domingo, 30 de marzo de 2014

Disonancia Cognitiva, Millgram, e inspectores médicos

No quiero generalizar pero algunos inspectores médicos están maltratando psíquicamente a los pacientes que pasan por los tribunales de valoración médica de incapacidades.  Soy psiquiatra y varios de mis pacientes han  salido llorando de estas entrevistas y lo que describen es muy preocupante. Como digo, no pretendo generalizar ni extender esta crítica a profesionales que no se estén comportando de esa manera, pero otros compañeros psiquiatras han visto casos parecidos con sus pacientes, y hay una alta concordancia entre los testimonios de todos los pacientes. Todo ello permite concluir que no se trata de un fenómeno falso o inventado por los pacientes.

Creo que el conocido fenómeno de la disonancia cognitiva (unido a otras características de funcionamiento de nuestra psicología) puede ayudar a comprender por qué está pasando esto y por qué algunos inspectores se comportan como lo están haciendo. Primero hay que partir de un hecho determinante: la concesión de incapacidades se ha endurecido, se ha hecho mucho más difícil desde que estamos inmersos en la crisis económica y está claro que esto responde a directrices de las autoridades que han sido transmitidas a las inspecciones médicas. Y la disonancia cognitiva dice que no podemos hacer una cosa y pensar otra. Esta disonancia cognitiva necesita ser resuelta y al final conduce a que acabemos haciendo lo que pensamos, o a que acabemos pensando de acuerdo con lo que hacemos.

Lo que no entienden los pacientes no es tanto que no les concedan la incapacidad, sino la falta de educación que en ocasiones llega a la brutalidad y el maltrato. En teoría, les podrían tratar bien pero negarles la incapacidad. Si estoy en lo cierto, la explicación para este maltrato es que si los inspectores se ven obligados por las circunstancias a negar incapacidades, supongo que les resultará difícil negarlas cuando piensen en su fuero interno que el paciente cumple los requisitos para que se la concedan. Por tanto, la vía para evitar esta disonancia es creer que el paciente es un aprovechado, está fingiendo, que no está en realidad tan grave, o cualquier otra cosa que les permita quedarse tranquilos con su decisión de negar la incapacidad (que les viene impuesta). Experimentos clásicos como los de Millgram permiten entender también cómo es la respuesta de la mayoría a las órdenes de una autoridad reconocida como legítima.


Entiendo que es un tema delicado y con muchos matices, pero creo que es importante criticar y dejar constancia de esta situación. Personas que soportan un gran sufrimiento están siendo tratadas de forma injusta. Animo a los inspectores médicos a tener en cuenta estos mecanismos psicológicos que comento porque pueden ayudarles a comprender su comportamiento, a criticarlo y, si lo consideran adecuado, a cambiarlo.

martes, 19 de noviembre de 2013

Estoy en la Nueva Ilustración Evolucionista



Bueno, este blog empezó con una entrada homenaje a La Nueva Ilustración Evolucionista y va a concluir, por lo menos temporalmente, con otra entrada dedicada a esa revista on-line. Ya sabéis que desde Septiembre estoy publicando en esa web y escribir  en dos  blogs es bastante complicado, así que he decidido dar descanso a este blog y publicar solo en la Ilustración, que lleva una línea perfectamente compatible con los temas que a mí me interesan.

Quiero agradecer a todos los seguidores y a todos los que habéis comentado en el blog vuestro apoyo  en estos años. He aprendido mucho al pensar en compartir las cosas que me parecían interesantes con vosotros. Eso me obligaba a revisar más en profundidad los temas para poder exponerlos con la mayor claridad posible, y espero que vosotros hayáis conocido también cosas interesantes y que os hayan hecho pensar.

En la Ilustración voy a seguir haciendo lo mismo: compartir cosas que creo que merecen la pena que sean conocidas así como preguntas que todavía no tienen respuesta y misterios que todavía desconocemos. Así que os animo a todos a pasar por allí. La Nueva Ilustración pretende ser un foro donde aprender y discutir sobre evolución y sobre todas las disciplinas que tienen relación con ellas, que son todas, porque nada tiene sentido en Biología si no es a la luz de la evolución.


¡Nos vemos en la Nueva Ilustración Evolucionista!

miércoles, 13 de noviembre de 2013

¿A quién beneficia el Auto-Control?

Después de hablar del Yo como un caballo de Troya, Matt Lieberman se mete con el autocontrol. El autocontrol se puede decir que son los frenos del cerebro. Estudios previos parecen situarlo en el córtex prefrontal ventrolateral, especialmente en el del lado derecho. Es la única región del córtex prefrontal que es más grande en el lado derecho que en el izquierdo, pero curiosamente esta asimetría no aparece hasta el final de la adolescencia, cuando aumentan las capacidades de autocontrol significativamente. Pero la cuestión que se plantea Lieberman es: ¿a quién beneficia el autocontrol? ¿Para qué o para quién existe?

