miércoles, 10 de septiembre de 2014

¿Somos lo que decimos?

En el Mundial de Baloncesto de Bilbao se ha producido una polémica con el resultado de que el speaker del acontecimiento se ha ido al paro. El asunto ha sido que tras la actuación de las cheerleaders con música de Enrique Iglesias, la canción Bailando (que repite “yo quiero estar contigo, bailar contigo, tener contigo una noche loca”), el speaker comentó: “¿A quién no le gustaría pasar una noche loca con las Dream Cheers? En principio, ni las propias cheerleaders ni nadie se sintió ofendido y el speaker pidió disculpas pero una periodista escribió un artículo titulado Machismo en el Mundial de Baloncesto y a partir de ahí se montó el revuelo. El propio speaker ha expresado su visión en una carta al Correo.

Este acontecimiento da para muchas reflexiones. La primera pregunta sería: ¿define nuestra forma de ser, nuestros verdaderos pensamientos o sentimientos algo que decimos en un determinando contexto o situación? Otra pregunta más profunda todavía es: ¿tenemos una verdadera esencia, una única forma de ser que nos define? La mayoría de la gente cree que tenemos un Yo, una forma de ser única y permanente y que un comentario de este tipo desenmascara al verdadero yo. En este caso la conclusión es que la persona ES machista. Como está en su esencia ser machista ya no puede seguir haciendo ese trabajo y hay que castigarle. Pero…¿define ese comentario una supuesta identidad machista?

Esta visión se llama esencialismo y la mente humana tiende al esencialismo. Esto es algo que Paul Bloom y Susan Gelman han estudiado en niños. Susan Gelman en su libro The Essential Child estudia la temprana aparición del esencialismo en niños. El esencialismo es la idea de que ciertas categorías, como hombre, perro o “machista”, en el caso que nos ocupa, tienen una realidad subyacente y que dan a los objetos o a las personas su identidad. Richard Dawkins lo llama La Tiranía de la Mente Discontinua. La mente humana no puede entender que la realidad es continua, gradual y es ciega a los intermedios. Todo tiene que ser esto o lo otro, sí o no, blanco o negro, machista o no machista. Pero la realidad no es así. No existen los machistas y los no machistas separados, como no existen los buenos y los malos. Todos somos buenos y malos a la vez, racistas y no racistas, machistas y no machistas. Pero tenemos que catalogar a los demás y dividir la realidad en categorías, es como funciona la mente humana.

En el contexto del Mundial de Baloncesto, la música, unas señoritas que salen a exhibirse con poca ropa (por lo visto está fuera de lugar el comentario, pero no que salgan estas chicas a hacer de objeto sexual), el speaker intenta animar a la gente, ser divertido, entretener y hace un comentario desafortunado. De acuerdo, pero esta persona tiene mujer e hija y en otras situaciones no es machista, y lleva 12 años haciendo su trabajo, aparentemente de forma satisfactoria para todo el mundo, y es una persona que ama el baloncesto. ¿Es proporcionada la respuesta de despedirle? Creo que no. ¿Define ese desafortunado comentario su verdadera “esencia” mejor que todo lo que ha venido haciendo a lo largo de años? También creo que no.

Otra enseñanza que podemos sacar de este episodio es que la palabra autocontrol es un eufemismo, un engaño. El autocontrol es en realidad heterocontrol disfrazado o interiorizado ( ver este post:¿a quién beneficia el autocontrol?). El autocontrol es el precio de admisión en sociedad y existe porque existe un grupo. A este hombre le ha fallado el autocontrol y el grupo le ha dado un palo. Se podría decir que el autocontrol  es una aplicación que nos instala el grupo (en el lóbulo prefrontal en concreto) para controlarnos. Como contábamos en esta entrada sobre la psicopatía, es muy interesante esta respuesta que un psicópata le da al psicólogo Kevin Dutton:

“No dejes que te engañe tu cerebro, Kev, con todos esos exámenes que no te dejan ver la realidad. Solo hay una diferencia entre tú y yo: Yo lo quiero y voy a por ello, tú lo quieres y no vas a por ello”
“Estás asustado Kev, tienes miedo. Tienes miedo de todo, lo veo en tus ojos. Miedo de las consecuencias. Miedo de que te cojan. Miedo de lo que pensarán. Miedo de lo que te harán cuando vengan a llamar a tu puerta. Tienes miedo de mí”
“Mírate. Tienes razón, tú estás fuera y yo estoy aquí dentro. Pero...¿quién es libre, Kev? Libre de verdad, quiero decir. ¿Tú o yo? Piensa en ello esta noche. ¿Dónde están los barrotes de verdad Kev? ¿Ahí afuera ?( señala la ventana). ¿O aquí dentro? (y se toca la sien)

Sí, hay dos opciones: o te pones las rejas tú mismo (autocontrol) o te las vamos a poner desde fuera (castigo). 

Decía que este episodio da para muchas reflexiones. Otra reflexión podría ser la actuación que determinado feminismo, o feministas, muestran con relativa frecuencia, pero aquí me voy a autocontrolar y a callar porque tocar ciertos temas es actualmente tan tabú como antes lo era meterse con la Iglesia.

