miércoles, 26 de agosto de 2015

Los Trastornos Mentales y el Libre Albedrío

Esta entrada es un comentario a un artículo reciente de la revista Aeon que utiliza la experiencia de las personas con trastornos mentales para defender la existencia del libre albedrío. El argumento central sería: dado que cuando sufrimos un trastorno mental no tenemos libre albedrío, entonces cuando no tenemos una enfermedad mental sí tenemos libre albedrío. La idea se le ocurrió al autor, Walter Glannon cuando un alumno suyo no pudo acudir a clase por sufrir una depresión. Cuando ya estaba recuperado y acudió le dijo literalmente a Glannon: “no tenía libre albedrío”.

A partir de ahí plantea que la respuesta al eterno dilema del libe albedrío no hay que buscarla en la Física o en la estructura de nuestro universo y las leyes de la naturaleza sino en el cerebro, en la capacidad del cerebro para permitir o no que actuemos y pensemos. Parece definir el libre albedrío como actuar de acuerdo con nuestras preferencias, creencias e intenciones (y así definido acepto que tenemos free will, el problema es que no elegimos nuestras preferencias, creencias e intenciones y esa no es mi idea de una "voluntad libre"). Cuando padecemos una depresión, un TOC o cualquier otro trastorno mental no podemos hacerlo y por tanto no somos libres. Cuando no estamos enfermos sí seríamos libres.

Bien, como forma de hablar a nivel coloquial podemos entender lo que el autor quiere decir y podemos admitir que cuando estamos enfermos no tenemos la voluntad que tenemos en estado normal. Pero el argumento si lo analizamos con un poco de seriedad o profundidad falla estrepitosamente y voy a intentar explicar por qué. 

Para entenderlo voy a utilizar el ejemplo de la psicopatía de la que ya he hablado antes (aquí, aquí y aquí). Cada vez más autores están planteando que los psicópatas no son libres y que no pueden actuar de otra manera y se han propuesto alternativas a los fundamentos morales que utilizamos para condenarles y castigarles que actualmente se basan en condenarles porque pensamos que han elegido actuar de manera criminal y podían no haberlo hecho. Para los efectos de mi argumentación vamos a aceptar que los psicópatas no tienen libre albedrío (opinión todavía minoritaria). Si damos la vuelta al argumento obtendríamos el razonamiento de Glannon: si los psicópatas no tienen libre albedrío entonces los que no somos psicópatas sí lo tenemos.

La verdad es que ni los psicópatas ni los no-psicópatas tienen libre albedrío porque ninguno de ellos puede elegir. Libre albedrío es libertad para elegir otra cosa y eso no lo podemos hacer ni psicópatas ni no-psicópatas. A un psicópata no se le puede pedir que responda al castigo o que muestre las conductas morales propias de un cerebro moral, porque no lo tiene. Pero a una persona con cerebro moral tampoco se le puede pedir que tenga las conductas de un psicópata. Yo no puedo salir a la calle y violar a la primera mujer que me guste o robarle un reloj al peatón que pasa porque me he encaprichado con él (y de paso darle un navajazo si se resiste) o robar un banco (estoy caricaturizando un poco). Simplemente yo hago lo que está en mi naturaleza hacer y el psicópata hace lo que está en la suya, naturalezas que ni él ni yo hemos elegido. Tener libre albedrío sería poder tomar el otro camino, elegir la otra opción. Tener las dos opciones, no tener sólo una.

Y no es buen idea ir a buscar el libre albedrío en el cerebro (de esta manera) porque nuestro cerebro no es ajeno a las leyes de la Física, al contrario, está obligado a seguirlas. Y lo que observamos en este universo es que unos efectos tienen  unas causa previas, y estas a su vez otras causas previas y la voluntad no puede saltarse ese flujo causal y situarse al margen de él y decidir: “pues yo ahora voy por otro lado”…


Los humanos presumimos mucho del auto-control: nosotros no somos como los animales, que cuando quieren comer o tener sexo van y lo hacen, no…nosotros podemos esperar, auto-controlarnos…nosotros estamos al margen de la naturaleza…Pero no tenemos en cuenta una cosa muy importante. Si podemos ejercer ese autocontrol es porque tenemos unas fibras nerviosas que van desde la corteza hacia el sistema límbico que cumplen una función inhibidora de esos instintos básicos (y el control que tenemos es sólo parcial). Y esas fibras las ha puesto ahí la selección natural y lo ha hecho por una buena razón, porque en animales sociales inhibir esos instintos en situaciones grupales hace que pases más copias de genes a las generaciones futuras. Así que esa capacidad de autocontrol de la que presumimos no se salta las leyes de la Física ni proviene de Marte.

Por ampliar la discusión, voy a poner un ejemplo en base a factores determinantes ambientales para ilustrar la falacia del razonamiento de Glannon. Pensemos en el caso de Patricia Hearst y su famoso secuestro. Admitamos  que el grupo terrorista que la secuestró la lavó el cerebro con sus doctrinas maoístas y que Patty no era libre cuando atracó el banco con los componentes de ese grupo. Aplicando el razonamiento de Glannon diríamos: “Después del secuestro Patty no era libre porque le habían lavado el cerebro, pero antes del secuestro Patty sí era libre porque todavía no le habían lavado el cerebro”. Ya, ¿Y la influencia previa de su padres y su educación de niña rica no era un lavado de cerebro?

A donde quiero llegar es a que la conducta del ser humano ha evolucionado de la misma manera que la del resto de los animales. Tendremos más algoritmos, más lineas de código de programación si se quiere, pero no dejamos de ser criaturas programadas por la selección natural. Ya sé que eso no nos gusta. A Glannon se le escapa en el último párrafo de su artículo: “somos más que seres materiales”. Sí, preferimos seguir pensando que somos ángeles. Es muy fuerte la tendencia a pensar en “almas” “espíritus” y otro tipo de entidades al margen de la materia. No elegimos nuestras preferencias, creencias ni intuiciones. Pero nos hace mucha ilusión creer que sí lo hacemos.

@pitiklinov

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martes, 18 de agosto de 2015

Quemando brujas en Twitter

Llevo aproximadamente 3 años en Twitter y mi experiencia es muy satisfactoria (tal vez algunos que me siguen piensen que estoy hasta demasiado entusiasmado por lo pesado que soy tuiteando :)). Evidentemente a Twitter se le pueden dar diferentes usos pero creo que para profesionales como es el caso de los médicos o psicólogos puede ser una herramienta muy útil y así se lo digo a mis colegas siempre que tengo la oportunidad. Me parece una herramienta increíble para compartir y para mantenerse al día. Me parece un lujo que Steven Pinker, por poner un ejemplo, te ponga el enlace a un artículo de prensa o científico que le parece interesante. Si alguien de esa categoría te da un consejo, evidentemente, es para leer el artículo sin dudarlo. Puedes así seguir a gente que está interesada en los mismos temas que tú y compartir en esa comunidad las cosas que os interesan. Genial, la pena es que no haya más científicos de primer nivel compartiendo y dando a conocer sus investigaciones pero evidentemente tienen que estar investigando y trabajando y no hay tiempo para todo.

