jueves, 20 de noviembre de 2014

Evolución de la Psicología Consciente

En esta entrada voy a intentar resumir la propuesta que hace David Geary sobre la evolución de la mente en su libro The Origin of Mind. Evolution of brain, cognition and general intelligence, con un énfasis especial en la evolución de la psicología consciente, las estrategias de solución de problemas, la racionalidad y la capacidad de tomar decisiones. En el fondo, coincide con el planteamiento de otros muchos autores pero puede haber matices que os resulten interesantes.

La idea básica de Geary es que las conductas, cogniciones, sistemas cerebrales y otras características de los humanos (y de otras especies) pueden comprenderse en términos de una motivación de control. Lo que buscamos controlar son los recursos que tienden a estar relacionados con la supervivencia y la reproducción a lo largo de la evolución de la especie. La motivación de controlar no es explícita o consciente, sino que refleja la función de rasgos evolucionados. Los recursos que afectan nuestra supervivencia y reproducción se pueden dividir en tres categorías: físicos, biológicos y sociales. Los recursos físicos se refieren a comida, agua, refugio, etc.; los biológicos a depredadores y otras especies con las que competimos, y los recursos sociales a parejas, amigos, alianzas, enemigos, etc. Cuando los humanos consiguen la dominancia ecológica, es decir que controlan el mundo físico y biológico, el principal problema pasa a ser el mundo social: los demás. A partir de ese momento entramos en competición con los individuos de nuestra propia especie por el control de los recursos, incluyendo aquí como un recurso social la conducta de la otra gente, un objetivo clave es controlar la conducta de los demás para que nos favorezca a nosotros, organizar esa conducta de manera que sea consistente con nuestros intereses.

Los sesgos cognitivos, afectivos, psicológicos y conductuales que facilitan el control de los recursos constituyen lo que se suele llamar psicología folk, biología folk y física folk. Lo que queremos decir con esto es que todos venimos al mundo con una serie de intuiciones (unos módulos en terminología de los psicólogos evolucionistas) sobre cómo funciona el mundo físico (aquí hablábamos de estas intuiciones en los niños), el mundo biológico y el social. Los niños no tratan igual a los objetos que a los seres vivos e intuitivamente esperan comportamientos diferentes de unos y otros. Todo esto son algoritmos o heurísticos que funcionan de manera inconsciente porque la especie se ha tenido que enfrentar de forma repetida a la misma información  y la evolución da lugar a soluciones que responden y manejan esta información de forma automática.

Pero cuando la información es muy variable (y la causa principal de este tipo de información es el mundo social) no nos sirven ya los mecanismo inconscientes programados por la evolución y una información tan variable se convierte en una presión evolutiva para la elaboración de sistemas cerebrales y cognitivos que puedan anticipar, representar mentalmente, y diseñar estrategias conductuales que hagan frente a los problemas y a las dinámicas del mundo social. Las cambiantes situaciones sociales no son predecibles enteramente por las experiencias previas del individuo o la historia evolucionista de la especie.

David Geary
Entonces surge un modelo mental autonoético que nos permite generar una simulación del “mundo perfecto” centrada en uno mismo. ¿Qué es el “mundo perfecto”? El mundo perfecto es aquel en el que la gente se comporta de manera congruente con nuestros intereses y en el que los recursos físicos y biológicos están controlados. Los sistemas que evolucionaron para permitir simular ese mundo perfecto son la inteligencia general, la memoria de trabajo y el control atencional. Dos características fundamentales de este modelo autonoético son el autoconocimiento y la capacidad mental de viajar en el tiempo y en el espacio. 

El origen del autoconocimiento sería el siguiente: ciertos rasgos nuestros tanto físicos como de personalidad tienen influencia en las dinámicas sociales y ecológicas y podrían ser el foco de la estrategias sociales de otra gente. Por lo tanto, el autoconocimiento de esos rasgos o características nos permitiría manipular esas claves (es decir,

engañar) y utilizarlas para controlar esas dinámicas sociales a nuestro favor. Es decir, el autoconocimiento es una contraestrategia para luchar contra la teoría de la mente de los demás, que es lo que ellos usan para adivinar mis pensamientos deseos e intenciones. Mi autoconocimiento y la teoría de la mente de los demás estarían inmersos en una “carrera de armamentos” evolucionista. La otra característica del modelo autonoético centrado en uno mismo es la capacidad de viajar mentalmente en el tiempo y en el espacio. Si unimos esto al autoconocimento el viaje mental permite al individuo recrear un episodio previo de su vida o proyectarse a sí mismo en el futuro. 

La solución de problemas describe procesos que consisten en simular estrategias para disminuir la diferencia entre el “mundo perfecto” del que hemos hablado antes (aquel en que controlo los recursos físicos y biológicos y la conducta de los demás) y mi situación actual. Simulo el mundo perfecto y lo comparo con la situación actual y deduzco los pasos que tengo que dar para disminuir la diferencia entre ambos mundos. El razonamiento es la capacidad para sacar conclusiones acerca del resultado que tendrían ciertas estrategias o contraestrategias. es decir, yo imagino un curso de acción y razono a ver si esa estrategia me acerca al mundo perfecto o me aleja. Para ello tengo que imaginar también cuáles serán las contraestragias que aplicarán los demás y anticipar varias jugadas en este tablero de ajedrez que es el mundo social. Mis decisiones, por tanto lo que buscan es acercar el mundo real al mundo ideal, colocarme en el mundo perfecto. 

La última parte del libro está dedicado a la inteligencia general , la memoria de trabajo, el control atencional para mantener esa simulación en mi mente y a las áreas cerebrales implicadas en todos esos procesos. Pero la idea clave de Geary es que la información repetitiva, que no varía permite diseñar adaptaciones (módulos) que responden y manejan muy bien esa información, pero que es la información muy variable la que obligó a la aparición de la psicología consciente (ver figura 1). Y que el motor, la causa de esa información variable es el mundo social. La autoconciencia del yo emerge en relación a sistemas que procesan información social y ecológica para controlar el mundo social. 

Aunque estos modelos mentales autonoéticos y planificar para el futuro y el viaje mental nos vienen muy bien para enfrentarnos a la dinámica siempre cambiante de las relaciones sociales seguro que no se os escapa que tienen también su lado negativo. La desventaja es aumentar el riesgo de sufrir ansiedad y depresión. Si un individuo proyecta un futuro sin esperanza en el que siente que no tiene control o en el que cree que le falta la capacidad de ser eficaz y tener influencia para conseguir cosas en el futuro, la consecuencia puede ser una depresión. La capacidad de proyectarse en el futuro tiene también la pega de comprender la propia mortalidad (ver la evolución de la negación de la realidad) y la de los seres queridos lo que puede resultar en mayor ansiedad y otras complicaciones. Otro resultado pueden ser la rumiaciones obsesivas acerca de potenciales situaciones futuras. Algunos síntomas de la esquizofrenia, como los delirios, pueden derivar de esta capacidad de generar simulaciones mentales autonoéticas por un fallo en los mecanismos que separan el conocimiento de lo que está siendo simulado del conocimiento del mundo real (confundiendo así la simulación con el mundo real).

Resumiendo, llegado cierto grado de complejidad, resultó adaptativamente ventajoso ser conscientemente conocedor de la información generada tanto interna como externamente y de cambiar y reorganizar mentalmente estas representaciones. Sujetos que no tienen un sentido del yo, o que no pueden viajar mentalmente, por lesiones cerebrales por ejemplo, tienen muchos problemas para manejar situaciones que se salen de la rutina. Estas situaciones son típicamente de naturaleza social. El córtex prefrontal y los correspondientes sistemas de memoria de trabajo y ejecutivos permiten a los individuos  formar representaciones conscientes de una variedad de situaciones sociales y ecológicas y explícitamente cambiar la forma de estas representaciones. Cuando a estas representaciones se les inyecta un sentido del yo  y la capacidad de viajar en el tiempo y espacio el resultado es una capacidad mental que si no es exclusivamente humana está especialmente desarrollada en nuestra especie.

@pitiklinov

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domingo, 16 de noviembre de 2014

Poner la otra mejilla

En esta entrada voy a comentar una curiosidad bastante banal pero que a los amantes del arte igual les puede interesar. Podríamos pensar que si hacemos la imagen en el espejo de una obra de arte ésta sería igual de satisfactoria que la imagen original. Sabemos, sin embargo, que esta no era la opinión de Van Gogh. Cuando empezó a pintar los comedores de patatas realizó una litografía con la imagen especular del borrador pero escribió a su hermano: “ si hago un cuadro del  borrador haré una nueva litografía para que las figuras, que ahora están en mala posición vuelvan a la posición buena”. ¿Por qué la imagen especular está mal? Parece que la asimetría derecha-izquierda no es neutral para los artistas y Nicholas Humphrey decidió investigar este asunto.

Humphrey decidió estudiar los retratos. Los pintores rara vez pintan al sujeto de frente sino que le giran un poco hacia derecha o izquierda lo que acentúa la tridimensionalidad. La hipótesis nula sería que al artista le daría igual girar la cabeza a la izquierda o a la derecha y que en el 50% de los retratos el modelo miraría a la derecha y en el otro 50% a la izquierda. Humphrey estudió 1.474 retratos de la National Portrait Gallery , de Londres, del Fitzwilliam Museum, de Cambridge y de varios libros de colecciones de arte. En esta muestra el resultado fue que 891 enseñaban la mejilla izquierda y 583 la derecha (una relación 60-40). La explicación más lógica que viene a la cabeza es que esto se debe a alguna razón mecánica por el hecho de ser diestro, es decir, que sea más fácil para un diestro pintar los retratos hacia la izquierda de su lienzo de la misma manera que es más fácil para un diestro tirar un penalti hacia el lado izquierdo (el derecho del portero). Pero Humphrey descartó esta explicación por lo que viene a continuación.
Autorretrato a los 34 años.Rembrandt

Humphrey dividió los retratos por sexo y entonces resultó que  el 68% de las mujeres enseñaban la mejilla izquierda, pero sólo el 56% de los hombres, un resultado significativo. Humphrey propone para esta diferencia una explicación basada en el simbolismo derecha-izquierda. El núcleo de la idea es que el pintor usa “derecha” e “izquierda” (quizás sin ser consciente de ello) como signos para dar información acerca del carácter o estatus de la persona retratada. Estos sistemas se sabe que operan en formas primitivas de arte como en los dibujos mágicos de los buryat en Mongolia donde el estatus espiritual de las figuras se marca por medio de arriba-abajo y derecha-izquierda.

Para estudiar este punto, Humphrey analizó todos los retratos y autorretratos de Rembrandt y los dividió por sexo y por relación familiar con Rembrandt, tomando como familiares a padre, madre, hermano, hermana, esposa, amante e hijo. Los resultados los tenéis en la figura 1. Aparte de la diferencia sexual, los no-familiares enseñan mucho más la mejilla izquierda. ¿Cómo interpreta Humphrey estos resultados? Humphrey sugiere que Rembrandt organiza su mundo según la dimensión: “socialmente como yo/ socialmente distinto a mí” y sus retratos según la dimensión: “mostrar mejilla derecha/ mostrar mejilla izquierda” siendo en la mente de Rembrandt paralelas o equivalentes estas dos dimensiones. De manera que cuando Rembrandt pintaba un retrato estaba dando una indicación de la distancia entre él y el sujeto. Los varones y familiares eran más como él y las mujeres y extraños más diferentes. Y esto parece ser cierto incluso de su mujer a la que pinta en el 60% de los 15 retratos como extraña, mostrando la mejilla izquierda. 
Retrato de Margaretha van Bilderbeecq

Pero es que el análisis de otros retratos de diferentes artistas nos ofrece un patrón muy parecido al de los retratos de Rembrandt, como podéis ver en la figura 2, lo que le sugiere a Humphrey que el análisis que hace para Rembrandt tiene validez universal. Hombre/mujer y familiar/no familiar son solo dos dimensiones que pueden estar relacionadas con yo/ no-yo, pero podría ser que cada artista tenga su noción de la gente que es más parecida o alejada de él. Hay datos de que Van Gogh tendía a poner a los campesinos enseñando la mejilla derecha y los burgueses la izquierda. Lo que sabemos de Van Gogh hace plausible pensar que él se consideraba más cercano a los campesinos que a los burgueses. Tal vez por esto no estaba contento con la imagen especular de los comedores de patatas. Tal vez sentía que retratarles así, al revés, les distanciaba de sí mismo y les imponía unos valores burgueses.
Figura 1





No sé si te convence la hipótesis de Humphrey pero sospecho que la próxima vez que vayas a una galería de arte o a un museo te vas a fijar más en qué mejilla enseñan los sujetos que aparecen en los retratos.

@pitiklinov

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domingo, 9 de noviembre de 2014

Política y Sesgo de Negatividad

John Hibbing
Cada vez veo más artículos y comentarios acerca del problema del partidismo político y de los fundamentos psicológicos y biológicos de la ideología. Sin duda, esto tiene que ver con la polarización que ha sufrido la política en los Estados Unidos, pero el problema ocurre también en otros lugares. La cosa ha llegado hasta el punto de que el partidismo es un -ismo más importante, según algunos, que otros como el racismo o el sexismo. Se dice (sin duda es una caricatura) que un estadounidense prefiere que sus hijos se casen con alguien del mismo sexo o de otra raza antes que con alguien del partido político rival.  El caso es que están apareciendo autores que trabajan para comprender las raíces de la ideología política y que intentan tender puentes, entre ambos campos, aparentemente irreconciliables. No en vano estamos hablando de un problema que rompe hasta relaciones entre amigos y familiares y que históricamente ha llevado a derramamientos de sangre. Uno de los autores que más destacan en este terreno es Jonathan Haidt, de cuyas ideas ya hemos hablado aquí.

En este caso quiero comentar un excelente artículo que plantea en esencia lo siguiente: que los individuos que muestran una respuesta fisiológica aumentada y una atención también aumentada a los estímulos negativos muestran asimismo una proclividad hacia posturas políticas que pueden ser clasificadas de “conservadoras”, en el sentido de que intentan promover el orden, la estabilidad, la seguridad y la tradición. Sus autores son John R. Hibbing, Kevin B Smith y John R Alford, es muy reciente, y su importancia es tal que en el número de la revista en que aparece, Behavioral and Brain Sciences, es comentado por 26 equipos de autores cerrando después con una réplica de los autores a los comentarios. Si os interesa una revisión magistral de la literatura que documenta las diferencias fisiológicas, psicológica y conductuales entre liberales y conservadores (voy a usar esa terminología o izquierdas y derechas indistintamente). Entre la bibliografía que citan los autores y la que citan los comentaristas, creo que tenéis una foto completa de lo que existe en este área de estudio (estos tres autores han escrito también un libro cuya referencia tenéis más abajo).

Del sesgo de negatividad ya hemos hablado en esta entrada y también hemos tratado la idea de que creer que nuestras ideas políticas son producto exclusivamente de decisiones racionales y conscientes es muy corriente, pero es erróneo (hablábamos de la influencia de la genética, la biología y la personalidad). El artículo que ahora comento es uno más en esa dirección y espero que nos ayude a todos a no presumir de nuestras ideas políticas, sean las que sean, porque no es nuestro el mérito de portarlas. Espero también colaborar a que no sigamos dividiendo el mundo entre la gente guay que piensa como yo y los estúpidos o malos que piensan lo contrario (ver las tres suposiciones sobre el error). Creo que haría mucho bien a la sociedad en su conjunto asumir que no hay una ideología intrínsecamente más sana que otra.
Kevin Smith

Filósofos y pensadores como John Stuart Mill o Ralph Waldo Emerson han hablado de que la existencia de dos partidos (uno de orden y estabilidad y otro de progreso) surge o parece estar arraigada en la naturaleza humana y que es universal en tiempo y lugar. A pesar de ello, siempre se ha considerado que la orientación política era producto de la socialización, aprendida de padres y amigos. Sin embargo, los datos, que citan Hibbing y cols., no apoyan esa suposición. Hace ya más de 25 años que Martin empezó a hablar de una heredabilidad de la ideología política, del 0.2 al 0.4 de actitudes en un rango amplio de asuntos políticos (aborto, pena capital, desarme…). Hibbing y cols. no entran en el tema genético pero sí recopilan una serie de estudios que apoyan que factores inconscientes influencian las decisiones de tipo religioso moral y político. Considerable evidencia sugiere también que liberales y conservadores son diferentes en una serie de  variables psicológicas y fisiológicas. Por ejemplo, en dimensiones de personalidad, según los Big Five, los conservadores puntúan más alto en responsabilidad y los liberales en apertura a la experiencia. También los conservadores tienen mayor respuesta de asco. 

Los autores del artículo lo que hacen es integrar todas esas diferencias alrededor del sesgo de negatividad. Los conservadores son más sensibles a caras que muestran ira y se centran más rápidamente en estímulos negativos, miran más rato a lo negativo y se distraen con más facilidad por lo negativo. En algunos estudios, los republicanos tienden a mostrar mayor activación de la amígdala y los demócratas de la ínsula. Los liberales tienen más sustancia gris en la corteza cingulada anterior y los conservadores en la amígdala derecha. Por otro lado, los estímulos negativos incrementan la actividad electrodérmica en la piel más en los conservadores que en los liberales.

Recopilando todos estos estudios, Hibbing y cols. se centran en el sesgo de negatividad que es el principio de que los sucesos negativos destacan más, son más potentes y dominantes en combinación - y generalmente más eficaces- que los positivos. Los estímulos negativos se suelen referir a amenazas (microbios, depredadores, amenazas emocionales…). Los conservadores tendrían una elevada respuesta constitucional a los estímulos negativos. Sencillamente, como dicen Schaller y Neuberg, alguna gente va por la vida siendo más consciente de las amenazas. Ningún estudio publicado apunta en la otra dirección: que los liberales son más sensibles a los estímulos negativos que los conservadores. Esta tendencia se traduciría luego en apoyar más gasto en defensa, barreras a la emigración, penas duras para los criminales, estilos de vida tradicional (oposición al matrimonio gay), enfatizar la responsabilidad personal, apoyarse en fuentes de autoridad (Biblia, interpretaciones no cambiantes de la Constitución), apoyar al endogrupo frente al exogrupo, etc., es decir, el conjunto de respuestas o actitudes propias de una postura conservadora.
John Alford

Es importante señalar que ser más sensible a los estímulos negativos no quiere decir ser más miedoso, pesimista, inhibido o vivir siempre con miedo. La investigación no apoya que los conservadores sean así. Los conservadores atienden a los estímulos negativos y son perfectamente capaces de enfrentarse a ellos, o sea que no son necesariamente temerosos o inhibidos. Otra dato a tener cuenta es que los conservadores son más felices que los liberales y esto se ha comprobado en muchos trabajos (este dato no casa bien con la hipótesis de Hibbing y cols., dicho sea de paso). 

Una cuestión muy importante a debatir es la flecha de la casualidad, es decir, si las diferencias fisiológicas y psicológicas son causa o consecuencia de las ideas políticas. Los autores creen que la flecha va de la fisiología y psicología a las ideas pero reconocen que esto no está demostrado y que es un área de investigación futura. Ellos se apoyan en algunos estudios en niños que muestran relación entre sus conductas y juegos a los 4 años con la orientación política de adulto pero el problema no está resuelto.

Aunque sólo sea de paso quiero mencionar un aspecto interesante por su actualidad en relación a la epidemia de Ebola y la aparición de casos en Occidente. Hay estudios que sugieren una relación entre la cantidad de parásitos en un hábitat y las ideas y creencias a nivel religioso o en cuanto a conductas sexuales. También hemos visto un aumento de posturas racistas , discriminatorias de personas de origen africano, en cuanto el Ebola ha aparecido en Europa (fijaos en la reivindicación de este futbolista de la liga griega: “somos africanos, no un virus”). Estos comportamientos los explica muy bien la hipótesis del Sistema Inmune Conductual , de Schaller y Duncan, de la que ya hemos hablado también en este blog. Las personas de otra etnia pueden transmitirnos enfermedades y la carga de parásitos puede estar en la raíz de actitudes xenófobas.

Otro matiz a tener en cuenta es que la ideología política, según algunos autores, no se puede reducir a una sola dimensión (derecha- izquierda). Está muy aceptado que por lo menos hay dos dimensiones un conservadurismo social (aborto, matrimonio gay…) y  otro económico ( mercado libre, impuestos…), es decir, una persona pude tener ideas “de derechas” en temas económicos y más “de izquierdas” en temas sociales. No está muy clara la relación entre ambas dimensiones, unos autores dicen que es poca y otros que es muy clara. Por ejemplo, la hipersensibilidad al asco se relaciona más con conservadurismo social, pero no económico. Pero Hibbin y cols. señalan que ambas dimensiones están muy mezcladas. Pensemos en el caso del gasto social (un tema económico) está fuertemente influido por las ideas sobre temas sociales, de inmigración, etc. Así que no es tan fácil separar estas dos dimensiones. Aún con todo, si la hipótesis del sesgo de negatividad como causa de las ideas conservadoras explicara aunque sólo sea una parte de la varianza en el conservadurismo social ya sería un logro teórico importantísimo.

¿Y cuál es la causa del Sesgo de Negatividad? Pues aquí tenemos que recurrir a la Psicología Evolucionista, aunque esta disciplina todavía no nos ha podido dar una respuesta definitiva de por que existen las variaciones individuales. Es bastante fácil de conceder que en el Pleistoceno, lleno de depredadores y peligros y sin tratamientos médicos contra los patógenos, tener un sesgo negativo aumentado era adaptativo. Lo que no está tan claro es la variabilidad entre individuos. Una explicación es la del Equilibrio evolutivamente estable (Maynard Smith). Podemos poner un ejemplo animal para entender la idea. Imaginemos que en una especie de pájaros unos son más atrevidos y aventureros y se alejan de su territorio mucho más mientras que otros son más tímidos o introvertidos y se alejan menos. Ninguna de las dos “personalidades” es mejor que la otra ya que todo depende del ambiente. Es decir, si en el ambiente hay mucha comida prosperarán los tímidos porque no necesitan alejarse mucho del nido para comer y así evitan el riesgo de encontrarse con depredadores, que es mayor si te alejas. Por contra, en tiempos en los que haya poca comida en el ambiente prosperarán los atrevidos porque encontrarán comida al alejarse más, aunque algunos mueran por el ataque de depredadores, mientras que los que se queden en casa se morirán de hambre. Como el ambiente es muy variable por eso se mantendrían “dimensiones” de personalidad o psicológicas en la población: extrovertido-introvertido, mayor búsqueda de riesgo o no, etc.

Otra posibilidad sería recurrir a la selección de grupo, un tema controvertido. Es decir, los grupos se beneficiarían de tener en su seno “halcones” y “palomas”, individuos más conservadores e individuos más abiertos al cambio porque hay momentos en la vida para conservar y momentos para cambiar, por ejemplo, en las relaciones con otros grupos. Siempre va a haber peligros y amenazas en el ambiente, por lo que siempre va a haber una mentalidad conservadora. Pero siempre va a haber oportunidades en el ambiente, y por eso se necesita gente más progresista y abierta. 

La capacidad de la política para evocar controversias es sorprendente. Jost y Amodio se plantean la pregunta del millón: “¿Por qué los individuos y grupos pueden ser incluidos de manera tan fuerte por una configuración abstracta de ideas hasta el punto de estar dispuestos a sacrificar su propia vida?”. Los que seguís este blog sabéis que ese tema es uno de los hilos conductores del mismo y hablábamos hace poco de ello con respecto a la religión en el caso del suicidio religioso. Junto con la religión (otra configuración abstracta de ideas), la política es la otra ideología capaz de producir conflicto en las reuniones familiares y en el campo de batalla. La gente no se mata porque el otro sea extrovertido o introvertido, probablemente porque los introvertidos no tienen que preocuparse de cambiar su conducta como resultado de la existencia de los extrovertidos. Pero la política es inevitablemente intrusiva. La mera presencia de liberales (conservadores) crea la posibilidad real de que los conservadores (liberales) no sean capaces de estructurar la sociedad  de la manera que ellos desean. Por esto la política es tan emocional y explosiva.

También estudiar o hablar de temas políticos dispara enseguida todas las alarmas y paranoias. Si alguien publica un artículo sobre política y dice algo que no gusta a un bando enseguida se interpreta que no hay neutralidad y que los autores tienen su propia agenda que quieren sacar adelante. Por eso me ha gustado enormemente este artículo y sus comentarios. Porque señalan diferencias entre liberales y conservadores pero sin declarar en ningún momento una ideología como superior a la otra. El tono y la actitud de autores y comentaristas es riguroso, respetuoso y científico. Ante una misma situación, unas personas se centran en las amenazas y otras en las oportunidades. Necesitamos entender y estudiar este fenómeno. Mientras tanto podíamos preguntarnos por qué queremos tanto a nuestras ideas, cuando no son “nuestras”, no se nos han ocurrido a nosotros (en el mismo sentido que la teoría de la relatividad se le ocurrió a Einstein), por qué creemos que somos nuestras ideas y que nuestra identidad nos la dan ellas.

@pitiklinov

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domingo, 2 de noviembre de 2014

La Felicidad y la paradoja de la Discapacidad

Voy a comentar en esta entrada un artículo que acaba de publicarse en el BMJ que consiste en una encuesta acerca de la felicidad o bienestar de los pacientes con Síndrome de Enclaustramiento porque los resultados son contraintuitivos o sorprendentes para muchos de nosotros y creo que merece la pena difundirlos. El Síndrome de Enclaustramiento consiste en una cuadriplejia con afonía de manera que la única forma de comunicarse que tiene el paciente es parpadeando o por movimientos verticales de los ojos. Hay varios subtipos de este síndrome: el “clásico” es el que acabo de describir, existe un síndrome “incompleto” en el que se conservan más movimientos corporales que los de los ojos y existe un síndrome “total” con inmovilidad completa, es decir, que no pueden mover ni los ojos. La causa más habitual son accidentes cerebrovasculares en una región específica del tronco del encéfalo.

Los resultados son los siguientes: de 65 pacientes 47 se consideran felices y 18 infelices. Las variables que se asocian a infelicidad son la ansiedad, la insatisfacción por la falta de movilidad, la falta de actividades recreativas y no poder hablar. 58% declaran que no quieren ser resucitados en caso de parada cardiaca y sólo el 7% expresó un deseo por la eutanasia.

Primero hay que matizar un poco algunas cosas que los propios autores reconocen como puntos débiles de su estudio. Por ejemplo, ellos mandan una invitación a contestar la encuesta a 168 miembros de la Asociación Francesa de pacientes con S. Enclaustramiento y sólo responden 91 pero 26 son excluidos por falta de datos. Es decir, que una mayoría no responde y es muy probable que los que no respondieron no sean tan felices. También hay que tener en cuenta que habrá pacientes que no estén integrados en esta asociación y que los que se integran probablemente están mejor y son más participativos. También hay que tener en cuenta que la encuesta la contestarían por medio de un familiar y podemos tener dudas de que por no herir a la persona que les cuida dijeran toda la verdad. Estas y otras consideraciones nos tienen que hacer pensar que tal vez el porcentaje de pacientes felices o que consideran que tienen una buena calidad de vida no será en realidad tan alto.

Pero, a pesar de estos matices, la realidad es que aún sufriendo graves enfermedades y discapacidades gran número de estos pacientes informan de una buena calidad de vida y un nivel de satisfacción y felicidad elevado. A esto se le conoce como la “Paradoja de la Discapacidad” y estudios con pacientes graves de cáncer, de esclerosis múltiple, de Parkinson, etc., coinciden en la realidad de este fenómeno. Sobre el caso del S. de Enclaustramiento hay un estudio anterior con menos pacientes que confirma estos mismos resultados. Aquí tenéis otro artículo que estudia otro tipo de enfermedades e intenta descubrir sesgos que indiquen que este fenómeno no es real o que los pacientes no están informando correctamente, pero concluyen que la paradoja de la discapacidad es cierta.

Personalmente, me cuesta entender estos resultados, creo que no son lógicos o racionales. Es conocido que la felicidad tiene un componente que es genético y que todos tendemos a un nivel de felicidad típico para cada persona. Estudios en sujetos a los que les ha tocado la lotería encuentran que al principio ocurre un aumento del nivel de felicidad pero al de un tiempo la persona vuelve a su nivel de felicidad previo y no es más feliz con más dinero que antes. También se ha comprobado esto mismo con parapléjicos. Los primeros meses tras el accidente su felicidad desciende pero al de un tiempo vuelve a subir para ser equiparable a la de una persona normal. Esto lo puedo entender, pero que una persona que no puede moverse, que no puede hablar, que no tiene ninguna autonomía y es totalmente dependiente, diga que tiene una buena calidad de vida  es algo que me sorprende. Sólo puedo entenderlo desde el optimismo biológico, el instinto de supervivencia que todo ser vivo lleva dentro, del sesgo optimista del que hablamos en este post.

Evidentemente, estos datos tienen muchas implicaciones. Una de las que señalan en el segundo artículo de las referencias es que cuando estamos sanos sobreestimamos el impacto que las enfermedades van a tener en nuestra vida. Una parte de la explicación es por lo que Kahneman llama la ilusión de focalización, que se puede resumir así: ninguna cosa en la vida es tan importante como pensamos cuando pensamos en ella. Imaginemos que nos realizan una colostomía por un cáncer de colon. Automáticamente pensaremos en las bolsas, la incomodidad para salir de casa, etc., pero no pensaremos en la cantidad de cosas en la vida que no se verán afectadas por una colostomía: ver TV, disfrutar de una conversación, saborear una comida…Es decir que nos focalizamos en las diferencias entre las circunstancias que imaginamos y las que disfrutamos ahora. Pero cuando llega la realidad nuestra reacción no es la que pensábamos que íbamos a tener.

Creo que podemos sacar muchas enseñanzas de todo esto pero una muy clara es que las personas sanas y sobre todo los profesionales de la salud no deberían asumir que la vida de estas personas tan limitadas no merece la pena ser vivida y que evaluar a estos pacientes desde la salud es alejarnos de su vivencia subjetiva. En el caso que estamos tratando de los pacientes con S. de enclaustramiento aliviar su ansiedad o procurarles actividades recreativas puede tener un gran efecto en su bienestar.

@pitiklinov

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domingo, 26 de octubre de 2014

El error del neuroreduccionismo

Neuroreduccionismo es la tendencia a reducir fenómenos mentales complejos a estados cerebrales, confundiendo una correlación con una causalidad física. En el artículo que voy a comentar, Savulescu y Earp hacen algunas precisiones con respecto al neuroreduccionismo que merece la pena tener en cuenta. Hablan de temas relacionados con el sexo y el amor pero la idea central se puede aplicar a cualquier otro asunto y debemos tenerla presente cuando leamos ciertas noticias científicas en los periódicos o determinados artículos.

Ellos comentan en concreto un estudio sobre el llamado Trastorno por deseo sexual hipoactivo (TDSH), en el que se comparan mujeres con este problema con un grupo control mientras ven vídeos eróticos intercalados en la programación televisiva normal. Las mujeres sin TDSH muestran un aumento de la activación en la corteza insular mientras que en las mujeres con TDSH no ocurre lo mismo. La conclusión  del autor del estudio es que “identificar cambios fisiólogicos es evidencia de que se trata de un verdadero trastorno y no de una construcción social” 

El problema con este planteamiento es que encontrar diferencias de actividad cerebral no nos dice absolutamente nada acerca de la causa de esas diferencias. Lo único que estamos diciendo es que los cerebros de mujeres con bajo deseo sexual son diferentes a los de mujeres con mayor deseo sexual, porque… ¡tienen diferentes deseos sexuales! Se trata del eterno problema de que correlación no implica causalidad. Imaginemos ahora que examinamos a personas que están aburridas y personas que no lo están. Seguro que el patrón cerebral de unas y otras será diferente pero no podemos asumir que la flecha de causalidad va siempre del “cerebro” a la “mente”. No estoy aburrido porque tengo un patrón cerebral determinado, estoy aburrido porque no se me ocurre o no tengo nada que hacer y eso se traduce en un determinado patrón de actividad cerebral.

La flecha de causalidad puede ir tanto de "cerebro" a "mente" como de mente a cerebro. En este post anterior sobre estatus y serotonina comentaba unos trabajos en monos en los que la serotonina del macho alfa disminuye cuando no recibe las muestras de sumisión de los inferiores. Que tus inferiores no te miren cambia tu biología. Por supuesto, hay también ejemplos en los que la biología cambia claramente la mente y la conducta. Un caso muy claro es el de un profesor de 40 años que desarrolló pedofilia por un tumor cerebral, pedofilia que desapareció al extirpar el cáncer y reapareció al recidivar el mismo al de un año. También en los estudios en monos que acabo de mencionar aquellos a los que se les administraba fluoxetina tenían más probabilidades de llegar a ser machos alfa.

Todo lo que hacemos cambia nuestro cerebro: abrir los ojos, ver algo, oler algo, leer este post, o tener un pensamiento. El cerebro cambia continuamente. Todo lo que experimentamos desde enamorarnos a tener dolor de estómago implica un determinado patrón de actividad neuronal. Lo que explica las diferencias entre gente con diferentes estados mentales puede ser genético, neuroquímico, ambiental o social, o una mezcla de todo lo anterior. Para buscar la causa se necesita experimentos donde manipulemos esas variables en un grupo y comparar los resultados. Poner en un trabajo unas fotos en colores de Resonancia Magnética funcional, o la prueba que sea, será muy bonito pero no es suficiente. 

@pitikliinov

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miércoles, 22 de octubre de 2014

Dormir en dos tiempos

En su libro At Days Close. A history of nighttime, A. Roger Ekirch realiza un estudio en profundidad de todos los aspectos de la vida durante la noche en la Europa preindustrial, la mitad olvidada de la existencia humana. El libro abarca desde el final de la Edad Media hasta el comienzo del siglo XIX, aunque se centra sobre todo en el período 1500-1750. Las fuentes que ha utilizado son muy variadas pero las principales son documentos personales de la gente normal y corriente: cartas, relatos de viajes, diarios, pero también autobiografías, disposiciones legales, poesías, obras de teatro, novelas, baladas, dichos populares o sermones religiosos. También ha revisado obras más serias de la Medicina, la Filosofía o la Antropología.

Hay curiosidades como la costumbre de las familias pobres, entre campesinos sobre todo, de dormir juntos toda la familia en la misma cama, incluidos los invitados. Esto no generaba insatisfacción sino que era un momento de cohesión familiar y de unión. Eso sí, había un orden establecido a la hora de repartirse el colchón. Un observador de primeros del siglo XIX en Irlanda  hablaba de una familia irlandesa donde la hija mayor se colocaba en el lugar más alejado de la puerta y las demás hermanas después por orden; a continuación la madre el padre, los hijos, y por último los extraños o invitados si los había. Los hombres se solían poner en el lado más cercano a la puerta y las mujeres solían aislarse o quedar protegidas en el extremo más lejano. Un tal Jaques-Louis Menétra cuenta cómo durmió una noche con un matrimonio él a un lado, el marido en el medio y la mujer al otro extremo. Si a esto añadimos que muchas veces se metía a los animales de la granja con los humanos para dar calor (y que éstos no son muy educados a la hora de evacuar sus excrementos), nos resulta un panorama muy poco atractivo para nuestros estómagos actuales.

Pero una cosa interesante que Ekirch encuentra, aunque no ha atraído el interés de los historiadores y ha sido poco estudiada, es que en la Europa preindustrial era habitual dividir el sueño en dos partes unidas por un periodo en el que los sujetos estaban despiertos y realizaban diferentes actividades ( fumar tabaco, sexo…).Este periodo solía ser de una hora o incluso más. En muchos idiomas existe la expresión primer sueño: “first sleep” o “first snap” , en inglés; “premier sommeil” o “premier somme" en francés; “primo somno” o “concubia nocte" en latín. A la segunda parte se la llamaba “segundo sueño” o “sueño de la mañana”. Las dos mitades de sueño eran aproximadamente de la misma duración pero el momento en que se despertaban era variable. Si se acostaban pronto se podrían levantar hacia medianoche y luego volver a dormir, o si se acostaban muy tarde puede que durmieran de un tirón hasta la mañana.
A. Roger Ekirch

Existen descripciones de este fenómeno en muchas obras literarias, desde The Canterbury Tales hasta en el Liber de Regionibus Sanitatis et informitatis de Ramon Lull. Todos los testimonios coinciden en que despertarse era rutinario y que no era producto de una mala noche o de dormir mal. De hecho, muchos libros médicos aconsejaban, para facilitar la digestión, dormir el primer sueño sobre el lado derecho y el segundo sobre el izquierdo. La división temporal “primer sueño” era algo corriente hasta finales del siglo XVIII.

En cuanto a la explicación, se podría considerar una reliquia cultural con raíces en la experiencia cristiana. San Benedicto, en el siglo VI obligaba a sus monjes a despertarse después de la medianoche y rezar salmos y oraciones. Esta costumbre se extendió a otros monasterios y en la Alta Edad Media la Iglesia animaba a rezar a Dios durante la noche. Pero ésta no puede ser la explicación por varias razones. Por un lado, hay testimonios del primer sueño anteriores a la cristiandad, en autores griegos y romanos (Pausanías, Plutarco, Virgilio…). Por otro lado, culturas no occidentales que nada tienen que ver con el cristianismo exhiben un patrón de sueño similar. En África los antropólogos han encontrado esta costumbre en pueblos como los Tiv, Chagga o G/wi. Los Tiv, en concreto, tienen también las expresiones “primer sueño” y “segundo sueño”.

Por todo ello hay razones para pensar que el sueño fragmentado es el patrón natural del sueño humano en condiciones de oscuridad. El Dr. Thomas Wehr ha intentado recrear las condiciones del sueño “prehistórico” en el laboratorio y ha encontrado (privando a los sujetos de luz artificial durante semanas) que llegaban a presentar un patrón de sueño fragmentado. En estos experimentos sin luz artificial los sujetos llegaban a estar 14 horas en la cama con el siguiente ritmo: 2 horas despiertos hasta dormirse, 4 horas durmiendo, 2-3 horas despiertos y por fin otro periodo de 4 horas de sueño. Es importantes señalar que el periodo de despertar era relajado y tranquilo, sin angustia por no dormir y se acompaña de elevaciones de prolactina.

No nos damos cuenta del enorme impacto que ha tenido en nuestras vidas, y en nuestro sueño, la luz. Como dice el cronobiólogo Charles A. Czeisler: “cada vez que encendemos una luz estamos, sin ser conscientes de ello, tomando un fármaco que afecta cómo dormimos”, con cambios en el nivel de prolactina, temperatura corporal y demás. El sueño fragmentado de las sociedades preindustriales y de culturas primitivas no occidentales está relacionado con la ausencia de luz artificial, que es nuestro estado natural. El tiempo no vuelve hacia atrás pero si un día te despiertas al de 4 horas de acostarte y no te puedes volver a dormir igual te tranquiliza conocer estas cosas.

@pitiklinov

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domingo, 12 de octubre de 2014

Los experimentos de Milgram y Zimbardo, a revisión

Los experimentos de Milgram son tan conocidos que no necesitan presentación. Junto con los experimentos de Solomon Asch y el de la cárcel de Stanford de Philip Zimbardo está entre los clásicos de la Psicología Social. Los resultados de todos ellos fueron tan impactantes que están en todos los libros de texto de Psicología, por lo menos por ahora, porque hay una tendencia en los últimos años a criticarlos y cuestionar su validez. 

Aquí tenéis una crítica del de Stanford de Zimbardo, realizada por Peter Gray, un profesor de Psicología autor de un libro de texto, donde explica las razones para no haber incluido el experimento en su libro de texto. Básicamente, argumenta que Zimbardo indujo y provocó los comportamientos de los estudiantes. Con respecto a los experimentos de Milgram, la crítica principal proviene de una autora, Gina Perry, que ha publicado un libro titulado Behind the shock machine: The untold story of the notorious Milgram Psychology experiments. Podéis leer un artículo resumiendo su posición aquí. Otra evaluación crítica de los experimentos de Milgram la podéis leer aquí y la revista Aeon acaba de sacar un estupendo artículo (como la mayoría de los suyos) sobre los experimentos.

No me cabe duda de que unos experimentos tan antiguos como estos (éticamente imposibles de repetir hoy en día) tienen todos los problemas metodológicos del mundo pero sospecho que las críticas a los mismos no son solo técnicas y académicas sino que el fondo de este revisionismo es negarse a aceptar la visión de la naturaleza humana que estos experimentos nos muestran. Según ellos, la situación tiene una gran importancia en nuestra conducta, hasta el punto de imponerse sobre nuestros valores internos. Estos experimentos nos dicen que hay un guarda de campo de concentración y un genocida dentro de nosotros y eso es muy difícil de aceptar. Necesitamos una visión más positiva de nosotros mismos y creer que nosotros no actuaríamos así.
Solomon Asch

Hay que tener en cuenta el contexto de estos experimentos. Los tres autores citados, Milgram, Asch y Zimbardo, son de origen judío y en los años posteriores a la II Guerra Mundial había una necesidad de entender lo que había pasado (Dorwin Cartwright dice que el hombre que más ha hecho por la Psicología Social ha sido Adolf Hitler), cómo era posible que los alemanes hubieran seguido a sus líderes hasta el extremo que lo hicieron. Por lo tanto, tenemos que entender estos experimentos como pequeños simulacros de situaciones terribles que habían ocurrido recientemente. 

Es un debate milenario el de si los seres humanos somos buenos o somos malos, si somos egoístas o somos altruistas. Mucha gente prefiere pensar que somos altruistas, colaboradores y dispuestos a hacer el bien. Pero es un debate mal planteado porque parte de la base de que el egoísmo es malo y el altruismo es bueno y si algo nos enseña la historia (y estos experimentos en menor medida) es que la causa de los mayores genocidios y crímenes contra la humanidad no han sido los instintos egoístas sino nuestros instintos grupales, nuestra tendencia a defender al grupo, nuestra colaboración y altruismo para con los miembros de nuestro grupo. El altruismo también puede ser malo. Como dice Ambrosio Garcia Leal, los ideales patrióticos, religiosos o de cualquier otra índole, asociados a la identidad tribal, han sido mucho más destructivos a lo largo de la historia humana que el egoísmo individual. Lo peor de nosotros es el egoísmo grupal.

Y ese egoísmo grupal se basa en la obediencia, el conformismo, la lealtad al grupo, etc., cuestiones que pretendían estudiar los autores citados. Es relativamente fácil luchar contra los enemigos pero es mucho más difícil enfrentarse a los “amigos” a los miembros del propio grupo y desobedecer cuando las acciones se presentan como buenas para el grupo (nación, grupo de creyentes…). Es trágico pero las mayores barbaridades cometidas a lo largo de la historia las han cometido personas que creían estar haciendo el bien, el bien para su patria o incluso para toda la humanidad. 
Philip Zimbardo

Sólo un ejemplo de la influencia de esta lealtad al grupo. Cuando los llamados escuadrones de la muerte, los Einsatzgruppen, que ejecutaban judíos en el frente del Este, iban a actuar, los mandos formaban a sus hombres y una vez todos unidos daban la oportunidad de que el que no quisiera ir se saliera de la formación. Desgraciadamente, eran muy pocos los que se salían. Pero si el planteamiento hubiera sido al revés, si los mandos hubieran pedido que los que quisieran formar parte del escuadrón se apuntaran y formaran habría sido más fácil negarse. Tal como lo hacían era muy diferente abandonar a tus compañeros, criticar implícitamente lo que iban a hacer y ser un traidor a los tuyos que sumarte voluntariamente a una ejecución.

Después de la II Guerra Mundial hemos vivido más guerras y genocidios, en Vietnam (matanza de My Lai), en la antigua Yugoslavia, en Ruanda…, hemos visto lo que ha ocurrido en la prisión de Abu Ghraib, por citar solo algunos ejemplos, y mi impresión es que Milgram y Zimbardo tienen razón. Aunque fuera cierto lo que dice Gina Perry de que el 60% de los sujetos de los estudios de Milgram desobedecieron, el dato me sigue pareciendo terrible. No tenemos que dejar que los árboles nos impidan ver el bosque. Estamos hablando de una autoridad que es simplemente un psicólogo con bata y de unos sujetos experimentales que no se juegan nada (creo que 4 $ dólares y pico que no queda claro si los cobraban en cualquier caso). Imaginaos ahora que estamos en tiempos de guerra y que el que da las órdenes es un mando de las SS (o los representantes de tu gobierno legítimo) y que lo que tú hagas o dejes de hacer va a influir en la suerte de tu familia y de tu nación. Yo personalmente no tengo mucha duda de lo que la mayoría de la gente haría.

Coda: Comento esto al final porque es muy especulativo y os puede parecer llevar las cosas demasiado lejos. Los que leéis este blog me habréis oído hacer referencia a la idea de Jonathan Haidt de que el ser humano tiene un interruptor que nos permite funcionar en modo chimpancé (individual, egoísta)  y en modo abeja (como un eslabón de algo más grande, de un grupo o de una colmena). La última vez que lo he comentado ha sido al hablar del suicidio masivo de los fieles del Templo del Pueblo en la Guyana. Pues bien, Milgram explicaba la obediencia de sus sujetos con la expresión de que los sujetos pasaban al modo “agencia” en el que ellos sentían que no tenían ninguna responsabilidad porque cumplían órdenes de una autoridad. No deja de sorprenderme el parecido con el interruptor de Haidt. 

Y también es interesante en este sentido plantearnos si ese modo abeja supone en realidad funcionar como un superorganismo, como un hormiguero, una colmena o como lo hacen las termitas. En su libro El Azar Creador Ambrosio Garcia Leal comenta una charla con Lynn Margulis en una cena (Garcia Leal ha traducido algunos de sus libros) en la que Margulis comentaba la posibilidad de que en un futuro la humanidad pudiera llegar a convertirse en un superorganismo. Garcia Leal le dijo a Margulis entonces que eso le parecía muy improbable pero sin embargo dice que ahora no está tan seguro (por ejemplo empieza a ver parecidos entre Internet y un sistema nervioso rudimentario de una “superhumanidad”). Si nos fijamos en el caso del suicidio de la Guyana del Templo del Pueblo vemos a los creyentes como si fueran un hormiguero actuando de forma conjunta, un grupo en el que han desparecido los intereses individuales y el individuo queda sumergido en la colectividad. Esta sensación de estar viendo un hormiguero es todavía mayor al observar los desfiles de los nazis en esas impresionantes imágenes históricas en blanco y negro. En definitiva, más vale que tengamos cuidado con ese modo “agente” o “abeja”.

@pitiklinov