miércoles, 15 de febrero de 2017

Muñecas sexuales y Pedofilia

James Cantor
Se está juzgando en estas fechas en Canada a un hombre, Kenneth Harrison, de 51 años, que en 2013 encargó una muñeca sexual a un fabricante japonés.  La muñeca tiene la forma de una mujer prepuberal  de unos 130 cm y viene con ropas y otros accesorios. El paquete que la contenía se descubrió en la aduana y se informó a la policía que detuvo a Harrison y le acusó de posesión de pornografía infantil. También ha habido sucesos similares en otros países. El caso está dando lugar a un debate ético y legal interesante.

Por un lado están personas como Bill Malone, policía, o Peter Collins, psiquiatra forense que han declarado en el juicio, y dicen que la posesión de una muñeca sexual es una forma más de representar a un niño con un objetivo sexual y que, por lo tanto, cumple los criterios para ser considerado pornografía infantil. 

Por otro lado están personas como el psicólogo clínico y sexólogo James Cantor, que acepta que la definición legal de pornografía sexual anteriormente citada es aplicable a este caso pero que que hay que ir más allá de la letra de la ley. La finalidad última de la ley es proteger a los niños de cualquier daño. En otros tipos de pornografía infantil como fotografías está claro que hay un daño para los niños, pero en el caso de las muñecas sexuales no se está dañando a ningún niño. Sólo se trata de un pedazo de látex y no hay daño para nadie. No hay una persona real. No hay víctima.

Según Cantor, la ley debe actuar en caso de actos no en caso de pensamientos. Cantor se ha destacado por su defensa de la necesidad de tratar a  los pedófilos, de que puedan acudir a consulta, cosa que es imposible según la legislación de muchos países del mundo. Aunque se discute, se concibe cada vez más a la pedofilia como una orientación sexual con respecto a la edad, orientación que no es elegida por la persona. Que los pedófilos no puedan recibir ayuda sería perjudicial para la sociedad en su conjunto. Por otro lado, una parte de los pedófilos nunca actúan en contra de los niños pero se encuentran en una situación en la que tienen que renunciar a toda actividad sexual de por vida. Lo único que les queda es la masturbación y según Cantor es cruel prohibirles también esto.

La respuesta del primer bando a este planteamiento es que permitir las muñecas puede de alguna manera “normalizar” a los niños como objetos sexuales en la mente de los pedófilos y favorecer pasar al acto con niños reales. Cantor contesta que no hay ninguna evidencia de esto y que es más bien al contrario, que las muñecas pueden ayudar a los pedófilos a controlar sus urgencias y que eso supone un beneficio social. También es interesante el resultado de este juicio para otras futuras formas de pornografía como la Realidad Virtual.

No hay datos científicos para zanjar esta cuestión entre otras cosas porque no se puede casi investigar la pedofilia (Cantor es de los que más la ha estudiado). Por ello, lo que nos queda es realizar juicios de valor sin apoyo científico y el de Cantor es hacia la libertad en este tema mientras no haya datos que digan lo contrario. El juicio no ha concluido y si es declarado culpable Harrison podría ser condenado a siete años en prisión.


@pitiklinov

domingo, 12 de febrero de 2017

El Exhibicionismo moral

En esta entrada voy a comentar un artículo de Justin Tosi y Brandon Warmke que trata del exhibicionismo moral (o lucimiento moral, ellos lo llaman moral grandstanding que sería actuar o hablar de manera dirigida a atraer la buena opinión de la gente que observa) y su planteamiento es que el exhibicionismo moral está mal desde el punto de vista moral y debería ser evitado.

¿Qué es el Exhibicionismo o Lucimiento moral?

El discurso moral público es bueno y necesario, hay que tratar y discutir temas de contenido moral y hay que ponerse de acuerdo en ellos por lo que traer esos temas a la conciencia pública está en principio bien. Pero este discurso moral puede también descarrilar y transitar él mismo por caminos inmorales. Una de las maneras en que el discurso moral puede ir por malos caminos es el exhibicionismo moral que consiste en hacer una contribución al discurso moral público cuyo objetivo es convencer a los demás de que uno es “moralmente respetable”. Es decir, usar el discurso moral para que los demás hagan ciertos juicios deseados acerca de uno mismo como que uno es digno de admiración por una cualidad moral particular (por ejemplo un gran compromiso con la justicia, una gran sensibilidad moral o una gran empatía). Hacer exhibicionismo moral es transformar nuestra contribución al discurso moral en un proyecto de vanidad.

El fenómeno del exhibicionismo moral tiene dos características principales. La primera, como decíamos, es que la persona quiere ser considerada moralmente respetable. En algunos casos puede ser simplemente señalar que se cumple con una norma, que se llega a un nivel mínimo de moralidad. Supongamos que la moral requiere que tengamos un mínimo de atención y cuidados hacia los emigrantes. Entonces el exhibicionista moral buscaría señalar que aunque otros no cumplen o no llegan a ese mínimo, él (o su grupo) si llegan. En otros casos, sin embargo, el lucimiento moral va más allá y se trata de señalar que aunque la moral requiere un nivel mínimo de cuidado de los emigrantes, nuestra preocupación por los emigrantes está muy por encima de este umbral mínimo, que no tenemos parangón, vaya. 

¿De quién busca reconocimiento el exhibicionista moral? Normalmente va a ser de los miembros de su propio grupo para subir en estatus. Pero también puede ser de los miembros de otro grupo con los que uno no está de acuerdo. Al presentarse como moralmente superior se trataría de ganar esa disputa y que el otro se someta. En otros casos puede ser un exhibicionismo dirigido a una audiencia general, lo que se busca es impresionar. Hay que señalar que el exhibicionista no necesita creer realmente que tiene un gran nivel de respetabilidad moral, puede fingirlo. Imaginemos el caso de un político que finge empatía por la situación de los trabajadores pero que solamente está buscando sus votos.

La segunda característica es una variación de la primera y es que cuando uno hace una contribución al discurso moral público (una charla o un escrito) el deseo de reconocimiento moral tiene que jugar un papel preponderante en hacer esa contribución. Puede que se haga también por otros motivos pero si no se buscara un reconocimiento no se haría. La intención podría ser silenciar a un rival o minar la credibilidad de los demás pero siempre presentándose el exhibicionista moral como más respetable moralmente y desvalorizando las contribuciones de los demás porque provienen de alguien inferior moralmente.

Manifestaciones del exhibicionismo moral

Una primera manifestación es que el exhibicionista tiene que apuntarse o subirse al carro. Cuando se trate un tema tiene que reiterar algo que ya se ha dicho para que quede registrado que él está a bordo. Por ejemplo, aunque otras personas hayan expresado la necesidad de hacer una petición  o protesta por una injusticia el exhibicionista añadiría: “quiero apoyar lo que han dicho otros, esta petición es vital y la suscribo por completo, necesitamos mostrar que estamos en el lado correcto de la historia”. Es decir, que aunque uno no aporte nada nuevo a la discusión la posición ha quedado registrada públicamente.

Otra manifestación del exhibicionismo moral es la facilidad para caer en una escalada moral o en una especie de carrera de armamentos moral. Si ante una mala actuación de un político, por ejemplo, alguien dice que hay que censurarle públicamente, otro podría pedir que hay que echarle y un tercero que hay que poner una demanda criminal contra él. En ese afán de ser el más santo moralmente nada es suficiente para destacar.

Una tercera manifestación del exhibicionismo moral es la fabricación o invención de problemas morales donde no los hay. Si el exhibicionista moral quiere mostrar que es superior moralmente a los demás una forma de hacerlo es identificar problemas morales donde otros (con una sensibilidad moral inferior) no los han visto. Una supuesta injusticia no ha sido detectada por el radar moral de los demás, a ellos no les ha parecido problemática pero para eso está el exhibicionista.

