sábado, 28 de enero de 2017

Homicidio de Pareja intima. Homicidio en parejas homosexuales

El Homicidio de pareja íntima (HPI), y en general la violencia de pareja íntima (VPI) en parejas homosexuales, está muy poco estudiado. Yo voy a hablar en esta entrada de lo que dicen dos artículos -y haré referencia a  un tercero- pero es que no hay mucho más. En la mayoría de la bibliografía que he consultado se reclama que se estudie más este tema pero la verdad es que sigue siendo una realidad oculta. Sin embargo, a pesar de la escasa presencia cuantitativa en el porcentaje total de casos de HPI creo que cualitativamente lo que aprendemos de los HPI en parejas homosexuales es muy importante para entender el fenómeno de la violencia de pareja en general, y de ello hablaré en la próxima y última entrada de esta serie.

El primer estudio al que voy a hacer referencia es uno de Glass y cols. del año 2004. Se titula Female-perpetrated femicide and attempted femicide y recoge sólo 9 casos en parejas lesbianas, 5 de feminicidios y 4 de intento de feminicidio. Cuando los autores publicaron este trabajo no existía ningún otro que estudiara el feminicidio perpetrado por mujeres. Lo primero que hay que decir es que las cifras en el caso de los homicidios de pareja homosexual (HPH) hay que tomarlas con mucho escepticismo dada la frecuente ocultación de las relaciones homosexuales. Cuando se clasifican los homicidios es frecuente que los que ocurren en parejas homosexuales se codifiquen como “entre extraños”, o “entre amigos”, por el desconocimiento de la relación romántica entre los implicados. Dicho esto, Paulozzi y cols (2001) dan la cifra de que el 0,05% de los feminicidios en USA entre 1981-1998 son cometidos por la pareja íntima femenina.

En el artículo se describen los casos clínicos con una pequeña reseña y voy a traducir los dos primeros:

Caso 1: Mary, de 34 años de edad, empleada a tiempo total y estudiante vivía con Sue, su pareja femenina los dos últimos años, dos niños adoptados y dos niños biológicos. A pesar de ser un hogar de seis personas, la familia no tenía problemas económicos. Mary tenía un ex-marido y se informa de que ocasionalmente quedaba con hombres pero “se cansó de que los hombres la engañaran y usaran su dinero”. El familiar de Mary informa que Sue era controladora y celosa. Dicho familiar no era conocedor de la naturaleza romántica de la relación ni de la violencia física hasta dos semanas antes de la muerte de Mary. Ni Mary ni Sue tenían historia de abuso de alcohol ni de sustancias ilegales. Sin embargo, Sue había estado bebiendo alcohol durante las horas previas al asesinato. El familiar de Mary informó de que Mary estaba intentando terminar la relación cuando fue disparada 10 veces con una pistola que Sue había comprado 7 días antes del asesinato.

Caso 2: Tina de 40 años de edad, parada, vivía aparte de su pareja durante 12 años, Laura, desempleada también. Aunque habían vivido juntas en el pasado no lo hacían en el momento del asesinato debido a la violencia física y abuso de drogas de Laura. Laura tenía una historia de delitos violentos fuera del hogar con una condena por un asesinato previo. Tina había resultado herida e ingresada dos años antes del asesinato y Laura la había amenazado con un cuchillo y un destornillador en el año previo al mismo. El familiar de Tina informa de una conducta controladora y celosa de Laura y dijo que Laura había amenazado con suicidarse si Tina finalizaba la relación. El familiar de Tina también informó de que Tina también abusaba de las drogas y el alcohol. Tina tenia una hija que había sido sacada del hogar y dada en adopción debido a las peleas y uso de drogas en el hogar. Mientras Laura estaba intoxicada, colocada con cocaína, y haciendo acusaciones de infidelidad, Tina fue asesinada.

Del análisis de todos los casos lo que se encuentra es: violencia física anterior, conductas de control, celos, abuso de alcohol y drogas y amenaza de abandonar la relación. VPI se encontró en todos los casos menos uno. Conductas de control y celos en todos los casos de feminicidio y en 75% de los intentos. En cuanto al uso de alcohol y drogas 60% de las homicidas las usaban. Intentos de abandonar la relación ocurrieron en el 78% de los casos. En cuanto a amenazas o intentos de suicidio los realizaron dos de las autoras de feminicidio (40%) y una de las que lo intentó. La conclusión de los autores en la discusión es: “Los factores identificados en las mujeres que matan o casi matan a su pareja femenina son sorprendentemente similares a aquellos de mujeres asesinadas o casi asesinadas por su pareja masculina. Nuestros hallazgos, aunque preliminares, indican que el poder y el control son centrales en los modelos de feminicidio de pareja intima e intento de feminicidio, sean perpetrados por un hombre o una mujer”.

Estudios de prevalencia de violencia física y sexual en parejas lesbianas dan cifras que van desde 11% hasta 76% Incluso a la cifra más baja de 11% estamos ante un fenómeno, la violencia en parejas femeninas, que es un importante problema de salud pública que es a menudo ignorado.

Un dato que es muy importante de esta serie en la que muchas de las víctimas abusaban del alcohol y drogas es que una mujer es especialmente vulnerable a una violencia fatal cuando ella misma está bebida o intoxicada. Es muy importante esforzarse en que tanto las víctimas como los maltratadores, sean hombres o mujeres, acudan a programas de tratamiento de dependencias.

Por otro lado, otro factor común tanto a mujeres lesbianas como a varones homosexuales es que estas relaciones homosexuales suponen un riesgo adicional de violencia u homicidio por el miedo de revelar a la familia, amigos, equipos de salud, policía o jueces la existencia de una relación homosexual por el estigma asociado y por la ausencia de servicios comunitarios de protección específicos para mujeres u hombres en relaciones con parejas del mismo sexo.

El segundo estudio es más reciente, 2014, de Alexandra Gannoni y Tracy Cussen titulado Same-sex intimate partner homicide in Australia, pero los propios autores dicen en el prólogo que es uno de los primeros de este tipo (¡en 2014!). Los propios autores vuelven a señalar las limitaciones actuales en estas investigaciones: infraestimación de la frecuencia por el estigma de la homosexualidad y porque no se suelen recoger datos sobre identidad sexual u orientación sexual, infraestimación de los problemas de salud mental porque no investigan sistemáticamente, infraestimación del abuso de drogas y alcohol, etc. Por tanto, todas las cifras hay que tomarlas como indicativas.

Con estas precauciones, el porcentaje de HPI que ocurren en parejas del mismo sexo es del 2%. El 98% ocurren en parejas de sexos opuestos. Esta proporción es consistente con la del tercer estudio que voy a citar (Mize y Schackelford 2008) en USA que encuentra también un 2%. La tasa de HPI que calculan Gannoni y Cursen para Australia es 3,4 por 100.000 para parejas del mismo sexo y 1,1 por 100.000 para parejas de sexos opuestos (la tasa de HPI es mayor en parejas del mismo sexo). Estos hallazgos son paralelos a los de Mize y Schackelford que encuentran las siguientes tasas:

- parejas gay: 63,72 por millón por año

- parejas hetorosexuales: 21,25 por millón por año

- parejas lesbianas: 9,07 por millón por año

Según este dato, las parejas con más riesgo de HPI son las formadas por dos hombres y las de menos riesgo las formadas por dos mujeres ocupando las parejas con un hombre un lugar intermedio.

En cuanto a las diferencias entre los HPI en parejas del mismo sexo y de sexos opuestos hay dos que son interesantes. La primera se refiere al uso de drogas y alcohol. Lo que se observa es que el uso de drogas y alcohol en conjunto es más frecuente en parejas del mismo sexo (68% frente a 51% en parejas de sexo opuesto). Pero donde hay una clara diferencia es en el uso de alcohol por la víctima: 48% en parejas del mismo sexo frente a 24% en pareja heterosexual.

En cuanto a los trastornos mentales son también algo más frecuentes en parejas del mismo sexo aunque la frecuencia de los mismos en este estudio es baja; se encuentran trastornos mentales en el momento del homicidio en el 13% de las parejas del mismo sexo frente a 8% en las de sexo opuesto. El artículo cita varias referencias según las cuales los sujetos homosexuales presentan más trastornos mentales en general, tanto de ansiedad, como depresivos, como por uso de sustancias.

En cuanto a la presencia de VPI previa volvemos a encontrar una alta frecuencia en los HPI en parejas del mismo sexo. Encontramos de nuevo, indefensión aprendida, celos, abuso de sustancias, enfermedad mental, insultos constantes, sexo forzado y amenazas de abandonar la relación. Una característica, sin embargo, que es propia de las parejas del mismo sexo es la amenaza de hacer pública la homosexualidad con las consecuencias sociales derivadas o incluso legales con respecto a la tutela de los niños, si es que los hay. Los autores señalan que la VPI entre homosexuales sigue siendo un tema invisible y silencioso a pesar de que según varios estudios ya existentes es por lo menos tan frecuente como la VPI en parejas heterosexuales.

Las conclusiones de este estudio las traduzco también literalmente: “en muchos aspectos tanto los HPI de parejas del mismo sexo y de sexo opuesto comparten muchos rasgos y características similares. Por ejemplo, las víctimas de HPI del mismo sexo fallecieron por las mismas causas que las de sexo opuesto incluyendo (pero no limitándose a) heridas de arma blanca, golpes, ahogamientos y estrangulamientos. De la misma manera, los motivos principales (o las razones) para los homicidios de mismo y opuesto sexo incluyen discusiones domésticas, celos y terminación de la relación.”

Tomando en conjunto los datos de estos estudios lo que podemos concluir es que es necesario servicios bien dotados para atender a víctimas de VPI implicadas en relaciones con personas del mismo sexo, servicios que actualmente o no existen o están mal dotados  con lo que no se está atendiendo a los grupos más marginalizados de la sociedad. Sin embargo, como dice Duffy, el concepto de que una mujer pueda golpear a otra mujer o que un hombre puede ser una víctima es algo que requiere tal cambio en nuestra forma de pensar que no nos entra en la cabeza. Otra conclusión es que es necesario investigar de forma sistemática todos los HPI sean entre personas del mismo sexo como de sexo opuesto si queremos mejorar nuestras medidas de apoyo y prevención. 

@pitiklinov


Bibliografía:



Mize K y Schackelford T (2008) Intimate partner homicide methods in heterosexual, gay and lesbian relationships. Violence and Victims 23: 98-114





miércoles, 25 de enero de 2017

Homicidio de Pareja Intima. Homicidio seguido de suicidio.

Un tipo especial de Homicidio de Pareja Intima es el Homicidio seguido de Suicidio (HS, en adelante) que reúne características tanto del homicidio como del suicidio. El suicidio sigue al homicidio en un plazo de tiempo variable aunque los estudios han utilizado con más frecuencia el criterio de 24 horas (aunque algunos han empleado un criterio de una semana o tres meses incluso). Este criterio puede hacer que se subestime el número de HS.

Con respecto a su frecuencia, se dan cifras de 0,2-0,3 por 100.000 pero la incidencia varía según el lugar, con una media en USA del 5% de todos los homicidios. Con respecto al porcentaje de HS dentro del grupo de HPI la media gira alrededor del 30% de todos los HPI. Belfrage y Rying  lo encuentran en un 24% de la muestra de HPI, sin contar los que lo intentaron. Bourget y cols. en una muestra en Quebec de los años 1991-1998 lo encuentran en el 40%. Rosenbaum en Albuquerque en una muestra de 1978-1987, un 20%. Una revisión en Massachussets de 2005-2007 halla un 28%. Campbell y cols, un 25%. La mayoría de los autores de HS son hombres, este es un crimen que pocas veces cometen las mujeres salvo cuando se trata de casos de filicidio, de asesinato de los hijos.

Marzuk ha propuesto dos subtipos de HS: 1) el tipo amoroso-celoso en el que un hombre joven mata a su esposa motivado según los informes por celos, rabia y paranoia y 2) el tipo “decadencia de salud”, en el que un hombre más mayor es el cuidador de una mujer enferma (suelen estar enfermos los dos) y se suman factores añadidos como dificultades económicas. Otra tipología divide los HS en tipos según la relación entre el homicida y la víctima: 1) HS relacionado con HPI, homicidio de la pareja, con una frecuencia de 42-69% 2) Familicidio o filicidio, homicidio de un familiar o de los hijos, 18-47% de los HS) y 3) homicido extra-familiar en el que la muerte es de una personas que no pertenece a la familia (12-26% de los HS). Estas tipologías no están validadas empíricamente y se necesitan más estudios.

Con respecto a la presencia de patología mental, la mayoría de los HS presentan una elevada psicopatología, principalmente depresión aunque hay que tener en cuenta que la información sobre enfermedad mental y abuso de sustancias no se recoge sistemáticamente en todos los estudios y cuando se recoge es aportada por familiares y amigos por lo que puede estar subestimada. En la muestra de Quebec de Bourget y cols, 33 de los 38 casos (67%) sufrían depresión mayor. Saleva y cols. encuentran 30% de depresión, otro 30% de supuesto trastorno mental y 20% de abuso de alcohol/drogas. Lecomte y Fornes en Paris encuentran 84% de enfermedad mental con mayor prevalencia de depresión que psicosis. Shiferaw y cols. en Suiza hallan 47% de enfermedad mental. Rosenbaum en Albuquerque encuentra 75% de depresión. Koziol-McLaine y cols. encuentran 50% de trastorno psiquiátrico. En la revisión global de Roma y cols., las conclusiones son: 39% de depresión, 20% de abuso de sustancias y 17% de psicosis. En el estudio de Logan y cols.(2008) un 10% están en tratamiento psiquiátrico en el momento del homicidio y se encuentran antidepresivos en sangre en el 36,4%. En el estudio de Cohen y cols, sin embargo, sólo un hombre del grupo de jóvenes y otro del grupo de mayores dio positivo para antidepresivos, a pesar de que según la información posterior 37% de los jóvenes tenían depresión, 11% abuso de alcohol y drogas, 15% habían hablado de suicidio y 4% habían realizado intentos de suicidio previos. En el grupo de mayores se informaba de depresión en 19%, otros trastornos mentales en 10% y amenaza de suicidio en 24%. Esto sugiere problemas para identificar y tratar la depresión.

Otros datos y características de los HS son los siguientes. El consumo de alcohol y drogas, aunque existe como vemos, es menor que en los HPI en general. En el estudio de Logan y cols., una alta proporción de los hombres (37,1%) son mayores de 50 años y según Cohen y cols la incidencia de HS en mayores de 55 es el doble que en menores de esa edad. Cuando el autor es un hombre, la víctima suele ser una mujer (77,7% de los casos) y los niños sólo en el 4%. Cuando la autora es una mujer, la víctima son los niños en un 48,6% y en el 40% la pareja masculina. Aproximadamente la mitad de los filicidios (51,5%) los cometen las mujeres. Sólo un 4,9% se creen debidos a  “homicidio compasivo” (mercy killing). En el estudio de Logan y cols.(2008) había conflictos de pareja en el 53,9% y en el 39,3% se cree que el acto fue una venganza por el divorcio o separación y el 17,8% se encontraban en los tribunales por juicios y demandas en relación a este hecho. En otras estudios el porcentaje de relación con una separación va del 48-73%.

Como hemos comentado más arriba, un tipo especial de HS es aquel en que las victimas son niños. Basarte y cols en 2006 encontraron que en un 14% de HS las víctimas son niños. Logan y cols (2013) han estudiado este tipo en concreto y encuentran que el 76% de los autores son hombres y en el 75% de los casos los autores son los padres/cuidadores. El 69% de los niños tienen menos de 11 años. En el 81 % de los casos en que el padre es el autor y en 59% de los que la madre es la autora hay discordia entre los padres. En el 52% de los casos en que la madre es la autora existe un trastorno psiquiátrico. El 29% de las madres estaba en tratamiento psiquiátrico en el momento del homicidio frente al 4% de los hombres.

Además de la violencia de pareja (63%), otros factores implicados en este tipo de HS, según Logan y cols (2013) son depresión (19%), otros trastornos mentales (16%) uso de alcohol en el momento del homicidio (16%) problemas laborales (12%) y problemas económicos (9%). Cerca de un tercio de los hombres homicidas no eran el padre ni el padrastro ni el padre adoptivo. Por contra, casi todas las mujeres autoras eran la madre biológica de los niños. En un 30 % de los caso en que el hombre era el autor se considera que los homicidios fueron cometidos sufriendo los síntomas de un trastorno mental. Un 7% se consideran homicidios compasivos, un 4% se realizaban con una carga parental excesiva y un 18% por circunstancias desconocidas.

Estudios previos han encontrado que 8-9% de los HS en general y 33-52% de los HS en los que las víctimas son niños son cometidos por mujeres. Logan y cols. encuentran que un cuarto de los HS con víctimas infantiles y un 40% de los HS en los que sólo hay víctimas infantiles son cometidos por mujeres. Como ya hemos comentado, 59% de las mujeres que cometieron el HS estaban pasando por un divorcio o ruptura y pasaban por problemas con la custodia y de tipo legal. También encuentran que la proporción de mujeres que mató a los niños como venganza contra el padre o para privarle de la custodia o de las visitas es similar al de los hombres que hicieron lo mismo.

En cuanto a la elevada frecuencia de patología psiquiátrica en las madres es posible que el estrés de criar un hijo sin apoyo del padre fuera uno de los desencadenantes, la mitad estaban divorciadas, separadas y viudas. También merece la pena señalar que aunque el 30% recibían tratamiento psiquiátrico esto no fue suficiente para evitar el HS, lo que sugiere que el apoyo de los equipos de salud mental no es un soporte adecuado cuando se dan otras circunstancias sociales y económicas adversas. 

Resumiendo, aunque una importante patología psiquiátrica está implicada en los HS, los HS son eventos violentos con múltiples antecedentes culturales, ambientales y psicológicos.  Los HS son probablemente resultado de una predisposición, de la cultura y de factores estresantes ambientales y biopsicológicos.  Es muy importante hacer estudios con autopsia psicológica para poder desarrollar estrategias de intervención y de prevención. Con respecto a esta última, el factor más importante es sospechar el potencial homicida en los  pacientes depresivos, especialmente si además se dan circunstancias como violencia de pareja íntima, enfermedad física, problemas económicos o abuso de sustancias. Debería prestarse especial atención a las situaciones de sobrecarga en cuidadores. También señalan algunos autores, como Logan y cols., que debería haber una mejor comunicación entre el sistema judicial y el sistema de salud mental ya que muchos homicidas estaban acudiendo los juzgados y debería ser más conocido el vínculo entre problemas legales de separación, trastorno mental y HS.

@pitiklinov


Bibliografía:

Cohen D, Llorente M y Eisdorfer Carl (1998) Homicide-Suicide in older persons Am J Psychiatry 155: 390-396

Eliason Scott (2009) Murder-suicide: a review of the recent literature. J Am Acad psychiatry Law 37: 371-6

Logan J y cols.(2008) Characteristics of perpetrators in Homicide-followed-by-suicide incidents: National Violent Death Reporting System- 17 US States, 2003-2005 Am J Epidemiol 168:1056-1064

Logan J y cols (2013) Homicide  Followed by suicide incidents involving child victims. Am J Health Behav 37(4) 531-542

Roma Paolo y cols (2012). Mental Illness in Homicide-Suicide: a review. J Am Acad Psychiatry Law 40: 462-8

Rosenbaum M (1990) The role of depression in couples involved in Murder-Suicide and Homicide. Am J Psychiatry 147:8 1036-1039









domingo, 22 de enero de 2017

Homicidio de pareja íntima. La salud mental de los homicidas de pareja.

La violencia de pareja íntima es un enorme problema en nuestra sociedad y el caso extremo de esta violencia es el homicidio. Una tarea esencial en este campo es identificar a las mujeres que están en riesgo de padecer esta violencia y desarrollar estrategias para reducirlo. Esto implica, entre otras cosas, que hay que estudiar a los perpetradores de esta violencia ¿quiénes son? ¿qué características tienen? ¿podemos identificar tipos de agresores o todos son iguales?…A pesar de las elevadas cifras de violencia de pareja íntima, el número de mujeres que son asesinadas por sus parejas es comparativamente pequeño. En USA la tasa de homicidio de pareja es de 9 por 100.000 mientras que la violencia de pareja es de 16.000 por 100.000; en Suecia hay 0,36 homicidios por 100.000 frente a 356 casos de violencia de pareja por 100.000 (Belfrage y Rying). 

La consecuencia estadística de este número pequeño de homicidios comparado con el de maltrato en la pareja es que la predicción del homicidio de pareja basándose solamente en la existencia previa de maltrato -a pesar de que el principal factor de riesgo para predecir el homicidio es la violencia de pareja ya que en 65-70% de los casos de homicidio existe previamente  (Campbell y cols 2007)- no es mejor que lo que conseguiríamos haciendo la predicción al azar, lo cual es desmoralizador.

En esta entrada, y en algunas posteriores, yo me voy a centrar en el homicidio cometido en el contexto de una relación de pareja íntima y dentro de ello voy a compartir lo que se encuentra en la bibliografía que he revisado sobre los perpetradores de estos homicidios, con especial atención a la salud mental de los mismos. El objetivo es aprender lo más posible sobre estos individuos e intentar responder a la pregunta de si los trastornos mentales juegan un papel o no en estos homicidios. Pero también hablaré de otros factores de riesgo. No me voy a centrar, por tanto, en los maltratadores o abusadores en general, tema sobre el que hay más estudios. Voy a tratar sólo el caso más grave que es el de los homicidios y hay que decir que no está claro si existe una continuidad entre los maltratadores y los homicidas, es decir, si la diferencia es cuantitativa o cualitativa. Gelles (1991) discute la idea de que hay un continuo desde las formas más leves de violencia a las más letales; según él, “el homicidio es una conducta distinta que requiere una explicación distinta”. 

Voy a dividir el tema en varios apartados. El guión aproximado va a ser el siguiente:

1- Homicidios de pareja
2- Homicidios seguidos de suicidio ya que, según la literatura, es un grupo con características diferenciadas
3- Homicidios de pareja íntima en las parejas de homosexuales. Este tipo de homicidios ha sido muy poco estudiado. En muchos de los artículos que he revisado se insiste en que es un área que necesita de forma especial más investigación (Campbell y cols 2007)
4- Conclusiones e implicaciones para la investigación y para la prevención de estos homicidios.

Voy a seguir para mi entrada el esquema de la revisión de Kivisto que es relativamente reciente (2015) y la mayoría de los datos que voy a dar proceden de este artículo así que aunque se refieran a otros autores, por simplicidad, no voy a dar la referencia de cada uno de ellos ya que se puede encontrar en Kivisto. Sí daré la referencia cuando el dato proceda de otro artículo. 

Como siempre, para empezar hay que definir el objeto de estudio. Kivisto define el homicidio de pareja íntima (HPI de ahora en adelante) siguiendo a Carch y James como: “el homicidio que implica a esposos, ex-esposos, a los que están en una relación de hecho, novios, novias o en relaciones entre personas del mismo sexo: en otras palabras, todas las relaciones donde las dinámicas subyacentes son similares”.

Epidemiología

En USA los HPI son el 10% aproximadamente de todos los homicidios y esa tasa parece que se mantiene estable (9,4% de todos los homicidios en 2008 y 10,3% en 2010). Mientras que los hombres son el 78% de todas las víctimas de homicidios entre 2008-2012, lo que hace que sea 3,48 veces más probable que un hombre sea víctima de un homicidio por cualquier tipo de perpetrador que una mujer, las mujeres tienen una probabilidad 4 veces mayor de ser las víctimas de un HPI. Las mujeres son el 80% de todas las víctimas de HPI. Estos datos son en general consistentes con los datos del resto del mundo, aunque hay variaciones, donde se estima que los HPI representan 1 de cada 7 homicidios (el 13,54%).

Wilson y Daly han desarrollado lo que llaman la SROK (sex ratio of killing) con lo que se refieren al cociente entre los homicidios consumados por hombres y los realizados por mujeres. Por ejemplo, Inglaterra y Gales tienen una SROK de 23, es decir, por cada 100 hombres que matan a sus mujeres hay 23 mujeres que matan a sus maridos. En Canadá la SROK es 31 pero en USA es 75 y nadie ha dado una explicación de este fenómeno (Estos son datos de 2003, del artículo de Aldridge y Browne). 

Pasamos ahora a ver algunas características de los perpetradores de HPI

Experiencias tempranas

Aproximadamente un cuarto de los causantes de homicidio sufrieron abusos de niños. Stout encuentra 17% de abuso físico y 9% de abuso sexual. Casi toda la muestra de Daniel y Holcomb presentó trastornos de conducta ya desde la infancia, mientras que un 65% se crió en familias intactas. Daniel y Holcomb encuentran que 50% creció sin padre y 12% sin madre. Aproximadamente la mitad de los homicidas no se llega a graduar en el instituto (high school), aunque las cifras varían.

Hay que tener en cuenta al hablar de la influencia de estas experiencias ambientales que los padres pasan a sus hijos un ambiente y unos genes, así que no hay que olvidarse de los genes (es decir, si el padre tiene un trastorno de personalidad el hijo tiene un riesgo mayor de padecerlo debido a la herencia). En este sentido, hay evidencia de agregación familiar de los delitos sexuales. Según Langstrom y cols la influencia genética sería de un 40%Barnes y cols. también señalan que la violencia de pareja íntima corre en familias y encuentran que factores genéticos explican 24% de la varianza en golpear a una pareja, 54% de la varianza en herir a la pareja y 51% de la varianza en forzar a una actividad sexual a la pareja.

Empleo

Las tasas de paro en HPI varían mucho, desde el 13 al 58%. Según los estudios más fiables los causantes de HPI tienen menos paro que los homicidas que matan a otros miembros de la familia (39% frente a 55%, Oram y cols) pero tienen más paro que los maltratadores no homicidas (49% frente a 20%, Campbell y cols). Según otra muestra de Massachusetts de los años 2005-2007 el 45% estaba en paro en el momento del homicidio. Pero Stout encuentra un 13% de paro en Missouri mientras que Liem y Koenraadt en Holanda encuentran 58% de paro.

Trastornos Mentales Severos

En general, la investigación sobre la psicopatología de los HPI los sitúa en el centro de un continuo de psicopatología que iría desde los homicidas generales, que muestran la menor psicopatología, hasta los homicidas de otros miembros de la familia que presentan mayor psicopatología. Hay que tener también en cuenta que la calidad de los estudios a la hora de objetivar la presencia de enfermedad mental es muy variable. En algunos casos hay exámenes forenses tanto psicológicos como psiquiátricos y buen acceso a historiales clínicos mientras que en otros se basan en informaciones de personas cercanas.

En estudios basados en población general se estima que uno de cada 10 hombres que mata a su pareja está psicótico en el momento de cometer el acto. En cuanto a la prevalencia de un trastorno afectivo (depresión), las cifras van de 17-56%. En muestras forenses la cifra de sujetos psicóticos sube a 1 de cada 3. 

Oram y cols. en una muestra poblacional encuentran 32% de prevalencia de enfermedad mental, excluyendo abuso de alcohol y drogas. Los que matan a otros miembros de la familia que no es la pareja tenían un 45%. Los responsables de HPI era menos probable que estuvieran recibiendo tratamiento (23% frente a 34%). Más en concreto encuentran síntomas de psicosis (es decir, trastorno mental severo) en un 20% de los HPI, 7% debido a una psicosis y 13% debido a una depresión psicótica. 

Bourger y Gagné  en una muestra en Quebec de los años 1991-2010 encuentran cifras más altas que Oram. Sólo 10,6% no sufrían un trastorno mental. 56,7% sufrían depresión mayor, 15,6% intoxicación aguda, 6,3% otras psicosis, 3,5% esquizofrenia, 3,5% otros trastornos, 2,1% trastorno adaptativo, 0,7% disociación y 0,7 drogadicción. Daniel y Holcomb en una muestra forense de sujetos pendientes de juicio encuentran 34% de psicosis y 25% de abuso de sustancias.

Belfrage y Rying en un estudio de todos los HPI cometidos en Suecia entre los años entre 1990 y 1999 con muy buenos registros y exploraciones encuentra que el 95% cumple criterios para por lo menos un trastorno psiquiátrico. Hay que decir que esto no es muy difícil y cualquiera de nosotros podríamos cumplir criterios para algún diagnostico del DSM o la CIE si hablamos de un trastorno adaptativo o de ansiedad. Pero en la muestra de Belfrage y Ring hablamos de un 36% de psicosis. En concreto, el 34% de los sujetos fue condenado a ingreso en hospital psiquiátrico y no en prisión porque se consideró que no eran imputables, que no eran responsables debido a la enfermedad mental. En esta muestra el 80% se pueden caracterizar de trastornados mentalmente.

Barnard y cols. encuentran que 26% de los HPI tenían historia de tratamiento psiquiátrico previo y 17% habían sido hospitalizados por causa psiquiátrica. Liem y Koenraadt encuentran 12% de psicosis, 8% de trastorno afectivo (depresión), 19% de abuso de sustancias y 8% de discapacidad intelectual.

Trastornos de Personalidad

Aquí las cifras van desde 7% de presencia de trastornos de personalidad en un estudio en Inglaterra y Gales a 33% de Liem y Koenraadt, a 44% en Belfrage y Rying, a 83%, según Rosenbaum hasta llegar a Dutton y Kerry que dicen que pasando el MCMI (Millon Clinical Multiaxial Inventory) todos los hombres que matan a su esposa que pasan esta escala muestran invariablemente que tienen un trastorno de personalidad. Para no complicar la exposición no voy a entrar en tipos de personalidad ya que hay mucha variación y unos autores encuentran muchos trastornos psicopáticos, por ejemplo, mientras que otros más de tipo borderline. 

El Trastorno Borderline ha recibido bastante atención. Hart , Dutton y Newlove (ver Aldridge y Browne, 2003) han investigado en concreto la relación entre una organización borderline de personalidad y la violencia intima de pareja y encuentran una relación directa de manera que a medida que aumenta la puntuación en rasgos borderline aumenta la gravedad del abuso. Hay que tener en cuenta que este diagnóstico incluye como criterios la impulsividad, el miedo al abandono, la inestabilidad , intentos o amenazas de suicidio o la ira inapropiada. 

Dentro de la clasificación de violencia instrumental y reactiva los sujetos con personalidad borderline utilizarían una violencia reactiva. Cuando la mujer amenaza con dejar la relación los sujetos con personalidad borderline estarían más predispuestos a la violencia. Parece que en estos sujetos la violencia es más errática e impredecible (para ampliar este punto ver este estudio de Haggstrom  y Petersson). En general, hay planificaciónn en el 13% de los HPI siendo el 87% no planificados (Dutton y Kerry)

En cualquier caso, la conclusión que se desprende viendo todos los estudios es que la presencia de trastorno de personalidad en HPI es muy elevada.

Abuso de Drogas

Según un estudio en Inglaterra y Gales 1 de cada 10 HPI tiene una dependencia a drogas, el 80% de ellos al alcohol y el 20% a otras drogas. Campbell y cols. encuentran que el 52% de los HPI son “bebedores problemáticos” y el 65% usan drogas ilegales. Stout encuentra 22% de problemas de alcohol y 17% de otras drogas. Rosenbaum encuentra que los homicidios seguidos de suicidio usaban menos drogas (17%) que los que sólo comenten homicidio (50%). 

Farooque examinando 28 casos de HPI encuentra que 43% estaba intoxicado en el momento de la ofensa. Stout encuentra que 48% habían consumido alcohol alrededor del momento del homicidio. Otros estudios encuentran que uno de cada tres estaban intoxicados en el momento del crimen. Kraanen y Schoolong encuentran un 30% de intoxicación en el momento del homicidio. Otros estudios encuentran solo un 4% de intoxicación en el momento del acto lo cual es inconsistente con la mayoría de los estudios. 

En general el abuso de tóxicos es bastante frecuente. Sharps y cols. señalan que el uso de alcohol por el maltratador multiplica por 8 el riesgo de violencia de pareja y dobla el riesgo de feminicidio.

Un dato interesante también a investigar es el consumo de alcohol en la víctima. En USA parece que no se suelen encontrar niveles elevados en la víctima pero Matthews y cols., en Sudáfrica, encuentran que el 62% de las mujeres asesinadas tenían niveles elevados de alcohol en sangre en el momento de la muerte. La media era 0,11% (110 mg/100ml)

Suicidio

En una entrada posterior trataré en concreto el homicidio seguido de suicidio pero conviene señalar que la presencia de ideas de suicidio y de amenazas de suicidio es un factor de riesgo para la existencia de un HPI en general.

Historia de violencia doméstica

Como decía más arriba, hay dos conceptualizaciones del HPI. Una perspectiva lo ve cono el extremo de un continuo de violencia doméstica mientras que otros como Gelles lo consideran  una conducta cualitativamente diferente. La investigación sugiere que no se puede aplicar ninguno de los dos modelos en todos los casos. Las estimaciones de antecedentes de violencia doméstica previa van de 22% a 77%. La explicación puede ser que en determinados contextos estaría sobre representada esta violencia y en otros infraestimada. Dutton y Kerry encuentran que en dos tercios de su muestra hay violencia de pareja intima (VPI) previamente mientras que Belfrage y Rying sólo la encuentran en un 36%.

Dutton y Kerry, a pesar de que ellos encuentran tasas relativamente altas de VPI previa señalan que parece haber un subgrupo diferenciado de HPI  que se caracteriza por ausencia de violencia previa. En estos casos no se trata de ninguna escalada y los autores creen que sigue otra psicodinámica. Ellos hablan de una “crisis catatímica” con tres etapas de incubación, explosión violenta y alivio. Que otras muchas muestras hayan identificado un subgrupo consistente de HPI en las que no hay violencia previa sugiere que la presencia de este grupo es real y que no se trata de un artefacto.

Separación y abandono

Los investigadores encuentran una asociación robusta entre separación y HPI. El 20-30 % de los HPI son precipitados por la separación o la amenaza de separación. En cuanto a la asociación temporal un 50% ocurren dentro de los dos primeros meses de la separación y el 90% dentro del primer año.

Acoso (Stalking)

Diversos investigadores han señalado la gravedad del acoso como factor de riesgo de HPI. McFarlane y cols encuentran una prevalencia de acoso del 67% en víctima de feminicidio y un 71 en la de intentos de feminicidio. Por ello plantea que el acoso debe ser considerado un factor de riesgo de primera magnitud y hay que avisar de ellos a las mujeres. El acoso consiste en seguir o espiar a la mujer, en observarla desde un coche aparcado, en mandar comunicaciones (llamadas, mensajes, etc) no deseadas o con amenazas. Desgraciadamente, en muchas legislaciones no se considera al acoso por si mismo como suficiente para tomar medidas protectoras de la mujer, a pesar de la gravedad que aquí comentamos.

Historia de Violencia previa

Aproximadamente entre un cuarto y la mitad de todos los causantes de HPI han sido arrestados por delitos previos. Campbell y cols. encuentran que un 22% han sido arrestados por delitos violentos con anterioridad. En la muestra de Daniel y Holcomb son el 41% y en la de HPI de Massachusetts entre 2005-2007 la cifra es de 45%

Muertes asociadas

En un 30-40% de los casos hay alguna muerte adicional a la de la mujer, la más frecuente es el suicidio del propio homicida y más raramente algún hijo biológico o la pareja actual de la mujer. 

Celos y Envidia

Los celos han sido implicados en el HPI y Belfrage los mencionan en el 20% y Campbell y cols en el 39%. Kivisto habla de que se le ha dado poca importancia a la envidia y entra en valoraciones psicológicas más profundas en relación a la destrucción del objeto que se envidia que no voy a detallar. En cualquier caso, la presencia de los celos es muy frecuente y Rosenbaum lo considera el factor más importante en los HPI.

Ensañamiento (Overkill)

Se ha sugerido que en los homicidios  motivados por rabia o venganza existe mayor violencia que en otros homicidios (ver Aldridge y Browne, 2003). Cazenave y Zahn examinaron 83 uxoricidios (asesinato de una mujer a manos de su marido) y encontraron ensañamiento en el 46% comparado con 12% cuando la mujer mata al marido. Crawford y Garner encuentran un 60% de ensañamiento, es decir, un empleo de fuerza y una duración del acto más allá de la necesaria para causar la muerte.

Conclusiones

Sumando trastornos mentales severos más trastornos de personalidad y dependencias a tóxicos la presencia de psicopatología en los HPI es elevada. También otros factores de riesgo como la separación, los celos, el acoso o el suicidio hemos visto que son muy importantes. Kivisto concluye que la literatura apoya que existe una heterogeneidad entre los sujetos que cometen un HPI y propone una tipología con cuatro subtipos: enfermos mentales, infracontrolados/disregulados, maltratador crónico y el sobrecontrolado/catatímico. No voy a entrar a detallarla porque ya es bastante larga la entrada pero tenéis las características definitorias de la tipología en la imagen.

@pitiklinov

Bibliografía:

Aldridge Mari y  Browne Kevin(2003). Perpetrators of spousal homicide. A review. Trauma Violence and Abuse vol 4 nº3 265-276 

Barnes y cols(2012). Indicators of domestic/intimate partner violence are structured by genetic and non-shared environmental influences. Journal of Psychiatric Research 47(3)DOI: 10.1016/j.jpsychires.2012.10.016 

Belfrage H y Ring M.(2004) Characteristics of spousal homicide in Sweden 1990-1999. Criminal Behavior and Mental Health 14,121-133

Campbell J y cols.(2007) Intimate Partner Homicide. Review and implications of research and policy. Trauma violence and abuse vol 8 nº3 246-269

Gelles R(1991) Physical violence, child abuse, and child homicide: a continuum of violence or distinct behaviors? Human Nature, 2 (1), 59-72



Langstrom Niklas y cols. Sexual offending runs in families: a 37 years nationwide study. Int J Epidemiol (2015) doi: 10.1093/ije/dyv029

Matthews S y cols(2009). Alcohol use and its role in female homicides in the Western Cape, South Africa. Journal of studies on alcohol and drugs 70(3) 321-7

Sharps PW, Campbell JC y Campbell DW et al.(2001) The role of alcohol use in intimate partner homicide. American Journal on Addictions 10: 122-135


jueves, 5 de enero de 2017

La brecha de confianza entre hombres y mujeres


Confianza es aquello que convierte los pensamientos en acciones
- Richard Petty
Para triunfar, la confianza importa tanto como la competencia
- Cameron Anderson


En esta entrada voy a intentar resumir un largo pero interesante artículo de las periodistas Katty Kay y Claire Shipman sobre algo que tiene mucha relación con una entrada anterior sobre la brecha salarial entre hombres y mujeres. Como otra gente, Katty y Claire han observado el gran progreso que han hecho las mujeres en todas las esferas de la sociedad pero en la cima sigue habiendo pocas mujeres, el famoso “techo de cristal”. Una explicación, como veíamos, es la maternidad; otros hablan de barreras culturales  e institucionales…Según estas autoras hay algo de verdad en todo ello pero ellas señalan un hecho básico al que no se ha dado la debida importancia: La falta de confianza de las mujeres en sí mismas.

Estas periodistas de élite han entrevistado a lo largo de su vida a ls mujeres más influyentes de la sociedad norteamericana (deportistas, abogadas, políticas, científicas…) y, sin embargo, todas esas brillantes mujeres estaban llenas de dudas acerca de sí mismas. Algunas de ellas decían que se sentían como impostoras y que no deberían estar ahí (el Síndrome del Impostor). La misma Katty tiene un título de una de las mejores universidades, habla tres idiomas, pero se tiene que convencer a sí misma de que puede trabajar en cualquier prestigioso periódico. Y Claire cuando le preguntan cómo consiguió ser corresponsal de la CNN en Moscú con poco más de 20 años dice que por un golpe de suerte, por estar en el lugar adecuado en el momento adecuado. 

Voy a exponer a continuación una serie de hechos que sugieren que hay una gran brecha de confianza entre hombres y mujeres, luego veremos a qué puede deberse y qué podemos hacer para eliminarla. Comparadas con los hombres, las mujeres no se consideran a sí mismas preparadas para ser promocionadas, creen que puntuarán peor en los tests y subestiman en general sus capacidades.

1- En 2011 el Institute of Leadership and Management del Reino Unido realizó una encuesta entre gerentes para ver qué confianza tenían en sí mismos como profesionales. La mitad de las mujeres informaron de dudas acerca de su rendimiento en el trabajo y en sus carreras frente a menos de un tercio en los hombres.

2- Los hombres inician negociaciones salariales cuatro veces más a menudo que las mujeres y cuando las mujeres negocian piden un 30% menos que los hombres

3- En la Manchester Business School la profesora Marilyn Davidson ha realizado encuestas a los estudiantes durante varios años acerca de lo que esperaban ganar, y de lo que se merecían ganar, a los cinco años después de graduarse y, de media, los hombres creen que se merecen 80.000 $ y las mujeres 64.000 $.(20% menos)

4- Dunning (el del efecto Dunning-Kruger del que luego hablaremos: cuanto menos sabemos, más listos nos creemos) y Ehrlinger pasaron unos tests sobre ciencia a estudiantes universitarios y les pidieron que puntuaran antes de hacerlos su confianza en sus capacidades y conocimientos científicos. Las chicas en una escala de 10 se puntuaron 6,5 y los chicos 7,6. Cuando acabaron las pruebas les preguntaron a ver cuántas creían que habían acertado y de 10 preguntas las chicas decían que 5,8  y los chicos 7,1. La realidad fue que el número de aciertos sobre 10 era muy similar: 7,5 las chicas y 7,9 los chicos. A los estudiantes se les invitó entonces a participar en una competición sobre ciencia con premios. Sólo 49% de las mujeres se apuntaron frente a un 71% de los hombres

5- Hewlett-Packard hizo un estudio hace unos años cuando estaba investigando cómo conseguir que hubiera más mujeres en los puestos de dirección. Revisaron las fichas de los profesionales y descubrieron que las mujeres se presentaban a una promoción  sólo cuando creían que cumplían el 100% de los requisitos. Los hombres se presentaban aunque sólo cumplieran el 60%. Mujeres muy preparadas y cualificadas se siguen frenando. Sólo se sienten confiadas cuando son perfectas

6- La psicóloga Brenda Major ha preguntado a muchos hombres y mujeres que valoren su ejecución en múltiples tareas y se encuentra de forma repetida que los hombres sobreestiman sus capacidades y rendimiento mientras que las mujeres subestiman ambos. Las mujeres tienen la sensación de que no van a conseguir el trabajo y que para qué lo van a intentar. O de que no son lo suficientemente competentes en ese campo por lo que al final abandonan y se van a campos menos competitivos como recursos humanos o marketing y no van a finanzas o inversión bancaria. 

Parece que los hombres se lanzan a las cosas pensando que son buenísimos y que “cómo no me van a querer”. ¿No dudan los hombres? Pues sí, pero no tanto como las mujeres y sobre todo no dejan que esas dudas les frenen tanto como a las mujeres. Pero los hombres no intentan engañar a  nadie, realmente se creen que son mejores de lo que son. De alguna manera son víctimas del efecto Dunning-Kruger pero tener ese sesgo y ser menos realistas puede ser al final una ventaja.  Ernesto Reuben lo ha llamado Sobreconfianza Honesta. En unos estudios en 2011 con problemas de matemáticas los hombres creían que los habían hecho un 30% mejor de la realidad. 

Es interesante que Kay y Shipman preguntaron a ejecutivos varones que supervisaban mujeres si no habían observado una brecha de confianza. Y al ser preguntados, estos ejecutivos expresaron su frustración. Dijeron que la falta de confianza estaba frenando a las mujeres en sus compañías pero que ellos se callaban y no decían nada porque estaban aterrorizados de que les tacharan de sexistas. 

La realidad es que la confianza es tan importante como la competencia en un campo para triunfar. La gente que tiene autoconfianza es admirada, sus ideas pesan más, tiene un lenguaje corporal más seguro, resultan atractivos para los demás y son admirados, es el llamado poder referente. Tener talento no es sólo ser competente, la confianza es parte del talento. La necesitas para triunfar. Las mujeres son más perfeccionistas, esperan a tenerlo todo perfecto, los hombres se arriesgan más. 

Hay también un hecho destacable y es que las mujeres se encuentran atrapadas en un callejón sin salida por algo que sólo les ocurre a ellas. Decimos que cuando las mujeres sufren las consecuencias de su falta de confianza, pero también las sufren si son muy confiadas. Se ha observado que cuando las mujeres hablan las primeras en las reuniones, son muy asertivas y toman un rol vamos a decir autoritario, son muy mal vistas pero tanto por los hombres como por las otras mujeres. 

¿Y cual es el origen de esta falta de confianza en si mismas de las mujeres y de esa hiperconfianza de los hombres? Kay y Shipman aceptan factores biológicos como diferencias cerebrales y hormonales así como factores culturales. Entre estos últimos señalan el de enseñar a las mujeres a ser “buenas” en clase, pero la vida laboral no es como un curso escolar muy largo, es algo diferente y lo que vale para la escuela puede no valer para el mundo laboral. Es más fácil para las chicas portarse bien en clase mientras que a los chicos los profesores les reprenden más y se pelean más entre ellos en el recreo. Todo esto aumenta la resiliencia de los chicos mientras que las chicas aprenden  a evitar riesgos y evitar cometer errores. Pero tomar riesgos y fracasar es algo que aumenta la confianza a la larga. No lo dicen Katty y Claire pero el exceso de confianza de los hombres también tiene su lado oscuro. Los hombres son más emprendedores pero por eso mismo también fracasan más y no siempre se sale del fracaso triunfador, a veces se puede acabar arruinado y en el fango.

Creo que todo esto que llevamos hablando se entiende muy bien desde un enfoque evolucionista aunque no voy a entrar en él. Los retos a los que han tenido que enfrentarse en la vida hombres y mujeres -y en general machos y hembras- han sido diferentes. Como resultado de presiones evolutivas diferentes, la evolución les ha preparado para llegar al mundo con unos cuerpos adaptados a la tarea que tienen por delante (por ejemplo los machos unos caninos más grandes y un cuerpo más grande para poder competir con otros machos). Es igualmente lógico suponer que la psicología de hombres y mujeres presente unos mecanismo psicológicos adaptativos afinados de forma ligeramente diferente. Está demostrado, por ejemplo, que los machos de muchas especies muestran más conductas de riesgo y son más competitivos.

Bien. ¿Qué pueden hacer las mujeres para superar esa falta de confianza? El consejo que nos dan Kay y Shipman es actuar. La falta de confianza nos evita actuar y si no actuamos no conseguimos confianza. Es un círculo vicioso. Hay unos experimentos muy ilustrativos del psicólogo Zachary Estes en los que este investigador pidió a 500 estudiantes realizar una serie de puzzles con figuras 3-D en un ordenador. Las mujeres lo hicieron peor pero cuando Estes miró los resultados vio que las mujeres no se habían atrevido con algunos de ellos. Así que en otro experimento les dijo que había que hacerlos todos.¿Qué ocurrió en este caso? Pues que las mujeres lo hicieron igual de bien que los hombres.

En otro test, Estes pidió  a los estudiantes que hicieran todos los puzzles  y tanto hombres como mujeres acertaron un 80%. Entonces les pidió que puntuaran su confianza. Las mujeres arrojaron un 75% y los hombres 93%, así que sigue habiendo una diferencia. Finalmente, animó directamente al azar a unos estudiantes y no a otros. Les dijo que lo habían hecho muy bien en el test anterior y así se observó que mejoraba su rendimiento en el siguiente.

Toco esto nos dice que lo que frena a las mujeres no es su capacidad sino la decisión de no actuar y que actuando se puede mejorar. El consejo es por tanto que las mujeres tienen que pensar menos y actuar más. Como dicen varios lectores del artículo: finge la confianza hasta que llegue (aunque cuando la confianza no es auténtica la gente lo puede notar) y no tengas miedo a cometer errores. 

@pitiklinov


Referencias: