viernes, 15 de marzo de 2013

Psicología del Arrepentimiento



Vale más hacer y arrepentirse, que no hacer y arrepentirse
-Nicolás Maquiavelo

No hay palabras más tristes del habla o la pluma que “pudo haber sido”
-Greenleaf Whittier


Aunque hay mucha gente que dice que no se arrepiente de nada y que no cambiaría nada  en su vida, la realidad es que no cometer errores y querer que todo se repita de la misma manera no es habitual. La mayoría cambiaríamos algunas cosas. Porque vivir es decidir, y decidir es descartar alternativas, y cuando las cosas salen mal es difícil no atormentarse por lo que imaginamos que habrían sido las consecuencias de los caminos que no tomamos. Por eso, vivir es lamentar. Sin embargo, el arrepentimiento es una emoción que está poco estudiada, por lo menos comparada con otras.

El primer problema que nos encontramos, como siempre, es el de definir el objeto de estudio. A falta de otra mejor tomemos la definición de Landman: “El arrepentimiento es un estado emocional y cognitivo de mayor o menor dolor, de sentimiento de pena por la mala suerte, las limitaciones, las pérdidas, las transgresiones o los errores. Es un mezcla de sentimiento y de razón, de razón y emoción. Las materias que se lamentan pueden ser pecados de comisión o de omisión y pueden ir desde lo voluntario a lo incontrolable y accidental. Pueden ser actos ejecutados o mentales, cometidos por uno mismo o por otras personas o grupo. Y pueden ser transgresiones morales o legales o asuntos neutrales moralmente”. Desde el mundo de la teoría económica se conceptualiza el arrepentimiento como la diferencia de valor entre los recursos o activos realmente conseguidos y el nivel más alto de recursos obtenidos por otras alternativas.

El arrepentimiento tiene a su vez mucho que ver con el pensamiento contrafactual ( counterfactual thinking) que empezó a estudiarse en los años 70 del siglo pasado y se refiere a la construcción mental de alternativas a hechos pasados. ¿Qué habría sido de mi vida si hubiera tomado otras decisiones? ¿ si hubiera escogido otra carrera, otra pareja...? Se llama contrario a los hechos porque se refiere a representaciones mentales alternativas, pero es que la mente humana es una máquina de producir pensamiento contrafactual: “si hubiera hecho...” “podía haber hecho”...De manera típica, un hecho negativo, algo que nos sale mal, dispara automáticamente los escenarios en que ese hecho podría haber sido diferente. El pensamiento contrafactual tiene típicamente la forma de una oración condicional: “Si no hubiera quitado la vista de la carretera...” “...no habría ocurrido el accidente”. 

El pensamiento contrafactual puede ser de dos tipos ascendente o descendente. El contrafactual ascendente (upward) es el que se centra en que el resultado obtenido habría sido mejor si hubiéramos actuado de otra manera y es el que da lugar al arrepentimiento, que es una emoción contrafactual. Y si una persona está continuamente pensando y rumiando acerca de cómo las cosas podrían haber sido mejores, esa persona tiene un alto riesgo de sufrir depresión o un trastorno de ansiedad. El contrafactual descendente ( downward) se refiera a imaginar mundos peores que la realidad (una enfermedad o accidente que podría haber sido más grave p.ej.) y da lugar a alivio, al ver que las consecuencias no han sido tan graves. El pensamiento contrafactual influencia en gran medida los juicios de culpa y de responsabilidad. Imaginemos el caso de Harry, un hombre al que atacan por la noche mientras pasea cerca de su casa. Dado que es muy fácil imaginarnos a Harry tomando otro camino, o quedándose en casa, el pensamiento contrafactual enfatiza la decisión de Harry de dar un paseo como causa del ataque. Aunque objetivamente la culpa del ataque recae en el atacante, tenemos la tendencia a culpar a la víctima porque el pensamiento contrafactual nos muestra que el resultado habría sido diferente si Harry hubiera tomado otra decisión.

Este fenómeno de que los hechos no se valoran en aislamiento sino por comparación con sucesos alternativos es lo que produce el fenómeno de la amplificación emocional, es decir, la tendencia a reaccionar de una manera emocional más fuerte ante sucesos en los que es fácil imaginar un resultado diferente. Imaginemos ahora que Harry fallece en un accidente de avión después de haber cambiado un vuelo y coger un avión que no tenía pensado coger. Estos casos nos suelen impresionar especialmente: “ si no hubiera cambiado el vuelo...”. Los directores de cine saben mucho por oficio de psicología,  conocen bien estos cableados de la mente humana, y utilizan el pensamiento contrafactual como técnica en cantidad de películas. Cuando un personaje “va a realizar su última misión...o después de terminarla decide hacer una más por cumplir el turno de un amigo...o resulta que ya ha dejado las fuerzas armadas...”, todos sabemos que no va a salir con vida de esa...La muerte de esos personajes nos impacta porque “casi” se salva...Un caso extremo de utilización del pensamiento contrafactual en el cine es la película ¡Qué bello es vivir! cuyo argumento consiste precisamente en un contrafactual descendente ( downward) donde el ángel de la guarda le enseña al protagonista lo que habría sido su pueblo y la vida de sus habitantes si él no hubiera existido. Todo habría sido mucho peor y así el protagonista aprende a valorar su realidad y su vida.

Pero vamos a dejar el pensamiento contrafactual para otra ocasión y vamos a centrarnos en el arrepentimiento, o por lo menos en una de las cosas que más se ha investigado de él. Uno de los hallazgos más replicados del pensamiento contrafactual es que la gente lamenta más los resultados negativos derivados de acciones realizadas que iguales resultados negativos debidos a no realizar ninguna acción. Sin embargo, cuando se investiga directamente el arrepentimiento y se pregunta a la gente de qué se arrepienten más en la vida, la tendencia unánime es a lamentar las cosas que no hicieron en la vida: “debería haber dicho a mi padre que le amaba antes de que falleciera...”, “debería haber ido a la Universidad...”. Aunque parece contradictorio, la realidad es que se pueden entender estos dos fenómenos si apreciamos que existe un patrón temporal en el arrepentimiento, de manera que a corto plazo lamentamos las acciones mientras que a largo plazo nos arrepentimos de las omisiones.

Thomas Gilovich, de la Universidad de Cornell es uno de los autores que más ha estudiado el arrepentimiento y en la referencia bibliográfica tenéis detallados algunos de sus trabajos, pero de forma resumida las cifras son que un 75% de la gente se arrepentía de no haber hecho algo y un 25% de haberlo hecho. Las tres cosas que más lamentaba la gente eran no haber estudiado lo suficiente, no haber aprovechado una oportunidad importante, y no haber pasado el tiempo suficiente con los amigos y la familia. Por el contrario, los que se arrepentían de hacer mencionaban cosas como elegir mal la carrera, casarse con alguien a quien no amaba o tener un hijo en el momento menos oportuno de su vida. Gilovich realiza un análisis psicológico muy detallado de este patrón temporal pero os extraigo algunas ideas.

Una primera explicación de por qué esto es así es que podemos tomar medidas para arreglar o deshacer físicamente nuestros actos (aunque no por completo). Si mi arrepentimiento se debe a casarme con Mr. Wrong pues puedo divorciarme, o si he elegido una compañía eléctrica que me sale muy cara me puedo cambiar de compañía, si ofendí a alguien puedo pedirle perdón... Un segundo paso es que si no puedo hacer algo en el mundo real, puedo hacer un “trabajo psicológico” para disminuir los daños de las acciones. Las formas que toma este trabajo psicológico son muy variadas. Una de ellas consiste en verle un lado positivo (silver lining) al error: “ me sirvió para aprender mucho” o “después de todo tengo unos hijos muy monos...”, por ejemplo. Este tipo de razonamiento es una forma de reducir la disonancia cognitiva y las acciones conducen a más reducción de la disonancia cognitiva que las omisiones. 

Pero tal vez la diferencia más importante entre acciones y omisiones, como resume Richard Wiseman, es que resulta relativamente fácil ver las consecuencias negativas de algo que ha sucedido. Tomas una mala decisión en tu carrera y te quedas atrapado en un trabajo que no te gusta. Tienes hijos demasiado joven y no puedes salir con tus amigos. Te casas con la persona equivocada y discutís constantemente. Las consecuencias negativas son conocidas y, aunque puede que el arrepentimiento potencial continúe siendo importante, también es limitado. Sin embargo, la situación es completamente diferente cuando se trata de algo que no ha sucedido. De repente, las posibles ventajas parecen interminables. ¿Qué habría pasado si hubieses aceptado aquella oferta de trabajo, si hubieses sido lo bastante valiente como para pedir una cita al amor de tu vida o si hubieras pasado más tiempo estudiando? En esas circunstancias, el único límite es la imaginación.


Tanto el pensamiento contrafactual como el arrepentimiento ofrecen una serie de ventajas adaptativas, que explican que haya sido seleccionado. El análisis de escenarios alternativos que producen nos sirve para guiar y promover actuaciones futuras. Este pensamiento está implicado en el aprendizaje, la toma de decisiones y la planificación y contribuye al pensamiento causal. Los niños comparan un resultado observado con lo que ha ocurrido en diferentes circunstancias: “ si nadie hubiera soplado la vela no se habría apagado...”. Palabras como “casi” “cerca” “ apunto de” que son propias del pensamiento contrafactual empiezan a ser usadas por los niños antes de cumplir los tres años. Por otro lado, en algún estudio donde la capacidad para sentir arrepentimiento estaba limitada por lesiones en el córtex orbitofrontal, se ha visto que el aprendizaje por medio de la experiencia estaba dañado. El pensamiento contrafactual ayuda también a establecer relaciones entre conceptos y estímulos diferentes que previamente nos podían parecer independientes. Pero aparte de estas ventajas cognitivas individuales no hay que olvidar que las emociones son fenómenos sociales como vimos en el post sobre la Evolución de las Emociones. Las emociones nos ayudan a integrarnos en el grupo y navegar el mundo social. Un individuo que no muestre arrepentimiento después de una acción que ha perjudicado a otros miembros del grupo sufrirá el rechazo o el ostracismo. Por contra, el que repare las consecuencias de su acción, movido por el arrepentimiento, volverá a ser tenido en cuenta como compañero o colaborador, y será integrado. El pensamiento contrafactual, al examinar los dos extremos del espectro, puede dar lugar no solo a arrepentimiento sino también a agradecimiento, otra emoción que favorece la integración grupal.

De modo que el trabajo de Gilovich ofrece apoyo científico a las palabras de Maquiavelo y el consejo que nos puede dar hoy la Psicología para aplicarlo en nuestra vida es el mismo que ha estado dando Nike (aunque a la vista de lo que ha ocurrido con Woods, Armstrong y Pistorius, como dice en broma el montaje gráfico, igual hay que replanteárselo...) y el mismo que daba también el escritor Max Lucado: “Haz el esfuerzo. Invierte el tiempo. Escribe la carta. Discúlpate. Haz el viaje. Compra el regalo. Hazlo. Aprovechar la oportunidad te hará más feliz. Perderla hará que te arrepientas”

Y si te arrepientes de no haber hecho algo, busca la forma de remediar la situación: escribe la carta, haz esa llamada telefónica, pasa más tiempo con la familia, arregla la relación rota, vuelve a la universidad y consigue tu título. Utiliza el arrepentimiento para espabilarte y motivarte.

@pitiklinov en Twitter

Referencias





2 comentarios:

  1. Muy bueno. Totalmente de acuerdo en que el arrepentimiento (junto con el agradecimiento) es una emoción poco estudiada. Debería figurar junto con las 5 otras básicas. Quizá es más fácil lamentar lo no-hecho que lo hecho, cuyas consecuencias tenemos ante las narices constantemente, pero -como suelo decir- somos tanto lo que no-hacemos como lo que sí hacemos.
    Sólo no estoy de acuerdo en lo último que dices, "si te arrepientes de no haber hecho algo, busca la forma de remediar la situación". Hay cosas que no tienen vuelta de hoja, hay que encontrar un remedio más imaginativo o creativo. Buenísimo post, felicidades!

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  2. Excelente artículo!

    Me ha recordado los casos trágicos en los que el desprendimiento de algo de una fachada o tejado (que podría llevar fijo un siglo) mata a una persona. Es tan baja la probabilidad (mirando hacia atrás, claro), que un sólo paso, mirar la hora, hubiese hecho que no ocurriese.

    Para los familiares sería un pensamiento contrafactual upward vicario (y enloquecedor); mientras que siempre hay alguien que estuvo "al lado" o que le podría haber ocurrido a él, que sería un downward plomizo (hay personas que sorprende como pueden seguir vivas si siempre han estado "a punto de").

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