@pitiklinov





martes, 9 de septiembre de 2014

La Ilusión de la voluntad consciente


El sentimiento que llamamos volición no es la causa del acto voluntario, sino simplemente el símbolo en la conciencia del estado del cerebro que es la causa inmediata del acto
-T. H. Huxley, On the hypothesis that animals are automata (1874)

Los hombres se equivocan al pensar que son libres; su opinión se forma a partir de la conciencia de sus propias acciones y de la ignorancia de las causas que las determinan. Su idea de libertad, por lo tanto, es simplemente su ignorancia de las causas de sus acciones.
-Spinoza

A ninguno de nosotros le gusta el pensamiento de que lo que hacemos depende de procesos que no conocemos; preferimos atribuir nuestras elecciones a la voluntad, el libre albedrío, el autocontrol…Quizás sería más honesto decir: “Mi decisión fue determinada por fuerzas internas que desconozco”
- Marvin Minsky

El tema del libre albedrío es el problema clave y eterno de la filosofía y no nos vamos a meter en ese laberinto, pero es evidente que está estrechamente ligado con el problema del Yo (si existe un Yo) y el de la conciencia. En esta entrada simplemente voy a intentar explicar la Teoría de la Causalidad Mental Aparente, de Daniel Wegner, un psicólogo social fallecido el año pasado que ha trabajado  mucho en el tema de la conciencia (también es famoso por lo de que intentes no pensar en un oso blanco). Esta idea creo que es el eje central de su libro The Illusion of Conscious Will.

Es evidente que todos tenemos la sensación de que causamos conscientemente nuestros actos. Pero Wegner dice que esa sensación puede ser una ilusión, una cosa es que nosotros sintamos fuertemente que causamos nuestros actos y otra que eso sea verdad. Nuestra voluntad consciente es la causa aparente de nuestros actos, pero cualquier mago sabe que el truco para crear una ilusión exitosa es hacer que la “magia” sea la manera más fácil e inmediata de explicar una realidad que es un suceso totalmente mundano y nada mágico. El mago lo que hace es crear una secuencia causal percibida o aparente (unos sucesos que parecen haber ocurrido) ocultando con ellos la secuencia causal real (los sucesos que el mago ha mantenido ocultos entre bambalinas). Lo que la audiencia ve es una ilusión. 

Wegner nos propone que la mente es un mago que produce unas apariencias para su dueño pero no sabe en realidad lo que causa sus propias acciones. Lo que podría estar ocurriendo en realidad lo vemos en la imagen más abajo, que resume visualmente el planteamiento de Wegner, y lo podemos resumir de la siguiente manera:

  • Nosotros percibimos una relación causal entre nuestro pensamiento (que suele preceder a la acción) y la acción. Pero que B siga a A no quiere decir que A sea la causa de B. La noche sigue al día pero el día no es la causa de la noche, sino que ambos están causados por C, la rotación de la Tierra. Es por lo tanto posible que tanto pensamiento como acción sean causados por algo que no observamos. 
  • Procesos mentales inconscientes dan lugar al pensamiento consciente acerca de la acción.
  • Procesos mentales inconscientes dan lugar a la acción.
  • Puede haber , o no haber, una relación entre los procesos mentales inconscientes que dan lugar al pensamiento y los que dan lugar a la acción.
  • Pensamientos y actos co-ocurren  porque los pensamientos se lanzan a la conciencia como “previews” de lo que ocurrirá. El pensamiento es una señal, algo similar al velocímetro del coche, es un indicador pero no es la causa del movimiento del coche, lo que mueve el coche es el motor, no el velocímetro.
  • Las causas reales de las acciones humanas son inconscientes y nunca aparecen en la conciencia.
A lo largo del libro, Wegner revisa patologías neurológicas y psiquiátricas, fenómenos como la hipnosis y diversos tipos de experimentos donde se demuestra que se nos puede hacer creer que hemos realizado una acción que en realidad no hemos realizado, lo que apoya su tesis de que la ilusión de control, de que hay una voluntad consciente es precisamente eso, una ilusión.

@pitiklinov

Referencia:




domingo, 7 de septiembre de 2014

¿De dónde vienen las buenas ideas?

Steven Johnson plantea en su libro Where good ideas come from que existen unos patrones que aparecen una y otra vez en ambientes  muy fértiles en ideas. Esos patrones ocurren tanto en la naturaleza, a nivel biológico, como en la cultura, en las cosas creadas por el hombre. En ese sentido, Johnson traza analogías entre la gran innovación y riqueza de formas de vida de los bancos de coral y plataformas como Internet. Este autor elige en concreto siete patrones de innovación y dedica un capítulo a cada uno de ellos en el libro. En Occidente tendemos a creer que la creatividad es individual y ensalzamos a los individuos creativos, pero Johnson destaca que detrás de esos individuos hay redes y plataformas que permitieron que estas individualidades pudieran ser creativas. La idea general del libro es que las ideas nacieron para conectarse. Ambientes que crean muros alrededor de las ideas son normalmente menos creativos que los ambientes abiertos. Las buenas ideas quieren ser libres, conectarse y recombinarse. Estos son los siete patrones:

1- Lo posible adyacente. Esta es la idea principal del libro, original de Stuart Kauffman, la primera que trata y una a la que vuelve de vez en cuando. Los ambientes innovadores ayudan mejor a sus habitantes a explorar lo posible adyacente. No me extenderé porque ya hemos hablado de ella aquí.

2- Redes líquidas. Una buena idea es una red. Un montón de neuronas (miles) se disparan de forma sincronizada por primera vez en tu cerebro y aparece una idea en tu conciencia. La sensación de novedad que tienes cuando se te ocurre una nueva idea tiene su correlato a nivel celular en esa nueva conexión entre neuronas que la ha hecho posible. Una nueva idea es una red de células explorando lo posible adyacente de las conexiones que se pueden hacer en el cerebro. Una idea no es una cosa aislada, se parece más a un enjambre. Si quieres ser creativo intenta estar dentro de una red donde aumente la probabilidad de colisiones entre ideas. Una de estas redes es una ciudad. Las ciudades favorecen la innovación, simplemente por un tema puramente demográfico, de densidad de población que hace que las ideas puedan circular y chocar entre ellas. Según Johnson no es casualidad que el norte de Italia fuera la región más urbanizada de Europa en los siglos XIV y XV y que aparecieran allí genios como Leonardo, Brunelleschi o Miguel Angel.

3- El Lento presentimiento. Este patrón me ha gustado especialmente. Se refiere a que las ideas no nacen completas y maduras sino que de bebés son sólo intuiciones, presentimientos. Es bonito considerar a las ideas como seres vivos que nacen poca cosa y luego crecen, se desarrollan y llegan a su madurez. Muchas veces dos presentimientos borrosos, inmaduros, colisionan entre ellos y surge una idea más completa y perfecta. Cuando se dice ¿quién tuvo primero tal idea? no estamos preguntando de forma correcta porque alguien pudo tener primero una idea pero no en su totalidad o sin llegar a entender todas sus implicaciones. De hecho, muchos científicos reconocen que el proceso de maduración de sus ideas ha sido lento y que al principio no tenían muy claro ni lo que buscaban y que rara vez aparecen las ideas en el mítico momento de “¡eureka!”. Es más habitual que haya existido un proceso de años de trabajo y de tanteo, o de balbuceo si se quiere…

Y este concepto de que la mayoría de las ideas vienen al mundo medio cocinadas, más en forma de presentimiento que de revelación, encaja muy bien con el de las redes que mencionábamos antes. Una idea toma forma parcialmente, de forma incompleta y precisamente lo que le falta puede estar en otro punto o nódulo de la red, el elemento que falta puede estar en la mente de otra persona. De ahí la importancia de las redes: ayudan a completar las ideas. Las intuiciones que no conectan entre sí se quedan en intuiciones.

Pero la analogía entre ideas y seres vivos (o las especies) la podemos llevar más lejos. Los presentimientos son criaturas frágiles, como los bebés, y pueden desaparecer si no encuentran los recursos necesarios para su desarrollo. En ese sentido se puede decir que se han extinguido más ideas en la Tierra de las que han llegado a existir realmente. Estudiar la historia de las ideas sería como estudiar un registro fósil intelectual donde apreciamos las transformaciones de unas, menos complejas,  en otras, más complejas y desarrolladas. 

Este trabajo de estudio del registro fósil intelectual se ha podido realizar en el caso de Darwin porque escribía todas sus ideas en su famosos “notebooks”  y se ha visto que es difícil señalar el momento exacto en que Darwin tiene una idea, porque la idea no llega como un flash, sino como en olas hasta aparecer claramente en la conciencia de Darwin. Por lo tanto, una aplicación práctica que podemos sacar de aquí es que es bueno escribirlo todo, como hacía Darwin. Los cuadernos de Darwin constituyen por sí mismos una “red”, Darwin los releía continuamente de manera que sus intuiciones y presentimientos podía ir colisionando entre ellos y descubría así nuevas implicaciones.
Tim Berners-Lee

Otro autor que cuenta que sus ideas no vinieron en forma de momento eureka! es Tim Berners-Lee, el creador de la web. Inventar la World Wide Web fue un proceso lento, de décadas, a lo largo del cual recibió múltiples influencias e ideas de otros. 

4- Serendipia. Muchas buenas ideas aparecen serendípicamente mientras se persiguen otras ideas u objetivos. Es un hecho más conocido y no nos extenderemos.

5- El error. El error puede ser también una fuente de buenas ideas. Muchos grandes creadores o científicos no han tenido menos errores que los demás, sino más. Una mente fértil tiene muchas intuiciones e ideas pero muchas de ellas no se confirman. Además, como dice Johnson, acertar te mantiene en el mismo sitio pero fallar te obliga a explorar, y entonces es cuando se pueden encontrar buenas ideas. Cuando nos equivocamos tenemos que desafiar nuestras suposiciones y cambiar de estrategia. Equivocarnos no nos abre puertas a lo posible adyacente automáticamente, pero nos fuerza a buscarlas.

La importancia del error la vemos también en el mundo de la biología. Si la copia de ADN no fuera susceptible a errores no tendríamos mutaciones y, por lo tanto, la selección natural no dispondría de la materia sobre la que actuar. También hay una estrecha relación entre el sexo y el error ( y no me refiero a la cantidad de errores que cometemos por culpa del sexo :)).  Una posible razón de la propia existencia de la reproducción sexual es que aprovecha las ventajas creativas del error mitigando sus riesgos. Abre la puerta a lo posible adyacente pero permite eliminar los errores y que no pasen a las siguientes generaciones.

6- La exaptación. Este concepto es original de Stephen Jay Gould y se refiere a que un organismo desarrolla una característica optimizada para un uso específico pero luego se usa para otra cosa. El ejemplo clásico son las plumas que se piensa que aparecieron como aislante térmico pero luego se utilizaron y adaptaron para el vuelo. Pero este fenómeno biológico es aplicable a la cultura. Por ejemplo, Gutenberg utilizó una máquina, la prensa que se utilizaba para hacer vino y que se emborrachara la gente, y la convirtió en una máquina para la comunicación de masas. Todos los elementos necesarios para la invención de la imprenta estaban ya allí: los tipos móviles, la tinta, el papel y la propia prensa, pero faltaba conectarlos entre sí. Y en eso es en lo que mucha gente piensa que consiste la creatividad, en conectar cosas de campos diferentes, en ver lo similar dentro de lo diferente. En este sentido, las ciudades son un campo fértil para las exaptaciones porque permite albergar muchas subculturas y profesiones que se fertilizan mutuamente.

7- Plataformas. El concepto de plataforma es muy similar al de red pero ampliado. Se refiere a crear plataformas donde sea posible la interacción entre ideas. Twitter y otras redes podrían ser un ejemplo de este tipo de plataformas. Muchas empresas crean también centros o instituciones donde los empleados puedan interactuar y compartir ideas. Incluso el diseño de los edificios se hace con el objetivo de favorecer este tipo de interacciones. En definitiva, se trata de favorecer la mezcla y el intercambio.

¿Cómo aprovechamos todo esto de una manera práctica para ser creativos? Pues de la siguiente manera: sal a pasear, cultiva tus intuiciones y presentimientos, escribe todo (pero de una manera un poco desordenada para que lo que corresponde a un campo te aparezca de repente en otro), abraza la serendipia, comete errores (pero intenta que sean o se conviertan en productivos), practica muchos hobbies  para que puedas trasladar cosas de un terreno a otro, participa en cafés, tertulias discusiones (reales o virtuales), sigue los enlaces, deja que otros construyan sobre tus ideas, toma prestado, recicla, reinventa…construye una maraña de la que pueda surgir algo.

@pitiklinov

Referencia


De penalti

Colaboración de Juan Medrano

El verano que está a punto de terminar ha sido denso en emociones futboleras. Cambio de ciclo, que se dice, en la selección, por una parte; radicales remodelaciones en las plantillas de los equipos punteros, por otra; y por si fuera poco, conflictos sobre la composición de la segunda división o sobre los permisos para fichar nuevos jugadores, ya sea por cuestiones económicas, ya sea por no respetar fair-plays a caballo entre lo competitivo y lo financiero.


El fútbol es tan importante y arrastra tantas pasiones que los hinchas pueden sufrir graves secuelas psicológicas si el devenir de sus equipos resulta ser desfavorable. En un artículo publicado hace ya cerca de 15 años, dos investigadores británicos pasaron la llamada escala de impacto de sucesos, a los seguidores de dos equipos que perdieron la categoría al final de la Premier League inglesa de 1997-1998. Su muestra incluía a 65 personas (44 varones) que completaron la escala en las dos semanas posteriores al descenso de categoría. Las puntuaciones globales eran similares a las obtenidas en personas expuestas a amenazas para la integridad física o a desastres naturales, lo que da idea de la entidad del descenso de la categoría de tu equipo como suceso traumático. Más de la mitad de la muestra presentó puntuaciones que según el instrumento reflejan una intensidad clínicamente significativa, y nada menos que el 11% sufrían un “malestar psicológico grave”.

No es extraño que con estos antecedentes un despacho de abogados de Murcia haya puesto en marcha una denominada “Demanda de los Socios del Real Murcia contra la Liga y sus dirigentes” en reacción a la decisión de la Liga de Fútbol Profesional de descender al Murcia a 2ªB por una cuestión económica, tal y como informa Dioni García en La Opinión. El despacho alega que “el gran daño que le está haciendo pasar la liga y sus dirigentes a la afición de nuestro Real Murcia”, hace que no puedan quedarse “de brazos cruzados”, por lo que están preparando una demanda por los daños morales ocasionados en este proceso a los seguidores del equipo pimentonero. 


Más enérgica es la decisión de un abogado colombiano de presentar en un juzgado de Cali una demanda contra la FIFA y contra el árbitro español Velasco Carballo por anular el gol del jugador de su selección Yepes en el Brasil-Colombia del pasado Mundial. Según informa Deportes, el letrado reclama una indemnización de mil millones de euros por una decisión que considera errónea y que “afectó a la moral de 47 millones de colombianos”. En su demanda precisa también que “Velasco Carballo impuso una tarjeta amarilla injustificada a James Rodríguez, con lo cual demostró y se configuró su culpa” en la derrota de Colombia. Como testigos, el abogado propone al propio James Rodríguez, al guardameta David Ospina y al autor del gol, Mario Alberto Yepes. Además de la FIFA, en la persona de su presidente, Joseph Blatter, y el árbitro español Velasco Carballo, la demanda se dirige contra el presidente de la Federación Colombiana, Luis Bedoya, “por guardar un silencio cómplice” ante la anulación de un gol que según ocho árbitros consultados por el demandantes (se supone que en calidad de peritos) era a todas luces legal.

 Desconocemos si prosperará la demanda, pero no debemos olvidar que en ese mismo partido se lesionó una superestrella brasileña en una aparatosa entrada de un defensa colombiano, lo que algunos creen que influyó en el desastroso devenir ulterior de la selección canarinha. El lance se resolvió sin siquiera una tarjeta amarilla para el causante de la lesión. Si se entra en una guerra de demandas, el pobre árbitro del encuentro no va a encontrar cómo indemnizar a quienes lo acusan de haber anulado un gol o a los que podrían acusarlo de no haber protegido debidamente a su estrella. Para que digan que ser designado árbitro en un Mundial es un honor. Dicho sea de paso, aunque estas cuestiones parezcan pintorescas no hacen sino demostrar la importancia vital y emocional del fútbol y lo certero que estuvo Bill Shanckly, el afamado entrenador del Liverpool, cuando afirmó tajante que "algunos creen que el fútbol es solo una cuestión de vida o muerte, pero es algo mucho más importante que eso".

Bill Shankly (1913-1981)

Uno de los acontecimientos más destacados del Mundial, junto con el fracaso de la anfitriona y el no tan trágico, pero no menos inesperado, de la excampeona del mundo, ha sido el destacado papel de los porteros, sobre todo a la hora de parar penaltis. Grecia fue eliminada por penaltis por una Costa Rica en la que deslumbró su portero. Costa Rica fue eliminada por Holanda, con una actuación estelar de su segundo portero, que saltó al campo en una desconcertante decisión de su seleccionador, quien lo considera un especialista. Holanda fue eliminada por penaltis por Argentina, cuyo portero también se lució en la suerte (contaba además con un enigmático papelito talismán). Y de no ser porque a falta de unos pocos minutos Götze marcó el gol que decantó el partido a favor de Alemania, tal vez Argentina hubiera perdido el campeonato por penaltis con actuación memorable de Neuer, el guardameta germano, que no en vano es un porterazo. Pero esto es fútbol – ficción. Lo cierto es que los porteros de Costa Rica, Holanda, Argentina, junto con el de Brasil (selección que eliminó a Chile también por penaltis) pasarán a la historia de este mundial como especialistas en la suerte de parar penas máximas.
José Ángel Iribar parando un penalty

Porteros parapenaltis siempre los ha habido. Uno de los más significados fue, en su momento, Gregorio Blasco, guardameta del Athletic de Bilbao multicampeón de liga y copa en los años 30, cuya calidad como cancerbero quedó eclipsada al tener la poca fortuna de que su carrera profesional discurrió en paralelo a la del gran Ricardo Zamora. Blasco, quien debía tener unas manos especialmente dotadas (se decía que para hacerle un par de guantes sería necesaria la carpa de un circo) se jactaba en los últimos años de su vida en México, donde se había establecido, de que tenía un arma secreta para parar penaltis, un truco que solo revelaría a los técnicos del Athletic para su difusión y aprendizaje entre los porteros del equipo. La habitual torpeza de los cancerberos de San Mamés en las últimas décadas a la hora de parar penaltis hace pensar en que alguna lumbrera del staff técnico desechó el ofrecimiento del legendario Blasco y tras su fallecimiento hace más de 30 años, el secreto pudo haberse perdido para siempre.

Gregorio Blasco (1909-1983)
Pero afortunadamente, vamos conociendo los intrígulis científicos del lanzamiento de penalties. Comentaremos dos investigaciones que contribuyen a mejorar nuetro conocimiento en esta área, que se deben a un mismo equipo de entusiastas investigadores. En uno de sus trabajos van del Kamp y Masters estudiaron el papel de la Ilusión de Müller-Lyer, y la postura del portero. La citada ilusión, que debe su nombre al de su descubridor, consiste en que dos o más segmentos de igual tamaño parecen más grandes o más pequeños dependiendo de que las puntas de flecha añadidos en sus extremos apunten hacia adentro o hacia afuera. Es algo que como se aprecia en la imagen adjunta ha engañado y sorprendido a la vez a todo el mundo.
Ilusión de Müller-Lyer según la explicación de Wikipedia
Pues bien, nuestros investigadores investigaron si la colocación del portero, en cuatro posiciones diferentes (brazos en alto, brazos en cruz, brazos hacia abajo, brazos pegados al cuerpo). Aunque la estatura del cancerbero es la misma, las posturas, reproduciendo el esquema de la ilusión de Müller-Lyer, dan la impresión de ser diferentes, según comprobaron los investigadores pidiendo a sus probandos que las estimasen. Concretamente, el portero parece más alto cuando está con los brazos en alto, seguido de cuando está con los brazos en cruz. Cuando dispone los brazos hacia abajo parece algo más bajo y su estatura parece aún menor cuando tiene los brazos pegados al cuerpo. Y de forma totalmente congruente, los probandos, en situación experimental disparan el balón tanto más lejos del portero cuanto más alto lo perciben. Dicho de otra manera: cuando el portero tiene los brazos levantados el lanzador tenderá a colocar el balón lo más lejos posible de su cuerpo, y cuando los tiene pegados al cuerpo lo colocará más cerca del portero que cuando este adopte cualquier otra posición.

Los mismos investigadores estudiaron tiempo después en otra investigación si la ubicación del cancerbero en la portería determinaba el lugar al que lanzaría el ejecutor de la pena máxima. Encontraron que una mínima desviación de la figura de portero hacia un lado de modo que no se colocase en el exacto centro de la portería, provocaba dos fenómenos curiosos. El primero, que el lanzador era incapaz de apreciar que los espacios a ambos lados del portero no tenían la misma superficie; el segundo, que a pesar de ello, el lanzador dirigía el balón hacia el espacio más amplio, aunque no lo percibiera como tal. En otros términos: si un portero que tiene marcado el centro de su línea de gol se colocase un poco, unos escasos centímetros hacia un lado, condicionaría al lanzador a disparar hacia el otro lado, sin que la decisión fuera consciente ni mucho menos voluntaria.
Así pues, es posible que la fórmula de Gregorio Blasco consistiera en esperar al lanzador mínimamente ladeado hacia una mitad de su portería y con los brazos caídos. De esa manera podía esperar un lanzamiento cercano a su cuerpo y orientado hacia el lugar que él determinase con su colocación, lo cual, sin ser una garantía de detener el penalti en el 100% de las ocasiones sí que mejora mucho la probabilidad de detener un balón que salvo gansadas tipo Panenka o paradinha suele lanzarse a más de 100 km/h y puede colarse en el inmenso espacio delimitado por un marco de  7,32 metros de ancho por 2,44 de alto (ocho yardas de largo por ocho pies de alto, en el original métrico británico). Si además el gran Blasco tenía unas manos tan grandes como le atribuye la leyenda, todavía le sería más sencillo llegar al balón, pero eso, claro, ya es un atributo más personal que por el momento Masters y van der Kamp no han introducido en sus estudios.

Fuentes:
Banyard P, Shevlin M. Responses of football fans to relegation of their team from the English Premier League: PTS? Ir J Psych Med 2001; 18: 66-67 [Abstract]
Masters RS, van der Kamp J, Jackson RC. Imperceptibly off-center goalkeepers influence penalty-kick direction in soccer. Psychol Sci 2007; 18: 222-3 [Texto completo].
van der Kamp J, Masters RS. The human Müller-Lyer illusion in goalkeeping. Perception 2008; 37: 951-4 [Texto completo].

Ricardo Zamora. Y su gorra.


sábado, 30 de agosto de 2014

Contra la empatía

Paul Bloom
El Boston Review dedica todo un debate (Against Empathy) al tema de si la empatía es buena o mala guía a la hora de tomar decisiones morales. El ponente es el psicólogo Paul Bloom y le dan la réplica personalidades como los filósofos Peter Singer o Jesse Prinz, o el experto en autismo Simon Baron-Cohen.

La argumentación de Bloom es similar a un artículo previo suyo del año pasado, the Baby in the Well, que os recomiendo leer en primer lugar. Partimos de que parece que estamos en la Edad de la Empatía, como dice de Waal,  escuchamos a todo el mundo hablar de lo buena que es la empatía ( han salido muchos libros sobre el tema), y hasta el presidente Obama  plantea lo importante que es ver el mundo a través de los ojos de los que son diferentes a nosotros. Parece haber una revolución afectiva y todo el mundo se rinde al papel de las emociones, especialmente las implicadas en la acción y el pensamiento moral. Según Simon Baron-Cohen, la falta de empatía es la causa del sufrimiento en el mundo y parece que la solución a los problemas del mundo es más empatía: All we need is Empathy.

En medio de este ambiente favorable a la empatía aparece Bloom y dice que él está en contra de la empatía. ¿Por qué? porque la empatía tiene muchas cosas malas, por ejemplo que es parroquiana, estrecha de miras y no sabe de números. Pone como ejemplo el caso de Jessica, la niña que cayó en un pozo en Texas y todo EEUU estuvo pendiente de ella. Es un hecho comprobado el llamado “Síndrome de la Víctima identificable”, la gente se vuelca a ayudar a una víctima de la que conocemos su cara y sus datos pero luego no ayuda a 10.000 víctimas desconocidas. En el laboratorio se ha preguntado a los sujetos cuánto dinero darían para crear un medicamento que salvara a un niño y cuánto para crear un medicamento que salvara a 8 niños y la respuesta era parecida. A un tercer grupo se les dijo el nombre y edad de la víctima y se les enseñó una foto  y entonces dieron mucho más dinero para salvar a ese que para salvar a los ocho.

Siguiendo con el tema de los números, no hay diferencia psicológica entre enterarte del sufrimiento de 5.000 personas o de 500.000. Imagina que lees que han muerto 2.000 personas en un terremoto en un lejano país y luego te enteras de que las muertes han sido en realidad 20.000. ¿Te sientes 10 veces peor? Para entender que los números importan se necesita la razón, no la empatía.
Simon Baron-Cohen

La empatía, además, está sesgada y suele limitarse además a nuestro grupo. Es más fácil que ayudemos a gente guapa o de nuestra etnia o país. La empatía es estrecha, dice Bloom. Lo tenemos muy difícil para que un seguidor del Betis empatice con la suerte de los del Sevilla. En el plano político el problema tampoco es de falta de empatía sino de que la izquierda empatiza más con unos y la derecha con otros. Por ejemplo, los liberales USA están en contra de las armas y empatizan con las víctimas de la violencia por armas. Los conservadores empatizan con las víctimas desarmadas de un crimen que se quedaron indefensas frente a la crueldad de otros. Por lo tanto, si aumentáramos la empatía en el mundo no creas que tus oponentes ideológicos pensarían como tú.

Bloom aplica el mismo argumento al calentamiento global. Nuestro cerebro no está diseñado para enfrentarse al calentamiento global porque nos fijamos en el corto plazo y en lo que podemos ver y percibir con nuestros sentidos, y el cambio climático es casi imperceptible a simple vista y va a afectar a personas en el futuro que no conocemos, o que ni siquiera existen. Nos preocupamos de individuos específicos en el presente y no nos afectan crisis que pueden dañar a gran cantidad de personas en el futuro.

El filósofo Jesse Prinz señala también que muchas cosas que  son buenas (disciplinar a un niño con conducta peligrosa, organizar un sistema para recibir donaciones de órganos para transplantes, etc) requiere dejar de lado la empatía y las emociones, y ser más frío y lógico. Lo que tanto Bloom como Prinz  defienden es un planteamiento utilitarista. Nuestro corazón siempre irá hacia el niño en el pozo porque la empatía es lo que nos hace humanos pero, según Bloom, la empatía debe ceder ante la razón si queremos que la humanidad tenga futuro. Para la política o la gestión de la cosa pública debemos dejar la empatía a un lado. Debemos darnos cuenta de que cientos de muertes son peor que una, aunque conozcamos a ese uno.
Peter Singer

De las réplicas sólo voy a comentar la de Peter Singer - que está a favor de Bloom como buen utilitarista- porque menciona un movimiento emergente muy interesante que no es muy conocido. Se llama Altruismo Efectivo, y se refiere a personas que dan una cantidad de su sueldo a organizaciones humanitarias que han demostrado ser eficaces. Se suele donar un 10% pero algunos dan el 50% y hay gente que busca trabajos donde ganar más dinero para poder donar más. Todos ellos no lo hacen por empatía sino por pura racionalidad. Para ellos es perfectamente posible jugar y cuidar a sus niños pero entender a la vez que la vida de los niños de Pakistan o Zambia son tan importantes como las de sus hijos.

Algunos puntos débiles de la propuesta de Bloom son señalados por los diversos autores que le dan la réplica, pero yo destacaría uno de los problemas que tiene esta postura. Cuando dice que sin empatía estaríamos mejor para enfrentarnos al cambio climático y entenderíamos mejor las campañas de vacunación, argumenta que estos actos imponen costes a gente real en el presente por el bien abstracto de individuos en el futuro. Este planteamiento se parece peligrosamente a las actuaciones de regímenes del siglo pasado como el nazismo o el socialismo soviético que causaron la muerte de millones de personas, siempre por un futuro mejor. Veo un riesgo enorme aquí. Esas atrocidades se cometieron por dirigentes que fueron perfectamente capaces de dejar la empatía de lado y ya sabemos el resultado.

No veo muy claro que sin empatía el mundo pueda ser mejor, pero creo que tiene un punto de razón en su argumento Boom y que la toma de medidas sobre todo a nivel político requiere ir más allá de la empatía. El problema es saber cuánto tenemos que alejarnos de la empatía.


@pitiklinov

martes, 26 de agosto de 2014

De la hipocresía hacia los enfermos mentales

La entrada anterior ha generado bastantes comentarios que agradezco sinceramente porque me ayudan a pulir y afinar mis ideas en un tema que es complejo, delicado y con muchos matices. Creo que algunos lectores no han entendido el punto principal al que mi amigo y yo nos referíamos, muy probablemente porque no me he explicado adecuadamente. En esta entrada quería desarrollar la Coda del post anterior para ver si eso clarifica nuestra postura. 

Primero, quiero aclarar que el post anterior no va, en esencia, sobre el derecho al aborto, en general, o sobre el derecho al aborto de una persona con S. de Down en particular. Podemos hablar de eso pero lo que decidamos al respecto no afecta al tema de ese post que es el de la hipocresía: que la gente dice unas cosas pero en realidad piensa o hace otras. Dado que a todos nos gusta saber desde dónde habla la otra persona quiero aclarar mi postura sobre el aborto, aunque esto es irrelevante para el objeto de discusión. Personalmente me considero ateo hasta la médula (no creo en el libre albedrío o free will lo que me convierte en doblemente ateo) y considero, en el tema del aborto en general y el del aborto en el caso de S. de Down en particular, que es una decisión personal y que cada persona o familia debe hacer lo que crea que debe hacer. No creo que el Estado, ni nadie, les deba obligar a criar un hijo que la familia no desea tener o que le obligue a abortar un hijo que desean tener. Considero legítimo tanto abortar un S. de Down como llevar el embarazo a término y personalmente sería partidario de abortar en el caso de un diagnóstico prenatal de S. de Down. Acepto que esta postura es discutible y tiene muchos problemas pero también los tiene cualquier otra. Dicho esto, y dado que el tema del aborto es un tema más emocional que racional, como hablábamos en este otro post, los que estén de acuerdo conmigo pensarán que soy un tipo muy majo y los que no me pondrán en una lista negra. Vale.

Aclarado esto, vamos a intentar ser racionales y el tema  que proponíamos es si decimos unas cosas pero realmente pensamos y hacemos otras. Es el tema de ser consecuentes o congruentes. Voy a derivar el tema hacia la Coda del post anterior para que podamos tener una perspectiva más amplia. Vamos a hablar de los enfermos mentales. 

Si le preguntamos en una encuesta al ciudadano medio a ver qué piensan sobre el estigma de los enfermos mentales probablemente nos dirán que la enfermedad mental es una enfermedad como cualquier otra, que se merecen todo el respeto, que no hay que discriminarlos, y también añadirán que no está bien encerrarlos en psiquiátricos y otras cosas por el estilo. Bien, ¿hemos de creer al ciudadano medio? Creo que no. ¿Por qué? Porque hablar es gratis, las palabras son fáciles de pronunciar y tal vez lo que uno dice no refleja lo que de verdad piensa. Para dudar de ese tipo de afirmaciones me apoyo en lo que se suele oír en los raros casos en que un enfermo mental comete un acto violento. Es relativamente frecuente ver o escuchar comentarios de los vecinos, o ciudadanos en general, en el sentido de que esa persona debería estar encerrada o cosas por el estilo. También protesta la gente cuando se quiere abrir un centro de día, o algún otro centro o recurso para enfermos mentales, cerca de su domicilio.

Los psiquiatras recibimos de la sociedad un doble mensaje, lo que en el lenguaje de la profesión solemos calificar de “doble vínculo”, es decir, se nos dice una cosa y la contraria: que los enfermos mentales deben disfrutar de la misma libertad que cualquier otra persona pero también que debemos velar por la seguridad de la ciudadanía. 

Y la prueba del nueve es la de las obras, no la de las palabras. Supongamos que tienes una pequeña empresa y estás buscando un trabajador con determinada cualificación. O imagina que buscas una persona para que cuide a tus hijos. Supongamos que uno de los candidatos padece esquizofrenia, ¿le contratarías? Supongamos, como planteaba en la entrada anterior, que existiera un test  prenatal que diagnosticara esquizofrenia en el feto con una alta fiabilidad y tu hijo da positivo. ¿Abortarías?

Nuestra tesis es que si contratas al esquizofrénico o si no abortas entonces sí estás demostrando que no discriminas o estigmatizas al enfermo mental. Pero si abortas a un feto con esquizofrenia me estás diciendo claramente lo que piensas de la esquizofrenia, y no necesitaría escuchar tus explicaciones: obras son amores.

Parto de la base de que cuando abortas un feto con una patología, minusvalía o trastorno (o no contratas a un paciente esquizofrénico o no quieres un centro de día para adictos a tóxicos cerca de tu casa, etc), lo haces por una valoración negativa de esa condición (que a ti, al niño y/o tu familia en general os va a traer dolor, sufrimiento o infelicidad). Si un test prenatal te dice que tu hijo/a va a ser tan guapo/a como Brad Pitt o Angelina Jolie y con un cociente intelectual de 160 no le vas a abortar. Decir que abortar un S de Down o un feto con esquizofrenia no implica una discriminación o valoración negativa me parece bastante difícil de defender. Y eso es lo que consideramos una hipocresía: “Yo le aborto pero que quede claro que le considero igual que los demás” Personalmente no compro esa postura.

A todos nos gusta aparecer ante los demás como personas abiertas, guays, buenas y políticamente correctas. Más importante aún: a todos nos gusta aparecer ante nosotros mismos como guays, abiertos y políticamente correctos. Reconocer que tenemos miedo a los enfermos mentales o que consideramos que una persona con el S. de Down o con esquizofrenia no está al mismo nivel que una persona que no padezca esas patologías es algo que nos rechina y destroza la idea que tenemos de nosotros mismos. Además, es algo que puede hacer que seamos rechazados por los demás y , por lo tanto, algo que no podemos permitirnos. Esta contradicción interna es un fenómeno que en Psicología se llama Disonancia Cognitiva, que ya Esopo describió en su fábula sobre la zorra y las uvas. Nos resulta insoportable vernos así y tenemos que recurrir a eufemismos y al autoengaño para justificarnos. De eso es de lo que hablábamos.


@pitiklinov