En cuarto lugar, el exhibicionismo moral se caracteriza por muestras exageradas de agravio o de emociones fuertes como la ira. La suposición es que la persona que más se altera es la que tiene las convicciones morales o el sentido moral más desarrollado. Se supone que hay una fuerte conexión entre tener convicciones morales acerca de un asunto y tener fuetes reacciones emocionales en esos asuntos. El resultado final es que todo el mundo compite por ser el más agraviado por una acción supuestamente mala moralmente.

Por último, los exhibicionistas morales claman que sus puntos de vista son auto-evidentes: “si no puedes ver que es así como hay que responder no quiero saber nada contigo”. Que algo es auto-evidente señala que mi sensibilidad moral está muy finamente ajustada y la tuya no ya que no puedes verlo. 

La moralidad del exhibicionismo moral

Tosi y Warmke plantean que el exhibicionismo moral es malo y que no deberíamos hacer exhibicionismo moral. Estos autores creen que el exhibicionismo moral distorsiona y corrompe el objetivo del discurso moral público que es mejorar nuestras creencias y el mundo. Y lo hace de tres maneras: aumentando el cinismo , llevando a un agotamiento del agravio y favoreciendo la polarización de grupo.

El cinismo al que se refieren Tosi y Warmke es más bien un escepticismo o una desilusión ante el discurso moral público. Cuando sabemos que todo el mundo está presumiendo para mostrarse como el más santo moralmente, el resultado es que no nos creemos nada, y que damos por supuesto que el otro está actuando por motivos egocéntricos. Si todo el mundo practica el exhibicionismo moral aumenta el escepticismo y el cinismo.

El segundo efecto negativo es el del agotamiento del agravio o del ultraje. Como el exhibicionismo implica un agravio excesivo o desproporcionado  y manifestar grandes emociones ante cosas cada vez más pequeñas se llega al punto en que ya no sabemos si las manifestaciones de agravio son realmente signo de injusticia o una exageración propia de una escalada de exhibicionismo moral. Digamos que se “abarata” el valor del agravio. Si ante cualquier tontería reacciono como si fuera el demonio, ya no tengo reacción apropiada para el verdadero demonio, por así decirlo.

Y el tercer efecto negativo del exhibicionismo moral es la polarización de grupo, el fenómeno por el que los miembros de un grupo que delibera se van moviendo hacia posiciones cada vez más extremas. Si se acepta una postura moderada siempre va a haber alguien que quiera destacar pidiendo una vuelta de rosca más a esa postura acordada y así sucesivamente. 

Bueno, todo esto que puede sonar muy teórico o muy filosófico y abstracto pero creo que es algo que vemos a diario en las redes sociales, que están rebosantes de moralina. Hay poca duda de que las redes sociales van más de moral que de compartir información, por ejemplo. Continuamente se trata de señalar que uno está en el bando bueno y encima que es de los más destacados de ese bando. En Facebook o en Twitter el significado oculto de mucho de lo que hacemos es: “Mira qué bueno soy porque he dicho esta cosa importante aquí en Internet”.

Por ello es importante conocer este fenómeno, porque si lo conocemos podemos parar los pies al exhibicionista. Podemos señalar que está haciendo exhibicionismo moral y no darle el reconocimiento que busca y desincentivar así que otros lo hagan y que el fenómeno se generalice. De lo contrario vamos a llegar a un nivel de exigencia moral y de santidad inalcanzable para todo el mundo y en el fondo a un discurso moral cada vez más vacío.

@pitiklinov

Referencia:











viernes, 3 de febrero de 2017

Homicidio de pareja íntima. Implicaciones teóricas y prácticas


Es un error capital teorizar antes de tener datos. De forma imperceptible uno empieza a retorcer los hechos para que encajen en las teorías en vez de retorcer las teorías para que encajen con los hechos.
-Arthur Conan Doyle, Sherlock Holmes

Es la teoría la que decide lo que puede ser observado
-Albert Einstein

Implicaciones Teóricas

La primera conclusión teórica que podemos sacar de este rápido estudio de los HPI es que se trata de una violencia multicausal y que hay varios tipos de homicidas, tipos que todavía no están bien definidos y aceptados por todos. Parece que esto mismo se encuentra en el estudio de la violencia de pareja íntima (VPI) (Barbara Sordi, 2016). Esta versatilidad de agresores supone una crítica a programas de prevención y tratamiento específicos y estandarizados porque no vale el mismo traje para todo el mundo. Los agresores son distintos y responderían de manera diferente al mismo tratamiento. No podemos diseñar la misma estrategia para una persona con un trastorno de personalidad psicópatica con historial delictivo, que para una persona con trastorno borderline que abusa de alcohol y drogas o para un depresivo con ideas de suicidio.

Unido a lo anterior, los datos presentados refutan la tesis más extendida en nuestra sociedad de que la violencia de pareja se explica solamente de acuerdo a valores culturales/machistas. La explicación sólo cultural (machismo) no puede dar cuenta de los hechos por varias razones que voy a detallar a continuación. 

En primer lugar, no puede dar cuenta de la situación porque se supone que el machismo está muy extendido en nuestra sociedad y desde luego lo estaría entre los perpetradores de VPI. Sin embargo, es sólo una pequeña proporción los que cometen HPI. Es evidente que hace falta que entren más factores en juego y algunos de ellos los hemos visto en entradas anteriores. Pretender que algo como “era un hombre machista, su mujer le dijo que le iba a abandonar y la mató y se suicidó” explica algo es tan científico como decir: “le despidieron del trabajo y al quedarse en paro cogió 5 rifles de asalto y mató a 20 personas”. Es evidente que en ambos casos faltan pasos…pasos que podemos ir rellenado si estudiamos a estos homicidas y atendemos a otros factores. Otro dato en contra de la explicación exclusivamente cultural sería “la paradoja nórdica”, en los países nórdicos la igualdad entre los sexos es muy alta pero la VPI es también muy alta. 

Es un error creer que las cosas tienen sólo una causa, esto no es así ni en infecciones como la úlcera o la tuberculosis donde sabemos que se deben al H.pilorii o al bacilo tuberculoso, respectivamente. A pesar de tener el bacilo tuberculoso en su organismo muchos individuos no desarrollan la enfermedad, lo cual indica que intervienen otros factores genéticos y ambientales además de la presencia del bacilo. Es evidente que el machismo existe pero es un error concluir que sólo el machismo existe y que esta es toda la explicación de la violencia de pareja o de su grado extremo, los HPI.

En segundo lugar, la explicación sólo cultural (machismo) no puede explicar los homicidios de las parejas homosexuales ni la VPI en las parejas del mismo sexo. En la entrada anterior vimos que la dinámica y las razones subyacentes a los HPI entre parejas del mismo sexo es la misma que entre parejas heterosexuales (celos, control de la pareja, reacción al abandono.)… Si la VPI es una violencia -según se difunde ampliamente- que se comete contra la mujer por el mero hecho de serlo no veo cómo se puede explicar la violencia de un hombre gay contra su pareja gay con esa hipótesis, por poner un ejemplo. Necesitamos un modelo que explique la violencia de cualquier persona, sea del sexo y orientación sexual que sea, contra su pareja, sea del sexo y orientación sexual que sea. Y la explicación sólo cultural (machismo) no puede cumplir con esa tarea.

En lugar de buscar alternativas, mientras se da una preponderancia de la explicación cultural centrada en el machismo, faltan datos sobre la VPI en parejas del mismo sexo. El foco centrado en la violencia del hombre contra la mujer es tan cegador que pasan desapercibidas otras formas de violencia, como la de la mujer contra el hombre, la del hombre contra el hombre y la de la mujer contra la mujer. Un argumento empleado a veces es que la violencia hombre-mujer es sistemática o estructural, a diferencia de las otras. Pero este argumento se basa sólo en la frecuencia: son más los hombres que matan a sus mujeres que al revés. Este planteamiento se puede rebatir.

Para empezar, en la sociedad en su conjunto la mayor parte de los homicidios los cometen hombres pero las víctimas son también en su mayoría hombres (el 80%). Estos son los datos USA de 2015. 13.485 homicidios de los que 10.608 son hombres y 2.818 son mujeres. Así que si hay una violencia estructural es la de “los hombres” contra otros hombres. Voy a explicar por qué doy este dato porque no me gustan los argumentos del tipo “y tú mas” y acabo de recurrir a uno. Lo hago porque ha habido comentarios en el blog de alguna persona diciendo que los hombres sólo matan mujeres, que cuando tienen un problema con otros hombres no lo arreglan matando…

Bien, pero es verdad que en el ámbito doméstico los hombres matan más mujeres que al revés. ¿Cuál puede ser la explicación? Hay por lo menos tres razones:

1- Los hombres son más fuertes y grandes, de media, que las mujeres.

2- Los hombres son más agresivos y proclives a la violencia que las mujeres. Son los que cometen la mayoría de homicidios, robos y delitos violentos y suponen el 93% de los presos en las cárceles de todo el mundo. Ante los inevitables conflictos de la convivencia, el hombre tendría más tendencia reaccionar con violencia física.

3- La mayoría de los hombres son heterosexuales y en el medio familiar conviven con mujeres. Aunque la investigación sobre esta materia es muy escasa, da la impresión de que si controláramos para la orientación sexual la diferencia en el sexo de las víctimas de HPI desaparecería. Si la mayoría de los hombres fueran homosexuales y sólo una minoría heterosexual las cifras que veríamos serían a la inversa de las que tenemos actualmente, o incluso serían mayores las víctimas masculinas si las tasas reflejadas por Mize y Schackelford son correctas (cifras que sugieren que los hombres gays son más violentos hacia sus parejas que los heterosexuales). Esta evidencia hace pensar que la violencia contra las mujeres no es función de una dominancia de “todos los hombres” o de actitudes especiales hacia la mujer. Más bien, los hombres son más violentos que las mujeres y a veces usan la violencia contra sus parejas o contra aquellos con los que quieren tener relaciones sexuales, sea la diana un hombre o una mujer. 

En tercer lugar, desde el punto evolucionista la explicación sólo cultural (machismo) tiene otro problema. Sabemos que en otras especies, incluidos los primates grupo al que pertenecemos, los machos son el sexo más agresivo y en concreto en la esfera de la competición por las parejas presentan conductas de tipo Mate Guarding, celos y conductas coercitivas sexuales sobre las hembras (Georgiev y cols.). Estas conductas tienen un soporte genético. Para llegar desde ahí a una situación en que nuestra violencia de pareja humana fuera solo cultural, debida a una ideología machista, tendría que haber ocurrido lo siguiente. Tendrían que haber desaparecido las presiones evolucionistas que seleccionaban para esa agresividad/violencia y haber desaparecido tanto los genes como las conductas relacionadas con esa agresividad. Habría existido un tiempo, por tanto, en la evolución humana en el que habrían desaparecido esos genes y conductas y, posteriormente, en un momento determinado habría surgido la ideología machista cultural y esa ideología nos habría hecho de nuevo violentos y agresivos, tal como ya éramos anteriormente (más o menos) por razones puramente biológicas. Esta hipótesis es teóricamente posible pero no hay el menor dato científico de que haya ocurrido algo así y la ley de la parsimonia (no hay que multiplicar las hipótesis más de lo necesario) dice que es más lógico asumir una continuidad desde la agresividad/violencia animal a la humana, y en la primera entrada sobre los HPI cité dos artículos que encuentran una heredabilidad de la VPI. Por supuesto, la cultura modelaría esa agresividad/violencia de origen biológico pero no sería la causa. No estoy planteando que todo sea biológico, estoy planteando que todo no puede ser sólo cultural.

Para finalizar, y aunque sé que es predicar en el desierto, quiero volver a insistir en que no se debería hablar de asesinatos machistas y menos en el momento en que ocurren. Como hemos visto, estamos hablando de un fenómeno multicausado y referirse al fenómeno completo por una de las causas o factores de riesgo es un error. Es mejor utilizar una terminología descriptiva que englobe todo el fenómeno. Hablar de asesinato machista presupone que sabemos lo que había en la cabeza del homicida en el momento de cometer el crimen. Y a menos que seamos Dios eso es imposible (aquí tenemos el caso de un HPI de este año donde la fiscalía pide el ingreso en psiquiátrico del autor). Toda la bibliografía que he consultado habla de violencia de pareja íntima y me parece que esa denominación, o simplemente violencia de pareja, engloba más adecuadamente el fenómeno y no deja sin estudiar (y potencialmente sin amparo) a las víctimas de alternativas que no sean la pareja heterosexual en la que el perpetrador de la violencia es el varón.

Implicaciones para la práctica

En cuanto a las medidas que podemos tomar para disminuir la incidencia de HPI, en la bibliografía que he manejado se dan también algunos consejos o recomendaciones que voy a comentar a continuación, válidas para parejas de cualquier sexo y orientación sexual. Un buen resumen de propuestas y de las áreas que necesitan más investigación lo tenéis en Campbell y cols. 2007. 

En primer lugar, muchas veces el homicidio ocurre en relación a un divorcio, ruptura o separación. Este periodo es de máximo riesgo. Si una persona está planeando dejar a una pareja que es abusadora o maltratadora es muy importante avisarla que no debe decir a su pareja a la cara que la va a dejar. Existen instrumentos para valorar el grado de riesgo en una relación como el DA (Danger Assesment) de Campbell. En esta web hay abundante información sobre él y se pueden descargar diferentes versiones. Otro instrumento es la S.A.R.A. Hemos comentado que no tienen una capacidad predictiva completa pero sí nos dan una idea del riesgo. Si el riesgo es elevado, la persona debe dejar una nota y preparar un dispositivo de protección adaptado a cada caso: acompañamiento por amigos o familiares, entrevistas en lugares públicos, medidas judiciales, etc… Por supuesto, si hay acceso a armas de fuego el cuidado deber ser extremo. También hemos comentado el riesgo que supone el acoso. Cuando la persona es seguida en la calle, vigilada o amenazada, el riesgo es muy alto y hay que aumentar las medidas de prevención. Por lo reflejado en los estudios, el riesgo es máximo durante los tres primeros meses aunque se extiende al primer año tras la separación.

Otra medida es tratar los trastornos mentales y adictivos que se encuentran presentes con mucha frecuencia, como hemos visto. Hemos hablado especialmente de la depresión y las ideas de suicidio y de las dependencias a alcohol y otros tóxicos. También hemos comentado que sería deseable una mejor coordinación o comunicación entre los sistemas de salud, el sistema judicial y los servicios sociales. Muchas de las parejas en las que han ocurrido HPI están implicadas en procesos judiciales de divorcio, custodias, etc., pero no se detectan sus problemas mentales y no son remitidas para tratamiento. También en el sistema sanitario habría que intentar mejorar la detección de problemas de sobrecarga en personas mayores y de otros problemas sociales. Esta coordinación es difícil por la inercia propia de estos sistemas pero es necesario mejorar la formación de todos los profesionales.

También se hace incidencia en los artículos que han estudiado los HPI en parejas homosexuales en la necesidad de mejorar los recursos tanto para hombres como para mujeres que están en relaciones con parejas del mismo sexo, recursos que en muchos países o no existen o están muy mal dotados. Como ya hemos comentado, estas personas sufren un riesgo adicional de HPI derivado del miedo a revelar su homosexualidad a la familia, amigos, personal sanitario o policías. Hay unanimidad en que se necesita más investigación de los HPI en parejas homosexuales.

Por último, debería existir un programa o proyecto de recogida sistemática de datos de HPI y de estudio psicológico tanto de los homicidas como de las víctimas. Algunos de los datos que yo he compartido son precisamente fruto de proyectos de ese tipo, como los de Bourget y cols. en Quebec sobre homicidio-suicidio. También hay que evaluar las iniciativas y políticas implementadas para ver cuáles funcionan y cuáles no. De ninguna manera podemos partir de la base de que no es necesaria más investigación y que ya conocemos las respuestas.



Bibliografía: