viernes, 8 de marzo de 2013

El Realismo Depresivo

Lionel Tiger

A veces en la vida nos hacemos las preguntas equivocadas y eso no nos permite avanzar en el conocimiento de las cosas. Ante el drama que supone la depresión en la vida de las personas, la gente se pregunta: “¿por qué nos deprimimos?”, cuando igual lo que todos deberíamos preguntarnos es: “¿por qué no estamos continuamente deprimidos? A fin de cuentas el mundo es deprimente desde muchos puntos de vista, la mayor parte del tiempo.  No sabemos de dónde venimos a dónde vamos, qué sentido tiene la existencia, si tiene alguno, nos vamos a morir, nosotros, nuestros amigos y familiares, nuestros hijos, los hijos de nuestros hijos..., ahora mismo están muriendo millones de personas inocentes en el mundo, muchos de ellos niños, por enfermedades como el SIDA y otras, por guerras de todos los colores...Si pensáramos un poco en estas cosas la angustia nos paralizaría y no podríamos vivir, así que vivir implica ser ajeno, y no sintonizar, con todo el dolor y sufrimiento del mundo...
El realismo depresivo es la noción (discutida) de que las personas depresivas ven el mundo como es en realidad, mientras que las personas normales tenemos una visión distorsionada. Parece un concepto contraintuitivo, pero vamos a ver algunos datos que apoyan que esta proposición no es ninguna tontería. Fijaos en estos datos: los sujetos que sufren una paraplejia se van adaptando y en ocho semanas ya manifiestan más sentimientos positivos que negativos, y al de años solo se consideran ligeramente menos felices que individuos no paralizados. El 84% de los pacientes tetrapléjicos considera que su vida es como la media, o por encima de la media. A primera vista, esto no tiene mucho sentido. Y la explicación última para esta distorsión cognitiva y emocional tenemos que buscarla lógicamente en la Evolución. Lionel Tiger dice, entre muchos otros, que la especie humana ha sido seleccionada por la evolución por sus ilusiones optimistas acerca de la realidad. Ajit Varki, también, propone que la conciencia de nuestra propia muerte nos impediría funcionar si no hubiera emergido junto con ella un optimismo irracional. Capacidad de contemplar el futuro y optimismo irían necesariamente de la mano. Pero, como decía, existe evidencia considerable de que la gente normal distorsiona la realidad de una manera autocomplaciente, de que nos autoengañamos, en definitiva. Vamos a ver a continuación algunos de estos datos (que quede claro que cuando hablo de depresión no me estoy refiriendo a los casos más graves, los que antes se llamaban melancolía, o a las depresiones psicóticas).


Tenemos por ejemplo la ilusión de control. En una serie de experimentos se ponía a dos grupos de sujetos, uno de ellos de pacientes con depresión y otro de personas sin depresión, a manejar unos interruptores que encendían y apagaban unas luces. Durante una parte del experimento los participantes operaban realmente las luces, pero en otro momento eran los experimentadores los que manipulaban los controles de manera que las luces no respondían a las acciones de los sujetos. Pues bien, en la situación manipulada, las personas “normales” seguían diciendo que eran ellos los que controlaban la situación, mientras que los depresivos se daban cuenta de que no tenían el control.
Martin Seligman

Otro argumento es la ilusión sobre las propias capacidades. La gente normal sobreestima sus capacidades y se consideran más persuasivos, acertados y atractivos que unos jueces neutrales. Los depresivos juzgan mejor sus capacidades. Por otro lado, el 80% de los hombres americanos considera que se encuentra en la mitad superior (por encima de la media, 50%) en cuanto a habilidades sociales...lógicamente las cuentas no salen...

En otros experimentos se medía la seguridad de la memoria. Se suele decir que los depresivos distorsionan el pasado y que es inútil preguntarles por el mismo porque todo lo recuerdan más negro y negativo de lo que fue. Pues bien, en un experimento se les puso a los sujetos unas pruebas de manera que acertaban 20 veces y fallaban otras 20, y luego se les preguntaba qué tal lo habían hecho. Los depresivos eran fiables, te decían por ejemplo, que habían acertado 21 y 19 mal...¡era la gente normal la que distorsionaba la realidad!, te podían decir que había hecho 12 mal y 28 bien.

Y luego están todos los sesgos cognitivos de los que en este blog hemos ido ya viendo unos cuantos. Por citar solo uno que se refiere a los estilos explicativos, el llamado sesgo autocomplaciente (self-serving bias), el hecho conocido de que la gente normal se atribuye los éxitos y endosa a otros los fracasos (el fracaso suele ser huérfano). Es decir, si una cosa es buena yo la hice, va a durar para siempre, y me va a ayudar en muchas situaciones. Pero si algo está mal la culpa es de otros, no durará mucho, y solo se refiere a esta situación. El depresivo, por contra, ve sus fracasos como debidos a la misma causa que sus éxitos.

Resumiendo, si damos por  buenos los resultados de todos estos experimentos (y dada la situación actual de la investigación en Psicología, igual esto es mucho conceder) tenemos que los depresivos ven la realidad de forma más fiel, que el pesimista se encuentra a merced de la realidad, mientras que el optimista (la mayoría de la gente en situación basal) presenta una defensa masiva contra la realidad, lo que le ayuda a mantener la alegría frente a un mundo indiferente u hostil. ¿Debería esto llevarnos a concluir que la felicidad es una enfermedad y que hay que meterla en el DSM-V? Bueno, eso es lo que propuso en broma  Richard Bentall en 1992 en su artículo “A proposal to classify happiness as a psychiatric disorder”. Según él a la felicidad habría que llamarla Trastorno Afectivo Mayor, tipo agradable...

Pero ahora en serio, ¿cómo podemos entender la depresión desde este punto de vista evolucionista? ¿cuál es la función del pesimismo, o de la depresión? La función del optimismo la tenemos clara, nos ayuda a seguir adelante y hay muchos estudios que nos dicen que los optimistas:
  • sufren menos enfermedades infecciosas que los pesimistas
  • tienen mejores hábitos de salud
  • tienen un Sistema Inmune que funciona mejor
  • viven más que los pesimistas
  • tienen más éxito en la vida
  • y , para remate, ligan más.

Entonces, ¿para qué diablos sirve la depresión? ¿para qué sirve algo negativo que nos hace sufrir? ¿por qué permite la evolución que exista el pesimismo y la depresión? Para entenderlo tenemos que darnos cuenta primero de que una cosa negativa puede ser seleccionada por la evolución, y para ello solo tenemos que fijarnos en el dolor. El dolor es adaptativo y la prueba está en que las personas que tienen una incapacidad congénita de sentir dolor mueren jóvenes porque no se dan cuenta de que se queman, de que sufren heridas, o de que tienen que cambiar de postura. La depresión, y su dolor psíquico asociado, cumpliría en el plano mental la misma función que el dolor físico en el plano orgánico. Al igual que el dolor físico nos obliga a retirar la mano, a alejarnos de la fuente del dolor, la depresión nos avisaría de que estamos haciendo una inversión enorme en una pelea que no vamos a ganar y que no merece la pena. A  veces, necesitamos ser realistas, a veces fallamos y ver la realidad de color de rosa no es lo mejor para nosotros, a veces tenemos que poner fin una situación que no nos lleva a ninguna parte, a veces nos encontramos atrapados y tenemos que ver la realidad de la manera más objetiva y realista posible para encontrar una salida... Y es entonces cuando aparece la depresión y viene en nuestra ayuda.
Tali Sharot

Imaginaos que he puesto un negocio pero la cosa va mal. Al principio es bueno que sea optimista y tenga fe en mis posibilidades, y que siga invirtiendo tiempo y esfuerzo. Un optimismo moderado puede conducir al éxito. Pero pongamos que la situación es verdaderamente mala, nos hemos equivocado en el momento, el lugar, el tipo de negocio, lo que sea. Llegará un momento que si mantengo contra viento y marea un optimismo exagerado, y pido por ejemplo préstamos elevados contando con una buena evolución que tal vez no se produzca nunca, estoy arriesgando mi futuro y el de mis hijos. Un optimismo desaforado puede dar al traste con la transmisión de mis genes, que es de lo que va la evolución a fin de cuentas. Pues precisamente en esos momentos lo que necesito es quitarle el decorado al mundo y ver lo que hay detrás...en ese momento justo lo que necesito es deprimirme, quitarme las gafas color de rosa para ver realmente dónde estoy.

Resumiendo, normalmente nos conviene engañarnos a nosotros mismos y mostrar un optimismo biológico o vital, que ha sido seleccionado por la Selección Natural para maquillar la realidad. Pero a veces, ante las adversidades, antes situaciones de atrapamiento, conviene pararse a pensar, a reflexionar, a considerar las cosas, a valorar los recursos que tenemos, y el rumbo que llevamos. Esto es la depresión.

Para acabar, un matiz curioso. El sesgo optimista es el fenómeno por el que cuando se trata de predecir lo que nos ocurrirá mañana, la semana que viene, o dentro de 50 años, sobreestimamos la probabilidad de sucesos positivos y subestimamos la probabilidad de sucesos negativos. Por ejemplo, subestimamos la probabilidad de divorciarnos, sufrir un accidente o un cáncer, y sobreestimamos nuestras posibilidades de éxito laboral o nuestra longevidad. Este sesgo es uno de los más robustos en Psicología. Pues bien, hay algunos experimentos que sugieren que las ratas y los pájaros también tienen un sesgo optimista. Uno de los experimentos en pájaros consistía en que si los pájaros apretaban un interruptor rojo cuando oían un sonido corto (2 segundos), obtenían una recompensa inmediata y si apretaban uno verde cuando oían un sonido largo (10 segundos) les daban una recompensa diferida ( algo que no gusta a los pájaros, que prefieren la recompensa inmediata). Entonces los experimentadores les ponían un sonido intermedio a ver qué hacían. Hay que decir que los pájaros tenían que apretar el interruptor correcto o se quedaban sin recompensa. En esa situación, lo que los pájaros hacían era  apretar el botón de la recompensa inmediata,  lo que sugiere que esperaban un resultado positivo aunque no había razones objetivas para ello. Pero lo interesante que observamos, y que coincide con todo lo que he comentado previamente, es que si los pájaros estaban encerrados en jaulas pequeñas, sin acceso a baños de agua ni juguetes, no mostraban estas tendencias optimistas. Una prueba más de que ni los humanos deprimidos ni los animales deprimidos muestran el sesgo optimista. En cualquier caso parece que el impulso vital básico es optimista, porque ayuda a que , como decían en Parque Jurásico, la vida se abra camino.




@pitiklinov en Twitter

Referencias:




28 comentarios:

  1. Es un consuelo saber que los animales también se autoengañan :)
    Magníficamente explicado, gracias por tus aportaciones.

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    1. creo que no se autoengañan, tienen mas capacidad de vivir cn atención ene l aca-ahora y menos conciencia d su existencia
      Es un articulo genial, pero no tiene en cuenta la capacidad de vivir en el aca-ahora

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    2. y gracias a la meditación se consigue esa percepción en el aca ahora..sino la angustia ns determinaria la conciencia y el pensamiento...
      Sin duda no desaparece la percepcion d que todo es peligro, pero se equilibra...

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  2. A mí personalmente me produce un enorme sentimiento de disgusto cuando escucho los discursos optimistas frente a la adversidad.

    Me jode sobremanera escuchar las estúpidas excusas que el subconsciente se saca de la manga; y tanto más estúpidas cuanto más optimista es el individuo. Llega por supuesto, el punto en que la única posibilidad optimista es inefable e irracional: momento en que aparecen los diversos Dioses y Vírgenes...para mí el culmen de la estupidez.

    Es algo evidente que el mundo es horrible: la entrada de este artículo se queda corta. Y además, también es evidente la base evolutiva del optimismo: El estúpido heurístico del optimismo, la mayor crueldad (por supuesto metafórica, ciega e inconsciente) que la evolución ha podido producir: un ser vivo consciente del dolor y el sufrimiento, con capacidad de autoengañado (instalado de serie) para que luche por y para nada (porque para qué tanto dolor después de todo) con una visión distorsionada de la realidad.

    Magnífico artículo, por cierto.

    Un saludo.

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  3. Estoy totalmente de acuerdo, creo que lo clavas. También en que en la introducción me quedo muy corto y no reflejo bien el vacío y horror del mundo. Muchas gracias por tu comentario

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  4. No hace mucho tuve una experiencia personal al respecto. Puse en mi tablón de Facebook algún comentario sobre alguna noticia desagradable (no recuerdo cuál), y los posteriores comentarios en mi muro fueron degenerando en un debate optimismo-pesimismo. Pues bien; los comentarios optimistas de mis amigos (la mayoría de ellos con estudios superiores) eran exasperantes: una amiga mía, por ejemplo; doctora ella, llegó a justificar el enorme dolor en el mundo con las "cosas buenas de la vida", poniendo el estúpido ejemplo de que ella pasa, de vez en cuando; unos buenos momentos leyendo un libro al sol de la tarde.

    Ese comentario fue el rematé: ¡¡justificar una actitud optimista frente al mundo, con unos nimios momentos de bienestar que la sociedad occidental se procura a costa del sufrimiento del 3er mundo y del mundo en vías de desarrollo me parece no sólo una estupidez sino incluso una actitud deleznable (si no fuese por el hecho de que dichos comentarios son actos del subconsciente heurístico del optimismo, claro)!!

    Y es que no hay ilusión más poderosa en nuestra mente que la producida por el heurístico del optimismo. El mundo es terrorífico, de eso no hay dudas; basta con visitar los hospitales, los manicomios, las cárceles, observar las guerras, los asesinatos, el hambre en el mundo, la enfermedad infantil, el tráfico de esclavos, las salas de tortura, los cadalsos y todos los rincones donde habita la más negra miseria, los barrios ínfimos de nuestras grandes ciudades, las minas, las fábricas, donde se obtiene el derecho a respirar a cambio de catorce horas diarias de trabajo embrutecedor, incluidos niños de ocho años. Sin olvidarnos, por supuesto, del sufrimiento constante del hombre: la necesidad constante de obtener recursos y de luchar por ellos: luchar a diario ante la presión ambiental (la misma presión ambiental que permite el proceso evolutivo). Destacando también el dolor por el tedio y el aburrimiento de quienes tienen todas sus necesidades cubiertas (a costa del sufrimiento de sus congéneres), y el sufrimiento que el conocimiento de la levedad del ser y la inevitabilidad de nuestra muerte produce.

    Ante esta perspectiva, es evidente que hombre, durante su evolución; debió forzosamente desarrollar mecanismos de defensa, entre los cuales yo creo que destacan dos: el heurístico del optimismo del que se habla en esta entrada del blog, y el heurístico que nos guarda de la autolesión.

    El primero permite una actitud positiva hacia la vida, sin importar la realidad a la que nos enfrentemos. Lo cual nos empuja a seguir luchando por la vida frente a toda adversidad y, si es necesario, emborronando nuestro raciocinio y falsando los hechos objetivos. El heurístico que nos guarda de la autolesión, es un complemento indispensable del anterior. A veces (o muchas veces) el sufrimiento en la vida es tal, que el heurístico del optimismo es incapaz de consolar al individuo. En esos casos, y mientras mejora la situación lo suficiente, es indispensable que el cerebro posea un mecanismo inconsciente que evite que el individuo se autolesione (similar, por ejemplo; al que evita el incesto) y cometa un suicidio (a veces este mecanismo falla y el resultado es la muerte).

    A mí personalmente, el conocimiento de la existencia de estos heurísticos me produce un enorme sentimiento de disgusto. Y me produce este sentir porque me hacen inferir la poca libertad de acción que poseemos. Me hace comprender con claridad que sólo somos maniquís en manos del proceso evolutivo: como diría Richard Dawkins, me confirma que sólo somos máquinas de reproducir genes: a toda costa y a cualquier precio.

    El hecho de que nuestro cerebro venga programado con heurísticos, dan clara muestra de que ese supuesto libre albedrío es sólo una ilusión. Y es que no sólo somos máquinas programadas para luchar vehementemente por la reproducción y la supervivencia, es que incluso somos máquinas programadas para falsear la realidad: máquinas para las que todo vale con tal de conseguir los objetivos evolutivos.

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  5. Y el disgusto que siento es todavía mayor cuando tomo conciencia del nihilismo de la vida. Me explico:
    Hoy es un hecho que, la evolución, causa de nuestra aparición en el mundo, es una simple ley física reducible a leyes mecánicas y térmicas más fundamentales. El proceso evolutivo es simple consecuencia de las leyes físicas del mundo, y es indudable que estas leyes no persiguen en esencia ningún fin racional, que simplemente son así. Y al ser la evolución un proceso físico natural más también carece de un fin esencial: Simplemente es un proceso que surge espontáneamente a consecuencia de que las leyes físicas más fundamentales. Así pues, la evolución es un proceso ciego e irracional, un proceso espontáneo que ha creado estructuras materiales complejas (seres vivos). Y obviamente, el producto de un proceso espontáneo natural, que no persigue en esencia una finalidad racional (que sólo es como es, y actúa como actúa) no puede poseer un objetivo en esencia diferente al de su causa. Así pues, por duro que nos parezca, compartimos el nihilismo del resto de estructuras materiales del mundo. ¡Luchamos y sufrimos en nuestras vidas esencialmente por y para nada (luchamos por luchar)!
    ¡Sobrevivimos contra viento y marea, nos reproducimos, nos esforzamos por acaparar recursos, peleamos a diario contra el resto del mundo por nosotros y nuestros hijos, pero todo eso lo hacemos esencialmente por y para nada; lo hacemos porque estamos programados para hacerlo! ¡Incluso una gran parte de nuestra conducta es dictada por un subconsciente que escapa de nuestro control racional!
    El mundo natural me parece cruel, y el heurístico del optimismo me parece el culmen de la crueldad, la máxima injusticia. El mundo nos obliga primero a ser conscientes (porque es evolutivamente favorable) de todo el dolor, y posteriormente nos lanza a falsear la realidad con el único fin de empujarnos a seguir luchando por y para nada esencialmente relevante. (Juzgar a la naturaleza de ser cruel no tiene mucho sentido por supuesto; el mundo simplemente es así, pero yo subjetivamente percibo esta realidad del mundo como un acto cruel).
    Por último, es importante comprender que, si cuando lees comentarios como este que estoy haciendo (y que el autor hace en la entrada del blog), percibes una sensación desagradable y de rechazo, que esa sensación es producto precisamente del heurístico de optimismo de tu cerebro. Evita eso prejuicios e intenta vislumbrar el mundo objetivamente.

    Bueno, lo dejo aquí :).

    Un saludo a todos.

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  6. Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.

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  7. Aunque sea cierto que el mundo tenga de lo uno y de lo otro, igual que en la naturaleza hay egoismo y altruismo, o selección individual y de grupo, a mi modo de verlo, la misma vida es como el test del loco del puente: según el color de las gafas que llevamos puestas, percibimos más intensamente uno de ambos extremos o el otro (lo pongo dual para simplificar). Las botellas no están nunca medio llenas ni medio vacías, sino simplemente con el agua por la mitad. Estoy de acuerdo con Samuel en que el optimismo es un sesgo como otro (sólo que tremendamente adaptativo para seguir por aquí sin suicidarnos, cosa que a la Sra. Evolución no le haría ninguna gracia), pero -en contraste con Samuel- creo que darle más peso específico a lo horrible (y por supuesto es muchísimo) puede resultar igual de sesgado que centrarse en lo maravilloso. Visto así, el mundo ES, a secas, y este "a secas" es lo que a nuestra mente pendular le es casi imposible de concebir, que para esto está después de todo, para filtrarlo y colorearlo todo de un modo fastidiosamente dual. Diría que una cosa es cómo es el mundo, otra cómo lo percibimos, y otra si nos gusta o no.

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  8. En lo esencial estoy de acuerdo con vosotros. Creo que Samuel estará también de acuerdo con este párrafo de Dawkins de River out of Eden que puse en la entrada sobre por qué no se acepta la evolución http://evolucionyneurociencias.blogspot.com.es/2013/02/por-que-no-se-acepta-la-teoria-de-la.html:
    “La cantidad total de sufrimiento anual en el mundo natural está más allá de toda medida decente. Durante el minuto que me lleva componer esta frase, miles de animales están siendo comidos vivos, muchos otros corren para salvar su vida, gimoteando de miedo, otros están siendo comidos desde dentro por ásperos parásitos, miles de todas clases mueren de hambre, sed o enfermedad. Debe ser así. Si llega un tiempo de prosperidad, este mismo hecho lleva automáticamente a un aumento de la población, hasta que se restaura el estado de hambre y miseria. En un universo de electrones y genes egoistas, fuerzas físicas ciegas y replicación genética, alguna gente sufrirá, otra tendrá suerte, pero tú no encontrarás ninguna razón ni rima en todo ello, ninguna justicia. El universo que observamos tiene precisamente las propiedades que esperaríamos si en el fondo no hubiera ningún diseño, ningún propósito, ni bien ni mal, nada más que despiadada indiferencia.”

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  9. Ana di Zacco, parece que no has entendido bien de lo que trata esta entrada del blog:

    Se está hablando de el cerebro posee una ilusión cognitiva que nos impulsa inconscientemente a buscar el lado positivo de las cosas. No se trata de intentar racionalmente ver el mundo de una manera más o menos optimista, sino de que nuestro propio cerebro; mediante un heurístico sobre el que no tenemos control, el que nos obliga a priori a pensar de manera optimista frente a la adversidad: la ilusión consiste precisamente, en que no vemos algo positivo en este mundo terrorífico porque así lo decidimos, sino que es el propio cerebro el que está programado para desvirtuar la realidad de manera optimista (con fines meramente evolutivos), y que luego tu razonamiento, a posteriori, intenta justificar esa actitud incongruente del subconsciente, ¿lo comprendes?

    No podemos decidir ver el mundo con unas gafas u otras; se trata de que la evolución ya ha programado nuestro cerebro con el tipo de gafas con el que debemos mirar el mismo: la evolución nos obliga -en favor de sus fines de supervivencia y reproducción- a ver un vaso medio lleno, cuando en realidad, el vaso está totalmente vacío.

    Pero bueno, hace ya tiempo que de tanto discutir sobre la realidad pesimista del mundo, he aprendido que la ilusión cognitiva del optimismo es suficientemente fuerte como para impedir ver la realidad nihilista del mundo a la gran mayoría de las personas: la capacidad de desvirtuar la realidad de este heurístico es infinita; lo que es una pena, porque les priva de comprender y aceptar las consecuencias a las que la ciencia de la biología y neurología nos ha conducido.

    En este sentido, yo creo que la psicología evolucionista es y será una ciencia incomprendida, porque precisamente debe luchar contra ese duro rival que resulta ser nuestro subconsciente optimista.

    Un cordial saludo a todos.


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  10. Gracias, Samuel, por tu respuesta. Creo que sí había comprendido de qué va el post, es más probable que me haya expresado mal. Pero la clave de si la evolución nos tiene programados o de si podemos decidir o no qué gafas (heurísticas) nos ponemos estriba en un matiz mucho más profundo que nos llevaría a una diatriba larguísima sobre qué margen de libertad tenemos sobre el color de esas gafas. Incluso si no tuviéramos ninguno en absoluto, y por motivos de variedad que también sería otro tema, lo obvio es que no todos llevamos el mismo color de gafas. Los hay que las llevan incluso negras y zas, se suicidan (con mucha congruencia, por cierto), lo cual deja patente que no todo el mundo lleva el mismo programa, mal que a la evolución le pese, porque estos, entonces, le salieron ranas :)
    No puedo estar de acuerdo en que -como dices- el vaso esté vacío (ni lleno). Tanto vacío como lleno me parecen dos colores demasiado estridentes de gafas (uno de los cuales, por cierto, tampoco le gusta a la evolución, pero igual me equivoco). Yo sigo prefiriendo lo de "a medias" :)
    Por supuesto estoy totalmente de acuerdo en la programación, etc. pero también pienso que -al igual que en la informática- para cada programa se encuentra, al final, un modo de hackearlo. Saludos y gracias de nuevo.

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  11. Hola, Ana di Zacco.

    Comprendo que pienses que comprendes el artículo, pero la cuestión es que; en tal caso, lo comprendes pero no lo compartes. Y es lo normal; no creo que ni un 1% sea capaz de aceptar en profundidad las evidencias que la moderna neurología y la psicología evolucionista nos muestra.

    Sencillamente, no podemos aceptar que el vaso esté vacío. No podemos aceptar el nihilismo al que nos lleva la teoría de la evolución. Simplemente el ser humano es soberbio y antropocéntrico por naturaleza. Simplemente nos negamos a aceptar la realidad pésima del mundo, por muchas evidencias de todo tipo que tengamos: si vemos noticias de niños muriendo de hambre o muriendo de cáncer, cambiamos de canal, y realizamos cualquier actividad hedonista para equilibrar lo que acabamos de ver (comer, follar, leer un libro al sol, etc.).

    Dices que comprendes la entrada del blog, pero no comprendes que desde hace mucho tiempo ya, se conoce que el cerebro humano posee bastantes heurísticos actuando en el subconsciente (uno de ellos el heurístico del optimismo). Simplemente, nuestra mente posee actividad cognitiva que escapa de nuestro control racional. Gran parte de nuestra conducta está dirigida por dicho subconsciente, y sólo a posteriori podemos justificar racionalmente por qué hicimos lo que hicimos (pretendiendo recuperar el control que no tenemos): por eso te insisto en que el cerebro evolutivo nos hace ver el vaso medio lleno, cuando está totalmente vacío (en base de nuestras observaciones empíricas del sufrimiento y dolor en el mundo, y en base al nihilismo al que nos lleva la biología al explicar la existencia del hombre como consecuencia de simples procesos físicos evolutivos).

    De hecho, dices que ves el vaso medio lleno, pero no dices con qué lo medio llenas: explícate, por favor. No creo que sepas con qué llenarlo racionalmente, más que con diversos argumentos hedonistas de diversa índole tergiversados de manera inefable o mística, de modo que dichos argumentos parezcan más de lo que no son con el fin de llenar el vaso lo máximo posible. Poco hay que llenar, sin embargo, si se estudian esos argumentos optimistas a fondo. Espero, por otra parte, que no intentes medio llenar el vaso con afirmaciones religiosas: la religión, la creencia irracional, es el último consuelo al que llega el hombre cuando no sabe cómo equilibrar la balanza de dolor y sinsentido del mundo. Es la expresión máxima a la que el subconsciente optimista nos lleva, y es la actitud más patética en el hombre: el acto de abandonar la razón.

    Por cierto, no tienes que preocuparte de que ver el mundo con gafas negras lleve al suicidio. El suicidio tampoco es un acto racional, por mucho que lo parezca. El suicida simplemente es un enfermo mental: una persona a la que le fallan los sistemas de control ante la autolesión. La propia depresión es ya un problema neurológico (problema relacionado con varios neurotransmisores), y la posible posterior muerte es también es una neuropatología añadida. ¡¡Nadie tiene la capacidad racional de suicidarse!! ¡No tenemos tal capacidad de decisión! ¡Nadie neurológicamente sano puede hacer tal cosa, piense lo que piense su parte racional! Más bien al contrario, parece ser que el suicidio es parte de un proceso evolutivo de autoeliminación de individuos enfermos o defectuosos que no es deseable que transmitan su carga genética en el acervo génico o que interfieran en el correcto funcionamiento de la sociedad (hay muchos ejemplos de animales que poseen tal proceso evolutivo de eliminar individuos enfermos, por ejemplo las hormigas).

    El hombre es un ser evolutivo, y toda nuestra conducta es evolutiva. No hay escapatoria posible ante este “determinismo”. Igual que parte de nuestro antropocentrismo se vino abajo con el conocimiento de que la Tierra no es el centro del Universo, también debe venirse abajo con respecto a nuestra supuesta “libertad” de acción: estamos condicionados evolutivamente por completo, y muy especialmente por los procesos cognitivos subconscientes que todos poseemos.

    ¡Un cordial saludo a todos!

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  12. Samuel, creo que Ana y tú estáis de acuerdo en el diagnóstico. La diferencia puede estar en qué hacer luego, en a dónde nos lleva esto...Me interesa tu opinión al respecto. Me gustaría, si te apetece claro, que me contaras cómo te afecta este conocimiento evolucionista en tu vida personal, en cómo afecta a tu vida diaria. Todo lo que dices sobre el libre albedrío y el inconsciente coincide totalmente con la línea de este blog y lo puedes ver en las entradas sobre el nuevo inconsciente, o en la de Baumeister sobre el libre albedrío. No puedo estar más de acuerdo contigo. A un nivel racional también creo que el yo y el libre albedrío es una ilusión, pero una cosa es saber eso y tener ese conocimiento y otra muy diferente poder cambiar las cosas. Yo te hablo desde mi experiencia. Para mí la teoría de la evolución me ha abierto los ojos, es como ponerte unas gafas y ver la maquinaria que hay por debajo de las cosas, por qué existen, de dónde vienen, pero otra cosa muy diferente es que eso cambie mi vida. La ha cambiado sustancialmente, desde luego, pero muchas veces me veo haciendo las mismas cosas o cayendo en los mismos comportamientos a pesar de entender de dónde vienen. Quiero decir, sé que el amor es una estratagema para que me junte a una mujer y haga copias de mis genes pero me sigo enamorando. Siento casi hasta cómo me manipulan los genes pero no puedo evitarlo. Y me encanta el jamón...Y si pasa una chica con minifalda me vuelvo a mirarla...Toda esa realidad que pintas es impepinable pero luego mi acción sigue marcada por los heurísticos como tú dices o por los módulos o algoritmos preprogramados. Y aunque sé que es el motor optimista interno el que tira de mí no puedo impedir su funcionamiento. ¿Cómo manejas tú esto? ¿cómo lo llevas?
    En cualquier caso, muy interesante el tema :-)

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  13. Lo primero, Pitiklinov, decirte que me alegra saber que compartes mis ideas. Y lo segundo, por supuesto; responder a tus preguntas. No tengo ningún reparo en hacerlo:

    "¿Cómo manejas tú esto? ¿cómo lo llevas?"

    Lo llevo muy bien. Estoy casado, tengo dos hijas pequeñas, algunos buenos amigos, y una vida totalmente social y plena. Tengo estudios superiores de ingeniería, un máster y actualmente intento hacer un doctorado (aunque me está costando porque entre el trabajo y la familia no me queda tiempo para casi nada). Es decir, llevo una vida completamente normal y corriente, como la que pueda tener cualquier persona más optimista, o que desconozca o no acepte la realidad evolutiva del hombre.

    Pero es que no puede ser de otra manera, amigo: precisamente de eso se trata; el raciocinio no nos puede dar más libertad de acción que la que la evolución nos concede. Por mucho que razonemos sobre el dolor y el sinsentido de la vida, eso no nos va jamás a permitir sobreponernos a los instintos y los procesos cognitivos del subconsciente. Por ponerte un ejemplo claro: por mucho que razonemos y comprendamos que la aversión que todos los individuos mentalmente sanos sentimos hacia el incesto es un simple heurístico evolutivo, no por eso vamos a poder sobreponernos a dicho heurístico y acostarnos con nuestra madre (o padre). Es imposible que una persona sana cometa un acto de incesto por el simple hecho de comprender que sólo es una regla evolutiva.

    El subconsciente tiene el papel dominante en gran parte de nuestra conducta diaria. Nuestro ego intenta luego retomar el poder racionalizando esas decisiones inconscientes, pero es puro teatro. Y precisamente a este respecto tengo una anécdota personal que contar: yo soy una persona pesimista por naturaleza (mi heurístico del optimismo va a medio gas). Desde que tengo uso de razón soy ateo, y ya desde mi infancia, con 13 años, tenía una línea de pensamiento similar a la que os expongo aquí (algo menos elaborada, por supuesto, pero la base era muy parecida). Por cierto, el punto de inflexión en mi forma de ver el mundo ocurrió sobre esa época, tras leer el primer libro de Richard Dawkins: “El gen egoísta”.
    He renegado, por lo tanto, de tener hijos desde mucho antes de comenzar a salir con chicas, y por supuesto desde antes de conocer a mi actual esposa. Era para mí un acto horrible el engendrar nueva vida a este mundo terrible y carente de sentido. Un absurdo cruel y egoísta…y ahora tengo dos hijas preciosas y a las que quiero más que nada en el mundo. No hay nada que hacer: por mucho que nos disguste reconocerlo, la gran mayoría de las decisiones no las toma nuestro consciente. Tengo, por supuesto, una justificación racional (más bien dos ;)) con la que pretendo racionalizar la incongruencia de haber tenido hijos conociendo mi forma de pensar, pero la realidad sé que es bien distinta: he tenido hijos porque es para lo que estoy hecho; de alguna manera mi subconsciente me engañó o nubló mi raciocinio y no sé cómo. Pero eso no importa, sé que sólo soy una máquina de reproducir genes, y que no hay nada que pueda hacer al respecto: lo comprendo y lo acepto. Por cierto, tengo que decir que soy una muy buena máquina de reproducción y supervivencia (y hasta estoy contento de ello).

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  14. (sigo aquí porque el blog no me deja escribir de una vez textos tan largos :P)

    La razón en el hombre tiene un puro papel adaptativo (y secundario), por lo que esta razón debe estar siempre, independientemente de lo razonado, supeditada a los “objetivos” evolutivos: no podemos hacer que dejen de gustarnos las mujeres, ni dejar de comer a diario, ni podemos autolesionarnos; no tenemos ninguna libertad de cambiar sustancialmente lo que somos (salvo que suframos de alguna enfermedad mental grave). Por eso no me extraña cuando dices que a ti te ha ocurrido exactamente lo mismo; que el conocimiento no ha cambiado en esencia tu conducta: eso demuestra es que eres una persona mentalmente sana :).

    Por eso yo siempre intento hacer ver a los temerosos de oír la realidad pésima del mundo, que no deben tener miedo de aceptar y comprender lo que la ciencia nos cuenta: ningún conocimiento va a cambiar en nada sustancialmente sus vidas. Van a continuar siendo lo que son: máquinas evolutivas de reproducción.

    Un cordial saludo, amigo.

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    1. pues somos muy parecidos en muchas cosas. Yo también tengo dos hijos (chicos) pero puedo aducir en mi defensa que cuando los tuve no sabía nada de evolución :). Tengo 54 años ahora y llevo leyendo evolución unos 5 años aunque bastante a fondo ( dentro de las posibilidades de tiempo). También tiendo al pesimismo.
      Estuve mirando tu blog pero me pareció muy complicado. Las matemáticas no son mi fuerte.
      Un saludo y que tengas éxito en tus proyectos

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    2. Gracias, Pitiklinov. Te deseo lo mismo a ti.

      Podríamos, por cierto, y si te interesa, compartir facebook. Puedes buscarme en facebook como "Samuel Graván": mi apellido es poco común y sólo salgo yo ;).

      ¡Un saludo!

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    3. Samuel,

      La muestra de que estás equivocado es tu defensa de la función del optimismo creyendo, sin embargo, que tu valoración de la realidad es precisa y exacta y no simplemente pesimismo, obviando así su función.

      Apostaría 10€ a que no lograrás comprender ni admitir el anterior párrafo.


      Pitiklinov,

      Enhorabuena por el blog.

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  15. Qué bueno me siento más acompañado.

    Les recomiendo www.hedweb.com

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  16. Respuestas
    1. David Pearce, el autor es un filósofo utilitarista. Tiene FB, es amable y contesta
      https://m.facebook.com/davidpearce
      También G +

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  17. http://www.redesparalaciencia.com/8997/1/el-domingo-redes-131-somos-optimistas-por-naturaleza

    El domingo, Redes 131:
    Somos optimistas por
    naturaleza

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  18. Samuel, pues según la antropología hay tribus perdidas en las que son los padres los que inician al sexo a los adolescentes. Creo que confundes muchos de esos impulsos evolutivos con el bagage cultural y sus programaciones. Para saber si somos por naturaleza egoístas o cooperativos no me valen los experimentos realizados sobre un grupo de occidentales u occidentalizados. Hay que ampliar la consciencia nuestras programaciones culturales antes de aventurarnos a ser categóricos en nuestras opiniones en cuanto a la naturaleza del ser.
    Saludos.

    Pepe

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  19. El mundo es una mierda, en eso estoy de acuerdo. ¿Pero que hago mañana? Me levanto , pongo las noticias y... ¿ me suicido?
    Soy de las personas que piensan que una sonrisa puede hacer feliz por lo menos a los que me rodean en este mundo de mierda, y que ayudar a otros, aunque sea con pequeñas cosas nos lleva a vivir de una manera más armoniosa... Aunque cabe decir que los amargados que se quejan por todo (con todas sus necesidades cubiertas) y egoistas por naturaleza me lo pongan muy difícil... Y en ocasiones me den ganas de llevar a cabo mi propia selección natural a base de romper bocas!
    Existen muchas personas tóxicas y amargadas, egoistas, que reniegan por todo, que se quejan de todo, y a las que este mundo injusto les importa una mierda, solos se preocupan por si mismos... Esos también cuentan como depresivos hiperrealistas?
    Prefiero ser positiva e intentar hacer un mundo más fácil y acogedor a las personas que quiero y que me quieren, que una amargada sin escrúpulos.

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  20. Enhorabuena por el Blog!. Un artículo muy interesante al igual que los comentarios.
    Me cuesta encontrar la diferencia entre las distinciones de depresivo y pesimista.Entiendo depresivo como una patología y pesimista como un sesgo de pensamiento. También Pensaría en principio que ante una probabilidad de que algo vaya bien o mal el sesgo mayoritario sería el negativo (pesimista) ya que Al estar el cerebro diseñado para la supervivencia nos planteamos antes la posibilidad de que vaya mal como método de anticipación a posibles riesgos

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  21. Interesante artículo e interesantes comentarios. Coincido con "Anónimo" en que, a menudo, el optimismo es un mecanismo de defensa completamente consciente. Ante muchas situaciones tristes y difíciles nos obligamos a ser optimistas y a mirar hacia adelante porque, en tales casos, de poco sirve el realismo. Por otra parte, también he conocido a gente que parece exagerar su propio dolor, individuos neuróticos que se recrean en el sufrimiento, que casi llegan a creer de veras que su tristeza es mayor que la del resto de la gente. Y que encuentran cierta complacencia en ese pensamiento. Y no me refiero a depresivos graves o psicóticos ni nada por el estilo. Siempre me ha sorprendido esa clase de gente porque no se trata de enfermos propiamente. A veces su dolor es una coartada que sirve para encoger el corazón a las personas más cercanas. Me espanta la tiranía de dolor. Gracias por el artículo.

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