jueves, 28 de mayo de 2015

Empatizadoras y cuotas de género

El libro Personality, de Daniel Nettle, es un libro bueno, cortito y barato con el que podemos aprender algunas cosas interesantes acerca de la personalidad, el modelo de los Cinco Grandes, y todo ello dentro de un marco evolucionista, un chollo, vamos. Dada esa calidad vamos a comentar aquí algunas de las cosas que se pueden aprender en este libro. Y vamos a empezar por una de las dimensiones de las llamadas Cinco Grandes, la de la llamada Agradabilidad, Amabilidad, Cordialidad o Afabilidad (Agreeableness, en inglés).

Una de las cosas que hace Nettle en su libro es intentar explicarnos lo que constituye el núcleo de cada dimensión y relacionarlo con una base neurobiológica o mecanismo a nivel del cerebro y luego hablarnos de sus beneficios y sus costes. El 1% de su libro, la esencia, lo tenéis en la Figura 1. Os adelanto que la Agradabilidad es una dimensión que mide lo que te preocupas por los demás (la pro-sociabilidad) y su mecanismo neuronal es la Teoría de la Mente, en concreto su componente de empatía.

La conducta de preocupación por los demás se relaciona con un paraguas de mecanismos cerebrales que globalmente se conocen como “Teoría de la Mente”. Por medio de la Teoría de la mente yo puedo apreciar si otra persona tiene hambre, si quiere comida, si cree que la deberíamos ayudar a conseguir comida, es decir, las intenciones, deseos y creencias de otras personas. La Teoría de la Mente puede dividirse en dos componentes: Mentalización y Empatía. Mentalización es lo que hacemos cuando atribuimos un estado mental (por ejemplo, una creencia) a otra persona. La mentalización no está disponible desde el nacimiento sino que se consigue alrededor de los cuatro años, que es cuando los niños son capaces de separar lo que ellos saben de lo que saben los demás.

Simon Baron-Cohen y sus colegas son famosos por haber demostrado que los individuos autistas tienen dañado este tipo de mentalización. También sabemos que hay gran variación en individuos normales en esta capacidad de mentalizar. El otro aspecto de la Teoría de la Mente es la Empatización. Este mecanismo también implica representar el estado mental de los demás, pero en este caso los estados mentales emocionales. Empatizando con la emoción de otro podemos, potencialmente, vernos afectados por ella. Estudios de imagen cerebral sugieren que al empatizar hacemos uso de los mismos circuitos que al mentalizar más aquellas áreas que estarían implicadas si nosotros tuviéramos esa emoción. Por tanto, ambas capacidades se solapan pero en algunas configuraciones de personalidad una está más implicada que la otra. Y también observamos que hay variabilidad individual, que algunas personas están siempre pensando en las necesidades de los demás, y son incluso capaces de perder cosas propias (tiempo, dinero, etc), por ser amable y ayudar, mientras que otros van a lo suyo y sólo miran sus propios intereses.

Los que puntúan alto en Agradabilidad o Amabilidad se describen como cooperadores, confiados y empáticos. A los que puntúan bajo se les describe como fríos de corazón, hostiles o no complacientes. Aunque esta dimensión es claramente una dimensión de pro-sociabilidad la relación con la Teoría de la Mente se ha hecho recientemente, estudios realizados en parte por el propio Nettle. Por lo tanto, tener mucha Agradabilidad implica atender al estado mental de los demás, ayudar a los demás, tener unas armoniosas relaciones interpersonales, disfrutar de un buen apoyo social y generalmente discutir poco o insultar poco a los demás. Son personas que valoran la compañía y las relaciones personales con los demás. Muchas de estas personas son consejeros, trabajadores sociales o voluntarios en actividades por el bien de los demás.

Por contra, en el extremo de baja Agradabilidad tenemos a los psicópatas. El psicópata es un individuo completamente egocéntrico, sin sentimientos de culpa y que utiliza a los demás para su propios fines. También la psicopatía es cuestión de grados pero su núcleo implica falta de empatía y puntúan bajo en Agradabilidad. Sin embargo, no tienen problemas con la mentalización, de hecho son buenos engañando a los demás y para eso hay que saber representar sus deseos, intenciones y creencias; mentalizan pero sin empatía. Los autistas, por contra,  tiene problemas con la mentalización pero son capaces de empatizar con el dolor de los demás.

Entonces, si la gente que puntúa alto en Agradabilidad tiene unas relaciones personales armoniosas y buen apoyo social, la Agradabilidad es claramente una cosa buena, ¿no? Pues depende. Es claro que tener cerca gente con mucha Agradabilidad es bueno para los demás pero no está tan claro que eso sea bueno para los propios interesados. Desde el punto de vista darwiniano hay luces y sombras. ¿Cómo surgieron estas personas que se preocupan de los demás en vez de ellos mismos, cosa que evolucionistamente es una aberración (en otros animales no se ve tanto, aunque se ve)? La explicación, aunque todavía es un tema discutido, está en nuestro mundo social, al ser criaturas ultrasociales paga dividendos, beneficia a nuestro propio interés, preocuparnos del interés de los demás. Gracias al lenguaje (cotilleo) se corre la fama de buena reputación de esas personas y todos quieren colaborar con ellos o tenerlos de pareja. Las personas pro-sociales son valoradas por el grupo y eso les da ventajas para pasar copias de su genes a la siguiente generación. Existe variación en este rasgo porque dependiendo del estilo de vida y las culturas puede recompensar más o menos ser empático. 

¿Y cuáles son las desventajas de los empatizadores, de las personas que puntúan alto en Agradabilidad? Pues tiene sus costes en cuanto al éxito personal. Un estudio que examinó la personalidad y el éxito en la carrera profesional de 4.000 ejecutivos de negocios en la franja de edad de los cuarenta encontró que la puntuación en Agradabilidad era un predictor negativo de sus ingresos, de su nivel en la jerarquía de las compañías y de la posibilidad de que fueran ejecutivos jefe. En otras palabras, cuanto menos empático y agradable el ejecutivo mejor les va económica y profesionalmente. Hay también estudios donde se ve que el éxito en una actividad creativa se predice mejor con baja Agradabilidad. Tienes que ser despiadado y ponerte a ti mismo y tu progreso por delante si quieres llegar arriba. Todo esto nos lleva a la familiar observación de que todas nuestras grandes instituciones -corporaciones, empresas, partidos políticos, universidades, etc.- son generalmente lideradas por gente con tendencias psicopáticas. Hay excepciones, como en todo en la vida.

Pero todo esto tiene algunas implicaciones que no se suelen tener en cuenta. Cuando se les pregunta a las mujeres lo que les gustaría en un marido, las mujeres de todas las culturas dicen que amabilidad y empatía lo que más. Pero las mujeres también valoran el éxito material y el estatus, y hay un conflicto entre las dos cosas. Amabilidad implica alta Agradabilidad pero éxito personal implica baja Agradabilidad. No está claro cómo resuelven las mujeres este problema pero esto es un problema real: la persona que te puede dar una vida reluciente no es el tipo de persona con la que te gustaría compartir tu vida.

Pero hay más, y ya nos vamos acercando a lo de las cuotas de género. Uno de los hallazgos más robustos en la investigación en personalidad es que la mujeres puntúan en Agradabilidad más alto que los hombres. La diferencia es de algo más de media desviación estándar lo que significa que, aunque hay gran solapamiento, el hombre medio puntúa más bajo que el 70% de las mujeres. Las mujeres son mejores en Teoría de la Mente, también. Pero es que parece que esta diferencia tiene bastante que ver con nuestra biología. Por ejemplo, cuando a las mujeres se les da testosterona se reduce su conducta empática. ¿Por qué es esto así? Una explicación evolucionista podría ser que en tiempo evolucionista las mujeres han sacado más beneficio de una vida grupal armoniosa que de subir en el estatus. Hay muchas razones para ello. Por un lado, a los hombres les compensa más el estatus porque se traduce en recursos, mujeres y más descendencia. El dividendo del estatus para los hombres ha sido mayor. 

Otro aspecto es que las mujeres han tenido que cuidar a unos niños dependientes y haber contado con la ayuda de otras mujeres y disponer de apoyo social y relaciones ha sido una ventaja para sacar la prole adelante. La solidaridad femenina en el cuidado de los niños es una característica de muchas culturas (ver este enlace sobre crianza cooperativa). Por otro lado, la madre que no tuviera buena Teoría de la Mente y supiera identificar bien los deseos y necesidades de sus hijos, no pasaría sus genes a la próxima generación.

Pero este asunto de las diferencias sexuales en Agradabilidad pone el debate sobre la discriminación sexual en la sociedad bajo una luz interesante. Los medios de comunicación tienden a lamentar y considerar negativo que el porcentaje de mujeres que son jefas ejecutivas en grandes empresas sea más bajo del 50%. ¿Pero esto es verdaderamente señal de discriminación? Podría ser que no hay tal discriminación y que pocas mujeres quieren ganar estatus social a costa  de perder conexión social. Dadas las relaciones entre Agradabilidad y éxito profesional y las diferencias sexuales que hemos comentado se puede calcular el número de mujeres en la cima. No sería cero pero tampoco sería 50%.

Espero que no se vea esto como  una postura antifeminista. Uno de los objetivos de las feministas ha sido la igualdad. Es decir, un hombre y una mujer con las mismas aptitudes y motivaciones deberían tener la misma probabilidad de triunfar. Tanto Nettle como yo apoyamos esto. Sin embargo, esto no significa que hombres y mujeres tengan, de media, las mismas motivaciones, por lo que no deberíamos esperar una representación igual en todos los sectores de la sociedad. Un segundo objetivo de las feministas ha sido defender y validar los valores femeninos, que son a veces diferentes a los de los de los hombres. Seguramente es mucho más importante valorar la orientación pro-social de muchas mujeres que no quieren llegar a la cima, que lamentar que no sean más como los hombres. 

@pitiklinov

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viernes, 15 de mayo de 2015

SALIENCIA, PSICOSIS Y EVOLUCIÓN.

Colaboración de Xavi Alonso Ribas, psicólogo

Shitij Kapur
La psicosis supone la pérdida de contacto con la realidad compartida con los demás. Este síndrome se caracteriza por alteraciones del contenido del pensamiento en forma de ideas delirantes y alteraciones perceptivas como alucinaciones de distintas modalidades sensoriales, siendo predominantes las alucinaciones auditivas.
Una de la hipótesis neurobiológicas más contrastadas en el fenómeno psicótico es una hiperactividad de dopamina en la vía mesolímbica. Muchas drogas como la cocaína o las anfetaminas actúan incrementando la dopamina de esta vía en la región del núcleo accumbens y pueden producir un síndrome psicótico en personas normales o personas con vulnerabilidad. A su vez los antipsicóticos ejercen un efecto de bloqueo sobre los receptores de dopamina D2 en el núcleo accumbens y reducen la activación psicótica.

Estas evidencias bioquímicas son las que han dado mayor validez empírica a la vinculación de esta vía neuronal, el neurotransmisor de dopamina y el síndrome psicótico. Uno de los autores que ha arrojado más luz a la comprensión de cómo está disfunción biológica de la dopamina puede explicar la fenomenología del contenido delirante es Shitij Kapur. Kapur propone que la psicosis surge de una asignación aberrante de novedad y saliencia a objetos y asociaciones (la saliencia de un objeto es la cualidad por la que sobresale con respecto a sus vecinos). Kapur considera que los aumentos de dopamina permiten mediar en la motivación para atender ciertos estímulos ambientales y sus asociaciones. No sólo permite dirigir y acentuar las respuestas ante las situaciones presentes, sino que también puede grabar nuevas asociaciones y aprendizajes que guíen la conducta futura. Este sistema biológico permite etiquetar los elementos de relevancia biológica en una situación y aprender la conducta que ha implicado un beneficio o ha evitado un perjuicio para el individuo. En circunstancias normales la actividad de la dopamina mediaría en las situaciones de novedad y para la atribución de relevancia motivacional apropiada ante cada elemento del entorno (saliencia motivacional se refiere al proceso por el que estímulos asociados a recompensas captan la atención del animal y se convierten en el foco de su conducta).

Esta función biológica supone un alto valor adaptativo ante un funcionamiento normal, pero ante un incremento continuado de dopamina se produce un exceso de atribución de significado de forma endógena impregnando de novedad y relevancia a los estímulos. Así, en un estado psicótico se produce, como menciona Kapur, un estado de saliencia aberrante creándose una sensación de novedad y relevancias excesivas. En la fase prodrómica, que es la fase previa a la aparición del brote psicótico, se iniciaría el incremento de actividad dopaminérgica generando una sensación desconcertante de novedad y aumentaría la sensibilidad de los sentidos. Eso explicaría las verbalizaciones que hacen muchos pacientes en esta fase, donde describen una mayor agudización de los sentidos, con mayor nitidez de los colores o mayor sensibilidad a los ruidos. De la explicación cognitiva a un mundo nuevo de significados surgiría la idea delirante y la atribución de relevancia a ciertos estímulos internos (memoria, pensamiento, movimientos,) podría explicar el fenómeno de las alucinaciones tal y como describe Kapur.

Ahora bien, ¿cómo podemos explicar que dentro de la ruptura psicótica haya ciertos contenidos delirantes de naturaleza recurrente como las ideas de ser perseguido, envenenado, o ser criticado por los demás? Estas suelen estar presentes independientemente de la cultura. A su vez, el contenido concreto de las ideas delirantes es dependiente de la influencia cultural y biográfica del individuo. Por ejemplo, una persona nacida en Estados Unidos con ideas delirantes de perjuicio puede creer que la CIA está controlando sus llamadas y sigue sus movimientos y una persona nacida en una aldea africana pensará que está recibiendo malos augurios que dañan su salud debido a su enemistad con el chamán malo que ejerce magia negra. Como el mismo Kapur menciona, la desregulación dopaminérgica proporciona el combustible para la ilusión, pero es la historia personal y cultural de la persona la que le da una forma concreta. Vamos a analizar cómo la evolución y la cultura pueden influir en la expresión final del contenido psicótico.


En nuestro camino evolutivo ciertos elementos del entorno han resultado más informativos que otros por el impacto que tenían sobre nuestra supervivencia. Así, muchos estímulos que originariamente nos acercaron a cumplir motivaciones primarias, que nos mantenían en homeostasis biológica y nos acercaban al éxito reproductivo, han sido codificados en nuestro ADN como de una relevancia específica. Este recordatorio filogenético nos permite atender prioritariamente la información con significado relevante para acercarnos a nuestros objetivos biológicos. La selección natural pudo diseñar un sistema de saliencias innatas como mecanismo de filtraje de un mundo repleto de información. De toda la infinidad de estímulos disponibles en ese océano de información sólo algunos de ellos son relevantes para nuestro diseño biológico de Homo Sapiens, así que estar dotados de ciertas sensibilidades específicas a atender ciertos estímulos con significado saliente para la especie puede ser altamente adaptativo. Nos permite distinguir los elementos más informativos en términos de valor de supervivencia dentro de nuestro contexto y hacerlo de un modo automático, sin esfuerzo ni voluntad. Un ejemplo de saliencia innata podría  ser nuestra tendencia a fijarnos en el rostro de una persona y en su expresividad facial en lugar de fijarnos en sus brazos o su nuca o en cualquier otro elemento del entorno. La mirada o la expresión facial son más informativas en términos evolutivos, ya que nos pueden permitir inferir el estado mental de la otra persona y, por tanto, deducir sus intenciones. Este proceso puede ser clave para anticipar una posible agresión.
Tal y como describió Martin Seligman en su concepto de PREPARACIÓN, el organismo está preparado filogenéticamente a través del proceso evolutivo para asociar estímulos con relativa facilidad y otros con relativa dificultad por el significado que han adquirido para nuestra supervivencia a lo largo de millones de años. A los estímulos de fácil asociación requieren de una atención especial, una motivación innata a atraer nuestros recursos y motivarnos a responder ante ellos. Esta saliencia innata adaptativa impregnaría de un significado de base ciertos estímulos externos y ciertos arquetipos psicológicos. Por ejemplo, ante una mala sensación gustativa sería más saliente creer en la posibilidad de envenenamiento que no en otra posibilidad más neutra para nuestro valor de supervivencia.
Ante un sistema de saliencia aberrante por un exceso de dopamina, sería más probable magnificar de significado aquellos estímulos que ya tienen una saliencia innata. En ese caso, ciertos contenidos delirantes serían más prevalentes al tener un interés específico para la especie cuando la saliencia es adecuada y ante un exceso de significado se produciría una creencia errónea sobre el contenido de la información.

Sobre esta base genética de relevancias biológicas se añadiría la influencia cultural que incorporaría un conjunto de símbolos y significados transmitidos a través de las generaciones. Ciertos estímulos o situaciones son asignados de una relevancia determinada por el valor social asignado. Nuestra biología es altamente sensible al contexto grupal, así que todos los patrones de relevancias sociales instaurados en la primera infancia en nuestra cultura nos generaría un conjunto de saliencias culturales que determinarán también nuestra manera de percibir la realidad compartida atendiendo más fácilmente a ciertos estímulos o a otros. Por ejemplo, para una persona religiosa cristiana una cruz que, para personas de otra cultura, sería un estímulo neutro, se impregna de relevancia y atrae un conjunto de intereses y motivaciones. Una familia de Arizona sacó un pastel que al enfriarse se abrió y formo un crucifijo en el centro del pastel. Los miembros de la familia dicen que no van a comerse el pastel ya que el crucifijo es un mensaje divino. Planean venderlo y donar el dinero a una organización benéfica.
Obviamente, para una persona no creyente o incluso creyente de otra religión la forma de la cruz del pastel significaría un estímulo neutro, sin ningún significado particular. En cambio, para esta familia sus significados culturales previamente instaurados condicionan una conclusión de saliencia aberrante (es una señal de Dios).

CONCLUSIONES:

El conjunto de significados que hemos adquirido a lo largo de nuestra evolución como especie (saliencias innatas) junto con las influencias del significado adquirido en nuestro entorno cultural (saliencia cultural) interaccionan junto a nuestras experiencias biográficas para formar una composición individual de predisposiciones a concluir determinadas significaciones. Una saliencia aberrante debida a la activación psicótica incrementaría la relevancia informativa en aquellos ámbitos que ya tenían una predisposición a sobresalir, causando una ruptura con la realidad compartida por exceso de valor de estímulos neutros. Esto podría explicar por qué ciertos temas son más sensibles a activarse en una fase psicótica (perjuicio, autorreferencialidad) independientemente de la cultura (saliencia innata), y por qué el elemento cultural acaba condicionando el contenido del delirio (saliencia cultural). Evidentemente, esta hipótesis sólo explicaría determinados brotes psicóticos. En la esquizofrenia hay ideas delirantes extrañas con contenidos psicóticos muy bizarros e incomprensibles donde además de un sistema de saliencia aberrante pueden alterarse otros sistemas como la memoria de trabajo del córtex prefrontal que incrementaría la falta de lógica y sentido de sus ideas al fracasar un proceso psicológico encargado de contextualizar la información.

Referencias:




Autor: Xavi Alonso Ribas, psicólogo










domingo, 10 de mayo de 2015

¿Qué fue de los memes?

El concepto de meme fue puesto en circulación por Richard Dawkins en su libro El Gen Egoista. Además del gen, Dawkins identificó un segundo replicante, una unidad de transmisión cultural que saltaba de cerebro en cerebro por medio de la imitación y que iba mutando en el proceso. La palabra meme era una variación de la griega mimeme, imitar. Dawkins consideraba meme a cosas tan variadas como una canción o una frase pegadiza, pero la quintaesencia de meme son las ideas. El caso es que todos ellos compiten por una cosa: nuestra atención. Los memes eran los virus de la mente, algo infeccioso, un parásito de la mente.

A partir de ahí el concepto de meme despegó. Dawkins siempre ha tenido un perfil bajo en este tema siendo otros, como su amigo el filósofo Daniel Dennett quien se entusiasmó con la idea y la empleó para explicar la religión. Susan Blackmore en su The Meme Machine fue la más lanzada explicando por medio de los memes el gran crecimiento del cerebro humano, el yo y la conciencia. En 1997 apareció una revista  científica, The Journal of memetics -Evolutionary Models of Information Transmission dedicada a esa nueva ciencia que se llamó Memética.

Pero la revista cerró en 2005 por falta de interés y por no recibir artículos de la suficiente calidad. En el último número uno de los editores, Bruce Edmonds, entonó el canto del cisne. Decía que había un enfoque ancho y un enfoque estrecho de la Memética y que lo que había fallado era el enfoque estrecho. El enfoque ancho es utilizar un enfoque evolucionista para entender la comunicación y otros fenómenos sociales. Este trabajo se sigue haciendo pero no requiere de la analogía meme-gen, de esa comparación con la genética. El enfoque estrecho es el que se basa en una analogía muy cerrada entre gen y meme, aunque no al 100% y es este enfoque el que ha fallado. Se sigue investigando la evolución cultural con enfoques evolucionistas (por ejemplo en la evolución de las lenguas) pero no se necesita de la existencia de genes culturales. Blackmore pone el dedo en la llaga cuando dice: “no hay un sólo ejemplo donde algún descubrimiento científico se haya llevado a cabo utilizando la teoría de los memes que no pudiera haberse realizado de otra manera”. Es decir, la memética no aporta un poder explicativo extra que no tuviéramos ya.

Lo curioso es que mientras que los memes serios han desaparecido del mundo académico la versión pop de los memes está triunfando en Internet y en las redes sociales (desde hace una década aproximadamente). La red es barrida a diario por fenómenos virales de todo tipo (videos, fotos, chistes, vestidos, correo viral, marketing viral…) y hay compañías, como Buzzfeed que se dedica a producir memes y tiene 85 millones de visitas diarias, mientras que la web del New York Times tiene 29 millones. Pero estos memes de Internet no le gustan a Dawkins, el hecho de que sean diseñados a propósito y con toda la intención , en vez de evolucionar por selección natural, no le convence, aunque nadie sabe en el fondo lo que determina el éxito de un meme.

¿Así que podemos concluir que la idea del meme y su analogía con el gen es sólo una metáfora improductiva que va a quedar en la cuneta de la ciencia? Pues no lo sé. La comprensión de que las ideas se transmiten como virus que tienen poder infeccioso y dan lugar a epidemias es muy vieja y ha sido señalada por muchos autores. Jacques Monod, premio Nobel de 1965 por su trabajo con el ARN mensajero escribía: “Las ideas tienen algunas de las propiedades de los organismos. Como ellos, tienden a perpetuar su estructura y reproducirse; se pueden fusionar, recombinar, o separar parte de su contenido; realmente pueden también evolucionar, y en esta evolución la selección debe seguramente jugar un papel importante”. 

Roger Sperry, otro premio Nobel (1981) decía: “Las ideas causan ideas y ayudan a evolucionar nuevas ideas. Interactúan entre sí y con otras fuerzas mentales en el mismo cerebro, y en cerebros vecinos, y gracias a la comunicación global, en cerebros lejanos. También interactúan con los ambientes externos para producir en conjunto un avance explosivo en la evolución que está mucho más allá de nada que se haya visto en evolución por ahora”.

Pero no disponemos todavía de una teoría de la selección de las ideas. Los memes no han encontrado todavía su Watson y Crick, como dijo Dawkins, ni siquiera su Mendel. No sabemos nada de la biología de las ideas y de sus efectos físicos, de ese misterioso código neural que todavía está por descubrir. Pero tal vez, si algún día se descubre, todo podría cambiar para los memes y otro futuro científico más serio podría ser posible para ellos.


@pitiklinov

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viernes, 1 de mayo de 2015

La catástrofe de los falsos recuerdos

En los años 80 y 90 del siglo pasado la evidencia emergente de abuso sexual en mujeres y en niños dio lugar a dos epidemias histéricas en USA. Una fue el fenómeno de la terapia de recuperación de la memoria (o de los recuerdos) y la otra el pánico acerca del abuso de niños en las guarderías. En el primer caso, muchos adultos que acudieron a terapia sin recuerdos de trauma infantil salieron creyendo que habían sido abusados sexualmente por sus padres o torturados por cultos satánicos, a menudo durante años, sin ser conscientes de ello en su momento y sin corroboración por parte de familiares, amigos o médicos. Bajo hipnosis, los terapeutas les permitieron recordar las horribles experiencias que habían sufrido de niño. Una mujer recuerda que su madre le ponía arañas en la vagina, otra decía que su padre había abusado de ella desde los 5 a los 23 años y que incluso la había violado unos días antes de su boda…y todo eso había estado reprimido hasta la terapia. Otros dijeron que les habían quemado, sin signos de cicatrices. Algunas decían haber quedado embarazadas y haber sido obligadas a abortar, aunque sus cuerpos no tenían ninguna evidencia de ello. Muchas de estas personas denunciaron a sus familiares y llevaron a expertos, muchos de ellos con impresionantes currículum en psiquiatría y psicología, que testificaron que los recuerdos recuperados eran una evidencia válida de abuso.

La segunda epidemia fue la de las guarderías que se inició cuando en 1983 los profesores de la McMartin Preschool, de Manhattan Beach California,  fueron acusados de actos horrendos con los niños bajo sus cuidados: torturarles en rituales satánicos, matar mascotas como conejos en su presencia y obligarles a cometer actos sexuales. Algunos niños dijeron que los maestros les habían llevado en avión. Aunque no se pudo demostrar nada de eso las denuncias y juicios se repitieron en otros centros por todo el país. En todos los sitios los niños contaban historias muy raras: a algunos les había atacado un robot o les habían obligado a comer una rana. Les habían atado desnudos a un árbol delante de todo el mundo que pasaba pero resulta que nadie había visto eso y ningún otro niño lo confirmaba. 

Todo eso ya pasó. Hubo denuncias por algunas pacientes (como la de Nadean Cool) contra los terapeutas que promovieron esos recuerdos pero las raíces o las fuentes de las que surgieron estos casos no han desaparecido de nuestra cultura. Creencias como que si te traumatizaron de pequeño probablemente has reprimido el recuerdo. Si lo reprimiste, la hipnosis te ayuda a recuperarlo. Si estás convencido de que tus recuerdos son reales probablemente lo sean (uno de los errores más graves con respecto al funcionamiento de la memoria: el convencimiento subjetivo acerca de la fiabilidad de un recuerdo no tiene nada que ver con su validez). Si tienes pesadillas de abuso sexual es que está aflorando un recuerdo auténtico. Los niños nunca mienten acerca de temas sexuales. Si los niños tienen pesadillas, mojan la cama, necesitan una luz encendida para dormir o se masturban todo eso quiere decir que ha sido abusados. 

Lo malo no es que todas esas creencias erróneas las tenga la gente normal. Lo malo es que todas ellas vinieron de profesionales de la salud mental que las diseminaban en conferencias, revistas, libros y en los medios de comunicación y que se presentaron a ellos mismos como expertos que podía determinar la validez de unos recuerdos. Si algunas mujeres que desarrollaban depresión, ansiedad o trastornos de alimentación, habían sufrido abusos, entonces toda mujer que sufre depresión o un  trastorno de alimentación debe haber sufrido abuso sexual.

La realidad es que la noción de que la mente se protege a sí misma reprimiendo o disociando los recuerdos de un trauma y haciéndolos inaccesibles a la conciencia es  un elemento del folklore psiquiátrico que no tiene evidencia que lo soporte. Según el psicólogo Richard McNally, la evidencia apoyar mayoritariamente lo contrario. El problema de la mayoría de la gente que ha sufrido experiencias traumáticas es que no pueden olvidarlas, que les vuelven una y otra vez a la conciencia. La gente no reprime los recuerdos de haber sido torturado, de experiencias de guerra, de haber sido víctima de un desastre natural, aunque los detalles de todo ello sufren distorsiones como pasa con todos los recuerdos. Los eventos traumáticos , sobre todo si son repetidos, es muy difícil que se olviden. Si eso fuera así los supervivientes del Holocausto deberían haber olvidado todo y no parece ser el caso. Pero en este movimiento de recuperación de recuerdos la lógica era imbatible: si recuerdas un trauma ocurrió y si no lo recuerdas también ocurrió porque el no recordarlo es prueba de que lo has reprimido.

Las pruebas de que nuestra memoria no funciona como una grabadora y que reconstruye y fabrica recuerdos son abrumadoras hoy en día. También lo son las pruebas de la facilidad con la que se pueden inducir recuerdos en las personas, y más en los niños, y para ello no es necesaria la hipnosis. Aquí tienes un estudio sobre la facilidad con la que se convence a la gente de que ha cometido delitos que no ha cometido. Elizabeth Loftus es la investigadora más destacada en este terreno, aquí tienes un artículo suyo sobre los falsos recuerdos. En cuanto a la mayor vulnerabilidad de los niños a estas técnicas de inducción, la referencia que os pongo cita varios estudios que muestran que niños por debajo de cinco años a menudo no pueden diferenciar entre algo que dijeron y algo que les pasó.

Pero si he traído este tema al blog es por lo siguiente. La mayoría de los padres y maestros que fueron encarcelados por estas denuncias de abuso en la infancia, fruto de recuerdos recuperados en la hipnosis, han sido ya excarcelados pero todavía quedan algunos en prisión. Algunos están todavía en arresto domiciliario y otros tiene que seguir viviendo sabiendo que están registrados como delincuentes sexuales. Cantidad de familias han quedado destruidas y las vidas de muchos padres arruinadas permanentemente. Richard McNally ha calificado este episodio de la historia de la psicología como la mayor catástrofe en el campo de la salud mental desde la era de la lobotomía. Podríamos hablar de “un caso de la talidomida” en salud mental, y, sin embargo, no ha dado probablemente lugar a la autocrítica o a las reflexiones apropiadas.

Creo que podemos afirmar con bastante seguridad que la mayoría de la gente considera como moralmente superior un tratamiento de psicoterapia a un tratamiento farmacológico. Probablemente, la explicación tiene que ver con la falacia naturalista: lo natural es bueno y lo artificial es malo, ¿y que cosa más natural que hablar? Lo que yo quería decir en esta entrada es que no sólo los productos químicos tienen efectos secundarios: también las ideas y las palabras.

@pitiklinov

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sábado, 18 de abril de 2015

Michael Shermer y los marcianos

El 8 de Agosto de 1983, mientras andaba en bicicleta por la Nebraska rural, Michael Shermer fue abducido por extraterrestres. Aterrizó una gran nave que obligó a Shermer a salirse de la carretera y descendieron unos marcianos que se lo llevaron durante 90 minutos, tras lo cual a Shermer no le quedó ningún recuerdo de lo sucedido en ese tiempo. Esto mismo le ocurrió a millones de norteamericanos que creían haber tenido algún tipo de encuentro con platillos volantes, aliens o marcianos. A muchos les ocurrió mientras hacían largos trayectos en coche, aburridos kilómetros y kilómetros, y normalmente de noche. En la mayoría de ellos el suceso ocurrió cuando estaban en un estado de duermevela, justo en esa fase entre la vigilia y el sueño. A menudo se sintieron paralizados e incapaces de moverse.

Todas estas personas se alarmaron muchísimo, algo misterioso había ocurrido y no sabían qué era. Podemos vivir sin saber por qué nos levantamos de mal humor por la mañana pero no podemos vivir sin saber por qué me despierto y hay un duende en mi cama. La explicación científica de estas experiencias es la parálisis del sueño. Se trata de la irrupción de una fase de sueño REM en un estado de vigilia. Durante la fase REM se bloquean los movimientos corporales (para que si estamos soñando con cazar tigres no nos vayamos por ahí tras ellos dormidos) y si te despiertas durante esta fase, tu cuerpo sigue paralizado y no te puedes mover. Como el cerebro puede estar generando todavía imágenes oníricas pues durante unos segundos puedes estar soñando pero con los ojos abiertos y despierto. Por eso, las figuras que la gente ve tienen esa cualidad onírica. La parálisis del sueño es muy frecuente, hasta el 30% de la población la ha sufrido alguna vez y un 5% tienen alucinaciones también. Situaciones como el jet lag, los trabajos a turnos o la fatiga favorecen que aparezca.

Esto es lo que le había ocurrido a Michale Shermer. Shermer estaba participando en una carrera ciclista, la Transcontinental y llevaba pedaleando 83 horas y 1.529 millas. Se estaba quedando dormido dando curvas por la carretera y su coche de apoyo le dio las luces y le quería apartar a un lado para que descansara. En ese momento tenía en su cabeza un recuerdo de una serie de TV de los años 60, Los Invasores, y confundió a los miembros de su equipo con marcianos. Como todos sabéis, Michael Shermer es un escéptico, fundador de la revista Skeptic y de la Skeptics Society, columnista y autor de libros en defensa de la ciencia y combatiente de lo paranormal. La reacción de Shermer fue: “¡Madre mía, vaya sueño flipante que he tenido despierto, el cerebro es fascinante!

Pero otros muchos norteamericanos no tuvieron esa misma reacción. Susan Clancy entrevistó a muchos de ellos y todos siguieron la misma trayectoria: una vez que empezaron a sospechar que habían sido abducidos por marcianos ya no hubo vuelta atrás. Una vez que la semilla de la creencia quedó implantada, los abducidos empezaron a buscar evidencia que confirmara sus creencias. La causa de todo es la atemorizante experiencia (si miráis la entrada de Wikipedia de la parálisis del sueño veréis que en ella ocurre con frecuencia una sensación de presencia y amenaza e incluso alucinaciones táctiles -la sensación de ser tocado-, es decir que la experiencia es muy vívida, muy intensa y muy real). Testimonio típico: “Una vez me desperté en medio de la noche y no me podía mover, estaba aterrorizado y pensé que había un intruso en la casa. Quise gritar y no pude. Todo duró apenas un instante pero fue suficiente para asustarme y no poder volverme a dormir”. Lógicamente la persona busca una explicación. 

¿Pero por qué elegir precisamente a los marcianos como explicación? ¿Por qué no pensar que igual tenía algo de fiebre, o estaba estresado, o deprimido, o que tal vez necesitaba ir al psicólogo o cualquier otra cosa? La respuesta se debe en parte a la cultura norteamericana y en parte a las necesidades del sujeto que vive la experiencia. Por un lado, las historias de abducción por extraterrestres estaban en todas partes en aquellos años: libros, películas, series de TV…y esa histeria de masas pudo favorecer el contagio (el mismo Shermer reconoció su historia como relacionada con la serie los Invasores). Por otro lado, la explicación tiene que estar a la altura del acontecimiento. La explicación de la abducción por extraterrestres contiene la intensidad emocional y el dramatismo adecuado para explicar unos sueños tan aterradores. Otras explicaciones más “científicas” se quedan cortas…

El caso es que Michael Shermer se deslizó por una vertiente de la pirámide (ver la entrada sobre la pirámide de la elección) mientras que millones de norteamericanos bajaron por el otro lado y al llegar a la base de la pirámide ambos estaban en polos puestos a la hora de explicar su experiencia. Este mismo problema lo tenemos los psiquiatras con los enfermos psicóticos: que sus experiencias son tan intensas y tan reales que nuestra explicación de que lo que les ocurre es una enfermedad y tiene su explicación en el cerebro no les vale. Y así están las cosas, unos a un lado de la pirámide y otros al otro.

@pitiklinov

Post-data: aquí se puede ver el momento exacto en el que Shermer decía haber sido abducido: https://www.youtube.com/watch?v=X2_1DofIVqg&feature=channel
Gracias a Javier Bilbao que me lo remitió vía Twitter

Referencia:









sábado, 11 de abril de 2015

La metáfora de la Pirámide de la Elección

Del libro Mistakes were made (but not by me) ya hablamos en la entrada sobre el efecto Benjamin Franklin. Como decíamos, el libro gira alrededor del fenómeno de la Disonancia Cognitiva y del gran poder de la auto-justificación. Creo que es un libro muy recomendable para psicólogos y psiquiatras, médicos, policías y jueces, sociólogos e incluso para cualquiera que esté interesado en la psicología de los errores y en su prevención. En esta entrada voy a explicar una metáfora que los autores, Carol Tavris y Elliot Aronson utilizan continuamente a lo largo del libro y que puede ser aplicada a muchas cosas en la vida, es la Pirámide de la elección.

Imaginad dos jóvenes que son idénticos en términos de actitudes, capacidades y salud psicológica. Son razonablemente honestos y tienen la misma actitud media hacia el tema de engañar: piensan que no es una cosa buena pero que hay cosas mucho peores en el mundo. Ahora resulta que ambos tienen que pasar un examen importante (entrar en la Universidad o conseguir un título) y tienen la posibilidad de copiar leyendo las respuestas de otro estudiante. Los dos luchan contra la tentación. Tras un largo momento de angustia uno copia y el otro resiste. Sus decisiones son diferentes por el canto de un duro, es decir que podría muy bien haber sido al revés. El caso es que los dos ganan algo importante, pero con un coste: uno pierde su integridad a cambio de un buen título y el otro pierde un buen título a cambio de preservar su integridad.

La cuestión ahora es: ¿Cómo consideran el hecho de engañar o hacer trampa una semana después? (decíamos que al principio eran muy parecidos en eso). Pues ahora resulta que cada estudiante ha tendido tiempo para justificar la acción que tomó. El que hizo trampa decidirá que engañar no es un crimen, se dirá a sí mismo: “hey, todo el mundo engaña, tampoco es para tanto. Y necesitaba hacer eso para mi carrera futura”. Pero el que resistió la tentación decidirá que hacer trampa es más inmoral de lo que creía al principio: “realmente la gente que hace trampa son una vergüenza y deberían ser expulsados de la escuela, tenemos que darles un escarmiento”. 

Cuando los estudiantes han tenido tiempo de llegar a un alto nivel de auto-justificación han ocurrido dos cosas. Una, que ahora están el uno muy lejos del otro; y dos, que han internalizado sus creencias y están convencidos de que siempre han pensado así. Es como si hubieran comenzado ambos en la punta de la pirámide, separados sólo por un milímetro, pero para el momento en que han acabado de justificar sus acciones, se han ido deslizando hacia la base y ahora se encuentran en esquinas opuestas de la pirámide. El que no hizo trampa considera al otro inmoral y el que hizo trampa cree que el otro es un puritano sin remedio. Este proceso ilustra cómo la gente que ha sido tentada y ha luchado contra la tentación y casi cede (pero al final resiste) llega a despreciar a los que no tuvieron éxito en ese mismo esfuerzo. Es la gente que casi decide vivir en casas de cristal la que tira la primera piedra, los que estuvieron a punto de cometer el “pecado” los que menos lo disculpan.

La metáfora de la pirámide se aplica a las decisiones más importantes que implican elecciones morales u opciones en la vida. Podemos sustituir lo de engañar en un examen por cualquier otra cosa: decidir empezar una aventura extramatrimonial (o no), probar una droga (o no), tomar esteroides para mejorar el rendimiento atlético (o no), seguir en un matrimonio tormentoso (o no), tener hijos (o no), mentir para mantener el trabajo (o no), seguir con una carrera exigente (o quedarse en casa con los hijos). Cuando la persona en el vértice de la pirámide tiene dudas, cuando hay beneficios y costes para ambas elecciones, entonces sentirá la urgencia de justificar la elección realizada. Para el momento en que la persona llega a la base de la pirámide, la ambivalencia se ha transformado en certeza y, en ese momento, esa persona está ya a kilómetros de distancia de la que tomó la otra ruta.

Este proceso borra la distinción entre “buenos” y “malos”. A menudo, en la cima de la pirámide nos enfrentamos a decisiones que no son blanco-y-negro hazlo/no lo hagas, sino con una elección gris cuyas consecuencias no son claras o no conocemos del todo. Los primeros pasos  por el camino son moralmente ambiguos y la decisión correcta no está siempre clara. Entonces realizamos una primera y aparentemente inconsecuente decisión y entonces la justificamos para reducir la ambigüedad. Esto inicia un proceso de atrapamiento -acción, justificación, nueva acción- que aumenta nuestra intensidad y nuestro compromiso, y acaba llevándonos muy lejos de nuestros principios e intenciones originales.

¿Cómo se comete el mal o se cae en la corrupción? Pues paso a paso. El famoso experimento de Milgram ha sido descrito como un estudio sobre la obediencia, pero también es un estudio sobre el poder de la auto-justificación. Si nos viene un científico con una bata y nos dice que le demos una corriente dolorosa de 500 volt a una persona para estudiar el poder del castigo en el aprendizaje lo más probable es que digamos que no. Pero si nos lo plantea gradualmente, que le demos una leve corriente de 10 volt a cambio de 20 dólares para estudiar el poder del castigo en el aprendizaje, pues igual aceptamos y empezamos el descenso de la pirámide. Como has dado 10 y no ha pasado nada no ves problema para dar 20 y así sucesivamente. Para cuando los choques son graves es difícil encontrar una razón para dejarlo si lo has hecho antes. Es más fácil no quedar atrapado si cuestionas todo el procedimiento al principio.

Otro ejemplo. Eres un policía y estás persiguiendo a sujetos que trafican con cocaína en un local determinado. Tras meses de investigación y esfuerzo sigues a un tipo hasta el baño y cuando llegas el hombre le ha dado a la cadena y la droga ha desparecido. Allí estás tú con la adrenalina a tope y el “bastardo” ese se va a ir de rositas. Todo el trabajo, todo el riesgo, todo el peligro…¿para nada? ¿Por qué no coger un poco de cocaína del bolsillo y ponerla por el suelo y decir que el tipo tiró de la cadena pero que no pudo hacer desaparecer toda la droga? Sabes que es ilegal pero es justificable. La primera vez que lo haces te dices “el tipo es culpable”. Pero esta experiencia hará más posible que lo repitas. De hecho, estás fuertemente motivado para repetirlo porque si no, sería admitir que estabas equivocado cuando lo hiciste la primera vez. Dentro de poco estarás rompiendo la ley en situaciones más ambiguas, descendiendo por la pirámide, y acabarás mandando a un inocente a la cárcel.

El experimento de Milgram demuestra cómo gente normal puede acabar haciendo cosas inmorales y crueles a través de una reacción en cadena de conducta y subsiguiente auto-justificación. Jeb Stuart Magruder, implicado en el caso Watergate, era una persona decente cuando entró en la Casa Blanca. Cuando se le sentenció reconoció ante el juez John Sirica: “sé lo que he hecho y su señoría sabe lo que he hecho. En algún lugar entre mi ambición y mis ideales perdí mi brújula moral”. ¿Y cómo puede un hombre honrado perder su brújula moral? Haz que de un pasito cada vez, y la auto-justificación hará del resto.

@pitiklinov

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