Pero hay una cosa que odio de Twitter: el cotilleo moralista, el constante juzgar y criticar a los demás, el santificar y pontificar sobre cualquier tema, saltar al cuello y arruinar la vida de la gente sin más referencia que una información muy parcial. Por lo visto Twitter está lleno de santos y puros sin tacha moral. Pero yo sospecho por principio de las divisiones de las personas en buenos y malos, lo cual está muy bien para las películas de Hollywood, pero la vida real es mucho más complicada que todo eso. 

Lo que dice el chiste de los policías ha ocurrido realmente. Una mujer sacó una foto y tuiteó el comentario de dos hombres que estaban detrás de ella en una conferencia y eso provocó que despidieran a uno de los hombres (aunque al final fue ella también la que acabó despedida). Linchamientos similares han ocurrido con el premio Nobel Tim Hunt, o más recientemente con el cazador del famoso león Ciril. Nuestra tecnología del siglo XXI es muy adelantada pero nuestras mentes siguen siendo las mismas de los cazadores recolectores cuando cotilleaban delante del fuego después de cazar bisontes, o iguales también a las de antepasados más recientes que cotilleaban en la plaza del pueblo o en el patio de vecinas de la casa. Y Twitter es también una plaza de pueblo con una picota donde colgar a la gente.

Entiendo que a todos nos gusta vernos con una luz favorecedora y positiva y condenar a los demás nos hace sentirnos mucho mejores por contraposición. Y podemos presumir con nuestros comentarios de los buenos que somos delante de los demás. Pero veo un gran peligro en todas estas condenas morales que no se quedan solo en críticas sino que traducen en acciones contra los demás, que la mayoría de las veces se está demostrando que fueron injustas y precipitadas.

Parece que nos hemos lanzado a una loca carrera de santidad y pureza y nadie quiere quedarse atrás y que le acusen de inferior desde el punto de vista moral. Pero esto recuerda peligrosamente a los tiempos de la Edad Media, de la caza de brujas y de la justicia popular. Hoy en día existe la presunción de inocencia y el derecho a un juicio justo. No volvamos a los tiempos de la Inquisición.

@pitiklinov


sábado, 15 de agosto de 2015

Lo que los tests de inteligencia no miden

Esta entrada es un comentario del libro de Keith E. Stanovich What Intelligence Tests Miss.The Psychology of rational thought. (por el que ganó el Grawemeyer Award  en Educación de 2010). La tesis de Stanovich es que “pensar bien” requiere buen juicio y buena capacidad de tomar decisiones y que los tests de inteligencia no miden estas características. Según Stanovich hay que diferenciar inteligencia y racionalidad y, debido a ello, gente muy inteligente puede ser muy irracional a veces o comportarse de forma muy estúpida. 

Stanovich se basa mucho en el modelo de la mente humana de Kahneman, con algunas modificaciones. De hecho, la parte central del libro la dedica a los fallos en el juicio y en la capacidad de razonar que Kahenman estudia en su libro Pensar rápido , Pensar despacio, y nos dice que ese “pensar bien”, según Kahneman y Tversky no aparece en los tests de inteligencia y la relación de la inteligencia con el funcionamiento en estas tareas es baja-mediana. 

A esa capacidad de que alguien inteligente haga tonterías Stanovich le da un nombre: Disracionalidad (dysrationalia), que define como la incapacidad de pensar y comportarse racionalmente a pesar de tener una inteligencia adecuada. Creo que a todos se nos ocurrirán ejemplos o casos de este tipo pero por si quieres leer uno aquí tienes lo que nos cuenta Santiago Sanchez-Migallón en su blog la Máquina de Von Neumann nada menos que de Leibniz, de cuya inteligencia no podemos tener muchas dudas.

Pensar racionalmente significa adoptar los objetivos apropiados, realizar las acciones apropiadas a esos fines y objetivos y tener creencias que se correspondan con las pruebas disponibles. Pero aunque los tests de inteligencia miden la capacidad para centrarse en una tarea y no distraerse, no nos miden la capacidad de una persona para desarrollar objetivos que son racionales para empezar. De igual manera los tests de C.I. nos miden lo bien que una persona puede manejar creencias en la memoria a corto plazo y lo bien que las manipula pero no nos mide si una persona tiene tendencia formar creencias que son racionales cuando le presentamos unas pruebas. Por último, los tests de inteligencia miden lo bien que una persona procesa la información que se le da pero no nos miden si esa persona es buena para valorar de forma crítica la información proveniente del entorno.

Conviene señalar una cosa importante. Stanovich no está para nada en la misma liga que los autores que hablan de la inteligencia emocional, de la importancia de las emociones, o de la importancia de las capacidades sociales, o de la creatividad, etc. No nos está diciendo que en la vida de una persona hay cosas tan importantes o más que la inteligencia como puedan ser las capacidades emocionales, la motivación, la empatía, las capacidades para las relaciones interpersonales, etc. No, Stanovich no se sale del campo cognitivo, las cosas que los test de inteligencia no miden están dentro del campo cognitivo. Y tampoco descalifica Stanovich a los test de inteligencia ya que reconoce que miden cosas reales del mundo cognitivo que son muy importantes en la vida y que tienen capacidad predictiva. Lo que dice es que hay cosas en el campo cognitivo que se les escapan. Cosas como conductas adaptativas, una adecuada priorización de objetivos, reflexividad, una calibración adecuada de la evidencia…

Decía antes que Stanovich seguía el modelo de la mente de Kahneman con alguna variación. Kahneman habla de un modelo bipartito: sistema I (automático) y un sistema II (consciente). El de Stanovich es un modelo tripartito y lo explica con tres historias de una señora que camina por un acantilado (las tres historias son tristes porque la señora muere):

A- en la historia A la señora camina por el acantilado y viene una inesperada racha de viento que la arrastra y la hace caer
B- en la historia B la señora camina por el acantilado y en un determinado momento se quiere apoyar en una roca pero resulta que la roca es en realidad una hendedura y cae por ella y se muere.
C- en la historia C la señora realiza un intento de suicidio saltando por el acantilado y muere al caer sobre las rocas.

Estos tres ejemplos requieren diferentes niveles de explicación para explicar la causa de la muerte. En todos ellos la causa de la muerte son las leyes de la Física. En la historia A, de hecho, las leyes de la Física es lo único que necesitamos para explicar el resultado, pero en las historias B y C se necesita algo más. En la historia B un psicólogo diría que a la hora de procesar un estímulo, el sistema de procesamiento de la mujer funcionó mal y mandó la información equivocada llevando al desastroso resultado final. Ese nivel de procesamiento es llamado por los psicólogos cognitivos nivel algorítmico. En el caso C la mujer muere por sus objetivos y por cómo esos objetivos interactúan con sus creencias acerca del mundo en el que vive. En el caso B hay un problema con al mente algorítmica y en el caso C hay un problema con la mente reflexiva. Así que el modelo tripartito de Stanovich, como  vemos en la figura 1, habla de una mente autónoma, una mente algorítmica y una mente reflexiva.

Llegados a este punto del libro, uno espera que a continuación Stanovich nos diga cuáles son las partes de la racionalidad que los test de inteligencia no miden y que nos diga cómo hacer un “Cociente de Racionalidad” que complemente al Cociente de Inteligencia. Pero no es esto lo que hace Stanovich. En la parte central del libro nos presenta una serie de errores o de fallos de racionalidad que yo creo que son en su mayoría lo que se conoce como sesgos cognitivos, y muchos de ellos los estudia Kahneman: el efecto ancla, el efecto Framing, el procesamiento a mi favor (Myside Processing), el exceso de confianza en lo que sabemos, la influencia de las emociones sobre la razón, la fuerza de voluntad, lo malos que somos los humanos manejando las probabilidades (por ejemplo el problema de la tasa base), la búsqueda de hipótesis alternativas, etc. Y la conclusión que nos ofrece es que las personas inteligentes caen en todas estas “trampas cognitivas” casi igual que las normales. Es curiosa una cosa: cuando a los sujetos se les advierte del truco los inteligentes aprenden antes que los “normales”, pero ellos por sí mismos no son capaces de no caer en la trampa sin esas indicaciones.

En definitiva, hay muchas cosas en la mente humana que pueden ir mal y no las miden los test de inteligencia. Pero, personalmente, Stanovich no me convence de que a) todas ellas sean cognitivas y b) de que puedan medirse. Creo que muchas de esas cosas tiene más que ver con la personalidad que la inteligencia y otras con el diseño evolutivo de la mente humana. Hay muchas razones por las que no deberíamos esperar que la evolución garantizara una mente humana racional. Una de ellas es que la evolución trabaja con el principio “mejor que” y no con el de maximizar nada o llevarlo a la perfección. La evolución “diseña” para la ventaja reproductiva de un organismo con respecto al de al lado no para que una característica (ni siquiera la racionalidad) sea óptima (hay quien ha dicho que en vez del famoso término “survival of the fittest” habría que hablar de “survival of the fitter”). Por eso la evolución nos ha hecho “tacaños cognitivos” (cognitive misers), unos perezosos mentales que tomamos la ruta más corta y más cómoda que nos produzca un resultado suficiente.

Esto hace que por defecto de fábrica nuestra mente tenga una serie de sesgos y defectos. Stanovich es optimista y dice que la racionalidad se puede aprender…Yo soy más escéptico. Como prueba de lo que digo citaré este artículo donde se ve que filósofos entrenados al final caen en los mismos sesgos que las personas normales…así que lo de superar los sesgos de fábrica de la mente humana parece que no es tan fácil aunque acepto que algo siempre se puede hacer.

En cuanto a lo de medir la racionalidad y crear un hipotético “Cociente de Racionalidad” Stanovich se sale por la tangente y dice que es posible hoy en día pero que requeriría un enorme esfuerzo colectivo…No sé…si tan convencido está debería haberlo creado, validado y empezar a utilizarlo a ver la capacidad explicativa y predictiva que tiene…

Como conclusión, un libro con luces y sombras pero muy recomendable para las personas interesadas en la inteligencia. Para ellas pongo al final la taxonomía de los errores del pensamiento de la racionalidad que Stanovich propone:



@pitiklinov

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viernes, 31 de julio de 2015

Los Poetas (la Apertura a la experiencia)

Nos faltaba por ver la última dimensión del modelo de los Cinco Grandes de personalidad, la llamada apertura a la experiencia o apertura al cambio (Apertura, de ahora en adelante), que es la dimensión más difícil de entender. Nettle llama poetas a las personas que destacan en este rasgo. La Apertura es un buen predictor de participación en actividades artísticas y culturales. No es que a alguna gente le guste leer y a otra ir a exposiciones sino que a alguna gente le gusta leer, ir al teatro, a exposiciones, a conciertos, etc., mientras que a otra todo eso no le interesa. Esta tendencia a explorar las actividades culturales es típica de Apertura. En un estudio sólo había dos actividades que se asociaban de manera negativa con la Apertura: las telenovelas y las novelas románticas.

Algunos investigadores han visto a este quinto factor como “Intelecto” o la propensión a explorar estímulo cognitivos. La verdad es que hay una correlación positiva entre Apertura y puntuación en C. I. (del orden de 0.2-0.3), e incluso algún estudio reciente concluye que la Apertura es un reflejo de la eficiencia de los circuitos de los lóbulos frontales (muy importantes para el C.I., también). Sin embargo, para entender que Apertura e Inteligencia no es lo mismo vamos a estudiar al prototipo de este grupo, al poeta o al artista. 

Como modelo de poeta Nettle toma a Allen Ginsberg pero lo que vamos a comentar a continuación sirve para muchos otros artistas. Una primera característica de los “poetas” es un profundo contenido metafórico: los poetas asocian libremente produciendo unas imágenes con un efecto sorprendente. Es como si los filtros que separan diferentes áreas cognitivas fueran más permeables en ellos. Una segunda característica es que los “poetas” desafían las normas sociales. A muchos de ellos les echaron de la escuela, de la Universidad, fueron polémicos en la sociedad de su tiempo por cuestiones políticas, sexuales, etc. La mayoría fueron “outsiders” o tuvieron un punto subversivo. Otro rasgo habitual es que  tienen un fuerte sentido  de espiritualidad o de creencias en fuerzas sobrenaturales. Lo podemos llamar un sentido místico o esotérico, o como queramos, pero es la sensación o creencia de que hay alguna fuerza detrás de las causas y efectos que percibimos en el mundo ordinario (Ginsberg se apuntó al budismo como sistema espiritual). Por último está la relación con la psicosis o la locura sobre la que se han escrito ríos de tinta y varios autores han encontrado altas tasas de enfermedad mental en poetas y artistas (Ginsberg estuvo ingresado en instituciones psiquiátricas, aunque de forma voluntaria y no por psicosis).

Estos cuatro temas (asociaciones laxas o amplias, salirse de lo convencional, creencias supernaturales y experiencias cercanas a lo psicótico) no sólo son características de los poetas sino de la Apertura como rasgo de personalidad y no tienen nada que ver con la inteligencia o el C.I. Abundando en la relación con la psicosis hay un grupo de fenómenos que se catalogan como Experiencias Inusuales (oír voces, despersonalización o desrealización, es decir, uno mismo o todo en general es extraño o con significados extraños, ideas mágicas…) y la Apertura se relaciona con estas experiencias inusuales (del orden de 0.4). También puntúan alto en estas experiencias los pacientes que tienen un Trastorno Esquizotípico de la Personalidad. La Apertura tiene gran relación con experimentación con religiones exóticas, prácticas New Age, creencias en lo paranormal y demás (con un coeficiente de 0.47). También suelen ser más susceptibles a la hipnosis.

El caso es que tenemos un problema. Porque hemos dicho que la Apertura se relaciona con la Inteligencia (alrededor de 0.2) y que se relaciona con las Experiencias Inusuales (alrededor de 0.4) pero resulta que las Experiencias Inusuales no se relacionan con la Inteligencia (su relación es negativa). ¿Cómo explicamos esto? Si una dimensión de personalidad es algo homogéneo tiene que haber una relación entre todas las cosas que están dentro de cada dimensión y en la Apertura nos encontramos con que hay dos grandes conjuntos de correlaciones que no están relacionados entre sí.

La respuesta es que los expertos no tienen resuelto este problema. Una salida sería decir que la Apertura no es en realidad una dimensión de personalidad sino dos, que han sido agrupadas juntas por error. Con esta solución tendríamos seis grandes. Esta no es la solución que le gusta a Nettle. Para Nettle lo que define a la Apertura es la laxitud en las asociaciones y las experiencias inusuales y resultaría que las escalas que la miden están contaminadas por ítems que miden inteligencia. Por ejemplo, en muchas escalas de Apertura está el ítem “Tengo un rico vocabulario”. Si los que responden se toman la afirmación como “tengo un gran vocabulario, rico en tamaño”), entonces las respuestas reflejarán inteligencia y educación. Si el que responde se toma la riqueza como usar las palabras a su disposición de una manera rica y variada, entonces sí reflejaría Apertura su respuesta. 

Estamos pisando terreno resbaladizo en este asunto de la creatividad y la inteligencia. Normalmente asociamos la creatividad con la creación artística, pero si creatividad es producir objetos o representaciones que son nuevas y atraen la atención, entonces los científicos, ingenieros y matemáticos también son creativos. Sin embargo, la psicología de los innovadores científicos y tecnológicos es diferente de la de los artistas. Por ejemplo, la relación entre experiencias inusuales y creatividad se da solo en las artes. Una forma de salir del atolladero es que la creatividad artística depende más de la Apertura y la creatividad científica de la inteligencia. Esto es simplificar porque tanto Apertura como Inteligencia son necesarias para la creatividad pero en proporciones diferentes. Para la creación artística sería más importante la Apertura que la Inteligencia y para la creación científica sería más importante la Inteligencia que la Apertura.

Para Nettle el meollo de la Apertura es su relación con el “pensamiento divergente”, con la extensión de las asociaciones, y ésta sería también la base neurobiológica de este rasgo. Cuando yo represento una palabra u objeto en mi mente se activan inmediatamente un montón de conceptos relacionados con él. Si pienso o leo TIBURÓN se me hace más fácil leer palabras como MAR o PEZ. Los conceptos se almacenan en el cerebro en redes relacionadas de forma laxa. Esto es lógico porque si estoy hablando de las propiedades de los tiburones tendré que pasar probablemente a hablar de las propiedades del mar o de otros peces. La cuestión es ¿Cuál es el límite a estas asociaciones de redes? ¿Debo activar también CARTILAGO al pensar en tiburones porque su esqueleto es cartilaginoso? ¿O activo también LEÓN porque es el depredador tope de su entorno como el tiburón lo es en el mar? ¿Activo también SOPA, por la sopa de aleta de tiburón?

No hay una respuesta correcta a esta pregunta y lo que observamos es que hay una gran variación individual en la capacidad de diseminar las relaciones entre diferentes conceptos en el cerebro. Hay gente que lleva esas relaciones más lejos y otra no tanto. Esto lo vemos en pruebas donde se pide a las personas que imaginen los diferentes usos de un ladrillo, por ejemplo. La gente que puntúa alto en Apertura es capaz de imaginar más usos no habituales que dar a un ladrillo. Evidentemente esto puede ser adaptativo en un sentido evolucionista porque una persona con esa capacidad de asociar puede encontrar soluciones a problemas que a otros no se les ocurriría, pero tiene también un coste o un lado negativo. 

El coste es que a medida que asociamos entre dominios cada vez más remotos podemos llegar a realizar asociaciones muy “extrañas” y “locas”, y podemos llegar a caer en lo paranormal o en la locura (a fin de cuentas los esquizofrénicos y esquizotípicos también puntúan alto en pensamiento divergente). Aumentar la Apertura nos puede llevar a la creatividad artística pero también a un trastorno psicótico y no sabemos qué determina que personas con personalidades similares lleguen a desarrollar una un trastorno esquizotípico de la personalidad mientras que la otra llega a ser un artista célebre. 

Una consecuencia también de estas diferencias en Apertura entre las personas es que nunca pensaremos todos igual. Algunos siempre pensarán cosas que a otros les van a parecer extrañas, improbables o sin ninguna utilidad. Por suerte, habría que añadir.

@pitiklinov

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miércoles, 22 de julio de 2015

Psicología Positiva para los parados

Esta entrada va a tratar del papel que está jugando la Psicología y los psicólogos en Inglaterra tras una serie de reformas que se han producido en el sistema de atención a parados y en la recepción de los beneficios sociales. Según algunos sectores y la bibliografía que cito estas intervenciones son de tipo psicopolicial. Se ha dotado de psicólogos a los centros de empleo, en teoría para ayudar a parados con problemas mentales pero estos programas implican que si no se acude al psicólogo se deja de recibir los beneficios del paro. También se cuestiona el tipo de intervenciones de psicología positiva que llevan a cabo estos psicólogos. Se ha criticado todo este programa porque considera al paro como una enfermedad mental y las intervenciones de los psicólogos como un intento de reprogramar al desempleado y se han producido manifestaciones de protesta. Todo ello plantea cuestiones éticas importantes.

El artículo de Friedli y Stern, del BMJ Medical Humanities, recoge que los programas de empleo están incluyendo coaching, entrenamiento en habilidades, cursos de motivación, etc., pero todo ello con la amenaza de que si no se acude se deja de cobrar el paro. Se presiona a los parados a “pensar en positivo” y a un “cambio de actitud” y se  decide en base a esta actitud si cobran o no el paro. Y se habla de conductas que no favorecen la vuelta al trabajo como “falta de motivación” o resistencia psicológica al trabajo”. Es decir, que ya no basta con hacer cosas con encontrar un trabajo, se trata también de que el estado se introduce, vía psicólogos, en lo que piensas y lo que sientes, tienes que demostrar ciertas “actitudes” si quieres cobrar, y eso es preocupante. El énfasis ya no se hace en las condiciones exteriores del mercado de trabajo sino que se culpa al parado de su situación.

Toda esta atractiva filosofía del pensamiento positivo que está tan extendida dice cosas como: “Tú tienes elecciones en la vida. Las condiciones externas no determinan tu vida. Eres tú el que la determina. Todo está dentro de ti, en tus deseos. Si piensas positivo te pasarán cosas positivas”. Pero ahora se esta aplicando a los parados y se les acosa con mensajes  de correo, de móvil o tuits positivos del tipo “cambia tu actitud” “dale duro o vete a casa” “mis únicas limitaciones son las que yo me pongo” “siempre es pronto para abandonar” “nadie se ahogó nunca en sudor”  “el éxito es levantarse una vez más que las que te caes”, “sonríe a la vida”, etc. Los receptores de estos mensajes se sienten humillados y deprimidos porque el contexto en que estas intervenciones de psicología positiva están teniendo lugar  es un régimen estructurado de amenaza y coerción.

La mayoría de los países han introducido algún tipo de condicionalidad en su programas de desempleo y se exige cumplir ciertas condiciones para cobrar el paro, como cursos, trabajar gratis en servicios comunitarios (charities), empresas, agencias o servicios públicos, etc. En Gran Bretaña estos trabajos los gestionan empresas privadas con ánimo de lucro. Ahora se trata de dar una vuelta de tuerca más. Como dijo la ministra de trabajo, Esther McVey, se espera que los desempleados den pasos para hacerse atractivos para los empleadores, los cuales quieren gente preparada, entusiasta y lista para trabajar, una “mentalidad empleable”. 

Pero esto que estamos comentando es un caso extremo de algo que ya venía pasando en el mundo de la empresa y el trabajo. Muchas empresas se han subido al vagón de la mindfulness porque echa el peso de la culpa al empleado: el estrés se estructura como un problema personal y la mindfulness es la solución para ayudar a los empleados a trabajar de manera más eficiente en ambientes tóxicos. El problema está en tu interior, mira dentro de ti, no son las circunstancias, sino cómo te tomas las circunstancias, como dijo Seligman. También vivimos en una sociedad, como dijo David Harvey, en la que la enfermedad se define como la “incapacidad de trabajar” y de ahí a considerar al paro un trastorno psicológico no hay mucho camino.

Como vemos, la esencia del pensamiento positivo tiene básicamente dos partes: 1) un pensamiento mágico: puedes conseguir cualquier cosa con una actitud positiva y 2) la responsabilidad personal: si fracasas es tu culpa. Y este mensaje les viene muy bien los políticos para legitimar la injusticia y la pobreza. Olvídate de las condiciones económicas, de la desigualdad creciente, de los sueldos decrecientes, del deterioro de las condiciones de trabajo…busca en tu interior…Y esto no sólo es delirante sino también cruel: tienes el destino que te mereces (la visión del mundo justo que comentábamos en otra entrada). Tus fracasos no son el producto de complejas circunstancias, no, se deben sólo a lo que tú haces. Y si te mueres de cáncer es por no tener la actitud adecuada y no poner todo tu empeño en la lucha.

En definitiva, se trata de encubrir la naturaleza política de estos temas. No quiero cargar las tintas pero eso de la “resistencia psicológica al trabajo” me ha traído a la cabeza el diagnóstico de drapetomanía que se hacía a los esclavos negros americanos que aspiraban a la libertad. Lo que los parados necesitan es una política de derechos y justicia y no discursos de psicología positiva. Pero como suele decirse, cuando las barbas de tu vecino veas cortar pon las tuyas a remojar…


Referencias:





Si quieres un antídoto contra el pensamiento positivo (y el culto al bienestar, la felicidad y la salud) te recomiendo el libro The Wellness Syndrome, de Carl Cedestrom y André Spicer




sábado, 11 de julio de 2015

El Profeta del Autocontrol y las golosinas

Walter Mischel ha hecho su carrera y la de muchos de sus alumnos con el famoso Test de la Golosina, sobre el que recientemente acaba de escribir un libro traducido al español. Básicamente es un test en el que se le ofrece a unos niños de edad preescolar una golosina pero se les indica que si esperan a comérsela mientras el investigador está fuera, cuando vuelva les dará dos golosinas en vez de una. Mischel encuentra lo siguiente:

1- Lo menos sorprendente es que unas personas son más capaces que otras de resistir  tentaciones. Unos niños se comen la golosina a la primera, otros esperan más tiempo pero se la comen y otros no se la  comen.

2- Más interesante y sorprendente es que estas diferencias se hacen visibles tan tempranamente como en años preescolares, se mantienen estables en la mayoría de las personas, no en todas, y predicen con notable lógica consecuencias psicológicas y biológicas a lo largo de la vida. Cuando se siguió a estos niños hasta la edad adulta los que habían podido esperar habían tenido más éxito en la vida, medido por mayor educación, mejores trabajos y mayores ingresos.

Hasta aquí la cosa suena como que la fuerza de voluntad es un rasgo innato y que no podemos hacer mucho por cambiar este hecho y, lógicamente, no puedes ir a la sociedad americana y contarles estas ideas “deterministas”. Entre otras cosas porque no te van a dar un duro en becas de investigación. Así que no es eso lo que Michel hace. La filosofía de Mischel se caracteriza por:

3- Es falso que no podamos cambiar nuestra fuerza de voluntad. Tanto el autocontrol cognitivo como el emocional puede aprenderse y mejorarse. Con independencia de lo buenos o malos que seamos en autocontrol podemos mejorar nuestras capacidades de autocontrol y ayudar a nuestros hijos a hacer lo mismo. Gracias a este mensaje optimista y positivista su trabajo ha sido muy apreciado y ha llegado a aparecer en Barrio Sésamo y en la Casa Blanca.

También es verdad que en algún sitio del libro señala que es cierto que podemos no conseguir desarrollar esas capacidades y que si se carece de metas y motivación  (y de valores y de apoyo social) puede resultar imposible, pero su mensaje principal a lo largo del libro es el positivo. Y es ese mensaje positivo el que yo creo que tiene muchos problemas que voy a intentar señalar en esta entrada. Una lectura lógica de los experimentos es que el test de la golosina es un indicador de puntuar alto en la dimensión de personalidad llamada responsabilidad. Ya hemos hablado de ello aquí y sabemos que las personas responsables tienen mayor autocontrol y que el autocontrol es absolutamente necesario para triunfar en la escuela, en la universidad, en el trabajo y en las relaciones sociales. Por tanto, a las personas con alta responsabilidad les va a ir bien en la vida. Así que si Mischel se quedara ahí ningún problema, pero Mischel no habla de los Cinco Grandes en su libro ni de dimensiones de personalidad ni prácticamente de personalidad, porque él tiene otra visión de la personalidad y de la naturaleza humana.

La base en la que se apoya Mischel para defender su postura “optimista” es que él observó que los niños que esperaban utilizaban diferentes estrategias que básicamente eran estrategias de distracción: de pensar en otra cosa, de no mirar la golosina, se tapaban los ojos, se giraban para otro lado; otros hablaban consigo mismo y se decían: “espérate para tener dos golosinas”. Los que consiguieron esperar crearon todo tipo de formas de distraerse (hasta inventarse cancioncillas), estrategias que Mischel llama “de enfriamiento”, como pensar que el objeto no es real. Al observar esto, y partiendo de estas dos premisas:
1- hay unos niños que esperan más
2- Los niños que esperan utilizan estrategias de distracción

Mischel llega a la siguiente conclusión en la que se basa todo su trabajo:

Conclusión: vamos a enseñar estrategias de distracción a todos los niños y así todos van a conseguir esperar. Y en el resto del libro nos cuenta experimentos en diversos sitios en los que han utilizado estrategias de enfriamiento desde en niños con trastornos con déficit de atencion e hiperactividad hasta en adicción a las drogas, con buenos resultados, según él.

Bien, parece lógico pero no lo es. De entrada, ya tendríamos solucionados los problemas de obesidad, adicción a las drogas y demás si esto fuera cierto, pero no parece que sea así. ¿Por qué es erróneo este razonamiento?

1- Por un lado porque puede que estemos confundiendo causa con consecuencia. Podría ser que las estrategias de distracción sean consecuencia de poder esperar y no la causa. Igual pensamos que pueden esperar por las técnicas que usan cuando resulta que usan esas técnicas porque pueden esperar.

2- Todos los niños no son iguales. Slash, el guitarrista de Guns and Roses (como cualquier otro virtuoso en cualquier esfera de la vida) tuvo unos años en su vida de tocar la guitarra ocho horas al día o incluso más. Probablemente tendría impulsos de hacer otras cosas y utilizaría estrategias para no dejar la guitarra y seguir practicando. Entonces, vamos a coger las estrategias que utilizó Slash, se las enseñamos a los niños y ya podemos producir muchos Slashs…¿no es creíble, verdad? Todas  las personas no tienen el mismo interés por la comida, o por el sexo, o por la música y que alguien pueda hacer una cosa no quiere decir que todos la puedan hacer. Slash tenía un amor y una pasión por la guitarra y la música que no tienen otras personas. Volvemos al tema de la motivación, y de las metas, cuando alguien tiene la motivación para hacer una cosa probablemente lo consiga. El problema es cómo conseguir esa motivación.

Porque ya que hablamos de Slash tenemos ahí un ejemplo de cómo una persona puede tener un gran autocontrol para practicar con un instrumento pero no lo tiene para no consumir drogas. O tenemos el caso de Bill Clinton que tuvo mucho autocontrol para ir a la Universidad, hacer todo lo que hay que hacer para ser presidente pero no lo tuvo con las becarias. A Tiger Woods tampoco le faltaba autocontrol en el deporte pero no tanto en su vida sexual.

Voy a criticar la visión de Mischel utilizando precisamente al propio  Mischel como caso clínico. Mischel se pone de ejemplo para explicar que las estrategias de enfriamiento funcionan. Resulta que Mischel no es un ejemplo de autocontrol sino que es muy impaciente. Por ejemplo, llama a sus alumnos a la noche para saber los resultados del experimento y cosas así y ha sido un fumador empedernido. En el libro nos cuenta cómo dejó de fumar. Mischel fumó desde la adolescencia y llegó a encender un cigarrillo detrás de otro y hasta a meterse a la ducha con la pipa encendida (fumaba tres cajetillas al día más la pipa). Cuando en 1964 salió el informe del U.S. Surgeon General sobre los riesgos del tabaco eso no le afectó en absoluto. Además todos los profesores de su entorno fumaban tanto como él. 

Un día se cruzó en un pasillo de la escuela de Medicina de Stanford con un paciente oncológico al que iban a radiar con unas marcas verdes en el cuerpo en los lugares donde iba a recibir la radiación. Le impresionó tanto que se asustó. A partir de entonces pone en marcha diferentes estrategias: hace un pacto con una de sus hijas de que si ella deja de chuparse el dedo él deja de fumar, utiliza botes malolientes con colillas para hacer que el tabaco le resulte aversivo, se compromete públicamente con sus colaboradores a no fumar y recuerda deliberadamente la imagen del paciente con cáncer. Al final consigue dejar de fumar.

Aunque no explica todos los detalles personales, vemos que deja de fumar en determinado momento en su vida pero no antes, lo hace cuando consigue la motivación. Probablemente el tener unas hijas pequeñas pesaría algo, tal vez algo de presión familiar, tal vez el entorno social a raíz del informe del ministerio de sanidad había empezado a cambiar y algunos compañeros estaban dejando de fumar, etc. No lo sabemos a ciencia cierta. Y luego está la impresión que le hace ver al enfermo de cáncer, algo que Mischel no controla ni decide. Pero de todas esas hipotéticas causas y cambios que se van produciendo en su vida y su ambiente Mischel atribuye su éxito para dejar de fumar a las técnicas que empleó. Me parece una visión muy miope. Esas técnicas funcionaron en un ambiente y un momento determinado.

Si todo fuera tan sencillo no tendríamos más que explicar las técnicas que usó Mischel para dejar de fumar a todos los fumadores y arreglado el problema del tabaco. Yo tengo pacientes que no quieren tomar la medicación y llega un día, a lo mejor tras varios ingresos hospitalarios, en que su mente cambia y llegan a aceptar la medicación. Pero ha sido necesario todo un camino. Creer que pueden dejar la medicación al principio de ese camino es como creer que Mischel podía dejar de fumar antes del informe del ministerio de sanidad y de ver al paciente con cáncer. Nos falta la motivación en la ecuación y la motivación no nos la dan las técnicas de distracción sino al revés.

Creo que hay una idea que nos ayuda a entender lo que acabo de explicar. Es la idea de lo posible adyacente. Antes de 1964 y de ver al enfermo de cáncer dejar de fumar no se encontraba todavía en lo posible adyacente de Mischel. Lo mismo que hay inventos que no son posible antes de un época, hay decisiones que no se pueden tomar hasta determinado momento en la vida. Y por eso no son aplicables a otras personas, porque no están en lo posible adyacente de esas otras personas. Si intentamos que un paciente deje de fumar o tome la medicación cuando esa conducta no está todavía en su posible adyacente fracasaremos. Y por eso lo que vale para una persona en un determinado momento de su vida no vale para otras.

Pero el enfoque positivista -Mischel habla en el libro de Seligman, el gurú de la psicología positiva- el famoso “tú puedes si te esfuerzas”  es peligroso por dos razones más. Primero, porque no siempre se puede y ser demasiado optimista puede llevarte a la ruina. A la pregunta sobre la posibilidad de éxito en “un negocio como el suyo”, un tercio de los empresarios estadounidenses respondieron que la posibilidad de fracasar era cero. La realidad era que sólo 35% de esos negocios sobreviven a los 5 años. Thomas Asebro estudió la suerte de 1.100 inventos de innovadores ambiciosos y observó que menos del 10% hallaron acceso al mercado, y de estos el 60% sufrieron pérdidas. La mitad de los emprendedores se retiraron después de conocer análisis objetivos que predecían que sus inventos fracasarían con seguridad pero el resto siguió adelante y duplicaron las pérdidas iniciales antes de abandonar. Sólo 6 de los 1.100 inventos tuvieron grandes beneficios. Claro, es de esos triunfadores de los que nos hablan en las películas y no de los muchos que se quedan por el camino. Lo que quiero decir con esto es que psicólogos y psiquiatras tendremos que ayudar a nuestros pacientes a luchar pero otras veces les tendremos que ayudar a abandonar.

Por último hay un problema moral grave con la filosofía del “Tú puedes” y es la visión del mundo según la cual si te esfuerzas lo suficiente triunfas y si no triunfas quiere decir que no te has esforzado lo suficiente y la culpa de lo que te pase es tuya. Es la hipótesis del mundo justo: tienes lo que te mereces. Así que si estas en el paro la culpa no es de la situación económica sino tuya por no hacer lo que tienes que hacer. Y si te mueres de cáncer es porque no ha sido positivo y no has luchado lo suficiente… Es una visión perversa, pero de ella hablaremos en otro momento.

@pitiklinov

Referencia:



Postscript: Walter Mischel tiene un modelo de la mente humana similar al de Kahneman tipo I y tipo II aunque él los llama sistema caliente (al inconsciente, automático) y sistema frío (al racional y consciente: a los frenos). Cuenta que la selección natural inventó primero el caliente y luego el frío. En el tema del autocontrol tenemos una lucha entre el sistema frío y el caliente. Es interesante que en esta lucha interna dentro de nosotros mismos entre dos intereses diferentes tendemos a pensar que somos los frenos, el sistema frío. Pero ¿por qué no pensar que una buena parte de nuestra identidad es nuestro sistema caliente, nuestros deseos, nuestras pasiones?

También es verdad que Mischel dice alguna vez que una vida con demasiado autocontrol puede ser tan insatisfactoria como una con demasiado poco, una vida vivida con demasiada demora de las satisfacciones puede ser tan triste como una vida de satisfacciones inmediatas.


Por último, hay una visión moral detrás del planteamiento de Mischel. Dice varias veces “tener las agallas” de resistir, de esperar, es decir, los que resisten son los “buenos”. Habría mucho que discutir acerca de si en esta sociedad tienen más agallas los que se resisten o los que toman la golosina. ¿Qué crees tú que es lo más difícil?



sábado, 4 de julio de 2015

La Guerra contra los Hombres

Esta entrada es un comentario del libro Men on Strike, de Helen Smith, que dice que hay una guerra contra los hombres y que los hombres están desertando en masa del matrimonio, del trabajo, de la escuela y que esto es un problema grave, no sólo para los hombres sino para la sociedad en su conjunto. En esta defensa de los derechos de los hombres, Helen Smith sigue los pasos de otros autores como Cristina Hoff Sommers, con su libro la Guerra Contra los Chicos, de 2001, o Warren Farrell, The Myth of Male Power, de 1993. 

Lo primero que hay que decir es que aunque Helen Smith es psicóloga, el libro no es un estudio serio o experimental de la situación de los hombres en los diferentes campos que he citado: el trabajo, el colegio, el sistema legal, etc. Las citas de la autora son la mayoría de las veces a blogs o a comentarios de los hombres en dichos blogs, así como entrevistas personales de la autora con hombres en gimnasios, bares y demás. Por lo tanto, el rigor científico del libro es muy cercano al cero absoluto. Sin embargo, la propia autora reconoce este punto cuando dice que el libro no es un estudio sino una llamada a la acción en defensa de los derechos de los hombres y un lugar donde pueda oírse la voz de esos mismos hombres.

Dicho esto, hay que decir también que si Helen hubiera querido citar bibliografía y estudios serios sobre este tema no habría podido porque nadie lo está estudiando. Tal y como está la situación política y académica en USA (y en otras partes del mundo), estudiar el tema de lo que está pasando con los hombres sería un suicidio académico. La mayoría de los académicos de los departamentos de las ciencias sociales son mujeres (en Psicología, por ejemplo, una aplastante mayoría) o profeministas y sería muy difícil publicar sobre este tema. Y si consiguieras publicar, no te va a contratar después ninguna Universidad, evidentemente. Los investigadores varones (desacreditados por ser varones) han huido de todo lo relacionado con el sexo y el género y nos encontramos con el dato curioso de que las que están saliendo en defensa de los hombres son precisamente mujeres, como Sommers o Smith.

A pesar de lo dicho, el libro tiene, como dicen los anglosajones, un grano de verdad. Los datos y la realidad están ahí y son compatibles con muchas de las cosas que dice Smith. Por ejemplo, en los siguientes aspectos:

El matrimonio. En 1970, el 80% de los hombres de 25-29 años estaban casados. En 2007, el 40%. En 1970 el 85% de los hombres de 30-34 años estaban casados. En 2007, sólo el 60%. El matrimonio se ha hecho menos atractivo tanto para hombres como para mujeres, pero el porcentaje de hombres que considera el matrimonio una cosa importante en su vida ha bajado más que el de mujeres. En algunas encuestas el 86% de la mujeres están satisfechas con su matrimonio interesadas en él, frente a un 63% de los hombres. La interpretación de los activistas de los derechos de los hombres es que dado el sistema legal que favorece a las mujeres, la relación riesgos/beneficios del matrimonio, para los hombres, ha cambiado y los incentivos para casarse son menores. Casarse, para muchos hombres, es arriesgarse a perder tu casa, tus hijos y tu independencia económica.

La Escuela. Este es el tema que ha estudiado Sommers, el ambiente hostil para los chicos, el elevado fracaso escolar masculino, etc. En 1996 había 8,4 millones de mujeres en la Universidad y 6,7 millones de hombres. En 2007 eran 7,8 millones de hombres y 11,6 millones de mujeres. Desde 1975 hasta 2006 el porcentaje de mujeres con titulación universitaria ha pasado de 18,6 a 34,2%. El de los hombres de 26,8 a 27,9. El porcentaje de mujeres en la Universidad es del 58% y en algunas está llegando ya al 60%. Imaginemos que la situación fuera al revés…Cuando las mujeres van por detrás,como en el tema de que apenas hay mujeres en ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas (los llamados campos STEM) es una injusticia y hay que hacer algo. Pero cuando los hombres van por detrás no hay nadie que les defienda.

Trabajo. En 1970 el 80% de los hombres estaban empleados a tiempo completo. En las últimas décadas el número ha bajado a 66%. La representación masculina en la fuerza laboral es de un 69%, la más baja que ha habido nunca. Hay que descontar actualmente el efecto de la crisis pero la tendencia ya era anterior. Muchos hombres se plantean trabajar lo justo para cubrir las necesidades básicas. La revolución sexual ha hecho que puedan conseguir sexo sin necesidad de implicarse en el matrimonio. Y sin los costes del matrimonio y la crianza de los hijos no necesitan esforzarse más.

Sistema legal. Aparte de que el sistema legal discrimina a los hombres en caso de divorcio, custodia de los hijos, etc., hay algunas situaciones que evidencian la falta de derechos de los hombres en todo lo relacionado con la reproducción (hablo de USA y la situación legal es diferente en otros países-así como de unos estados otros dentro de USA). Por ejemplo, una mujer puede engañar a un hombre diciéndole que está utilizando un método anticonceptivo y no ser cierto. A pesar de ello, el hombre tendrá que pagar la pensión alimenticia. Hay casos de inseminación sin consentimiento del hombre (probablemente más de los que pensamos) y la decisión de los tribunales es que el hombre debe pagar de todos modos. En el artículo Fatherhood by Conscription, Michael Higdon describe tres casos en los que los hombres han sido obligados a pagar la manutención de sus hijos a pesar de haber sido obligados a ser padres sin su consentimiento. Uno es el de un chico de 15 años que tuvo relaciones sexuales con una mujer de 34, unas 5 veces. La mujer queda embarazada y demanda pensión de manutención del hijo, y a pesar de que en el estado de California un menor de 16 no puede consentir para tener relaciones sexuales, el tribunal decidió que el chico tenía que pagar.

Otro es el caso de un hombre en Louisiana que atiende a sus padres en un hospital. Una enfermera le ofrece sexo oral pero con la condición de que use preservativo. Después se ofrece a tirar el preservativo pero al de 9 meses el hombre se encuentra con una demanda de paternidad y el test de ADN confirma que era el padre. Parecen casos anecdóticos, pero Higdon cuenta que hay numerosos casos de relaciones sexuales iniciadas por mujer adulta con menor y en todos los casos los tribunales han dicho que el menor debe pagar. En estos y otros casos lo común, y lo que nos revela la manera de pensar de los tribunales, es que hombres que son convertidos en padres contra su voluntad son obligados a pagar por la manutención de los hijos.

En relación con lo anterior tenemos la situación que se está dando en los campus universitarios en USA donde un chico puede ser denunciado por violación y crucificado sin pruebas. Hay varios casos de este tipo pero el más famoso recientemente es la supuesta violación denunciada por la revista Rolling Stone que resultó un fiasco y ha sido considera el error periodístico del año 2014. Es curioso, por no decir trágico, la consideración del alcohol en las relaciones sexuales. Si una chica está bebida se considera que la relación sexual con ella es violación, porque no está en condiciones de dar su consentimiento, pero si el chico está bebido es responsable de sus actos. ¿Sólo el hombre es responsable de sus actos  cuando está bebido? ¿Es esto justo? En este sentido, el tercer caso que cuenta Higdon en su artículo es precisamente el de un hombre que fue a casa de una amiga bebido y durmió en el sofá encontrándose desnudo a la mañana siguiente. La mujer había tenido relaciones sexuales con él y al de nueve meses dio a luz un hijo confirmado por ADN la paternidad de este hombre y tuvo que pagar. Parece que no se aplica la misma vara de medir.

Otro ejemplo curioso son los casos en los que los cirujanos han pedido a los hombres que quieren hacerse una vasectomía el permiso de su esposa. Esto lo contó una mujer a la que su marido le vino pidiendo el permiso pero nadie le dio demasiada importancia. Legalmente no es necesario el permiso pero algunos médicos lo piden para evitar demandas legales. Ahora imagínate la situación fuera al revés, que un médico le pidiera a una mujer permiso del marido para hacerse una ligadura de trompas…

Por último, está el tema del fraude de paternidad. Un porcentaje de hombres no es el padre biológico de sus hijos (las cifras en este punto varían mucho pero una media podría ser 3,8%) pero lo curioso es que aparte de las consecuencias psicológicas para el padre, legalmente la situación es que los tribunales, a pesar de saber que el hombre fue engañado y no es el padre biológico de los hijos deciden de forma bastante sistemática, que el hombre debe pagar la manutención de los hijos. Esta situación está cambiando gracias a la acción de Stacey Campbell que ha conseguido cambiar la ley en Tennessee y otros estados a base de demandas y recursos repetidos.

Una cuestión que la sociedad también evita plantearse es si debería implantarse el test de paternidad obligatorio en el momento del nacimiento. Un línea de argumentación es la del fraude de paternidad y los derechos de los hombres. Pero otra línea de defensa de la obligación de este test es la defensa de los derechos de los hijos. ¿Tenemos derecho a saber quién es nuestro padre biológico? En el tema de los bancos de semen y de los hijos adoptados la legislación parece ir por la vía de que los niños tienen derecho a saber y la legislación ha cambiado en las últimas décadas en muchos países. ¿Es lógico que los hijos naturales no tengan los mismo derechos que los que son resultado de técnicas de fertilización?

Suicidio. El suicidio siempre ha sido más elevado en los hombres pero está aumentando actualmente de forma alarmante en los hombres. Más de 6.000 personas se suicidaron en el Reino Unido en 2013: el 78% eran hombres. En toda Europa es 4 veces más probable que los hombres mueran por suicidio que las mujeres. La tasa de suicidio de hombres de 45-59 años ha aumentado un 40% en una década. En Japón el suicidio también ha aumentado y ahora mismo el suicidio es la primera causa de muerte en hombres jóvenes de 20-44 años. Probablemente no hayas oído hablar de esto en los telediarios ni en ningún lado. De nuevo, imagínate que la situación fuera al revés.

Creo que una lectura objetiva de todos estos hechos confirma que la sociedad está poniendo las necesidades legales y psicológicas de las mujeres por delante de las de los hombres. Se están produciendo injusticias con los hombres desde hace más de 40 años. Puede haber quien piense que los hombres lo han pasado muy bien durante mucho tiempo y que esta situación actual está justificada. Primero, esto no es cierto. Que algunos hombres lo hayan pasado bien no se puede generalizar a que todos los hombres lo han pasado bien. Los mineros, los pescadores o los millones de hombres jóvenes muertos en las muchas guerras (generadas continuamente por los pocos hombres que sí vivían bien) no lo han pasado tan bien. Tomemos los datos de la Primera Guerra Mundial como ejemplo: 6.046 hombres muertos cada día en los 4 años que duró la guerra. Se calcula que la guerra produjo 8 millones de muertos y 6 millones de discapacitados. Datos como estos hacen pensar que a lo largo de la historia se ha visto a los hombres como desechables más que otra cosa. Pero, en segundo lugar y aunque fuera cierto que ser hombre ha sido un chollo, de ninguna manera es un argumento sustituir una injusticia o desigualdad por otra.

No parece que la situación vaya a cambiar a corto plazo. Las cosas no van a cambiar solas y los hombres necesitan organizarse en grupos de presión y lobbies similares a los que tienen las feministas (Asociación Americana de Mujeres Universitarias, AAUW, etc.). Pero el discurso de los hombres está desacreditado. Todo hombre que señale estas injusticias es un misógino y no es políticamente correcto cuestionar que las mujeres sean las únicas víctimas. Debido a la discriminación histórica de las mujeres el estado defiende ahora sus intereses y los hombres son los malos de la película. Los activistas por los derechos de los hombres son probablemente los únicos activistas que no tienen ningún respeto. Nadie les escucha. Pero esta situación no es buena para los intereses de la sociedad en su conjunto y no es buena tampoco para los intereses de las mujeres, como algunas de ellas están ya empezando a ver. De momento, parece que las mujeres son las únicas que podrían hacer algo.

@pitiklinov

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