martes, 6 de diciembre de 2016

El derecho al egoísmo de las víctimas

Imagina que un individuo se siente engañado por algún suceso de la vida diaria: un ejecutivo ve que se promociona a alguien que lo merece menos que él mientras que a él se le relega; un escritor está a punto de mandar su obra pero un fallo del ordenador borra semanas de trabajo y se le penaliza por no cumplir el plazo de entrega. ¿Cómo estarían de motivados estos sujetos para ayudar a otras personas? Uno podría imaginar que las personas que han tenido mala suerte en la vida o a las que les han salido mal las cosas estarían especialmente motivados para ayudar a otros o que se sentirían mejor y reconfortados al hacer el bien. Pues no, los autores del artículo que comento hacen la predicción contraria y la demuestran en unos experimentos: sentirse agraviado da a la gente una percepción de tener un derecho para obtener un resultado positivo -y evitar los negativos- que le libera de las obligaciones de la vida social. En la vida social normalmente nos guiamos por el principio de ayudar a los demás y de evitar el egoísmo. Los autores proponen que debido a este elevado sentido de tener un derecho, los agraviados se sienten liberados de esta obligación comunitaria y exhiben unas conductas más egoístas.

Los individuos se sienten agraviados cuando obtienen resultados que no coinciden con lo que ellos creen que se merecen, como ser tratados con respeto, de manera similar a otros, recibir justificaciones por las decisiones que les afectan, o incluso tener una infancia feliz. Diferentes personas creen que se merecen diferentes cosas por lo que el agravio puede tomar varias formas pero la experiencia de ser agraviado es siempre desagradable y produce un afecto negativo, muchas veces de ira. Los autores proponen que la percepción de ser agraviado produce el sentimiento de tener el derecho a evitar más sufrimiento y de obtener buenos resultados para uno mismo. Es como si estas personas pensaran que ya han recibido su cuota de sufrimiento -como si hubiera una cantidad máxima de victimización que una persona debe razonablemente soportar- y, consecuentemente, se sienten autorizados a pasar de algunos de los inconvenientes de la vida, como ser atento a las necesidades de los demás.

Hay psicólogos clínicos que han sugerido antes esta relación. Hay tanto pruebas de que la victimización lleva a la sensación de tener un derecho como que sentirse con derechos lleva a ser más egoísta y los autores las revisan. Por ejemplo, en un estudio las personas que puntúan alto en la escala Psychological Entitlement Scale cogían más caramelos que en teoría eran para compartir con niños, decían merecer un salario más alto, eran más avaros en juegos de dinero y trataban a sus parejas de forma más egoísta. A pesar de ello, la hipótesis completa que defienden los autores no se ha investigado directamente aunque hay sugerencias que la apoyan. Hay experimentos que investigan la llamada “equidad con el mundo”: si somos menos beneficiados en una cosa intentamos beneficiarnos más en otra. En un estudio los sujetos a los que se les había pagado poco en una tarea  pagaban menos a otros sujetos en otra tarea y se pagaban más a sí mismos.

Estas investigaciones apoyan que si nos sentimos maltratados en un dominio esto lleva a conducta egoísta en ese dominio (por ejemplo, si nos han robado la luz de la bici nos sentimos autorizados robar la luz a cualquier otra bici) pero los autores del trabajo proponen que el egoísmo se puede extender a otros dominios diferentes que no tienen nada que ver con el agravio inicial. Otra diferencia con investigaciones previas es que los trabajos previos dan una valor central a la ira, consideran que es la ira el motor de esas conductas egoístas, mientras que los autores de este artículo insisten en que es el hecho de sentirse con más derechos que los demás lo que lleva al egoísmo.

Para probar su hipótesis realizan tres experimentos. En el primero estudian si hacer recordar a los sujetos del experimento episodios de su vida en los que han sido tratados injustamente hace que ayuden menos a los demás. En el segundo miden si hacerles recordar episodios de injusticia les hace manifestarse más egoístas y si es por un sentido de tener derechos. En el tercer experimento en vez de hacerles recordar injusticias pasadas se les provoca una situación injusta (por un fallo del ordenador) y se observa si entonces piden más de una recompensa común con otros sujetos.

Efectivamente, los resultados son que los sujetos que recuerdan o viven injusticias ayudan menos, se creen más autorizados a ser egoístas en situaciones futuras y a no sufrir inconvenientes (algunos de forma anecdótica dejan más basura o se llevan el boli del experimentador…), y en el tercer experimento perder en un juego por una razón injusta les hace sentirse con más derechos y se auto adjudican dinero de una manera más egoísta. Así que los autores consideran su hipótesis apoyada y luego desacreditan otras posibles explicaciones de los resultados (la de que la conducta se deba a ira, a un sentimiento de “equidad con el mundo”, como antes comentamos y otras). 

Creo que este estudio es interesante por varias razones. Por un lado se demuestra que las víctimas se siente con más derechos, se comportan de forma egoísta y reclaman una mayor parte del pastel pero hay otros datos que sugieren que sentirse agraviado puede conducir a hacer daño a los demás. Está toda la literatura que trata del peso de “víctima a verdugo”, de cómo personas que han sido víctimas de maltrato o abusos se convierten a su vez en maltratadores. Es una literatura puramente correlacional y no pueden extraerse conclusiones sobre causalidad porque intervienen muchas causas y factores pero tiene cierto valor ese vínculo en este contexto que estamos tratando y merece ser investigado.

En segundo lugar, estos estudios se han llevado a cabo en individuos pero el fenómeno podría darse también a nivel de grupo. Hay estudios recientes que encuentran que grupos a los que se les recuerda su victimización es menos probable que se sientan culpables de hacer daño a otros grupos. Por ejemplo, norteamericanos a los que se les recuerda el 11-S sienten menos culpa del sufrimiento de los iraquíes por la invasión norteamericana del país. Investigaciones futuras deberían ahondar en la posibilidad de que tanto individuos como grupos puedan sentirse autorizados a hacer daño a otros cuando les beneficia.

Por último, según algunos, vivimos en una cultura del victimismo en la que nos sentimos agraviados cada vez por cosas más leves y en la que todo el mundo reclama para sí la condición de víctima para demandar ventajas y compensaciones. En este contexto son importantes los resultados de este estudio porque sugieren que la injusticia puede tener un efecto dominó que va más allá del evento inicial. Si la víctima (individuo o grupo) hace daño a una tercera parte por su comportamiento egoísta, tenemos una segunda víctima que se sentirá injustamente tratada y que a su vez se comportará de forma egoísta o hará daño a los demás…y así ad infinitum. 

@pitiklinov

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jueves, 1 de diciembre de 2016

La ilusión de superioridad moral

Cinismo Ilustrado es una web de Eduardo Salles
La mayoría de la gente cree que es justa, virtuosa y buena moralmente. Estas creencias merecen ser estudiadas científicamente porque, a diferencia de otro tipo de ilusiones positivas, las creencias morales contribuyen a la gravedad de los conflictos humanos. Cuando dos bandos opuestos están convencidos de su propia virtud la escalada de violencia es más probable y las probabilidades de resolución del conflicto más bajas. Pero esta autocomplacencia no se limita a los conflictos, una mayoría de personas se cree moralmente superior a la media. Comparada con las creencias de superioridad en otras esferas, diversas evidencias sugieren que la irracionalidad de las creencias de superioridad moral es mayor que las otras. 

Taylor y Brown en 1988 publicaron un artículo sobre las “ilusiones positivas”, la primera de las cuales es una positiva auto-evaluación general. Un alto porcentaje de gente se valora a sí misma mejor que a otras personas en muchas cosas (que conducen mejor, que son más inteligentes, generosos, etc.) y a este tipo de ilusiones se les ha llamado “efecto mayor que la media” (better than average effect) o “auto-promoción” o “auto engrandecimiento” (self-enhancement). En diferentes estudios se ha visto que los rasgos morales deseables, como honestidad y confianza, muestran las mayores diferencias entre el sujeto y los demás. Y lo mismo ocurre con los rasgos negativos (mentir) que son adjudicados con más frecuencia a los otros. Es decir, la magnitud del efecto de auto engrandecimiento es mayor para las características morales (honestidad) que para características no morales (competencia en otras esferas, ambición, inteligencia…). Además, mientras el autobombo en rasgos no morales disminuye con la edad, la asimetría yo/otros en rasgos morales es constante a lo largo de la vida.

Para complicar más la cosa, los rasgos deseables morales se consideran altamente descriptivos o definitiorios del yo, más que los rasgos no morales (por lo que nos vamos a sentir más atacados en nuestra esencia en este campo que en otros). En varios estudios se ha observado que rasgos morales como honestidad, fidelidad y lealtad se consideraban más auto-descriptivos que otros como “listo”, “sabio” o “lógico”. Y estos estudios abarcan culturas diferentes así que el fenómeno parece generalizado. Finalmente, los individuos consideran que, a pesar de las circunstancias de la vida, siempre van a poseer estos rasgos.

La conclusión de todo lo anterior es que estamos ante una paradoja. La mayoría de las personas considera que son un dechado de virtudes pero pocas personas perciben esta abundancia de virtud en los demás. Esto tal vez tenga su lógica porque los rasgos morales son muy deseables pero no son fáciles de contrastar con la realidad. 

Por todo ello, los autores del artículo que comento en la bibliografía se plantearon estudiar este fenómeno y llegan a dos conclusiones principales. La primera es que la superioridad moral tiene un componente irracional sustancial (la forma en la que miden esta irracionalidad no me queda muy clara) que es mayor que el que se da en otras esferas. El segundo hallazgo es que, a diferencia de lo que ocurre con otras características, la superioridad moral irracional no se asocia a la autoestima. Es decir, no encuentran asociación entre alta autoestima y una creencia irracional más fuerte en la superioridad moral. Esto es francamente chocante porque no encaja con nuestra interpretación actual de las “ilusiones positivas” en general y porque en otras ilusiones sí existe asociación con la autoestima.

El problema es explicar la causa de esta ilusión y aquí las cosas no están nada claras. Según las teorías del manejo del error parece racional esta ilusión de superioridad moral. Considerar que una persona es fiable cuando no lo es tiene un coste mucho mayor que a la inversa. Según esta línea de pensamiento, puede ser racional suponer una moralidad más baja en los demás…

Resumiendo, la creencia en que uno es moralmente superior a la persona media es robusta y muy extendida. La irracionalidad de esta creencia parece mayor que la que se observa en otras ilusiones de superioridad, lo que la convierte en una forma especial de ilusión positiva. Lo que no está claro es la función que cumple este sesgo pero lo que sí es evidente es que debemos conocerlo y estar todos muy alerta.

@pitiklinov

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viernes, 25 de noviembre de 2016

El mito de la fuerza de voluntad

El pecado original, según la Biblia, fue una falta de autocontrol. A Eva le había prohibido Dios comer de la fruta prohibida pero la tentación fue demasiado grande. La moraleja de la historia es que cuando la tentación vence a la fuerza de voluntad estamos ante un fallo moral, digno de castigo. Por la misma regla de tres, hemos glorificado la fuerza de voluntad y la hemos convertido en una virtud, una de las más apreciadas.

Pero algunos psicólogos están empezando a plantear que al ser humano se le da fatal resistir la tentación, y que la fuerza de voluntad, los beneficios de luchar contra uno mismo, está sobrevalorada. A largo plazo el autocontrol podría no ser tan beneficioso. Algunos estudios están encontrando que enseñar a la gente a que resista la tentación sólo funciona a corto plazo o ni siquiera funciona. 

Las implicaciones de estas nuevas ideas son enormes porque si aceptamos que la fuerza de voluntad no funciona nos sentiríamos menos mal cuando sucumbimos ante la tentación y podríamos enfocar de manera más productiva problemas como el de la obesidad. Hay encuestas que encuentran que el 75% de los norteamericanos creen que la falta de fuerza de voluntad es el problema para perder peso y que sólo hay que hacer dieta y ejercicio. Pero el creciente consenso científico dice que las causas de la obesidad son múltiples, incluyendo genes y factores ambientales pero no la fuerza de voluntad. Como dice el Dr. Louis Aronne: “Intentar 20 veces bajar peso y no conseguirlo, es un problema de fuerza de voluntad o un problema que no responde a la fuerza de voluntad?

Si pudiéramos dejar de glorificar la fuerza de voluntad igual podríamos empezar a pensar en otros planteamientos como disminuir el poder de la tentación y ayudar a la gente a conseguir sus objetivos con menos esfuerzo. Si quieres comer menos dulces y te encuentra en frente de una montaña de dulces, los investigadores dicen que la montaña de dulces va a ganar.

Kentaro Fujita dice que el modelo de autocontrol que tenemos es el de un ángel a un lado y el demonio al otro peleando entre ellos. Y tendemos a pensar que la gente con mucha fuerza de voluntad puede ganar esta batalla. Pero la realidad es que las personas que son buenas en autocontrol no tienen que pelear estas batallas en primer lugar. Un estudio que se realizó en 2001 encontró la paradójica situación de que la gente que era buena resistiendo la tentación informaba en realidad de menos tentaciones durante el periodo del estudio, no es que estas personas venzan las tentaciones, es que no las tienen. De otra manera: la gente que es muy buena en autocontrol rara vez tiene que usarlo.

Marina Milyavskaya y Michael Inzlicht encuentran algo parecido. Si resistir la tentación es una virtud, cuanta más resistencia mejores resultados, ¿no? Pues no es esto lo que ellos observan: los estudiantes que ejercen más autocontrol no son los que consiguen sus objetivos. Los más exitosos al final del semestre fueron los estudiantes que experimentaron menos tentaciones durante ese periodo. Los que emplearon el autocontrol no sólo no consiguieron sus objetivos sino que estaban exhaustos al final.

¿Y qué podemos aprender de esta gente que no tiene tentaciones y es buena en el autocontrol? Algunas cosas:

1- La gente que es buena en autocontrol en realidad disfruta las actividades que a otros nos suponen esfuerzo, como comer sano, estudiar o hacer ejercicio. Para ellos es divertido lo que para otros es sufrimiento. Los objetivos que se basan en “quiero hacer X” tienen más probabilidades de ser conseguidos que los que se basan en “tengo que hacer X”. Si estás corriendo porque “tienes que mantener la forma”, correr se va a convertir en una actividad miserable que no mantendrás. Una actividad que te gusta es más probable que la mantengas que una que odias.

2- La gente que es buena en autocontrol ha aprendido buenos hábitos. La gente que es buena en autocontrol tiene buenos hábitos, como hacer ejercicio regularmente, comer sano y estudiar. Parece que esta gente estructura su vida de manera que no tenga que utilizar la fuerza de voluntad. Estructurar nuestra vida con rutinas podría ayudar. Hacer la misma actividad a la misma hora todos los días (correr o meditar) puede facilitar el cumplimiento. En el famoso test de la golosina los niños que no se comían la golosina eran buenos en cambiar la percepción del objeto del deseo como no mirar el caramelo o imaginarse que era otra cosa. La idea sería que si no quieres comer un pastel no pases por delante de una pastelería, y si ves un pastel imagina que es algo asqueroso y escapa de él. 

3- Algunas personas sencillamente experimentan menos tentaciones. Nuestras disposiciones y preferencias están influenciadas por los genes y hay gente que tiene más apetito que otra y hay gente que se controla mejor que otros. Sabemos que el rasgo de personalidad llamado responsabilidad se asocia con esta característica y cualquier rasgo de personalidad tiene una heredabilidad media del 50%. Algunos tienen más suerte que otros en la lotería genética. 

4- Es más fácil tener autocontrol cuando eres rico. Cuando el experimento de la golosina se repite en niños pobres siempre se encuentra que lo hacen peor, que son menos capaces de resistir la tentación. La gente que ha crecido siendo pobre  es más probable que se centre en las recompensas inmediatas porque para ellos el futuro es incierto y es muy difícil pensar en el largo plazo.

De momento, y a pesar de este cambio de enfoque, no hay soluciones para mejorar la fuerza de voluntad pero la idea va más por cambiar el ambiente. También se podría intentar enseñar a mejorar las capacidades de autocontrol. Elliot Berkman habla de una técnica que llama “empujón motivacional”, que consiste en recordar periódicamente a los participantes sus objetivos pero no hay datos todavía de que funcione. Otra posibilidad es unir un elemento divertido a las actividades que queremos realizar y que no son tan divertidas (esto es lo que ya se hace cuando la gente se pone música en el gimnasio, por ejemplo).

Vemos que no hay alternativas claras de momento pero parece que algunos psicólogos ya están mirando más allá de la estrategia actual que básicamente es: “Di que no, resiste”.

