martes, 23 de diciembre de 2014

Naturaleza Humana y Prostitución. La Ley Sueca.


Una forma de pensar en las reglas morales es que son un conjunto de cosas que les digo a los demás que no pueden hacer. Utilizamos la moralidad como un método para limitar la conducta de los demás, aunque a veces digamos que es por su propio bien. Así pues, en cierto modo, se puede pensar en la moralidad como una forma de coartar la libertad de acción de los demás.
-Robert Kurzban

Historia y Opciones

Siguiendo a Maggie McNeill, los modelos de legislación de la prostitución se pueden categorizar en tres categorías:

1- Criminalización. El acto de vender sexo es ilegal. Es el modelo menos implantado en el mundo desarrollado (Estados Unidos - salvo en Nevada-, algunos países del Este). En Suecia lo que está prohibido es el hecho de pagar por sexo.

2- Legalización. Es el sistema más común en la mayoría de Europa y Latinoamérica. El acto de vender sexo no es ilegal pero sí ciertas actividades asociadas a él. Según los países, no se  puede anunciar el sexo, o vivir a expensas de la actividad sexual de otra persona, o se prohiben los burdeles, etc.

3- Descriminalización. Este modelo por ahora sólo existe en Nueva Zelanda y en el estado de New South Wales de Australia. En este sistema el trabajo sexual es reconocido como una forma de trabajo igual que cualquier otra y, por lo tanto, no está sujeto a ninguna ley diferente al resto de negocios. En la práctica no es una descriminalización absoluta porque ambos estados tienen un par de leyes que no se aplican a otros negocios pero el número de restricciones es tan pequeño que no supone en la práctica ninguna diferencia para las trabajadoras sexuales.

Durante la mayor parte de la historia, el trabajo sexual no ha estado regulado excepto por algunas reglas locales y temporales. Por ejemplo, los burdeles sólo podían abrir de noche, o no se podía trabajar en determinadas calles, etc. Pero la idea de prohibir el propio hecho de vender sexo era inconcebible. Hasta la Reforma protestante, la posición oficial de la Iglesia Católica fue que la prostitución era un “mal necesario” cuya ausencia podría hacer, según San Agustín que los “ vicios caprichosos destruyeran la sociedad”. Hasta el siglo XIX nadie imaginó que se “pudiera” prohibir así que mucho menos que se “debiera” prohibir. Las regulaciones eran para mantener el orden público, mantener las apariencias y demás. 

Pero en la época victoriana es cuando surge la idea de que si la ciencia puede perfeccionar las herramientas y tecnología del hombre, ¿por qué no aplicar el mismo proceso al propio hombre? Al principio al que se consideró “pecadora” fue al mujer hasta el punto de que se la veía como un tipo específico de mujer, diferente a las otras mujeres. Durante la primera parte del siglo se pensaba que la mujer que tomaba dinero por sexo tenía algún tipo de defecto congénito pero hacia la década de 1880 empezó a aparecer la idea de que los que forzaban a la mujer a esa vida eran los “hombres malos”. Y es a principios del siglo XX cuando se empieza a prohibir. En USA la prostitución no era ilegal en ningún estado en 1909, pero lo era en todos en 1914. 

En cuanto a la ley sueca de 1999 podemos decir que es un neo-abolicionismo, un  revival de la prohibición victoriana, en la que el malo ahora es el hombre. El miedo a la cárcel y al estigma convencería a los hombres de cambiar su conducta sexual. Suecia es un pequeño país de 9 millones de habitantes bastante homogéneo donde son posibles este tipo de experimentos.


Ideología de la Ley Sueca

Para la crítica de la ideología de los presupuestos ideológicos en los que se basa la ley sueca me voy a basar en este artículo de Max Waltman, que defiende la visión oficial sueca. Más abajo hablo de los resultados.

El dogma central de la ley sueca es que la prostitución es un problema de desigualdad relacionada con el género y de violencia contra la mujer. Concibe la prostitución como una construcción social y cree que podemos hacer que desaparezca. Me remito a las dos entradas previas donde señalo que esta idea tiene muchos problemas. La elasticidad de la naturaleza humana es limitada. Lo mismo que nuestras herramientas evolucionaron culturalmente para adaptarse a nuestras manos, nuestros roles sociales evolucionaron también para encajar con la mente humana.  Roles que chocan violentamente con la naturaleza humana no persistirán mucho tiempo, por lo menos si no aplicamos una suficiente fuerza y opresión que lo impida. 

Por otro lado, este dogma de la ley sueca deja fuera de la prostitución a la prostitución masculina, la de hombre que paga a hombre por sexo. La prostitución hombre-hombre no puede ser explicada por esa teoría y la prostitución masculina en la que la mujer compra los servicios de un hombre tampoco. Sobre la prostitución masculina para mujeres aquí tenéis un artículo reciente , muy interesante, de la revista Aeon tratando ese tipo de prostitución en Australia.

La postura neoabolicionista sueca pone todo el énfasis en la defensa de la prostituta a la que considera víctima de las diferencias de género y de la pobreza. Hay algunas cosas que decir acerca de la pobreza. Es evidente que es un factor clave en motivar a muchas mujeres a dedicarse a la prostitución pero no es un factor determinante. No todas las personas pobres se dedican a la prostitución ni todas las prostitutas son pobres. Existen mucho hombres pobres, tantos o más que mujeres, por lo que la prostitución debería estar más repartida entre los dos sexos. Los hombres pobres lo que hacen es comprar prostitución, si es que pueden.

Por otra parte, es verdad que cuanta menos pobreza haya en una sociedad menos aliciente va a tener una mujer para dedicarse a la prostitución pero el tema de la pobreza es una cuestión también de pobreza relativa, no absoluta. En este sociedad capitalista aunque se tengan cubiertas las necesidades básicas siempre existirá el aliciente de atajar por la vía de la prostitución para conseguir un iPhone, unas vacaciones, un BMW, un piso o cualquier otra “necesidad”.

El deseo sexual del hombre no se considera, por supuesto, como una necesidad, sino como algo opcional que los hombres controlan y, más en concreto, como un arma que eligen utilizar con el único objetivo de hacer daño a las mujeres. 

En cuanto a las prostitutas, son el eje de la postura sueca, son las víctimas inocentes, las “buenas”, mientras que el cliente es el “malo” de la película. Voy a dar algunos datos pero aviso, como dice el informe del Parlamento Europeo, de que los datos que manejan los partidarios de legalizar la prostitución y los abolicionistas no coinciden, que todos están sesgados y no hay apenas investigación independiente. Para muestra un botón: Waltman habla de que el 95% de las prostitutas ejercen la profesión coaccionadas. Según un estudio de la ONU de 2010 que tenéis citado aquí esa cifra es de 1 de cada 7 mujeres, un 15%. Sigue siendo un porcentaje altísimo pero 15% no es 95%. Maggie McNeill dice que la cifra de mujeres obligadas a ejercer la prostitución es en la mayoría de los lugares del 2% y , en el peor de los casos, como mucho, de un 10%.

Según los datos que Waltman maneja (mezclo datos de diferentes muestras), del 55-90% de prostitutas han sufrido abuso sexual en la infancia, 59% (según ellas refieren) han sido maltratadas por sus cuidadores cuando eran niñas. 63% sufrieron abuso sexual de niñas. La edad media de victimización fue a los 10 años. 75% han sido homeless en la actualidad o en el pasado. La edad media de entrada en la prostitución es 16 años. 85% fueron víctimas de incesto en la infancia. 98% sufrieron abusos emocionales. 68% cumplen criterios para Trastorno por Estrés Post-Traumatico…(conviene señalar que los países nórdicos están a la cabeza en lo que a violencia contra las mujeres se refiere. El 52% de las danesas y el 47% de las finlandesas declaran haber sido víctimas de ese tipo de violencia. Sin embargo, la existencia de esta violencia familiar no mueve a nadie a ilegalizar la familia o el matrimonio).

De todos estos datos (discutidos todos por otros autores y considerados mitos cuando se aplican a todas las protitutas) algunas conclusiones que se me ocurren a bote pronto es que los problemas de las prostitutas empieza mucho antes de dedicarse a la prostitución y que igual hay que empezar por meter a la cárcel a sus padres en vez de a los clientes. Si esos datos fueran ciertos, suponen un factor de riesgo enorme para padecer enfermedades mentales desde Trastornos de Personalidad hasta adicciones y parece que la prostitución sería más consecuencia que causa de todo ello.

Seguir esas pistas nos llevaría por derroteros muy complicados pero es más claro escuchar lo que dicen las propias interesadas, las prostitutas, por medio de sus asociaciones y organizaciones, como la International Union of Sex Workers (IUSW) o la Global Network of Sex Work Projects. La respuesta es muy clara. Esta organizaciones están en contra de la prohibición y quieren que el trabajo sexual se reconozca como una elección personal que les permita ganarse la vida. Insisten en el derecho de la mujer a disponer de su propio cuerpo sin interferencia del estado y libres de violencia. Las trabajadoras sexuales dicen que no está justificado poner en el mismo saco prostitución y violencia sexual. No quieren regulaciones que les impidan ganarse la vida y piden que se separe la prostitución del tráfico de personas. La organización para los derechos de las trabajadoras sexuales más grande del mundo es la Durbar Mahila Sumanwaya Cpmmitee (DMSC), de la India, que tiene 65.000 miembros y difícilmente se puede decir que no es representativa. Organizaciones similares de Cambpya, Tailandia, Corea del Sur y algunos países africanos están unidas en contra de la criminalización.

¿Cómo explicamos este desencuentro entre los abolicionistas y las supuestas víctimas a las que quieren salvar? Pues no tengo una respuesta para la persistencia en ese dogma de que la víctima no puede decidir (Waltman lo dice contundentemente en su artículo) y es una víctima indefensa y el cliente un todopoderosos explotador. Algunas de las fuentes que he leído hablan de la ideología protestante  de la mujer “pura y virtuosa” como causa de todo ese movimiento abolicionista paternalista que infantiliza a la trabajadora sexual. La ley sueca iguala todo comercio sexual con violencia del hombres sobre la mujer, por lo tanto la distinción entre voluntario y no voluntario no es relevante para gobierno y las feministas que son los autores de la ley. Como todas las trabajadoras sexuales son víctimas, deben ser protegidas, aunque ellas mismas no quieran. Por supuesto, el gobierno sueco no ha contactado con la organizaciones de trabajadoras sexuales antes de hacer la ley porque saben mejor que ellas lo  que quieren. La rama del feminismo que soporta este análisis tiene desde luego unos puntos de contacto muy sospechosos con posturas religiosas. 

Imaginemos que alguien planteara que los homosexuales no pueden consentir (en su día también se dijo que la homosexualidad llevaba a violencia, uso de drogas, enfermedades y trastornos mentales) o que las mujeres embarazadas tampoco tienen voz y voto a la hora de decidir un aborto… Sería inconcebible. Sin embargo esto es lo que se está haciendo con las prostitutas. El papel que la ley otorga a la mujer es de tal inferioridad moral que las feministas deberían estar en contra. Hay algún caso en el que se ha  condenado a un chico de 17 años por comprar sexo. Es decir, ¡hasta un menor es más competente legalmente que una prostituta!

Estas feministas dividen, como dice Ann Jordan, a las mujeres en “buenas” y “malas” y ellas se sitúan como buenas. De acuerdo con el gobierno sueco se atribuyen una superioridad moral y definen lo que es una conducta sexual apropiada. Y lo peor es que consideran tener el derecho de imponer su punto de vista al resto de las mujeres. La idea de fondo es que hay un “buen sexo” con mujeres buenas y un “mal sexo” con mujeres malas, y todos los suecos tiene que plegarse a una sexualidad oficial o nacional. Según Ann Jordan, cuando las feministas se atribuyen el derecho a ejercer el poder sobre las trabajadoras sexuales para que se plieguen a unas normas culturales estándar con respecto al sexo están usando las mismas herramientas que históricamente ha usado el patriarcado.

Pero, por si todo esto fuera poco,  la cosa podría ser más grave aún porque cuando Waltman discute la futura evolución de la ley sueca pide que se cambie el código penal sueco para que las prostitutas puedan pedir daños y perjuicios contra el cliente y conseguir así que los clientes paguen la rehabilitación de las prostitutas y su salida del mundo de la prostitución sin cargo para el erario público. Sin comentarios.

Resultados

Para la valoración de los resultados de la ley os remito al informe de Ann Jordan. Lo que dicen las fuentes oficiales es que la prostitución callejera se ha reducido en un 50% o más en Suecia. El número de prostitutas callejeras ha bajado de 2.500-3.000 en 1995 a 600 en 2008. Pero dice Ann Jordan que cuando vas a mirar de dónde salen esos datos el propio gobierno reconoce que no sabía cuantas prostitutas había antes de la ley, cuántas hay ahora, si el mercado se ha trasladado a Internet o a casas y burdeles, etc. No hay datos de nada. 

Los datos que se tienen son los de las asistentas sociales, que son las que llevan este tema en Suecia y ellas dicen que ven menos prostitutas ahora. Pero claro, las prostitutas se han escondido en lugares donde no pueden verlas. Pero supongamos que es verdad esa reducción de prostitutas callejeras. ¿Dónde están? ¿Están ahora trabajando de dependientas en un supermercado o se han ido a trabajar a Dinamarca o España porque en Suecia no hay demanda? Para poder jugar la efectividad de la ley sería desde luego muy importante conocer ese dato. La postura oficial es que no ha aumentado el consumo de pornografía on-line y no hay desplazamiento de la demanda a otros sectores pero Ann Jordan asegura que hay datos de que ese trasvase sí se ha producido.

Tenéis otra crítica del modelo sueco en este otro artículo de unas profesoras universitarias que dicen que el modelo sueco es un mito. Coinciden básicamente con lo que dice Ann Jordan: dicen que lo que se ha reducido es la prostitución callejera pero no la de pisos u otros lugares, que hoy en día la gente se cita por Internet y los móviles, y que los datos provienen exclusivamente de las prostitutas que entran en contacto con los servicios sociales que no son todas. Comenta, por ejemplo, que a las extranjeras no se las permite ejercer la prostitución en Suecia y se las echa mientras que a las suecas no. Esto no es ser muy coherente con unos principios. Por otro lado, 8 de cada 10 compras de sexo por suecos se realizan ahora en el extranjero en vez de en Suecia. Y tampoco sé cómo encajar en todo este cuadro este sorprendente dato que dice que ahora mismo es mayor entre jóvenes el número de hombres que se dedican a la prostitución que de mujeres, el doble) 

Parece haber dentro del feminismo una corriente que cree que los hombres debemos pedir perdón por el mero hecho de serlo y que somos unas bestias sexuales. Dado que  las mujeres no están tan motivadas sexualmente como el hombre, se consideran moralmente superiores y nos dicen a todos la sexualidad que debemos tener. Justifican con el tráfico de mujeres y otros delitos una visión del sexo absolutamente  moralizadora. Tienen la visión de que vender el sexo es vender el alma o algo así, toda la persona, la totalidad de nuestro ser. Dianne Post reconoce en el debate que aunque no hubiera daño para la mujer y se trate bien a las prostitutas sigue estando a favor de la prohibición de la prostitución, porque va contra nuestra herencia de dignidad, integridad e igualdad. Es decir, el sexo es sucio, un ataque al pilar de la divinidad, en terminología de Jonathan Haidt

En definitiva, el modelo sueco se basa en una ideología que parece un insulto a la inteligencia. El discurso radical de un grupo de mujeres que odian a los hombres hecho ley y retransmitido al mundo como el mayor descubrimiento desde la Teoría de la Relatividad. Lo malo es que el gobierno sueco ha querido marcar una superioridad mundial a nivel moral, colocarse en “otra liga” por encima del resto de los países  y hay quienes se lo han creído y se han subido al carro (Finlandia, Islandia…) o se van a sumar en el futuro, para no quedar mal. 

Pero el gobierno sueco, ya que se ha lanzado a realizar ese experimento de ingeniería social, tiene la obligación de evaluar seriamente los resultados - a la mayor brevedad posible, ya han pasado 13 años-, y de contárselo al mundo. Cuanto antes deje de vender humo moral, mejor.


Referencias:










lunes, 22 de diciembre de 2014

Naturaleza humana y prostitución. ¿La falacia naturalista?


Comunismo/socialismo: Gran idea. Especie equivocada
-E.O. Wilson

Como decíamos, que algo sea natural, como los mosquitos, la viruela o robar si nadie nos ve, no implica que debamos tolerarlo. Podemos hacer una valoración moral negativa de ello y prohibirlo legalmente. De acuerdo, pero si aceptamos que existe una naturaleza humana conviene tenerla en cuenta a la hora de legislar: el “es” no implica un “debe ser” pero si me invento un “debe ser” contrario al “es” e intento aplicarlo me puedo meter en problemas. La naturaleza humana no es infinitamente maleable, no es una tabla rasa con la que pueda hacer lo que quiera. Si yo legislo que los seres humanos de mi país tienen que andar de rodillas, o a cuatro patas, las cosas se van a complicar mucho porque lo natural es que los seres humanos, como bípedos que somos, andemos con los pies y no con las rodillas o a cuatro patas. Voy a poner algunos ejemplos menos caricaturescos.

Tenemos el caso de los kibutz de Israel. Una de las medidas que se tomó en ellos fue criar a los niños de forma colectiva de manera que los niños dormían en un dormitorio común cuidados por personas de la comunidad y no con sus padres. Esto funcionó durante un tiempo dada la concienciación ideológica de todos los miembros pero acabó cambiándose por petición de las propias madres (las hijas o nietas de las fundadoras) que querían estar con sus hijos. Evidentemente, es natural que las madres quieran estar con sus hijos, existe un fenómeno que es el del apego, etc. y legislar contra eso no funcionó a largo plazo. Tampoco funcionó el comunismo por la misma razón, por ser contrario a la naturaleza humana, como dice E. O. Wilson en la cita de cabecera. Legislar que hay que tratar mal a los amigos y a los hijos tampoco funcionaria.

Otro ejemplo podrían ser las comunas hippies de amor libre y demás experimentos parecidos donde se intentó superar el amor de pareja suponiendo que los celos son una conducta indeseable y anómala en el ser humano. Todas ellas fracasaron. Pines y Aronson (1983), entre  otros, han demostrado que la experiencia de los celos es universal, en el sentido de que todo el mundo la experimenta tarde o temprano. Ver que una  persona con la que tenemos una relación importante dedica tiempo y recursos a otros constituye una amenaza para esa relación. Sentirse excluido es una causa de celos y los celos son una emoción que nos mueve a intentar recuperar esa relación que es valiosa para nosotros. 

A otro nivel, hemos visto que las prohibiciones del alcohol durante la Ley Seca tampoco funcionó y la cruzada contra las drogas tampoco está funcionando, aunque en esto tampoco estamos todos de acuerdo y hay gente que piensa lo contrario. La Ley seca generó un mercado negro del alcohol y unas mafias por lo que se dio marcha atrás. En el tema de las drogas estamos viendo los tremendos costes de la llamada cruzada contra las drogas: crimen organizado, corrupción generalizada a todos los niveles en los países, enriquecimiento de unos pocos, etc.

Insisto en que necesitamos ponernos de acuerdo en cuál es la naturaleza humana aunque sea para saltárnosla (sobre esto quiero decir más cosas luego). Necesitamos entender nuestra naturaleza para cambiarla, saber qué tipo de animal somos, porque si creemos que somos una cosa y somos otra creo que no van a funcionar los experimentos de ingeniería social como el sueco. En el debate que tenéis en las referencias, los partidarios de la abolición de la esclavitud citan entre otros a Sheila Jeffreys, una feminista que piensa que el propio acto de la relación heterosexual es un acto de subordinación para la mujer. Esta mujer ha escrito en su libro The Idea of Prostitution que “el acto que habitualmente realizan los hombres sobre las prostitutas es la inserción del pene en la vagina. No hay nada natural en este acto.” Jeffreys ha descrito a las feministas heterosexuales como “colaboracionistas con el enemigo” y lamenta que la heterosexualidad es “la base de la opresión de las mujeres por el hombre”. Tengo que decir que muchas mujeres feministas, obviamente, no están de acuerdo con estas ideas y en las referencias podéis ver que las principales y mejores críticas a la ley sueca provienen de mujeres.

Por tanto, ni os cuento la locura de experimento social que podemos montar si tomamos como referencia de lo que es “natural” las ideas de Sheila Jeffreys. Otro ejemplo más de la importancia de conocer la realidad par cambiarla tiene que ver con el sueño. Si tenemos la idea de que lo “normal” en el ser humano es dormir ocho horas de golpe, pues igual estamos generando sufrimiento y malestar en personas que no se ajustan a ese patrón.

Pero quería decir algo más sobre lo de cambiar la realidad. En su artículo, Teresa Gimenez comenta una frase de la película La Reina de África, que es muy famosa. En un momento dado Bogart se escuda en la naturaleza para no hacer lo que se supone que debe hacer y Katherine Hepburn le dice algo así como que “la naturaleza Mr. Allnut, es de lo que partimos para superarnos”. Voy a criticar esta postura porque me parece dualista en el sentido de separar naturaleza y cultura y tiene un fondo de tipo religioso: tenemos unos instintos animales ahí adentro que tenemos que superar con la religión y la moral.

Esta frase es un ejemplo de lo que Frans de Waal llama Veneer Theory, (o teoría de la apariencia, del barniz o del enchapado). Esta forma de ver la naturaleza humana supone que la moralidad humana es un barniz, o un recubrimiento, que la cultura pone por encima de una naturaleza que es bruta y egoísta. Esto no se puede ya sostener científicamente. De Waal y otros han demostrado que las partes buenas de nuestra naturaleza: las tendencias prosociales, altruistas, cooperadoras, etc., son eso: parte de nuestra naturaleza. Esas cosas positivas no provienen de una cultura que viene de Marte o no tiene nada que ver con nuestra biología. Provienen de nuestra naturaleza social. Todo lo bueno es normalmente lo que beneficia al grupo, y por eso se ha ido desarrollando en animales sociales. El perdón y la reconciliación existen en la naturaleza. La religión y la cultura los potencian.

Por lo tanto, para superar una parte de nuestra naturaleza (la egoísta) necesitamos apoyarnos en la otra parte de nuestra naturaleza (la social). Es difícil de entender este punto pero si los instintos altruistas  no formaran parte de nuestra naturaleza no podríamos potenciarlos ni utilizarlos. Imaginad que no existiera el amor materno-filial, ¿cómo haríamos para que una madre ame a su hijo si esa conducta no formara parte del repertorio de conductas humanas? Sería imposible. Pero los 10 mandamientos funcionan porque construyen y se apoyan sobre nuestra naturaleza humana. “No matarás” funciona porque esa tendencia está en nuestra naturaleza. Una sociedad humana (o de otros animales sociales) no puede funcionar si cada uno mata al otro cuando le da la gana o por cualquier razón. La realidad es que el ser humano tiene fuertes inhibiciones para matar a un semejante (ver los experimentos de los tranvías de Joshua Greene) y sólo en determinadas circunstancias lo hace. Es decir: podemos superar nuestra naturaleza porque está en nuestra naturaleza hacerlo.

Podemos entender la falsedad de ese dualismo que intento transmitir si nos fijamos en los psicópatas. Los psicópatas graves no son tratables porque no tienen esa naturaleza  en la que apoyarnos: empatía, compasión, cooperación por un bien común, respuesta al castigo, capacidad de hacer vínculo…Todos los mecanismos necesarios para nuestra conducta prosocial y dirigida al bien común están ausente en ellos y por eso las normas morales son chino para ellos, como lo serían los diez mandamientos para nosotros si todos fuéramos unos psicópatas. Bombardearles con principios y normas morales les resbala, no engancha con nada dentro de ellos. Así que en este sentido no es cierto que podamos superar nuestra naturaleza. No somos seres duales, parte racionalidad y parte biología. No nos podemos rebelar contra nuestra biología lo mismo que no podemos salirnos de nuestro cuerpo, si nos hemos caído, y levantarnos a nosotros mismos del suelo tirándonos de los pelos. Si queremos levantarnos del suelo- tanto física como moralmente- todo con lo que contamos es con nuestra naturaleza.

Para finalizar quería poner un par de ejemplos que se me ocurren de cómo utilizar de una manera inteligente una parte de nuestra naturaleza para superar la otra, una buena utilización de nuestros instintos naturales. Se me ocurre el caso de los carros de los supermercados que hace años eran abandonados de forma caótica en cualquier sitio hasta que se descubrió el sistema de introducir una moneda y recuperarla después. También creo que el sistema del carnet por puntos ha sido un acierto y la cifra de muertos en carretera  así lo confirma. La gente tiene aversión a las pérdidas y el sistema de créditos que se pueden ir perdiendo parece haber sido todo un acierto en ambos casos.

En definitiva, yo puedo legislar que los hombres deben caminar a cuatro patas y si pongo suficiente policía podré hacer que se cumpla mientras aplique la fuerza suficiente. Pero eso es absurdo. Lo mismo que nuestras herramientas han evolucionado para adaptarse a nuestras manos, las normal morales han evolucionado para adaptarse a la mente humana. Como suele decirse, los experimentos mejor en casa y con gaseosa.

@pitiklinov

Referencias:









domingo, 21 de diciembre de 2014

Naturaleza humana y prostitución. Intercambio de sexo por recursos


Si las mujeres no existieran todo el dinero del mundo no tendría ningún sentido
-Aristóteles Onassis

Voy a dedicar varias entradas al tema de la prostitución y la naturaleza humana. Ya sé que es meterse en uno  de esos eternos debates, como el del aborto o la legalización de las drogas, que no tienen solución y en los que toda persona tiene ya tomada una postura y es imposible de hacer cambiar de opinión a nadie. La culpa la tiene este artículo de Centro de Justicia para Mujeres, que, francamente, me dejó sin habla. Básicamente dice que la prostitución puede desaparecer y que todo lo que hay que hacer es castigar con cárcel o multas a los hombres que la utilizan, que Suecia lo ha hecho y es un éxito, y que todos los países deberían hacerlo. Ese montón de ingenuidades erróneas va en contra de toda mi visión de la naturaleza y la mente humana, la que intento transmitir en este blog, y ver que esa visión se han convertido en ley y que se predica como la buena nueva al resto del mundo es superior a mis fuerzas. Como buen ser humano, creo que mis ideas son acertadas (que levante la mano aquel de vosotros que crea que sus ideas están equivocadas :) ) así que, espoleado por ese artículo me he informado sobre la ley sueca y sus resultados y voy a compartir aquí lo que he encontrado.

También creo que la Psicología Evolucionista puede aportar ideas que informen el debate de la prostitución, aunque, por supuesto, no pretendo sugerir que lo solucionan. Que cada uno les de la importancia que considere. Por supuesto, en prácticamente nada de lo que he leído sobre prostitución nadie habla de biología ni de la naturaleza humana.

Mi argumentación va a tener las siguientes partes :

1- Voy a intentar establecer que el intercambio de sexo por recursos es algo “natural” en el sentido de que es “normal” (frecuente) no ya en la especie humana sino en un amplio rango de ellas, desde los insectos a las aves o los primates
2- El que una cosa sea “natural” o “normal” en el sentido de ser un hecho biológico no quiere decir que debamos darlo por bueno desde el punto de vista moral. Caer en eso es caer en la llamada falacia naturalista: el “es” no implica un “debe ser”. En una segunda entrada voy a criticar la idea de que la falacia moralista es una falacia. Mi postura es que debemos tener en cuenta el “es” a la hora de decidir el “debe ser”, es decir, que tenemos que tener en cuenta la naturaleza humana a la hora de legislar y que no podemos elegir de forma arbitraria cualquier “debe ser”
3- en una tercera entrada trataré de la Ley sueca , refutaré sus presupuestos ideológicos así como sus resultados 
4- En un último post haré una especie de conclusión o resumen en base a todo lo tratado.

El Intercambio de sexo por recursos

Se suele decir que la prostitución es el oficio más antiguo del mundo. Si hablamos del intercambio de sexo por recursos es algo que es muy anterior a la especie humana. Ocurre en primates como los chimpancés en los que, como es sabido, a veces los machos ofrecen carne a cambio de sexo. Pero es algo muy generalizado hasta en especies como los insectos. En algunas especies, los machos ofrecen a la hembra un “regalo nupcial”, una bola de alimentos a cambio de la cual la hembra accede a mantener relaciones sexuales. Se ha observado que hembras de pingüino ofrecen sexo a cambio de piedras para construir nidos. Habría muchos otros ejemplos pero no nos vamos a extender aquí. 

La razón por la que ocurre este intercambio se entiende muy bien con la Teoría de la Inversión Parental de Trivers. En esta entrada de Tercera Cultura sobre la prostitución lo explica muy bien la autora, la antropóloga Teresa Gimenez, y  se extiende un poco más en este otro artículo. Básicamente, el coste del sexo es diferente para cada sexo (mucho mayor para la hembra habitualmente, aunque no siempre) y por ello son más cuidadosas y restrictivas a la hora de tener sexo. Los machos buscan maximizar el número de contactos sexuales porque es más beneficioso para ellos. Estas diferencias biológicas darían lugar a diferentes estrategias conductuales y psicológicas en cada sexo. Los datos apoyan con consistencia que las mujeres tienen habitualmente menos interés por el sexo, que tienen menos fantasías sexuales, y gusto por la novedad. Los hombres son los mayores consumidores de prostitución y pornografía y experimentos como los de Clark y Hatfield encuentran una diferencia clara entre ambos sexos en el interés por las relaciones a corto plazo.

La prostitución como tal, como oficio, probablemente no existió hasta un momento muy avanzado de la evolución humana, posterior a la agricultura. En sociedades de cazadores recolectores no existían oficios, cada persona debía resolver todas sus necesidades de forma autónoma. Es fundamentalmente con la agricultura cuando aparece una acumulación de recursos que permite que se produzca una especialización y que aparezcan oficios donde cada uno produce unos bienes que luego son intercambiados. También aumenta la población y aparecen las ciudades. Sería en ese momento cuando una mujer podría dedicarse de forma exclusiva a vivir del intercambio de sexo con muchos hombres diferentes.

Pero en sociedades de cazadores recolectores sí han existido las relaciones extra matrimoniales o fuera de la pareja, extra-pair que dicen los biólogos. Las mujeres han mantenido relaciones con hombres diferentes a su pareja de ese momento (en muchas sociedades de cazadores recolectores existía el equivalente al divorcio, o la posibilidad de cambiar de pareja). Pues bien, una de las razones para mantener ese tipo de relaciones era la consecución de recursos (otra puede ser la consecución de buenos genes, mejores que los de su pareja, o la de vengarse de él). Teresa cita a Ambrosio Garcia Leal, de su libro la Conjura de los Machos: “en las culturas preagrícolas, en cuyo régimen de relativa libertad sexual femenina, no existen prostitutas como tales, pero en cambio las mujeres tienen pocos reparos en aceptar regalos a cambio de sexo”.


Existe otro matiz importante en el tema de la valoración moral de sexo a cambio de recursos (siendo el dinero el recurso rey, claro). Es algo que aparece en todos los estudios de sexualidad humana: que las mujeres dan más importancia a los recursos de una posible pareja y que los hombres dan más importancia a la belleza (empezando por los estudios de David Buss). Pero voy a citar los resultados de esta encuesta del año 2009: el 80% de las mujeres de 26 a 35 años no saldría con un desempleado. Por contra al 68% de los hombres esto no les importa. En este sentido sólo hay que recordar prácticas matrimoniales de otras épocas, y de otros lugares del mundo actualmente, donde los hombres compraban mujeres con una dote o, al revés, donde los padres adjuntaban una dote a sus hijas par que encontraran marido. Esto quiere decir que el asunto de la relación sexo y recursos (dinero) no es exclusivo de la prostitución y está detrás de prácticamente toda relación hombre-mujer.

¿Por qué son importantes los recursos para las hembras en general y para las mujeres en particular? Pues porque es lo que necesitan para criar a su prole. Las hembras de las especies son las que se encargan de transformar los recursos del ambiente en prole. Por eso se sienten atraídas por hombres con recursos. Sin embargo, los hombres no dan tanto valor a los recursos, normalmente, y, salvo excepciones, preferirán siempre a un mujer joven y bella antes que a una mujer rica. En este sentido merece la pena comentar que esta regla de convertir riqueza en mujeres e hijos se ha roto en el mundo desde la llamada transición demográfica. Tradicionalmente los ricos habían tenido más hijos y eso ha cambiado en la actualidad.

El Instinto sexual

Parece ridículo que tenga que hablar de esto, pero creo que es necesario cuando hay gente que cree que prohibes el sexo y las personas que tienen un deseo sexual sencillamente lo van a aceptar y se van a aguantar las ganas. El sexo, como la comida o el agua, es una necesidad básica del ser humano  que no está totalmente bajo el control de la voluntad. El ser humano, y en menor medida los primates y otros animales sociales, tienen un cierto control sobre ese instinto para compatibilizarlo con la vida grupal. Ese control es mayor que el que tienen otros animales no sociales o menos complejos, pero no es completo ni mucho menos. 

El interés por el sexo es, por lo tanto, variable, de la misma manera que lo es la capacidad de control, pero es lo bastante fuerte para afectar la capacidad moral y la conducta de la gente. Dan Ariely realizó un atrevido experimento donde se aprecia que la excitación sexual altera el juicio moral de los hombres, su disposición a tener sexo con animales o a drogar a una chica para tener sexo. Un dato que prueba lo que estoy diciendo es que según el informe del Parlamento Europeo que tenéis en las referencias, un 60% de los clientes de prostitutas siente culpa o vergüenza de sus actos. Esto sugiere que sienten que, moralmente, esos actos están mal o que preferirían no hacerlos. Sin embargo los realizan. Uno de los clientes de prostitución (en este caso masculina) que fue pillado y tuvo que pagar una multa era nada menos que juez de la Corte Suprema de Suecia, Leif Thorsson, de 59 años.

Esto es importante si queremos plantearnos prohibir una cosa como la prostitución porque lo primero que tenemos que ver es si eso es humanamente posible.  En este informe del Parlamento Europeo sobre la Prostitución y la Explotación Sexual (un informe muy centrado) se puede leer este argumento: “El número de hombres que utiliza la prostitución es variable pero va desde “unos pocos” hasta un tercio (32% en España). Esto descalifica la visión de que los hombres tienen un impulso irresistible al sexo”. Bien, esto no es correcto del todo. Es verdad que no “todos” los hombres tienen un impulso irresistible al sexo, pero sí “algunos” (desde luego más que mujeres) y para un número  importante (a determinar) esa necesidad no es controlable.

Esto que estoy diciendo, que parece sencillo, es comprendido por muy poca gente. Pensamos que todos somos iguales y no lo somos ni en la fuerza de nuestros instintos ni en la capacidad de controlarlos. Como decía en la entrada anterior, tenemos la extraña idea de que si alguien es capaz de hacer una cosa, todo el mundo es capaz de hacerla. Cuando alguien quiere bajar peso se le recomienda dieta y ejercicio y hay personas que cumplen con un programa de dieta y ejercicio. Dado que un cierto número de personas cumple con un programa de dieta y ejercicio yo puedo concluir, como hace el informe del Parlamento Europeo, que no existe realmente un problema para que todo el mundo cumpla ese programa. Esto es un inmenso error. La gente que puede hacer dieta y ejercicio y la gente que no puede son totalmente diferentes, no tienen nada que ver. Y eso pasa con cualquier otra conducta. Por lo tanto, una prohibición conseguirá que haya un número de personas que respondan a ella, pero otras que no.

Si entendemos que el sexo es una necesidad comprenderemos que una persona que no tiene una necesidad satisfecha no se siente bien, no es feliz o su bienestar no es razonablemente completo, lo mismo que una persona que tiene hambre o sed. Ante la imposibilidad de mantener relaciones sexuales la reacción de cada hombre puede ser muy diferente. Algunos recurrirán a la masturbación, probablemente con la ayuda de material pornográfico de diferentes tipos, y hoy en día de las diferentes ofertas que hay en Internet. Otros pueden aliviar ese malestar recurriendo al alcohol. Es un hecho sorprendente que los países nórdicos, tan avanzados ellos, están a la cabeza de la violencia doméstica y en esta noticia hablan de que  el alcohol puede ser un elemento favorecedor de esta violencia. No estoy estableciendo que exista una relación directa entre prohibición de prostitución y aumento del consumo de alcohol pero es una posibilidad que hay que contemplar. Cuando se le cierra un camino al agua esta suele desviarse por otros derroteros.

Cuando hablemos de la ley sueca veremos que este punto no se ha estudiado y las autoridades suecas no tienen datos absolutamente de nada. No sabemos cuántos hombres han recurrido a Internet o a burdeles, no sabemos cuántos compran sexo fuera de Suecia (se dice que 8 de cada 10 compras de sexo se hacen ahora fuera de Suecia) y, por supuesto, los hombres más agresivos e impulsivos, los menos fáciles de intimidar, siguen recurriendo a la prostitución callejera, que es la que se ha visto más afectada por la ley sueca.

Hay naciones donde a las mujeres (y no a los hombres) se las ejecuta por adulterio o sexo prematrimonial. Por lo tanto, existe una diferencia de frecuencia en estas conductas entre los dos sexos, no porque los deseos sean diferentes sino porque las personas suelen evitar conductas que provoquen que las maten. Tendríamos un conflicto entre el instinto sexual y el instinto de supervivencia. Si condenáramos a los clientes de prostitutas a la pena de muerte la eficacia en disminuir la prostitución sería indudablemente mayor. Pero no creo que eso sea un buen argumento a favor de que no existe un deseo sexual más o menos irresistible, ya que lo puedes contener si amenazan con matarte. En esas circunstancias también evitarías comer, beber o  cualquier otra cosa que hiciera falta.

Lo que quiero decir es que es absolutamente ingenuo pensar que para eliminar un instinto basta prohibirlo y ya está. Si la ley sueca demuestra que acaba con la prostitución propongo que a continuación se prohiba la Obesidad y se multe a las personas que pasen de un Indice de Masa Corporal mayor de 30. Arreglado el problema de la Obesidad. Prohibir no ha funcionado con otras cosas que actúan sobre el circuito de recompensa del cerebro como el alcohol (ley seca), las drogas (ver los resultados de la cruzada contra las drogas) y es erróneo pensar, desde mi punto de vista, que puede funcionar contra el instinto sexual.

Si todo lo que hemos comentado es acertado, la conclusión que debemos sacar es que el intercambio de sexo por recursos, prostitución incluida, está aquí para quedarse. De acuerdo, pero que algo sea natural, como los mosquitos, la viruela o robar si nadie nos ve, no implica que debamos tolerarlo. Podemos hacer una valoración moral negativa de ello y prohibirlo legalmente. Somos libres de decidir cómo queremos convivir con la prostitución, prohibiéndola o descriminalizándola. Como dice Dianne Post, en el debate que tenéis en las referencias, muchos animales matan a sus hijos (y nosotros también) y no por eso lo hacemos legal. Totalmente de acuerdo. De eso, la llamada falacia naturalista, es de lo que vamos a hablar en la próxima entrada.

@pitiklinov

Referencias:








sábado, 20 de diciembre de 2014

El error de insistir e insistir…


El buen gusto consiste en no insistir, todo el mundo lo sabe
-Albert Camus

Voy a comentar uno de los errores en las relaciones interpersonales en el que más solemos caer y que genera mucho malestar y sufrimiento en las personas y familias. A falta de un nombre mejor lo voy a llamar el error de insistir, porque es bastante claro de entender, aunque en la literatura profesional se suele denominar como mostrar una actitud hipercrítica y de otras maneras.

Para entender la idea vamos a pensar en una persona que padece depresión. Esa persona no tiene ganas de salir de la cama, no tiene interés por nada, no le apetece nada. Bien, para los familiares que conviven con ella esto es muy difícil de soportar y quieren ayudarla. Entonces lo que nos sale de forma natural a todos es tratar de estimular o motivar por medio de palabras a esa persona. Lo más habitual es que se le insista en que tiene que salir, que tiene que hacer ejercicio, que tiene que…”poner de su parte”. No nos damos cuenta de que todo eso que le pedimos a una persona depresiva es justamente lo que no puede hacer. Si pudiera hacerlo ya lo habría hecho y no estaría deprimida. Si está deprimida es porque no puede hacer otra cosa. Tenemos que pensar que tiene una fractura mental en vez de un pierna rota. A alguien con la pierna rota no le decimos que tiene que correr.

¿Qué conseguimos cuando insistimos y seguimos presionando a la persona con depresión? Pues no vamos a conseguir que mejore su rendimiento, al contrario, vamos a conseguir que se sienta frustrada, y culpable. Va a pensar que ella tiene la culpa de la depresión por no poner de su parte y hacer algo al respecto. Estamos empujando a la persona de la sartén a las llamas.

Esta actitud totalmente natural de insistir y “criticar” la utilizamos continuamente en la vida diaria. Un caso muy habitual es el de los niños o jóvenes perezosos, malos estudiantes, que no hincan los codos. De nuevo, la respuesta paterna es repetir una y mil veces el mensaje “estudia”, “estudia”, tal vez acompañado de algún castigo, pero siempre con presión. Pero cuando estamos ante un problema de motivación, de algo que no sale de dentro, es imposible aportar a la persona esa motivación con consejos y palabras.

Si esto fuera posible, no existiría por ejemplo la obesidad, ni el consumo de drogas, ni el alcoholismo. Le explicaríamos a las personas obesas que tienen que llevar una dieta equilibrada y hacer ejercicio y ya está, solucionado, no habría obesidad. A los consumidores les explicaríamos que no tienen que consumir, que eso está perjudicando su vida y sus relaciones, ellos dirían: “¡hala, es verdad, no me había dado cuenta!”…y arreglado, mundo feliz. ¿Pero no creéis que un obeso sabe mejor que nadie lo que debería hacer y que no es necesario que se lo repitamos? Al insistir y poner el dedo en la llaga herimos a la persona (es algo que a nadie nos gusta), deterioramos la relación, crispamos el ambiente familiar y, a la larga, haremos más difícil encontrar una solución.

Muchas veces parece que albergamos la extraña idea de que si alguien es capaz de hacer una cosa todo el mundo puede hacerla. Que si alguien es capaz de llevar una dieta, todos podemos hacerlo. No nos damos cuenta de que las personas somos diferentes en todo: en la velocidad con que digerimos un bocadillo de chorizo, en la velocidad con la que corremos, en nuestro interés por la comida o el sexo, en nuestra capacidad de autocontrol, etc. Parece que es imposible que entendamos que cuando un endocrino da unas instrucciones a 100 personas con respecto a la dieta las 50 personas que las siguen son diferentes de las 50 que no las siguen. Totalmente.

Cuando un chico no tiene claro lo que estudiar o por dónde tirar en su futuro, cuando alguien está deprimido, cuando alguien no es capaz de controlar su dieta, etc., insistir y gritar no sirve más que para empeorar las cosas. No vamos a conseguir que se le encienda la bombilla en su mente. El problema está, creo, en que pensamos que sí puede hacerlo, que si se lo propone y pone esfuerzo de voluntad lo puede conseguir. No nos damos cuenta de los límites de la racionalidad humana y de que hay razones profundas, la mayoría de ellas desconocidas, para que esas personas no puedan hacer otra cosa diferente de la que están haciendo. 

¿Entonces qué podemos hacer?, ¿dejarles en paz y no hacer nada? En el caso de las personas con depresión podemos “proponer”, “sugerir” ir a dar una vuelta sabiendo que la mayoría de las veces nos van a decir que no, pero nunca forzar. Al propio depresivo se le puede animar a que de 10 propuestas que reciba intente aceptar 2 o 3, pero no podemos hacer mucho más. Le podemos explicar que en la depresión muchas veces (no siempre) el problema es arrancar pero que, una vez que salen, a veces no se lo pasan tan mal. Habrá personas a las que el consejo les sirva y otras a las que no. Pero hay veces en la vida en las que hay que esperar, hay que estar ahí, y escuchar en vez de hablar. 

Me parece bien hacer el intento y que digáis vuestros consejos a la persona que tenga un problema una vez, os dejo incluso que probéis a repetirlo hasta tres veces (va a ser instintivo y lo vamos a hacer de todas maneras :) ), pero, por favor, no sigáis insistiendo. Si se lo habéis dicho 3426 veces, ¿creéis que a la 3427 va a ver la luz? A veces es mejor quedarse en la sartén, y esperar, que saltar al fuego.

Coda: Yo cuando veo que un medicamento no funciona en un paciente se lo retiro. Nunca lo pongo 3426 veces a ver si a la 3426 funciona.

@pitiklinov



domingo, 14 de diciembre de 2014

Neurobiología del placer. El placer de las ideas

Wolfram Schultz
Los que seguís este blog ya sabéis que el tema de las ideas y su poder en el ser humano es una de mis preocupaciones fundamentales y que suele aparecer de forma recurrente en él. En el libro de David Linden The Compass of Pleasure he leído una cosa muy interesante sobre la asociación entre el placer y las ideas que voy a intentar transmitiros. Es un poco complicado y, antes de llegar al tema de las ideas, primero os tengo que explicar brevemente unos experimentos fascinantes en monos.

Los experimentos fueron realizados por Wolfram Schultz y os voy a contar la idea fundamental detrás de ellos sin entrar en todos los detalles. Son muy interesantes para entender la adicción al juego pero también para otras cosas. Se trata de entrenar a los monos a realizar unas actividades delante de la pantalla de un ordenador mientras tienen unos electrodos insertados en el cerebro (en el AVT, área ventral tegmental, uno de los núcleos más importantes del circuito de recompensa cerebral). En la pantalla va a aparecer una luz verde que va a durar 2 segundos y al de esos dos segundos al mono se le da una recompensa por medio de un tubo que le da un zumo dulce de azúcar. Si sale una luz roja eso indica que no se le va a dar recompensa. 

Vamos con el experimento. Antes de iniciar el entrenamiento no se enciende ninguna luz, se le da el zumo al mono y al de poco se dispara la neurona dopaminérgica del AVT. Luego se empieza el entrenamiento con luces verdes y rojas y las primeras veces que se enciende la luz verde las neuronas dopaminérgicas disparan cuando se le da el zumo, no cuando se enciende la luz verde. Pero al de unos intentos las neuronas dopaminérgicas dejan de responder a la recompensa, al zumo, y se disparan con la luz verde. Voy a insistir en este punto: la actividad de la neurona dopaminérgica ya no está asociada al placer en sí, es decir a la señal que tiene el mono cableada en su hardware, que es la comida, sino que ahora esa neurona representa una asociación aprendida entre la luz verde y el zumo. Puede parecer trivial pero fijaos en lo que representa: ahora un estímulo placentero no tiene por qué ser intrínsecamente placentero (sexo, comida, o drogas como cocaína…). Cualquier sonido, olor, imagen o recuerdo puede asociarse al placer y se puede convertir en placentero por sí mismo (ver figura 1).

Antes de seguir, os comento una variante de este experimento que tiene interés para la adicción al juego. En este caso Schultz y sus colegas añadieron una tercera luz, una luz azul que indicaba que al de 2 segundos venía una recompensa en el 50% de los casos. Y aquí ocurrió una cosa muy extraña: en los aproximadamente 1,8 segundos que iban desde la luz azul a la posible recompensa se producía un gradual incremento en el disparo de la neurona dopaminérgica de manera que el máximo de activación era anterior a la posible recompensa. Es decir, el máximo disparo de la neurona se producía fundamentalmente en el “intervalo de espera”, no con la recompensa (podéis verlo en la última línea de la Figura 1). Lo que los investigadores habían creado era una especie de casino o máquina tragaperras para monos y resulta que en el periodo de incertidumbre es cuando aparece el placer. Este periodo de espera sería análogo a tiempo en que están girando la ruleta o la máquina tragaperras o cuando esperas a ver la carta que te han dado. Una interpretación de este hallazgo podría ser que estamos cableados para obtener placer de sucesos que implican un riesgo. Parece que la naturaleza incierta de la recompensa es placentera por sí misma. Para explicar esto se han propuesto escenarios evolutivos en los que sistemas neuronales que impulsaran la búsqueda de riesgo podrían ser adaptativos. Estas conductas podrían haber sido más adaptativas para hombres cazadores que para mujeres recolectoras y eso explicaría el predominio de conductas de riesgo en hombres.
Figura 1

Pero volvamos a la asociación del placer con estímulos que no son placenteros por sí mismos. Esto nos lleva a la cuestión de si el placer humano puede ser activado por estímulos totalmente arbitrarios, por estímulos abstractos. Una de tales asociaciones es con el dinero, el dinero activa el circuito de recompensa pero, aunque es una convención, se traduce en objetos o recursos reales placenteros, así que no nos vale del todo como estímulo abstracto. ¿Qué tal un videojuego? En un experimento se estudió si un videojuego activaba el circuito de recompensa del cerebro. Se trataba de ganar terreno a unas bolas (no había un estímulo placentero de matar a nadie ni nada por el estilo) y se vio que tanto en hombres como en mujeres (aunque más en hombres) se activaba el circuito de recompensa. Es decir, una  conducta que no es natural, divorciada de cualquier recompensa, activaba el circuito de recompensa. Pero bueno, tal vez los videojuegos disparan algún tipo de placer general relacionado con conseguir un objetivo, con resolver algo, con un logro personal, con “vencer” en un desafío…

Damos otro pasito. Nos encanta la información. Amamos las noticias, los rumores, el cotilleo y, lo más importante, la información acerca del futuro. Queremos la información y la queremos ya, cuanto antes, ahora mejor que luego. ¿Es la información, especialmente la información acerca del futuro, placentera por sí misma? Ethan Bromberg-Martin y Akihide Hikosaka estudiaron esto en monos. En la pantalla les aparecían unas dianas que tenían que elegir dirigiendo sus ojos hacia ellas. Al de unos segundos recibirían unas recompensas que ocurrían al azar y con la misma frecuencia eligieran la diana que eligieran. La gracia del experimento estaba en que escoger una diana producía una pista informativa -un símbolo que indicaba el tamaño de la recompensa que venía luego- mientras que elegir la otra diana producía una señal sin valor informativo una imagen aleatoria que no tenía ningún significado ni ningún valor predictivo. Insisto en que daba igual la diana que eligieran porque la frecuencia de las recompensas era la misma, la única diferencia era que durante la espera obtenían información acerca del futuro. 
Read Montague 

Como os podéis imaginar, los monos, igual que las personas, optaron por recibir información acerca del futuro. Las neuronas dopaminérgicas del AVT aumentaban su señal al ver el símbolo de que venía una recompensa y se inhibían si el símbolo era de que no venía una recompensa. Tras el entrenamiento, las mismas neuronas que señalan placer con un zumo dulce señalan placer por la información acerca del futuro. Los monos (y se supone que nosotros también) obtienen placer de la información en sí misma. Esto es sorprendente. Este experimento sugiere que conocer o saber, por el mero hecho de conocer, estimula el circuito de recompensa. Ya no hablamos de cosas esenciales para propagar nuestros genes como sexo o comida, ni siquiera del placer del dinero, hablamos de cosas abstractas o simbólicas.

Este experimento sugiere que las ideas funcionan como las drogas adictivas. Como hablábamos en entradas anteriores, las drogas pueden “secuestrar” el circuito de recompensa del cerebro, es decir, disparar placeres que normalmente son disparados por cosas naturales como el sexo la comida o hacer ejercicio. Ahora vemos que en la evolución de ciertas criaturas (primates y probablemente cetáceos por lo menos) construcciones mentales abstractas han llegado a ser capaces de activar también este circuito del placer y que esta capacidad ha alcanzado su máxima expresión en nuestra especie. El neurocientífico Read Montague, que ha trabajado con Schultz, combinando ésta y otras líneas de investigación define  en su libro Your brain is (almost) perfect  la capacidad humana de obtener placer de las ideas abstractas como un “superpoder”, y Daniel Lende está de acuerdo con él.

Desde esta perspectiva, las ideas humanas pueden oponerse a nuestros impulsos más básicos. Por ejemplo, algunas personas, por principios religiosos, pueden suprimir su actividad sexual al servicio de un objetivo superior (aunque vemos por los casos de pederastia en la Iglesia que esto tiene sus limitaciones). Otro ejemplo: por motivos políticos o religiosos alguien puede hacer una huelga de hambre y obtener placer activando su circuito de recompensa (al estar cumpliendo o actuando sus ideas) de una actividad (el hambre, no comer) que es justamente la antítesis de lo placentero.

¿Cuáles son las bases moleculares de este superpoder? La respuesta corta es que no lo sabemos pero Daniel Lende aventura algunas hipótesis sobre potenciación a largo plazo en las neuronas en las que no voy a entrar. En definitiva, la interacción entre aprendizaje asociativo y placer en humanos es un arma de doble filo. Por un lado, la capacidad de producir cambios a largo plazo en el circuito de recompensa del cerebro permite que ideas arbitrarias y abstractas se puedan sentir como placenteras, un fenómeno que subyace a gran parte de la conducta y cultura humana. Por el lado negativo, este mismo proceso permite que el placer de las ideas se transforme en una adicción. ¿Será por eso que nos cuesta tanto cambiar de opinión?

@pitiklinov

Referencia: