sábado, 8 de diciembre de 2012

Crecimiento Post-traumático


La palabra trauma, referida a un trauma psicológico, se suele asociar al Trastorno Por Estrés Post-traumático y, desde luego, a algo negativo que genera depresión, ansiedad, e incluso enfermedades orgánicas. También se ha estudiado durante décadas la llamada resiliencia, la capacidad de superar la adversidad y volver a un funcionamiento normal. Pero lo que es relativamente más nuevo, en la Psicología oficial ( no así en la psicología popular), es el concepto de que el trauma pueda conducir a un crecimiento, a una maduración como persona. El crecimiento post-traumático se refiere a los posibles beneficios de un estrés grave. La llamada “hipótesis de la adversidad” dice que la gente necesita adversidades, problemas, o incluso traumas, para llegar a los máximos niveles de fortaleza y desarrollo personal ( un poco lo que decía Nietzsche de que lo que no nos mata nos hace más fuertes). Aunque esto es una exageración, y no es así la mayoría de las veces, puede que esta hipótesis tenga algo de verdad.

Los investigadores han estudiado a gente que se ha enfrentado a muchos tipos de adversidad incluyendo cáncer, enfermedad cardíaca, VIH, violación, asalto, parálisis, infertilidad, incendios de la casa, accidentes de avión y terremotos. También han investigado cómo se enfrenta la gente a la pérdida de los vínculos más fuertes: los hijos, los esposos/as, y los padres. Este corpus de investigación muestra que, aunque las desgracias, traumas, crisis y tragedias vienen en miles de variantes, las personas se benefician de ellas de tres maneras.

El primer beneficio es que enfrentarse a un desafío puede revelar capacidades ocultas  que la persona desconocía que tenía y ver estas habilidades puede cambiar el concepto de uno mismo.. Ninguno de nosotros sabe lo que es capaz de soportar. Puede que nos digamos, “me moriría si pierdo a X”, o “no podría soportar lo que está pasando Y”, pero estas son afirmaciones vacías y no vamos a saber  de lo que somos capaces ( para bien o para mal) hasta que estemos de verdad en esa situación. Si perdiéramos a X, o nos encontráramos en la misma difícil situación que Y, nuestro corazón no pararía de latir, probablemente, y nos enfrentaríamos al mundo según viniera, y la mayoría de esas respuestas serían automáticas. Una de las lecciones que la gente suele sacar del duelo o del trauma es que son mucho más fuertes de lo que ellos creían, y la nueva apreciación de esa fuerza les da confianza para enfrentar futuros desafíos. Y existen datos de que estas personas no confabulan y de que es verdad lo que dicen: las personas que han sufrido violaciones, campos de concentración o pérdidas, parecen estar vacunados contra futuros traumas. Se recuperan más rápidamente, en parte porque saben que pueden hacerlo. Los líderes religiosos han hablado siempre de este beneficio del sufrimiento, desde el antiguo testamento, pasando por San Pablo en su carta a los romanos: “ el sufrimiento produce resistencia, la resistencia produce carácter, y el carácter produce esperanza”, hasta el Dalai Lama: “la persona que ha vivido experiencias más duras puede soportar con más firmeza los problemas que la persona que nunca ha experimentado el sufrimiento. Desde este ángulo, algo de sufrimiento puede ser una buena lección para la vida”.

La segunda clase de beneficio se refiere  a las relaciones personales. La adversidad es un filtro. Cuando una persona es diagnosticada de cáncer, o pierde un hijo, algunos familiares y amigos están a la altura de las circunstancias y buscan maneras de expresar su apoyo y de ayudar. Otros se alejan, tal vez inseguros de qué hacer o qué decir, o incapaces de soportar su propio malestar por la situación. Pero la adversidad no solo separa el polvo de la paja, sino que fortalece las relaciones y abre los corazones a los demás. Normalmente amamos a aquellos que cuidamos y sentimos amor y gratitud por aquellos que nos cuidan cuando más lo necesitamos. En algunos estudios de duelo se ha visto que la persona afectada se muestra más tolerante y dispuesto hacia otra gente de su vida. En palabras de una mujer que había perdido a su marido: “ la pérdida fortaleció mis relaciones con otras personas porque comprendí que  el tiempo es muy importante y que no debes perderlo en cosas pequeñas e insignificantes”. El trauma parece disminuir la motivación para esas pequeñas peleas y luchas diarias, para esas competiciones por hacer prevalecer nuestro ego.

El tercer beneficio es que el trauma cambia las prioridades y filosofías hacia el presente y las otras personas. Todos hemos oído historias de personas que han sufrido transformaciones profundas después de sufrir algún trauma grave. También es verdad que los cambios filosóficos, y de valores, desaparecen muchas veces cuando las cosas vuelven a la normalidad, pero muchas de esas transformaciones han sido duraderas. Mucha gente describe a veces un diagnóstico de cáncer como una llamada, como un punto de inflexión, y muchos realizan cambios en sus carreras, o en el tiempo que dedican al trabajo. La realidad a la que mucha gente despierta es que la vida es un regalo que damos por sentado, y que las personas importan más que el dinero.

Yo he observado este cambio en algunas personas después de sufrir una depresión, aunque es verdad que no es lo más frecuente. Lo mismo que el dolor físico es un aviso para que retiremos la mano del fuego, o de algo ciertamente perjudicial, la depresión -el dolor psicológico- es también muchas veces un aviso del organismo de que algo va mal, de que hagamos cambios en nuestra vida. Y la persona que es capaz de entender el mensaje puede salir reforzada. Ante las adversidades, ante situaciones de atrapamiento, conviene pararse a pensar, a reflexionar, a reconsiderar las cosas,a valorar los recursos que tenemos y el rumbo que llevamos. La depresión nos avisaría de que estamos haciendo una inversión enorme en algo ( sea un un trabajo, una relación de pareja, un negocio...) que no va bien, o que no es lo que realmente queremos o nos conviene. Nos estaría diciendo que hay que salir de esa situación, que estamos en una pelea que no vamos a ganar, o que no merece la pena, y que debemos tomar otro camino. Las personas que han sabido escuchar ese mensaje han reconducido muchas veces su vida, y han sido más felices.

Los psicólogos que hablan de estas cosas no proponen que haya que celebrar ni buscar el sufrimiento, por supuesto. No hay que minimizar el dolor y el miedo que un diagnóstico de cáncer, una pérdida, o cualquier otro trauma puede generar. Lo que dicen es que el sufrimiento no es siempre malo, o únicamente malo, que puede haber algo bueno mezclado con lo malo, y que aquellos que lo encuentran hallan algo muy valioso: una llave al desarrollo moral y espiritual.

Referencia

The Happiness Hypothesis. Jonathan Haidt.(pp 136-141) Arrow Books 2006

1 comentario:

  1. "lo que no nos mata nos hace más fuertes" No puedo evitar pensar en un paralelismo inmunológico, los anticuerpos y demás. Parecería que esto puede aplicarse también a los sistemas del cuerpo de "hacerse más fuerte".
    Totalmente de acuerdo con Haidt en que otro beneficio es fortalecer las relaciones. O mueren, o salen más fuertes, igual que en lo anterior.
    "Las personas que han sabido escuchar ese mensaje han reconducido muchas veces su vida, y han sido más felices." Parecería triste que los humanos no sepamos reconducir nuestra vida (y ser más felices) si no es por medio del "trauma" de una pérdida cercana o acontecimientos impactantes de esa índole. Será por eso que algunos dicen "vive este día como si fuera el último de tu vida", pero ni así... No tenemos remedio.
    Un post para pensar, gracias!

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