@pitikinov

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sábado, 19 de noviembre de 2016

Pinker y el feminismo de género

Algún comentario de la entrada anterior se quejaba de que no había desarrollado bien lo del feminismo de género así que en esta entrada voy a intentar explicar con más detalle los argumentos de Pinker contra el feminismo de género. Primero hay que señalar que Pinker no critica a todo el feminismo en general sino que distingue, siguiendo a Christina Hoff Sommers, dos tipos de feminismo. El primero es el feminismo de la igualdad que combate la discriminación sexual y otras formas de injusticia de las mujeres y que forma parte de la tradición liberal y humanista clásica que surgió de la Ilustración. El segundo es el feminismo de género que sostiene que las mujeres siguen estando esclavizadas por un sistema de dominación del macho, el sistema de género, y se opone a la tradición liberal clásica aliándose con el marxismo, el posmodernismo, el constructivismo social y la ciencia radical. Este último, que es el que se ha convertido en el credo de algunos programas de estudios sobre la mujer, organizaciones feministas y portavoces del movimiento de las mujeres, es el que Pinker critica porque es una razón importante de que la aplicación de la evolución, la genética y la neurociencia a la mente humana cuente con una dura resistencia en la vida intelectual moderna. También hay que decir que Pinker habla del presente en los países de nuestro entorno y no de la discriminación contra las mujeres en muchos lugares del planeta y la que ha ocurrido en tiempos pasados. No hay ninguna duda de que las mujeres se enfrentaron a una discriminación generalizada en el pasado y lo siguen haciendo hoy en algunos sectores.

Este feminismo de género se compromete con tres afirmaciones sobre la naturaleza humana:

1- Las diferencias entre hombres y mujeres no tienen nada que ver con la biología, sino que están completamente construidas socialmente.
2- Los seres humanos poseen una única motivación social, el poder, y la vida social sólo se puede entender desde el punto de vista de cómo se ejerce.
3- Las interacciones humanas no surgen de las motivaciones de las personas que se tratan entre sí como individuos, sino de las motivaciones de los grupos que tratan con otros grupos, en este caso el sexo masculino que domina al sexo femenino

Básicamente, Pinker lo que hace es esclarecer la relación entre la biología de la naturaleza humana y temas muy candentes entonces (2002), y también ahora, como la supuesta brecha salarial, la demanda de 50/50 en todas las profesiones, o la agresión sexual. Pinker defiende que mujeres y hombres no tienen unas mentes íntercambiables, que las personas tienen otros deseos que no son el poder (amor, sexo, belleza, familia, sentido de pertenencia…), y que los motivos pertenecen a las personas individuales y no a todo un grupo (el de los hombres). Yo me voy a centrar en el tema de la violación pero voy a decir algunas cosas sobre los otros temas, muy breves por razones de espacio. 

No voy a entrar en ello pero Pinker señala diferencias entre los sexos, como mayor interés de los hombres por las relaciones sexuales, su mayor tendencia a competir violentamente, mejores capacidades verbales en las mujeres y espaciales en los hombres, las niñas juegan más a imitar roles sociales y los niños a luchar, perseguirse y manipular objetos, etc. Luego defiende que estas diferencias no se deben sólo a la socialización sino que se observan en otras especies y habla de factores genéticos y hormonales, etc. Muchos de ellos están recogidos en este entrada donde se menciona el famoso caso de David Reimer y los casos de extrofia vesical que demuestran que coger a un chico y educarlo como chica no funciona. Por supuesto, ninguna de las diferencias de sexo descubiertas hasta hoy se aplica a todos los hombres y a todas las mujeres, de modo que las generalizaciones sobre un sexo siempre serán falsas respecto a muchos individuos.

También dice cosas sobre que las mujeres no elijan determinadas carreras como que una desigualdad en el resultado no se puede aducir com prueba de una desigualdad de oportunidades. Las diferencias medias en las preferencias son las que situarían a los sexos en trayectorias diferentes. Las mujeres prefieren también sacrificar ingresos económicos porque valoran más la vida familiar, estar con sus hijos y amigos y en definitiva tener una vida. Una democracia podría decidir dividir los ingresos y los empleos 50/50 entre los sexos -y obligar a que sean el mismo número de hombres y mujeres los que arreglen tuberías en una plataforma petrolífera o los que den clases en infantil u operen en neurocirugía-  pero eso tendría un coste en ambos sexos, el de impedir que hombres y mujeres realicen el trabajo que más les guste y obligarles a trabajar en lo que no  les gusta. 

Dejo de lado lo del repetido mantra de que las mujeres cobran menos que los hombres por el mismo trabajo -ampliamente refutado ya a estas alturas y que tal vez sea tema para una entrada posterior-, y voy a tratar el tema de la violación. Bien, la postura “oficial” de este feminismo es que la violación no tiene nada que ver con el sexo y que es un tema de poder. Y, unido a ello, que la violación no tiene nada que ver con el deseo sexual de un hombre individual, sino que es una táctica con la que todo el sexo masculino oprime al sexo femenino. Esta doctrina procede de Susan Brownmiller en su libro de 1975 Contra nuestra voluntad donde dice:

“Hay que situar el descubrimiento del hombre de que sus genitales podían servir de arma para generar miedo entre los descubrimientos más importantes de la prehistoria, junto con el fuego y la primera hacha de piedra rudimentaria. Creo que, desde los tiempos prehistóricos hasta la actualidad, la violación ha desempeñado un papel fundamental (…) es nada más y nada menos que un proceso de intimidación por el que todos los hombres mantienen a todas las mujeres en un estado de miedo”.

Esto derivó en el catecismo actual: la violación no es una cuestión de sexo, nuestra cultura socializa a los hombres para que violen y glorifica la violencia contra las mujeres. Vamos a ver argumentos contra la primera parte de este dogma:

  • Hay una relación compleja entre sexo y violencia y sexo y poder. Pero el hecho de que la violación tenga algo que ver con la violencia no significa que no tenga nada que ver con el sexo, del mismo modo que no podemos decir que un robo a mano armada no tenga nada que ver con el dinero y que se trata sólo de un asunto de poder…
  • Sabemos que algunos hombres utilizan la violencia para conseguir lo que quieren: secuestran niños para pedir un rescate, roban para conseguir droga u otros objetos, dejan ciega a la víctima de un atraco para que no les pueda identificar, matan a un extraño para robarle la cartera o las zapatillas…Sería un hecho extraordinario, que contradiría todo lo que sabemos de las personas, que algunos hombres no emplearan la violencia para conseguir sexo.
  • Las feministas argumentan como datos a su favor que los violadores buscan a veces mujeres mayores y estériles, que algunos padecen disfunción sexual durante la violación, que algunos obligan a realizar actos sexuales que no tiene que ver con al reproducción y que algunos emplean preservativo. La tesis no convence por dos razones: En primer lugar, estos ejemplos constituyen una minoría de las violaciones de modo que se le podría dar la vuelta a la argumentación y afirmar que en la mayoría de las violaciones existe una motivación sexual. Pero es que, además, todo eso que señalan ocurre también en el sexo consentido, de modo que la tesis lleva al absurdo de que el propio sexo nada tiene que ver con el sexo.
  • Pensemos en el caso de una violación en el contexto de una cita. La pareja sale, va a la discoteca, toman algo y acaban en el apartamento de uno de los dos. La chica en un momento dado dice no y el chico la viola. ¿Cómo lo explicamos? ¿Al principio el chico quería sexo y cuando la chica dice no pasa a querer poder? ¿Quería poder desde el principio? ¿o quería sexo desde el principio?
  • La violación existe en muchas especies del reino animal y en todas las sociedades humanas.
  • Generalmente, los violadores aplican la fuerza necesaria para coaccionar a la víctima a tener relaciones sexuales. Pocas veces provocan heridas graves o fatales. Sólo el 4% sufre heridas graves y muere menos de una de cada quinientas.
  • Las víctimas de violación se encuentran en la mejor edad para la reproducción de las mujeres (15-35 años) edad en al que son más atractivas para los hombres. La distribución por edad es muy distinta a la de las víctimas de otros delitos violentos.
  • Se calcula que un 5% de las víctimas de violación quedan embarazadas y en otros tiempos serían más. Brownmiller dice que las teorías biológicas de la violación son descabelladas porque “desde la perspectiva de la estrategia reproductora, las eyaculaciones al azar del violador que no realiza más que un acto sexual son una especie de ruleta rusa comparadas con el apareamiento consentido prolongado”. De acuerdo, pero el apareamiento consentido prolongado no es una opción para todos los machos y algo es mejor que nada. La selección natural puede operar con pequeñas ventajas reproductoras de hasta un 1%.


Vamos a ver ahora argumentos contra la segunda parte del dogma, la de que es un acto colectivo de todos los hombres y que se glorifica la violación en nuestra cultura. 

  • El violador se arriesga a que le maten los familiares de la víctima o a ir muchos años a la cárcel, ¿realmente los violadores asumen estos riesgos como sacrificio altruista en beneficio de los miles de extraños que constituyen el sexo masculino?
  • En la mayoría de casos y lugares al violador se le trata como la escoria. Incluso en las cárceles hay que protegerlos del resto de los presos. Si la teoría feminista fuera verdad se les recibiría como héroes.  
  • Hay un hecho elemental: los hombres tienen madre, hijas, hermanas y esposas que les importan mucho más que el resto de los hombres. Como señala la feminista de la equidad Wendy McElroy, la teoría feminista sostiene que “hasta el marido, el padre y el hijo más cariñosos y tiernos son beneficiarios de la violación de la mujer que aman. Ninguna ideología que haga tan viles acusaciones contra los hombres como clase puede curar mis heridas. Sólo puede provocar una reacción de hostilidad”.
  • La violación está castigada en todas las sociedades. Si fuera una táctica de los hombres ¿para qué la iban a convertir en un delito? 

Que existan violaciones es tanta prueba de que existe una cultura de la violación como que existan robos, homicidios o suicidios es prueba de que vivimos en una cultura del robo, del homicidio o del suicidio. Llevando las cosas al absurdo y aplicando la propia teoría de las feministas de género de que todo es una construcción social, los hombres habrían tenido otra opción, y esto es reflexión mía no de Pinker. Si todo es una construcción social, el dolor por ser víctima de una violación también sería una construcción social así que los hombres sólo tendrían que cambiar la socialización y educar por ejemplo a las mujeres para que accedan a tener relaciones sexuales con cualquier hombre que se lo pida. Pero esto tiene, entre otros, un problema, la naturaleza humana y una cosa que se llama selección sexual. Como explican Thornhill y Palmer, en todo el reino animal las hembras se resisten al sexo obligado. La violación subvierte la capacidad de decisión de la hembra, el núcleo del omnipresente mecanismo de la selección sexual. Una hembra, al escoger al macho con el que aparearse y las circunstancias en que hacerlo, puede elevar al máximo las probabilidades de que su hijo tenga unos buenos genes. Como dicen Tooby y Cosmides, este cálculo evolutivo explica por qué las mujeres evolucionaron para ejercer el control sobre su propia sexualidad, sobre las condiciones de las relaciones y sobre las decisiones de qué hombres van a ser los padres de sus hijos. Se resisten a ser violadas y sufren cuando tal resistencia fracasa, porque se les ha usurpado el control sobre sus propias decisiones y sus relaciones sexuales.

Todo esto tiene implicaciones de cara al estudio y tratamiento de la violencia sexual. Ya no es “sexualmente correcto” realizar estudios sobre las causas de la violación (o de otro tipo de violencia) porque -como sabe cualquier persona que piense como se debe- sólo existe una causa: el patriarcado. Y ello va a repercutir en los consejos que se dan a las mujeres y en los tratamientos para los violadores. En algunos programas se les da charlas a los violadores sobre el patriarcado, el heterosexismo y las conexiones entre la violencia doméstica y la opresión racial. Un mal diagnóstico lleva a un mal tratamiento.

Resumiendo la postura de Pinker, el feminismo como movimiento a favor de la igualdad política y social es importante, no así el feminismo como camarilla académica entregada a doctrinas excéntricas sobre la naturaleza humana. Eliminar la discriminación contra las mujeres es importante, no así pensar que hombres y mujeres nacen con unas mentes indistinguibles. La libertad de decisión es importante, no así asegurar que las mujeres constituyan exactamente el 50% en todas las profesiones. Y eliminar las agresiones sexuales es importante, pero no así defender la teoría de que los violadores desempeñan su papel en una vasta conspiración masculina.

@pitiklinov








jueves, 3 de noviembre de 2016

La Tabla Rasa 15 años después


Qué tiempos serán los que vivimos, que hay que defender lo obvio.- Bertolt Brecht

Recuerdo lo que sentí cuando leí la Tabla Rasa de Steven Pinker hace unos años, no sé exactamente cuántos: “esto es lo que yo pienso, así es como veo el mundo…esto es lo que veo en mí mismo, en mis pacientes y en la gente en general”. Ahora lo acabo de leer de nuevo y la sensación que me queda es agridulce. Por un lado, es una gozada la compañía de una mente tan afilada como la de Pinker y seguir sus argumentos y su forma de expresarse, hay párrafos gloriosos. Es también sorprendente la de cosas que me he encontrado que no vi la primera vez y que es evidente que estaban ahí pero probablemente no estaba preparado para verlas y me pasaron desapercibidas. Así que la relectura ha merecido la pena y he aprendido nuevas cosas. Tendré que volver a leerlo dentro de unos años.

Pero me queda una sensación también de desilusión porque ideologías que están ya refutadas magistralmente en ese libro siguen no sólo vivitas y coleando sino en la cresta de la ola. El libro es de 2002 así que han pasado, redondeando, 15 años y posturas como considerar que aceptar el papel de los genes en la conducta conduce a un determinismo genético siguen siendo prevalentes. También el viejo debate sobre si el hombre es violento o no por naturaleza. Todavía el mito del Buen Salvaje sigue siendo defendido por muchos cuando Pinker hace una explicación del papel que juega la agresividad y la violencia en el ser humano (y en otros animales ) impecable y clarificadora.

Pero donde más desmoralizador es el asunto es en el tema del feminismo de género. Pinker trataba ya allí temas que siguen siendo noticia continua en nuestros días y, a mi modo de ver, los deja más que claros. Temas que él ya critica como la queja de que las mujeres cobran menos por el mismo trabajo, que vivimos en una cultura de la violación donde a los hombres se les enseña a glorificar la violación, la defensa de que hay que instaurar cuotas 50/50 por sexos en diferentes esferas de la vida pública y privada. Todos esos planteamientos están brillantemente refutados en el capítulo 18 del libro. Sin embargo, feministas y sociólogos de género siguen repitiendo estos mantras 15 años después y gente con esas ideas se encuentra en puestos de influencia política y en la Universidad. Los académicos de género tienen el monopolio en todo los asuntos que incumben a las mujeres: institutos de investigación, escuelas de leyes, departamentos de estudios sobre las mujeres, libros de texto, grupos de presión políticos…Criticar a estos sociólogos te puede costar la carrera, y los académicos se callan y evitan el tema tabú de las diferencias sexuales.

No hay que perder la esperanza. Hace unas décadas hablar de que la inteligencia era parcialmente heredable generó un tremendo debate y era también anatema. Afortunadamente, hoy es algo mayoritariamente admitido y no ha pasado absolutamente nada. Así que puede que se produzca tal vez lo mismo algún día y lleguemos a admitir que hombres y mujeres no son intercambiables y que  hay diferencias físicas y psicológicas entre ambos y que una parte de ellas son de origen biológico. Cuando esto se admita no va a pasar absolutamente nada, no se va a caer el mundo pero, desde luego, no es algo que vaya a ocurrir en breve.

Puede que yo tenga una visión sesgada y sea víctima de la falacia del consenso, de creer que lo que se ve por Twitter, o en ciertos medios es algo general en toda la cultura. Desde luego, cuando hablo con amigos y amigas no encuentro hombres ni mujeres que mantengan las posturas extremas de los académicos de las ciencias sociales; muchos de ellos se extrañan de que alguien pueda mantener esas posturas tan irracionales. Me refiero a las posturas del constructivismo social y cosas por el estilo, donde se llega a decir que no existen genes para el sexo y que toda la sexualidad es aprendida. No hay más que mirar la cuenta de Twitter New Real Peer Review para ver más ejemplos de barbaridades por el estilo.

La sociología de género está fuera de la realidad pero nadie se atreve a decir que el emperador está desnudo porque enseguida te adjudican la etiqueta de machista y cosas peores. Niegan la evolución, la biología y la genética pero nadie puede ni siquiera debatirlo. Peter Singer pedía en 1999 una izquierda darwinista que no negara la evolución y que reconociera la naturaleza humana, pero parece que nadie le ha escuchado y para mucha gente de izquierdas la evolución sólo llega hasta el cuello. La Santísima Trinidad de la que habla Pinker (la Tabla Rasa, El Buen Salvaje y el Fantasma en la Máquina), siguen escondidos detrás de todas estas ideologías. No parece que vayan a desaparecer en breve. Así que a los de la mayoría silenciosa que no comulgamos con ese catecismo no nos queda otra que seguir insistiendo: el emperador de la ideología de género está desnudo de ciencia y de datos. Es la postura oficial pero tiene los pies de barro.

@pitiklinov





lunes, 31 de octubre de 2016

La Big Pharma y el policía que mira

Imagina que una tarde vas caminando por la calle y al doblar una esquina te asalta un ladrón. Te arrima una navaja al cuerpo y te dice en un tono ronco que le des la cartera. Da la casualidad de que un poco más allá, en la otra acera, se encuentra un policía que ve la escena y lo sabes seguro porque tu mirada se cruza con la suya. Pero el policía no interviene, gira la cabeza y se pone a multar a un coche mal aparcado mientras el ladrón se marcha con tu cartera. Seguramente te sentirías humillado y lleno de ira pero, si piensas como yo, es probable que tu cabreo estuviera más dirigido al policía que al ladrón. El ladrón a fin de cuentas está haciendo su trabajo pero es el policía el que no ha hecho el suyo.

La comparación igual no es muy fidedigna pero creo que esta es la situación que vivimos en el área de la investigación y desarrollo de medicamentos. Hay un malo muy bien identificado equivalente al ladrón de la historia: la Big Pharma, la industria farmacéutica, con un historial delictivo extenso, todo el mundo lo tiene claro y hay pocas dudas de ello. De lo que menos gente se da cuenta, y pasa desapercibido para una mayoría, es de que también aquí hay un policía mirando: los estados, gobiernos o administraciones. Las conductas mafiosas de la Big Pharma se habrían acabado hace tiempo si los estados hubieran decidido actuar de una manera concertada.

Recomiendo este video,Investigación Médica, Houston, tenemos un problema, para darnos cuenta del grave problema que tenemos con el sistema actual de investigación y desarrollo de fármacos, un sistema que prima los intereses económicos por encima de la salud de los ciudadanos. La forma en la que investigamos y vendemos medicamentos es irracional e inmoral. A partir de una investigación básica, que es pública principalmente, la industria toma algunas moléculas las desarrolla y luego tenemos que volver a pagar unos precios desorbitados por los medicamentos finales. Pero esos medicamentos son tan caros que no están accesibles para los enfermos que los necesitan, no sólo en países en desarrollo sino en los países ricos también.

No se investiga para enfermedades raras o para enfermedades que afectan a países pobres. No se investigan nuevos antibióticos porque no son rentables y los estados no ponen en marcha mecanismos alternativos para que sea rentable investigar en nuevos antibióticos. Todas las personas que hablan en este video coinciden en que los gobiernos han abdicado de su responsabilidad de dirigir el sistema  y han puesto el crecimiento económico por encima de la salud.

En el video se proponen también soluciones que son factibles y realistas como crear nuevos incentivos para la I+D, la creación de un Tratado Internacional de Innovación y Desarrollo, premiso a la innovación, pactos entre el sector público y el privado como la Iniciativa de Medicamentos para Enfermedades Olvidadas que ha producido ya 6 medicamentos (2 para  la malaria, 2 para la leishmaniasis, uno para la enfermedad de Chagas y otro para la enfermedad del sueño) y tiene otros en cartera. Todos hablan de la necesidad de compartir el conocimiento y de cooperar y coordinar esfuerzos.

La situación ha llegado ya a un punto en que es insostenible y hay que oponer al poder de la Big Pharma el contrapoder de los gobiernos actuando coordinadamente. La sociedad civil debe presionar a los gobiernos para que asuman su responsabilidad y aseguren que se desarrollan los fármacos que la sociedad necesita. Hay que politizar este tema que no parece que esté en las agendas de los partidos políticos ni de las instituciones públicas. Es hora de exigir al policía que mira que haga su trabajo.


@pitiklinov

sábado, 22 de octubre de 2016

Antidepresivos y suicidio

El grupo de Peter Gøtzsche acaba de publicar un artículo titulado Precursors to suicidality and violence on antidepressants: systematic review of trials in adults healthy volunteers. El artículo está disponible en abierto en el enlace y ha sido comentado por la organización No gracias en esta entrada: Información para consumidores: no tome antidepresivos si puede evitarlo. La conclusión del artículo es que los antidepresivos doblan la ocurrencia en adultos sanos de sucesos que pueden llevar a suicidio y a violencia. Vamos a ver un poco el estudio.

Se trata de un metaanálisis o revisión de estudios en los que se administra antidepresivos a sujetos sanos. Los autores realizan una búsqueda bibliográfica que les arroja 5787 referencias de las que hay 569 duplicadas que deja 5218 estudios. Se van descartando y seleccionando estudios y al final se quedan con 11 estudios publicados a los que añaden 29 recibidos de agencias del medicamento no publicados  de los cuales meten en el metaanálisis final 13 estudios (que son los que informan de los daños que los autores buscan). Es decir de 5218 estudios nos quedamos al final con 13 (???). No sé hasta que punto esto puede ser una muestra representativa de algo. Los autores nos informan de que en esos estudios prácticamente no se dice nada de la metodología ni del proceso de selección, ni características de los sujetos sanos voluntarios, etc. (esto no es imputable an Gøtzsche y cols., simplemente no está en los estudios). Es decir, que no sabemos nada prácticamente sobre los sujetos reclutados en los estudios.

¿Y qué es lo que encuentran? Lo primero que hay que decir es que no encuentran suicidios, ni intentos de suicidios ni siquiera ideación autolítica en los sujetos sanos que toman antidepresivos que meten en el metaanálisis. Es importante señalar esto. Lo que encuentran en algunos pacientes es nerviosismo, ansiedad, inquietud, pesadillas severas, temblor, sueños anormales, agitación y temblor, depresión y “pensamiento anormal”, cosas que aparecen también, aunque en menor medida, en pacientes que toman placebo. Según los autores estos síntomas inespecíficos son precursores de suicidio y violencia. Este salto en el vacío en el que se basa todo el artículo parece inspirarse en esta advertencia de seguridad de la FDA sobre el riesgo de suicidio de los antidepresivos donde se dice:

“los siguientes síntomas, ansiedad, agitación, ataques de pánico, insomnio, irritabilidad, hostilidad, agresividad, impulsividad, acatisia (inquietud psicomotora), hipomanía y manía, han sido informados en pacientes adultos y pediátricos tratados con antidepresivos por trastorno depresivo mayor o por otras indicaciones, psiquiátricas y no psiquiátricas. Aunque el vínculo causal entre la emergencia de estos síntomas y el empeoramiento de la depresión y/o la emergencia de impulsos suicidas no se ha establecido, existe la preocupación de que estos síntomas puedan representar precursores de la emergencia de suicidalidad.”

Así que Gøtzsche y cols. dan el salto y dan por demostrado que esos síntomas inespecíficos son precursores de suicidio. Hay muchas razones por las que esto no es cierto en la clínica. Primero, la mayoría de los pacientes psiquiátricos tratados o sin tratar presentan síntomas de este tipo. Suponer que todos ellos están en riesgo de suicidio o violencia es irreal. Segundo, que pacientes que han llegado a ideas de suicidio o intentos de suicidio hayan pasado por síntomas inespecíficos de nerviosismo no quiere decir que todo el que tiene síntomas inespecíficos de nerviosismo llegue a ideación autolítica o violencia.La mayoría de las veces la acatisia conduce a que el paciente deje la mediación por iniciativa propia o a que consulte con su médico de cabecera, el servicio de urgencias o su psiquiatra y que esto lleve a un cambio, reducción o retirada de la mediación. Tercero, pesadillas, ansiedad o nerviosismo no es lo mismo que acatisia, por supuesto.  La acatisia es un tipo de nerviosismo o inquietud en la que que el sujeto no puede permanecer sentado  por una gran inquietud interna pero toda inquietud o nerviosismo no es acatisia y asumir que el nerviosismo reflejado en estos estudios es acatisia es una deducción a posteriori sin fundamento. En los estudios no se refleja acatisia en ningún caso. Por ejemplo, en el estudio de Knorr el placebo produjo más inquietud y temblor (10 casos frente a 7) que el antidepresivo. Me cuesta pensar que esta inquietud y temblor producida por un placebo era del tipo que puede llevar a suicidio o violencia. En el estudio CSR 050-001 hablan de un caso de ligero nerviosismo y otro de ligero temblor en el grupo que tomó antidepresivos y de un caso de ligera euforia y otro de ligero temblor en el grupo placebo. Pensar que un ligero nerviosismo va a llevar a suicidio o violencia es una manipulación interesada.

Resumiendo, un artículo de una calidad ínfima y saltos lógicos inasumibles del que es imposible sacar cualquier tipo de conclusión. Pero vamos a admitir las conclusiones de los autores a modo de experimento mental. Supongamos que lo que dice Gøtzsche es verdad y los antidepresivos doblan la incidencia de sucesos relacionados con violencia y suicidio y que esto realmente lleva al doble de suicidios y homicidios. Bien, dado el tremendo aumento del uso de antidepresivos en las últimas décadas, el número de suicidios debería haberse disparado a las nubes. Según el CDC el uso de antidepresivos ha aumentado un 400% desde 1988. En España el consumo de antidepresivos se ha triplicado en una década y cifras parecidas se dan en otros países. ¿Ha ocurrido un aumento paralelo en el número de suicidios? Para nada. Según este estudio sobre el uso de antidepresivos y suicidio en Europa, las tasas de suicidio han descendido más en los países europeos en lo que ha habido un mayor aumento en el uso de antidepresivos. En la gráfica tenéis el consumo de antidepresivos de varios países europeos y su tasa de suicidios y se puede ver que desde luego no hay una correlación positiva entre ambos (la raya de puntos es el uso de antidepresivos y la continua la de suicidios). Islandia es el país que más antidepresivos consume del mundo y podemos ver que no hay correlación positiva entre ese consumo y la tasa de suicidios. Si no hay correlación creo que huelga hablar de causalidad. Precisamente, una de las referencias que cita Gøtzsche, la 12, concluye que los estudios epidemiológicos muestran una asociación de bajas tasa de suicidios con un mayor uso de antidepresivos

Así que es verdad que los antidepresivos en algunos casos pueden inducir ideación autolítica por mecanismos no conocidos en su totalidad pudiendo ser uno de ellos la generación de acatisia, pero eso no es un efecto habitual. Es evidente que los antidepresivos tienen efectos secundarios pero eso ocurre con todos los medicamentos y toda la medicina trata precisamente de una valoración entre riesgos y beneficios. Las benzodiacepinas también producen a veces lo que se llama un efecto paradójico y en vez de tranquilizar producen ansiedad, nerviosismo, irritabilidad o incluso alucinaciones. Pero no es para nada su efecto normal. ¿Y qué hay al otro lado de la balanza? Pues al otro lado de la balanza está la depresión, una enfermedad grave que puede llevar al suicidio, a la ruptura de matrimonios, a la incapacidad para atender a los hijos o a la pérdida del trabajo y de toda calidad de vida. Al otro lado de la balanza está un trastorno asociado al estigma de pensar que se trata sólo de debilidad psicológica o moral y que se arregla poniendo de tu parte y con fuerza de voluntad. Creo que este artículo continúa esa errónea tradición que no beneficia a los pacientes ni a la sociedad.


Referencias: