elementos que en la mente humana disparan la ilusión de causalidad, la ilusión de que hay una relación de causa y efecto entre dos cosas. Estos tres sesgos son: que nuestra mente está diseñada para detectar patrones y significados en los patrones, que deducimos relaciones causales de coincidencias y que creemos que los sucesos que ocurren antes causan los que vienen después.

Que nuestra mente está diseñada para percibir patrones es algo en lo que han coincidido múltiples autores y está ampliamente aceptado así que no nos extenderemos mucho en ello. Nuestro conocimiento del mundo está sistemáticamente sesgado para percibir significado en vez de azar y para inferir causa en vez de coincidencia. Lo vemos desde la forma de diagnosticar los médicos, que se basa en buscar unos determinados patrones hasta las comunes pareidolias, la capacidad de percibir caras y figuras en las nubes o en cualquier otro objeto. Y esto ocurre también con otros sentidos, no solo con la vista. Si pones “Stairway to Heaven de Led Zeppelin al revés se puede escuchar “Satan” “666” y otras extrañas palabras. Y si pones “Another one bites the dust” de Queen parece que Freddie Mercury dice “ es divertido fumar marihuana”. La explicación también aceptada es que detectar patrones es adaptativo desde el punto de vista evolucionista. 

Otro ejemplo de este problema de ver patrones donde no los hay es el de los pacientes que padecen artritis cuando dicen que le duele más los días que hace frío y llueve. En un estudio, el 80-90% de los pacientes artríticos decía que les duele más cuando baja la temperatura y sube la humedad. Sin embargo, los investigadores Redelmeir y Tversky siguieron a 18 pacientes durante 15 meses registrando sus dolores y los cruzaron con los informes meteorológicos. A pesar de las creencias de los pacientes, los cambios de tiempo no guardaban relación con el dolor. La explicación se llama “encaje selectivo” (selective matching), es decir, los pacientes recuerdan mejor los días en los que coinciden bajas temperaturas y dolor que aquellos en los que hizo sol y tuvieron dolor, o aquellos otros fríos y húmedos en los que no tuvieron dolor.

El segundo sesgo que nos lleva a una ilusión de causalidad es que cuando dos sucesos ocurren a la vez inferimos que uno de ellos es la causa del otro. Este sesgo está tan grabado en nuestro cerebro que lo vemos continuamente, incluso en artículos científicos publicados en revistas serias, a pesar de que se insista continuamente en que correlación no implica causalidad. En algunos textos de Psicología se suele poner el ejemplo de la relación entre consumo de helados y ahogamientos. Los días que se consumen más helados hay más ahogamientos y los días que se consumen menos helados hay menos ahogamientos. Evidentemente esta correlación no implica causalidad. Lo que ocurre es que existe un tercer factor ( el calor veraniego) que explica ambos. Este ejemplo es muy fácil pero este problema no es tan fácil de identificar y ejemplos de ello los vemos continuamente en las noticias científicas del día. Por ejemplo, veremos decir cosas como que la gente que hace más ejercicio vive más tiempo y con ello se nos está transmitiendo la idea de que si queremos vivir más hagamos más ejercicio. Pero igual también aquí existe un tercer factor subyacente que explica las dos cosas, por ejemplo, que la gente que hace ejercicio fuma menos y es el consumo de tabaco el que influye en la longevidad y no el ejercicio.

Chabris y Simons comentan un artículo de la BBC que decía que “El sexo te mantiene joven” en el que hablaban de un estudio en el que se decía que las parejas que practicaban sexo tres veces a la semana parecían 10 años más jóvenes que los que sólo lo hacían dos veces a la semana. Pero es posible que la causalidad vaya al revés, que una apariencia joven lleva a más posibilidades de sexo, o que una apariencia joven es un signo de salud física lo que hace que el sexo pueda ser más frecuente, o que la gente con aspecto joven es más posible que mantenga a su pareja interesada en tener relaciones o….

¿Cuál es la solución a este sesgo? Realizar un experimento, un estudio en el que se comparen dos grupos, uno al que se le aplica una intervención y un grupo control, pero es esencial que los sujetos sean adjudicados a cada grupo de forma aleatoria, tirando una moneda al aire (o cualquier otro procedimiento similar). Hay que tener en cuenta que los estudios epidemiológicos no cumplen estos requisitos. Cuando un estudio epidemiológico encuentra que consumir vegetales se asocia a buena salud no podemos nunca concluir que los vegetales son la causa de la buena salud. Los estudios epidemiológicos no son experimentos, aunque es verdad que muchas veces es todo lo que tenemos, o no tenemos otra forma de determinar si dos factores están asociados. Sugieren relación causal pero tenemos que tener mucho cuidado con saltar precipitadamente a las conclusiones. Chabris y Simons nos dan también una regla muy simple para saber si estamos ante correlación o causalidad. Cuando oigas o leas un trabajo que relaciona dos factores, plantéate si la gente del estudio pudo ser asignada aleatoriamente a cada grupo. Si asignar aleatoriamente a la gente a uno de los dos grupos era imposible, demasiado caro o éticamente dudoso, puedes estar seguro de que no estás ante un experimento y que la relación causal es dudosa. Vamos a ilustrar esta idea, con unos ejemplos sacados de las noticias.

¿Causa tu barrio esquizofrenia? En un trabajo se decía que las tasas de esquizofrenia eran mayores en un barrio que en otro, pero ¿pudieron los investigadores asignar al azar a los pacientes a un barrio o a otro? Otro estudio decía que las mujeres que hacen más trabajo doméstico tenían menos cáncer de mama que las que hacían menos, pero es muy dudoso que los experimentadores pudieran asignar a las mujeres a un grupo en el que hicieran más trabajo casero y a otro de menos. Por lo tanto, pude haber mil razones por las que estos dos grupos de mujeres sean diferentes entre ellas ya de entrada y eso influya en su tasa de cáncer. Un último ejemplo: un estudio afirmaba que el bullying o acoso dañaba la salud mental de los niños pero, ¿pudieron los investigadores asignar a algunos niños a ser acosados y a otros no? Lógicamente esto no es posible por razones éticas, por lo que el estudio lo que mide es una asociación entre ser acosado y sufrir problemas mentales, pero la relación causal podría estar invertida, es decir, los niños con problemas mentales es más probable que sean acosados. O también otros factores, quizás graves problemas familiares, podrían ser la causa de que el niño sea acosado y tenga problemas mentales. Como vemos en estos ejemplos, nunca estaremos demasiado en guardia antes este problema de confundir correlación con causalidad.

El tercer sesgo es el de utilizar la cronología, una asociación temporal, como explicación causal. Lo vemos, caricaturizado, en este diálogo entre Homer Simpson y su hija Lisa. Se ha avistado un oso en Springfield y entonces se monta una patrulla oficial “Bear Patrol”, con helicópteros y camiones con sirenas para asegurarse de que no hay osos en la ciudad:

Homer: Ahhh…ningún oso a la vista. La “Bear Patrol” está funcionando como la seda.
Lisa: eso es un razonamiento falso, papá
Homer: gracias, cielo
Lisa (cogiendo una piedra del suelo): según esa lógica, yo podría decir que esta roca mantiene a los tigres a distancia.
Homer: ohh…¿cómo funciona?
Lisa: no funciona, es sólo una estúpida roca, pero no veo ningún tigre alrededor ¿tú los ves?
Homer: Lisa, quiero comprar tu roca.

Unido a este sesgo está el hecho de que la secuencia temporal lleva a la gente a pensar que decisiones complejas tienen una única causa. Sin embargo, cualquier decisión compleja, y cualquier hecho o acontecimiento, tiene múltiples causas. Basta que una de ellas no se hubiera presentado para que el hecho no hubiera ocurrido, pero es imposible aislar una de ellas como “la causa” o “la razón”. Sin embargo, hay que insistir en el hecho de la ventaja adaptativa de esta forma de pensar. Si mi hermano come una fruta con unas manchas negras y al de un rato empieza a vomitar, conviene errar por exceso y hacer una relación causal entre las dos cosas.

Aplicando todo esto al problema del autismo y las vacunas, vemos que los tres sesgos de la ilusión de causalidad ( la excesiva detección de patrones, el salto de correlación a causalidad y la aplicación de una narrativa cronológica) ocurren a la vez, y empezamos a entender que algunos padres encuentren un patrón y crean que una coincidencia es una relación causal. Y aquí conviene repetir lo que mencionábamos en el post anterior: el poder del caso único. Nuestra mente evolucionó bajo condiciones en las que la única evidencia disponible era lo que experimentábamos nosotros mismos o lo que que oíamos de personas de confianza. No había metaanálisis en el Paleolítico. El neurocientífico V. S. Ramachandran pone este ejemplo: Imagínate que yo llevo un cerdo a tu habitación y te digo que puede hablar. Tú podrías decir: “¿de verdad? muéstrame”. Entonces yo muevo una mano y el cerdo empieza a hablar. Probablemente tu reacción sería “¡Dios mío, es alucinante!” No es probable que dijeras: “bueno, es sólo un cerdo, muéstrame unos cuantos más y entonces te digo lo que pienso…”. El caso de un padre que ve que su hijo se deteriora mentalmente después de recibir la vacuna es igual de fuerte y de contundente.

Yo añadiría a todo este estupendo análisis una cosa más, que es la necesidad que tenemos ante el sufrimiento y lo inexplicable de agarrarnos a un clavo ardiendo. Creo que este hecho ayuda a explicar que la gente no acepte los resultados científicos, aunque sean apabullantes. Una de las primeras cosas que se dijo que funcionaba en el autismo fue la hormona secretina, que juega un papel en el aparato digestivo. Se hicieron estudios y no funcionaba y los propios padres no podían decir si su hijo la tomaba o no, porque en realidad no hacía nada. Pero lo llamativo es que de esos mismo padres, después de ver por sí mismos y conocer los resultados de ineficacia del estudio, el 69% seguía interesado en que se le administrara la inyección a su hijo. Mejor algo que nada, mejor una explicación errónea que ninguna…

@pitiklinov

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