Nos propone un pequeño experimento mental. Imaginemos que nos abducen unos marcianos mientras dormimos y nos llevan a su nave. Estos marcianos han desarrollado unas habilidades neuroquirúrgicas enormes y están deseosos de ejercitarlas. Así que  están decidiendo entre dos posibilidades para ti: la primera sería  alterar tu cerebro de manera que pierdas definitivamente tus impulsos, tus deseos y tus reacciones emocionales, y la segunda sería dejar todo eso en su sitio pero manipular tu cerebro de forma que no puedas controlar esos impulsos, deseos y emociones. Los marcianos no saben por qué opción decidirse y te piden opinión a ti. Es la clásica batalla entre emoción y autocontrol, entre el capitán Kirk y el Sr. Spock. Lieberman ( y probablemente la mayoría de nosotros) dice que elegiría mantener sus impulsos y deseos. Sin impulsos ni emociones no tendría motivación para hacer nada. No tendría la urgencia de besar a su mujer y su hijo, el deseo de ir al monte en bici, etc. Sin todas esas cosas la vida no valdría la pena.

Bien. Pero antes de operarte resulta que los marcianos han perfeccionado su técnica y son capaces de operar a todos los habitantes de una ciudad de golpe, mientras duermen, sin que se enteren. Y van a empezar por tu ciudad. Deciden que no te van a operar a ti -a ti te dejarán con tus emociones y tu autocontrol- pero te piden tu opinión esta vez para decidir qué hacerles a los habitantes de tu ciudad (una nota al margen: tu decisión no afectará a tu familia y amigos, porque están todos de vacaciones). ¿Dónde prefieres vivir, en Kirckville o en Spocktown? La decisión de Lieberman (y probablemente la de la mayoría de nosotros) es diferente en este caso a lo que elegiría para sí mismo. A Lieberman no le gustaría vivir en una ciudad de gente impulsiva que no puede controlarse, porque serían una amenaza constante para su seguridad.

Estas dos hipotéticas decisiones sugieren que valoramos que los demás tengan autocontrol mucho más que lo que valoramos tenerlo nosotros mismos. Pero si asumimos que esto es verdad, la inversa también lo es. Es decir, si yo valoro el autocontrol más en los demás que en mí mismo, también es verdad que a la gente de mi alrededor les importa más que yo tenga autocontrol de lo que me importa a mí. Mi autocontrol les beneficia más a ellos que a mí mismo.

El autocontrol es el precio de admisión en sociedad. Si no frenas tus impulsos acabarás en la cárcel o en un psiquiátrico. Si los frenas, te dejarán que sigas tranquilamente haciendo tus cosas. A la gente con autocontrol se les paga más porque el autocontrol permite a esa gente hacer cosas que son de gran valor para el resto de la sociedad. El punto importante aquí es que la sociedad valora el autocontrol más de lo que valora nuestra calidad de vida. John Lennon contó una vez una historia de cuando iba a la escuela primaria que tiene relación con esto.  Le preguntaron qué quería ser cuando fuera mayor, y él escribió: “feliz”. Los profesores le dijeron que no había entendido la pregunta, y él les contestó que ellos no habían entendido la vida. Para los profesores lo que él quería ser de mayor se refería a qué iba a hacer de beneficio para la sociedad. Su felicidad era una repuesta sin sentido para ellos.

Muchas personas dedican años y años de esfuerzo para ser médicos o abogados, o lo que sea, para darse cuenta luego de que no son felices. Pero la sociedad respeta a los médicos (bueno, cada vez menos) porque dan un servicio importante para todos. Muchas veces, cuando pensamos que estamos valorando la inteligencia u otras cualidades, lo que estamos valorando es el autocontrol. Por ejemplo, en la admisión a una Universidad lo que estamos valorando es el autocontrol: ¿cuánto has sido capaz de contenerte y de no distraerte con todo tipo de impulsos y deseos, durante 13 años y has sido capaz de centrarte en estudiar?

El filósofo Jeremy Bentham propuso una manera de construir todo tipo de edificios, lo que el llamó Panopticon que conseguiría que todo el mundo hiciera lo que debía hacer. El plan de Bentham era que toda la gente de un grupo (fueran estudiantes, presos, pacientes de un hospital, etc) fueran capaces de ser observados continuamente (esto era antes de las cámaras de vídeo). La idea era construir todas las habitaciones o celdas en círculo con las puertas abiertas hacia el centro donde estarían los observadores. Pero la agudeza de Bentham estuvo en que lo importante era no que los presos o estudiantes fueran vistos todo el rato, sino que ellos creyeran que podían ser vistos en todo momento. Para ello, los guardas o tutores no podían ser vistos por los presos o estudiantes. El guarda podía estar mirando para otro lado pero eso el preso no lo sabía. Es decir, la forma de conseguir que la gente se comporte y se frene no es que sean vistos por una autoridad. Es suficiente con que la gente sepa que son visibles.

Hay mucha evidencia experimental que da la razón a Bentham. En un estudio los sujetos engañaban más si las luces de la habitación estaban casi apagadas y no podían ser vistos y hay otros estudios muy famosos donde la gente engaña menos, o dona más para una organización, si hay un poster con unos ojos en la habitación. Pero más ilustrativo es un trabajo con estudiantes donde el mero hecho de que exista un espejo en la habitación, de que el sujeto se vea a sí mismo (y , por lo tanto, deduzca que es visible), disminuía la probabilidad de engañar ( 71% sin espejo, frente a 7% con espejo). Todo recordatorio de que somos criaturas que pueden ser vistas, juzgadas y evaluadas activa nuestro autocontrol para que nos conformemos a las normas del grupo. ¿Y sabéis qué región cerebral se activa cuando vemos una imagen de nosotros mismos? Pues el cortex prefrontal ventrolateral derecho, efectivamente.

De entrada solemos pensar que el autocontrol está al servicio de nuestros intereses y que nos sirve para controlar nuestras vidas. Pero Lieberman nos cuenta que el autocontrol beneficia a la sociedad. Estamos construidos de manera que el recuerdo más ligero de que somos objetos sociales nos mantiene controlados. El autocontrol  refuerza la conexión social porque nos ayuda a priorizar el bien del grupo  por encima de nuestros estrechos intereses.  El autocontrol aumenta nuestro valor para el grupo social y al someternos a las normas grupales reforzamos la identidad del grupo también. El autocontrol es una fuente de cohesión social dentro del grupo poniendo al grupo por encima del individuo. Esa es la esencia de la armonización social. No solemos darnos cuenta del grado en que  la sociedad moldea nuestras mentes, la forma en que construimos nuestras creencias y objetivos y de qué es lo que hace que ejerzamos el autocontrol en diferentes situaciones.

Todas estas nociones son contraintuitivas. La idea de que nuestros valores personales nos son implantados por la sociedad y que nuestro autocontrol existe en parte para frenar, más que para apoyar, al yo es anatema para nuestra forma de pensar acerca de “quiénes somos”. Pero la neurociencia está ayudándonos a ver la realidad de estas afirmaciones, que nuestro sentido del yo más profundamente personal, y nuestra fuerza de voluntad frecuentemente sirven para mantenernos en buena relación con el grupo. Armonizar es un trabajo duro pero, aparentemente, la evolución pensó que merecía la pena alinear nuestras actitudes y creencias con las del grupo más que ponerlas en su contra.

@pitiklinov en Twitter

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jueves, 7 de noviembre de 2013

El Yo es un Caballo de Troya del grupo


El Yo es la estratagema más oculta de la evolución para asegurar el éxito de la vida en grupo
-Matthew Lieberman


El libro de Matthew Lieberman Social. Why our brains are wired to connect gira alrededor del hecho de que los seres humanos estamos cableados para ser sociales. Hay cosas interesantes a lo largo del libro como sus estudios, y los de otros autores, demostrando que el dolor social ( p. ej. la exclusión social, el aislamiento, la soledad) utiliza los mismos circuitos cerebrales que el dolor físico. Pero no vamos a hablar de eso ahora sino del capítulo 8 de este libro que lo dedica a una idea bastante contraintuitiva: que el Yo, algo que creemos muy íntimo y personal, es en realidad un Caballo de Troya del grupo, un programa cargado en nuestro cerebro que en realidad no trabaja para nosotros, sino para los demás.
Matt Lieberman

En Occidente tendemos a pensar que el yo es lo que nos hace especiales, que nos provee con un único destino para alcanzar nuestros fines personales y conseguir la autorealización. Nos imaginamos el yo - nuestro sentido de lo que somos- como un tesoro herméticamente cerrado, una fortaleza impenetrable a la que tan solo nosotros tenemos acceso. Pero Lieberman nos cuenta en este capítulo que el Yo es similar en muchos aspectos al software, o aplicaciones, que se cargan a un terminal de ordenador para que pueda funcionar en red con otros ordenadores y con un servidor. Como señala en la frase que he destacado como cita que el Yo es la estratagema más oculta de la evolución para asegurar la vida en grupo. Para Lieberman el Yo es un engaño que permite al mundo social entrar dentro de nosotros y tomar posesión de nuestras mentes sin que nos enteremos.

Esta idea no es nueva, no hay nada nuevo bajo el sol, y ya se le había ocurrido, entre otros, a Nietzsche, pero Lieberman nos va a aportar algunos datos (por supuesto no definitivos, pero sí sugerentes) desde la neurociencia. He aquí lo que decía Nietzsche:

“Pensemos lo que pensemos y digamos lo que digamos acerca de su “egoísmo”, la gran mayoría no hace nada por su ego a lo largo de su vida: lo que hacen lo hacen por el fantasma de su ego formado en las cabezas de los que les rodean y que les ha sido comunicado a ellos”

Nietzsche creía que nuestro sentido del yo no era algo interno a nosotros, un núcleo verdadero dentro de nosotros al que vamos ganando acceso a lo largo de nuestra vida. Para él el sentido del yo es algo construido primariamente por las personas de nuestra vida, y que el yo es un agente secreto trabajando más para ellos que para nosotros.

Es claro cómo cambian las costumbres y las modas y cómo nuestro gusto se conforma al de la mayoría de la gente, desde ropas a gustos estéticos y demás. Inyectar nuestros gustos desde fuera dentro de nosotros en una “operación clandestina”  lleva a una armonización y mejor funcionamiento social. Cada uno de nosotros tiene una variedad de impulsos y si los actuara cuando no es adecuado, o con la gente inadecuada, la sociedad se hundiría. Según Lieberman,  el Yo existe para que el grupo social ( familia, escuela, país…) suplemente nuestros impulsos naturales con unos impulsos sociales. El mundo social imparte una colección de creencias acerca de nosotros mismos, de la moralidad, y de lo que es una vida con sentido. Debido a cómo funcionamos, nos enganchamos a estas creencias como si fueran ideas a las que hemos llegado por nosotros mismos, el auténtico producto de nuestra voz interior. No es suficiente para nosotros reconocer los valores y creencias del grupo. Tenemos que adoptarlos como propios para que sirvan de guía a nuestra conducta. En otras palabras, igual que pasó con el Caballo de Troya, mucho de lo que constituye nuestro sentido del yo llega desde fuera al abrigo de la noche. Nuestro cerebro utiliza estas fuerzas externas para construir y actualizar el Yo.

Imaginaos el siguiente juego. Estamos sentados en una habitación unas 20 personas y cada uno tenemos una carta con nuestro valor en la frente, nosotros no podemos verla , pero sí vemos el valor escrito en la frente de los demás. Se nos pide que nos emparejemos con la persona que tenga la carta de más valor que quiera emparejarse con nosotros. Al principio no tenemos una idea de nuestro valor, pero eso tiene fácil arreglo: enseguida la mujer con el as de oros va a tener un grupo de admiradores alrededor, mientras que al hombre con el dos de espadas nadie le hará ni caso. George Herbert Mead y Charles Cooley  plantean que la forma en que aprendemos acerca de nosotros mismos en el mundo real no es muy diferente de lo que ocurre en este juego de cartas. A este proceso lo llaman generación de una valoración reflejada ( reflected appraisal generation). Una valoración reflejada sería lo que yo pienso que tú piensas de mí. Se nos bombardea desde pequeños con feedback acerca de nosotros mismos, sea con palabras, pero también con conducta no verbal y con el tono de voz. Y usamos esta información para descubrir quiénes somos. Más que mirar hacia adentro, miramos a los otros para aprender acerca de nosotros mismos. 

Lieberman y Jennifer Pfeifer llevaron a cabo un estudio con adolescentes y Resonancia magnética cerebral. Lo voy a resumir brevemente. Un gran número de estudios de los que Lieberman ha hablado en capítulos anteriores relacionan un área del cerebro en concreto con el sentido del Yo: el cortex medial prefrontal (CMPF). Y existe otras zonas cerebrales, el llamado Sistema de Mentalización, que tiene que ver con adivinar las intenciones, creencias y motivaciones de los demás. Esas áreas incluyen el córtex prefrontal dorsomedial, la unión témporo-parietal,el precúneo, el cortex cingulado posterior y los polos temporales. Entonces se pide a los adolescentes que realicen valoraciones directas  (pienso que soy muy inteligente) y reflejas (mis amigos piensan que soy muy inteligente) acerca de ellos mismos. Lo primero que se observa es lo esperado: cuando hacen valoraciones directas se activa el CMPF y cuando realizan valoraciones reflejas el Sistema de mentalización. Pero lo que ya era más sorprendente es que los adolescentes mostraban una fuerte activación del Sistema de Mentalización cuando estaban haciendo valoraciones directas. Los adultos no hacen esto. Recordad que el Sistema de Mentalización se asocia típicamente con pensar acerca de los estados mentales de los demás. Estos resultados sugieren que, incluso cuando se pregunta a los adolescentes qué piensan de sí mismos, podrían haber traído a su mente en realidad valoraciones reflejadas…lo que ellos creen que otros creen acerca de ellos mismos. es como si el CMPF tomara nuestra valoración de lo que otros piensan de nosotros como un poder o sucedáneo (proxy) de lo que nosotros deberíamos pensar acerca de nosotros mismos.

Este y otros estudios sugieren que el CMPF está implicado en la construcción del Yo y que esta región está menos herméticamente cerrada de lo que solemos pensar. Si el CMPF es en realidad un conducto por el que asimilar los valores y creencias de los que tenemos alrededor, entonces el Yo puede ser un mecanismo por y para el mundo social. La existencia del CMPF asegura que un sistema común de valores sea compartido por los miembros de una comunidad. Aunque creemos -volviendo a los adolescentes- que en esta época se vuelven hacia sí mismos en busca de su yo interior, la mayoría lo que hacen es abrazar la identidad de los que tienen alrededor (amigos, amantes , o los diversos grupos en los que se integran en esa época) Lejos de ser ellos mismos, lo que están haciendo es cargar en su mente los programas, las aplicaciones que ven a su alrededor, las cuales, una vez cargadas, se convertirán en su identidad. Nuestro yo trabaja para el grupo, para asegurar que encajemos en el grupo. Tenemos impulsos egoístas y tenemos impulsos sociales internalizados como parte de nuestro Yo.

Resumiendo, experimentamos la autoconciencia como un proceso privado interno pero según psicólogos como George Herbert Mead, Charles Cooley o Matt Lieberman, la autoconciencia es en realidad un proceso altamente social durante el cual se nos recuerda lo que la sociedad espera de nosotros y entonces nos empujamos a nosotros  mismos en esa dirección.

@pitiklinov en Twitter

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martes, 29 de octubre de 2013

Teoría de la Reactancia Psicológica

Comentamos en la entrada sobre el libro Influence, de Robert Cialdini, que uno de los principios utilizados por los vendedores para llevarnos a comprar sus productos es el de la escasez, nos atrae especialmente todo lo que es escaso y lo que sentimos que podemos perder para siempre. Cuando el vendedor pone una fecha límite o sabemos que un producto es el ultimo y no quedan más unidades nos sentimos impulsados a comprarlo. Pero hay otra razón por la que funciona el principio de la escasez: a medida que las oportunidades están menos disponibles, nosotros perdemos libertades. Odiamos perder libertades de las que ya disfrutábamos. Este deseo de preservar nuestras prerrogativas establecidas es la piedra angular de la Teoría de la Reactancia Psicológica, desarrollada por el psicólogo Jack Brehm.
Jack Brehm

Según esta teoría, siempre que una elección libre es limitada o amenazada, la necesidad de mantener nuestras libertades nos hace desearlas (así como los bienes y servicios asociados a ellas) mucho más que antes. Por lo tanto, cuando aumentar la escasez -o cualquier otra cosa- interfiere con nuestro anterior acceso a un objeto, “reaccionaremos en contra” de la interferencia deseando y tratando de poseer el objeto más que antes. Aunque es una teoría muy simple, podría ser aplicable a una gran parte de nuestra conducta y sería también interesante saber cuándo empieza la gente a mostrar ese deseo de luchar contra las restricciones de sus libertades.

Los psicólogos infantiles han rastreado esta tendencia hasta la edad de los dos años, una edad que muchos padres llaman “los terribles dos”. Muchos padres dicen que observan esta conducta en sus hijos alrededor de esta edad. Los niños de dos años parecen ser unos maestros en el arte de la resistencia a la presión externa, especialmente la de los padres. Diles una cosa, y harán la contraria. Dales un juguete y quieren otro, cógeles en brazos en contra de su voluntad y se retuercen hasta que les vuelves a dejar en el suelo, ponles en el suelo en contra de su voluntad y lucharán para que les lleves…

Hay un estudio en niños de 24 meses de edad de media que capta muy bien el estilo psicológico de los terribles dos. Se introduce a los niños acompañados de sus madres en una sala que contenía dos juguetes igual de atractivos. Los juguetes se colocaban siempre de la misma manera, uno estaba disponible y el otro detrás de una barrera transparente de plexiglás. En un caso la barrera de plexiglás era baja y no impedía para nada el acceso al juguete, pero en la otra situación la barrera era más alta y lees impedía el acceso, de manera que tenían que dar toda la vuelta a la barrera para acceder a él. Los resultados fueron muy claros. Cuando el juguete estaba disponible, los niños no mostraban una preferencia especial por él, pero cuando la barrera suponía un obstáculo, los niños iban directos hacia ese juguete contactando con él tres veces más rápido que con el juguete sin obstáculos. los niños mostraron la clásica respuesta de los “terribles dos”: desafío abierto. Hay que decir que las niñas no mostraron en este estudio la misma respuesta de resistencia a las barreras que los niños. Otro estudio sugiere que no es que las niñas no se opongan a las limitaciones de sus libertades sino que ellas muestran reactancia cuando las restricciones vienen de personas y no del medio físico.

¿Por qué emerge la reactancia psicológica a los dos años? Quizás la respuesta tenga que ver con un cambio crucial que la mayoría de los niños sufren en este periodo. Es entonces cuando se reconocen a sí mismos como individuos, como seres separados. Este concepto de autonomía, en desarrollo, trae de forma natural con él el de libertad. Un ser independiente es un ser que realiza elecciones. Un niño con esta nueva comprensión de que es un ser independiente quiere explorar el alcance de sus opciones. La tendencia a luchar por sus libertades y en contra de las restricciones podría entenderse como una búsqueda de información. Buscando los límites de sus libertades los niños descubren en qué parte del mundo van a ser controlados y en qué parte de él ellos son los que pueden controlar. Y los padres sabios son los que les van a proporcionar una información consistente.

Aunque los dos años sea una época de mucha reactancia psicológica, mostramos tendencia a reaccionar a las restricciones  de nuestras libertades durante toda nuestra vida. Otra edad que destaca porque la reactancia toma una forma especialmente rebelde es la adolescencia, los teenagers. Cialdini comenta que un vecino le dijo una vez que “si quieres que un adolescente haga algo tienes tres opciones: hacerlo tú mismo, pagarle por que lo haga, o prohibirle que lo haga”. Igual que a los dos años, este periodo se caracteriza por una emergencia del sentido de individualidad. Es el paso desde niño, sometido a control parental, a adulto, con todos los derechos y deberes correspondientes (bueno, ellos se fijan más en los derechos y menos en los deberes). No es sorprendente por tanto que imponer la tradicional autoridad paterna en esta edad se a menudo contraproducente, los adolescentes lucharán y se resistirán a estos intentos de control.

Nada ilustra mejor el efecto boomerang de la presión paterna en la adolescencia que el “Efecto Romero y Julieta”: como en el caso de Romeo y Julieta, cuanto más se oponga la familia a la relación, más apasionamiento van a mostrar los jóvenes. La interferencia paterna provoca una reactancia psicológica, como se pudo observar en un estudio con 140 parejas de Colorado. Cuando la interferencia paterna disminuía, también lo hacían los sentimientos amorosos. Esto no quiere decir que la moraleja del efecto Romeo y Julieta es que hay que aceptar las elecciones de los adolescentes. Este inicio de los mismos en el delicado juego amoroso les puede llevar a cometer graves errores pero el consejo para los padres es que utilicen herramientas de influencia de adulto (preferencia y persuasión) y no las formas tradicionales de control parental (prohibiciones y castigos). Aunque el caso de Romeo y Julieta es una ficción extrema, sí se  puede producir en la realidad el recurso de los jóvenes a la clandestinidad, la mentira y el engaño.

Hay un matiz interesante en este hecho de la reactancia psicológica. Como estamos comentando, cuando por la pérdida de una libertad previa algo -lo que sea- está menos disponible, lo deseamos más. Pero nosotros no somos conscientes de ello. Es decir, no nos damos cuenta de que nuestro deseo aumentando se debe precisamente a su escasez, a la restricción. Entonces, como notamos que lo queremos más, que lo deseamos más, para dar cuenta de ese deseo aumentado lo que hacemos es atribuir cualidades positivas al objeto (lo cual no es real, porque el objeto es el mismo de antes y no ha cambiado en absoluto). Y esto ocurre no solo con objetos, sino también con la información. Es muy interesante lo que ocurre cuando se censura información.

Casi siempre, de forma invariable, nuestra respuesta ante una información prohibida es que queremos recibir esa información a toda costa y, además, somos más favorables a la misma. Lo intrigante no es que la audiencia quiera recibir la información más que antes, esto parece natural. Lo sorprendente (y tiene implicaciones muy importantes) es que la gente cree más en esa información, aunque no la haya recibido todavía. Se ha observado que si prohibes una conferencia sobre cualquier tema, la gente se vuelve más favorable a ese tema, aunque  no haya oído la conferencia. La ironía de este asunto es que para alguna gente (ciertos grupos políticos marginales, teorías pseucientíficas, etc.), la estrategia más efectiva para extender sus opiniones no es , paradójicamente, dar publicidad a sus puntos de vista, sino conseguir que sean censurados y dar publicidad entonces a la censura de los mismos. Hay algunos datos de que la reactancia psicológica es la causa de que algunas personas hayan derivado hacia un tipo de acción o ideas políticas que no habrían tomado de no ser por ella.

Y no son sólo las ideas políticas las que son susceptibles de sufrir este efecto de la restricción, sino por ejemplo las limitaciones de acceso a material sexual. La censura de material educativo sexual tiene efectos contraproducentes también. En un estudio se mostró a estudiantes unos anuncios de una nueva novela, pero a la mitad de ellos se añadió la frase: “Libro sólo para adultos, restringido a mayores de 21 años”. Cuando los investigadores preguntaron a los estudiantes encontrar la reacción que ya hemos comentado frente a otras prohibiciones: los que habían visto la frase de censura tenían más ganas de leer el libro y pensaban que les iba a gustar más. En opinión de Cialdini, prohibiciones oficiales de materia sexual podrían llevar a fines contrarios a los deseados ya que la censura va a aumentar el deseo de los jóvenes por ese material y les va a llevar a verse a sí mismos como el tipo de individuos que desean ese material.

Resumiendo, el fenómeno de la reactancia psicológica ocurre a lo largo de toda la vida, aunque es especialmente llamativo a los dos años y en la adolescencia, y tiene importantes consecuencias prácticas en muchas esferas de nuestra vida.

Referencia

Brehm J.W. A theory of psychological reactance. New York: Academic Press. 1966

Burgoon, M, Alvaro E, Granpre J,& Voulodakis M (2002) Revisiting the theory of psychological reactance. In JP Dillard and M Pfau (Eds) The persuasion handbook:Theory and Practice (pp213-232). Thousan Oaks, CA:Sage


Robert B Cialdini. Influence. Science and Practice. Pearson Education 2009 (páginas 203-213)

miércoles, 23 de octubre de 2013

Los Orígenes del Igualitarismo

Christopher Boehm es profesor de antropología y tiene también formación en primatología ya que estuvo con Jane Goodall en el parque nacional de Gombe, estudiando a los chimpancés. Es autor de numerosos artículos y libros y dirige el centro de investigación Jane Goodall de la Universidad del Sur de California.

En su libro Hierarchy in the forest se plantea la evolución de la conducta igualitaria y trata de responder a la pregunta de si el hombre es por naturaleza jerárquico o igualitario. El problema que trata de responder es el siguiente: si observamos la evolución humana desde nuestros ancestros primates comunes vemos que la evolución del igualitarismo traza una U jerárquica. Es decir, venimos de especies fuertemente jerárquicas, luego aparecen los cazadores recolectores que son considerados igualitarios y luego aparecen reinos, imperios y otros tipos de orden social fuertemente jerárquicos (esclavitud, siervos, etc). Si nuestra naturaleza es jerárquica ¿cómo pudo surgir el igualitarismo?

Primero habría que revisar si esta visión es correcta. Boehm analiza a nuestros primos primates chimpancés, gorilas y bonobos e incluso reconstruye la conducta del ancestro común a todos ellos, hace 7-9 millones de años (humanos incluidos). Su conclusión es que era un animal jerárquico como lo son los primates actuales. En cuanto a las sociedades de cazadores recolectores, aunque no cae en una fantasía hippie de paz y amor sí que es verdad que reconoce que eran sociedades francamente igualitarias, con toma de decisiones en común y con un control por parte del grupo de la conducta de los líderes, que en ningún momento puede actuar tiránicamente a su antojo. Los datos antropológicos y el estudio de cazadores recolectores actuales confirman estas conclusiones. Esto no quiere decir que todos los individuos de estas sociedades fueran  iguales y desde luego había competición y asesinatos, sobre todo por mujeres.

Por eso, Boehm nos plantea que no es que en los cazadores-recolectores desaparezca la jerarquía sino que ocurre lo que el llama una “jerarquía inversa”, es decir, una coalición de los individuos subordinados para controlar a los machos alfa deseosos de mandar y dominar. Las causas de que se produjera esa inversión son diversas. Por un lado está la costumbre de comer carne. La caza siempre se ha compartido entre todos los individuos de un grupo de cazadores-recolectores y esto es algo que se ha observado en todas estas culturas. Tampoco es un compartir amoroso e incondicional, sino un compartir “vigilante” en el sentido de que se llevaban las cuentas de quién compartía y quién no y se castigaba al que no cumplía con las normas. Este hecho de que surgiera una “comunidad moral” es también importante porque el que no cumplía las normas iba sufriendo una serie de castigos “in crescendo” desde cotilleos a exclusión, ostracismo e incluso la ejecución. Las normas se referían a temas como el incesto, el adulterio, el asesinato, etc., y en cierto momento también incluyeron el comportamiento del lider.

Estamos hablando de la formación de coaliciones y esto es algo que ya ocurre en primates. Los chimpancés hacen por un lado coaliciones de dos o varios machos para deponer al macho alfa, pero también se han observado coaliciones más amplias como un caso descrito por De Waal  de coalición de todas las hembras contra un macho alfa que estaba comportándose de manera inadecuada. El macho tuvo que ceder. También los chimpancés forman patrullas para controla el perímetro de su territorio y atacar a bandas rivales.

Otro elemento que pudo llevar a una inversión de la jerarquía es la invención de las armas. Aunque las armas se inventaran para cazar, está claro que desde el principio se usaron contra otros seres humanos. Y las armas cambiaron la relación de poder porque ya no se basaba todo en la fuerza física. Era posible matar a alguien más fuerte en una emboscada o mientras dormía. La invención de las armas habría llevado también a una disminución del dimorfismo sexual, ya que, desde su introducción, los seres humanos ya no necesitarían las armas naturales de lucha (caninos, mandíbulas, etc). El mismo Darwin era de esta opinión y Washburn llega a proponer que las armas son también las responsables de la pérdida del pelo corporal porque ya no tenia sentido hacer las demostraciones de fuerza que hacen los chimpancés poniendo todo el pelo de punta para aumentar su tamaño e intimidar al oponente. A ello se habría unido la selección sexual al preferir las hembras a individuos con menos pelo. A Boehm le parece que esta hipótesis tiene mérito y que es  bastante creíble, progresivamente se redujeron los caninos, la cantidad de pelo y la erección del mismo, de la que nos ha quedado como vestigio la piel de gallina.

Por medio de las armas, y de la unión, los grupos podían dominar a cualquier individuo dominante. ¿Cuando fue esto posible? Boehm dice que las armas pudieron transformar la conducta política hace 500.000 años. Esto son unas 20.000 generaciones, un tiempo suficiente para que la selección natural actúe sobre el tamaño corporal, la dentición, el pelo, e incluso la eficacia de la bipedestación. Pero junto con ello tuvo que ocurrir una evolución cognitiva, es decir un desarrollo de las capacidades cognitivas y de comunicación (lenguaje). Para Boehm estas adaptaciones y mejoras cognitivas deberían haber ocurrido previamente a la inversión de la jerarquía para que esta fuera posible. En la estimación más conservadora, Boehm dice que la conducta igualitaria apareció ya hace 100.000 años con total seguridad. Una vez de que apareciera esta conducta igualitaria en alguna tribu seguro que no pasó desapercibida a sus vecinos y se iría extendiendo por contagio y difusión cultural.

En cuanto a la naturaleza humana, Boehm cree que tenemos un deseo subyacente de dominar y que cuando nos sometemos (o nos someten) siempre queda un resentimiento, dado que preferiríamos dominar. Es decir, que queda un deseo de cambiar esa situación si fuera posible (siempre a la espera de que las cosas cambien), y este resentimiento cree que es universal. Si, además, el sometimiento, o la dominación, es dura o injusta el deseo de revertir la jerarquía - deponer al tirano- va a ser mayor. Hay una ambivalencia entre el deseo de dominar y el miedo a meterte en la pelea equivocada y desaparecer. El poder colectivo de los subordinados resentidos estaría en la base de la sociedad igualitaria, y ya tenemos trazas de estas conductas en chimpancés. Los seres humanos han vivido y viven siempre en algún tipo de jerarquía, pero son sensibles al abuso de poder. Según Boehm, nunca podremos vivir en sociedades igualitarias “relajadas” como las de los monos ardilla porque estos monos tienen disposiciones internas muy diferentes a nuestras tendencias primates inherentemente despóticas.

Para concluir, una cuestión colateral. En este contexto, es muy interesante plantearnos la evolución del trastorno antisocial de la personalidad (los psicópatas), cosa que no parece fácil de entender a primera vista. Si estamos hablando de que las sociedades igualitarias eran capaces de castigar al aprovechado, al asesino, al que no coopera y no devuelve favores, ¿cómo es posible la existencia de psicópatas, de individuos antisociales? Se supone que serían expulsados del grupo, o ejecutados, con lo que su capacidad de dejar descendencia disminuiría. En sociedades grandes como la nuestra es fácil entender la existencia de sujetos parásitos que se aprovechen de los instintos de cooperación de los demás. Si en un sitio son detectados y excluídos siempre pueden emigrar a otro lugar y engañar a otra gente. Pero en los pequeños grupos de cazadores recolectores se conocían todos y esto sería imposible. Me parece muy difícil entender la existencia de psicópatas en bandas de cazadores recolectores. 

Podríamos pensar que estos individuos más violentos fueran buenos cazadores o guerreros y que el grupo les consintiera conductas desviadas a cambio de sus aportaciones en la guerra, por ejemplo. Pero Boehm estudia este asunto con detenimiento y pone muchos ejemplos de pueblos donde hay muchos mecanismos para evitar precisamente que líderes guerreros, o buenos cazadores, se beneficien de esa situación. Otra posibilidad es que la psicopatía sea de origen reciente, que pareciera junto con las ciudades y el crecimiento de los grupos sociales, es decir desde la aparición de la agricultura. No sé cuál es la respuesta pero me inclino por esta última posibilidad como mejor forma de entender la proliferación de individuos parásitos. 

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